Páginas vistas en total

domingo, 6 de septiembre de 2009

Memorias de un guerrillero

Queria escribir sobre este libro como he hecho sobre algunos aca, pero aun no he podido leermelo al igual que el otro al que hace referencia el articulo, asi que paciencia ya hare la cronica cuando me los lea.


Memorias de un guerrillero

Carlos Montemayor

He leído el manuscrito de las Memorias 1945-1979 de José Luis Alonso Vargas, de próxima aparición. Se trata de una contribución relevante a la documentación testimonial y al análisis de ciertos procesos de los movimientos armados en México en la década de los años setenta del siglo XX. Particularmente, revela los vasos comunicantes de organizaciones armadas en muchas regiones del país a partir del núcleo original de Los Guajiros con las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), los Lacandones, el Frente Urbano Zapatista (FUZ) e incluso el Partido de los Pobres (PDLP) de Lucio Cabañas. El proceso de evolución ideológica de las juventudes comunistas a finales de los años 60 y principios de los 70 está planteado aquí con una perspectiva amplia y con abundantes referencias personales de figuras claves en varias partes del país. Destacan las referencias a los cuadros que de Baja California se integraron en la Liga Comunista 23 de Septiembre y de Guadalajara en las FRAP; de manera especial, sobresalen las menciones a figuras como Raúl Ramos Zavala, Arturo Ignacio Salas Obregón y Diego Lucero, tanto por su aportación de ideas o planteamientos polémicos, como por la concreción de los grupos armados y su capacidad de ordenamiento, disciplina y expansión. El libro aclara, a través de la descripción del contexto social e ideológico de las juventudes comunistas de México en los años de referencia, los límites, contradicciones y carencias del Partido Comunista Mexicano señalados ya por José Revueltas en su clásico Ensayo sobre un proletariado sin cabeza. El análisis y los testimonios sobre el año 1971 son útiles y novedosos, entre otros momentos de la obra, por la aportación clara y abundante de las acciones coordinadas de varias organizaciones a partir, por supuesto, de la perspectiva del “Grupo N” de Los Guajiros.

Hacia enero del año 1990, el general Mario Arturo Acosta Chaparro publicó el Movimiento subversivo en México, obra que contiene los listados de los integrantes de las agrupaciones guerrilleras identificadas a lo largo de la guerra sucia de los años setenta y ochenta. Los listados y análisis del general Acosta Chaparro son útiles para entender los alcances y también las limitaciones que sobre la guerrilla mexicana lograron articular los cuerpos militares y policiales de la contrainsurgencia. El general desconoció el grado de coordinación que alcanzaron las organizaciones guerrilleras en el año de 1971, por ejemplo, y postuló una presencia tan desmedida como equivocada de la injerencia ruso-cubana en las juventudes guerrilleras de México. En las notas sobre el “Núcleo guerrillero urbano de Chihuahua”, el general Acosta Chaparro situó en el sexto lugar del listado compuesto de nueve integrantes a Pablo Martínez Pérez, nombre clandestino de José Luis Alonso Vargas, que en 1990, cuando publicó su libro Acosta Chaparro, ya tenía más de 10 años de haber regresado a México de su exilio en Cuba y de haber recuperado su nombre civil. Estas Memorias de José Luis Alonso Vargas permiten, pues, encontrar algunas limitaciones de los seguimientos y análisis oficiales.
Con el nombre de Pablo Martínez Pérez, el autor de estas Memorias fue apresado y procesado por el frustrado triple asalto del 15 de enero de 1971 a tres bancos de la ciudad de Chihuahua; también con ese nombre fue enviado a Cuba como parte del canje político que el gobierno mexicano aceptó realizar cuando las FRAP secuestraron al cónsul estadunidense en la ciudad de Guadalajara, Terence Leonhardy, el 4 de mayo del año 1973. Con ese nombre encubierto vivió parte de su vida clandestina y todo su exilio en Cuba; regresó a México en julio de 1979 y retomó su nombre legal. Es una buena muestra de que no siempre las labores de inteligencia en el gobierno mexicano han llegado a ser eficientes y precisas, lo cual no ha excluido, por supuesto, la barbarie ni la impunidad de la violencia de Estado.

Pues bien, como si fuera otra obra, aunque perfectamente integrada a la secuencia de los hechos y a la narración del autor, a partir del capítulo CXLV estas Memorias revelan un proceso desconocido: el del exilio de más de 30 guerrilleros mexicanos en Cuba durante los años de 1973 a 1979. El valor de estos documentos y testimonios para entender la relación de Cuba con los grupos guerrilleros mexicanos y el comportamiento de ellos en la isla, es enorme. Ayuda a confirmar la congruencia política de Cuba, a entender la decisión de la isla de no apoyar con entrenamiento militar a la guerrilla mexicana y a conocer las discrepancias de los guerrilleros mexicanos en tareas y análisis incluso en el exilio mismo.

La desigual composición de los exiliados mexicanos y su divergencia ideológica creciente, la entrevista con el comandante Manuel Piñeiro, el entrenamiento del “Grupo N” con el guatemalteco José María Ortiz Vides, los contactos con elementos de los Tupamaros de Uruguay, del MIR chileno y del ELN boliviano, las tareas de estudio, balances, análisis políticos y la vida misma de los exiliados en la isla, es una aportación crucial al conocimiento de la historia de México.