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sábado, 21 de noviembre de 2009

Habla el nieto del Che Guevara



Por Canek Sánchez Guevara

Nací en La Habana en 1974, en una casona en Miramar, sobre la Quinta Avenida: en resumen, en plena Aristocracia esquina con Burguesía. La vida en casa, empero, era cualquier cosa menos aburguesada. Además de mis padres (Hilda Guevara Gadea y Alberto Sánchez Hernández) habitaba el lugar un grupo de guerrilleros mexicanos llegados a la isla un par de años atrás. Ellos no eran técnicos extranjeros ni nada por el estilo, eran unos malditos revoltosos que estaban en Cuba -digamos- sin haber sido invitados por el gobierno (en otras palabras: secuestraron un avión en México y aterrizaron en La Habana; para hacer corta la historia).

Creo que vivíamos unas doce o quince personas en aquella casa, no sé bien -por supuesto, mis recuerdos de aquella época no son míos, sino recuerdos de los recuerdos de otros, recuerdos de conversaciones, pues. En algún momento los revoltosos mexicanos (comunistas, anarquistas, socialistas libertarios, qué se yo) decidieron que esa realidad socialista distaba mucho del ideal de libertad que ellos tenían, así que mandaron a la mierda la realidad y se largaron de Cuba en pos de la Idea (creo recordar que alguno de ellos, incluso, fue invitado a salir del país…). Y allá nos fuimos todos -me llevaron, quiero decir- hasta la lejana Italia.

Durante los años 70, Italia era un hervidero de refugiados latinoamericanos de todas las tendencias de la izquierda. No "refugiados" en el sentido pasivo del término, sino militantes de sus respectivas causas en el exilio. Había argentinos, colombianos, nicaragüenses, salvadoreños, peruanos y sí, mexicanos también. Qué hacían mis padres en Italia es algo que no concierne al texto en cuestión, baste saber que cuando me preguntan algo relacionado con canciones infantiles, siempre respondo: Bandiera Rossa... Sí, creo que Bandera Roja y La Internacional fueron las primeras canciones que aprendí de niño. Recuerdo (no sé por qué) que en esos años llevaba siempre colgada del cuello una tira de cuero negro con un puño verde olivo. Tengo vagos recuerdos también (como flashazos) del minúsculo departamento que habitábamos en Milán. En serio, minimalista...

Cuando tenía cinco años mi madre y yo volamos a La Habana. Durante varios meses (y ya sabes como es el tiempo en las Eras Infantiles: un verano puede ser infinito y un año entero apenas un segundo) vivimos en un apartamento en un edificio recién estrenado, justo tras el Hotel Riviera. En realidad eran dos edificios, de esos que llaman de Microbrigada, de unos siete pisos, pequeñas ventanas y balcones aún más chicos. Y yo la pasaba de lo más bien: había tantos niños con los que jugar, tanto sol y tanta vida...

Bien, ese año en La Habana asistí al preescolar y francamente, no tengo muchos recuerdos de la escuela... En realidad sí: recuerdo los días de vacunación (no tienes idea de lo cobardón que era -soy- para las inyecciones). Recuerdo también a un par de gemelos (jimaguas) que eran un verdadero desastre juntos, y ahora me vienen a la memoria las interminables repeticiones de ejercicios caligráficos. En fin, cosas de preescolar.

Terminado ese curso, mi madre y yo viajamos a Barcelona para reunirnos con mi padre. Habían pasado pocos años desde la muerte de Francisco Franco (estoy hablando del setenta y nueve u ochenta) y las izquierdas estaban, como quien dice, desatadas. Mis padres siempre colaboraron con sindicatos y publicaciones diversas, tanto periódicos como revistas de izquierda. Colaboraron profundamente, quiero decir.

El caso es que crecí entre salas de redacción y manifestaciones de tres días; el cuarto oscuro de revelado y un concierto de rock; entre mesas de diseño e interminables discusiones sobre el sujeto y el objeto de la revolución. Estudié el primer año de la primaria en una escuela bilingüe (castellano-catalán) de acuerdo con el discurso libertario de la época en España: el rescate de las Autonomías y sus valores culturales, comenzando por la lengua, claro. Recuerdo a mis amigos argentinos, hijos de unos refugiados amigos de mis padres, y recuerdo también las abiertas discusiones que los adultos sostenían por encima de la mesa -y los vinos- sobre la revolución permanente, mundial, en un sólo país, no sé; y siempre citando nombres en ruso, alemán, italiano o francés (vamos, no recuerdo qué discutían, sino el hecho de discutir -algo que, por supuesto, pasó a formar parte intrínseca de mi ser). Yo no entendía nada, y para ser franco, tampoco me interesaba: si Batman lucha por el bien, de qué se preocupan estos tontos, pensaba yo...
Mi padre pudo volver a México cuando el presidente López Portillo dictó una amnistía general para todos los involucrados en los movimientos armados de los 70. Mi madre tenía siete meses de embarazo y yo siete años de edad. (Aquí debo aclarar que apenas dos años atrás, cuando salimos de Italia, pude decir abiertamente los verdaderos nombres de mis padres, siempre sujetos al rigor del clandestinaje. Mi familia entonces eran los compañeros de ruta de mis padres, y sus nombres -los de todos ellos- otros muy distintos a los verdaderos...). Mi hermano Camilo nació en Monterrey, la ciudad de la que es mi padre y en medio de la numerosa familia paterna, tan ajena y acogedora a la vez: lo desconocido para mí.

Poco antes del primer cumpleaños de mi hermano nos mudamos a la ciudad de México -una mole impresionante que contiene un mundo alucinante- y mis padres, por ironía o yo-que-sé, me inscribieron en una escuela de nombre José Martí. Mi hermano era asmático y yo estudié un año y medio en esa escuela. (Ya sé que una cosa no tiene relación con la otra, sólo intento resumir dos hechos en una sola frase). Camilo pasó su segundo cumpleaños en una cámara de oxígeno en el hospital cercano a casa, y la casa -toda- medía unos siete metros de largo por cuatro de ancho: la sala era también la habitación de mis padres, con la cocina a un lado, apenas separada por una barra o una mesa, no recuerdo. El micro-mini-nano baño y una estrecha habitación que compartíamos Camilo y yo completaban nuestro hogar.

Tuve tres buenos amigos cuando viví en ese sitio; uno de ellos murió, no regresó de las vacaciones y cuando le pregunté a su mamá por él, ella se echó a llorar. Después mi madre me explicó. Fue mi primer contacto con la muerte. He perdido a muchos amigos. (El enfrentamiento con la Muerte, afirma Savater marca el inicio del pensamiento en el humano. Cuando por primera vez se piensa en la muerte, se Piensa, en realidad, por vez primera porque la muerte despierta la conciencia de la vida, despierta el miedo y despierta las preguntas también…).
Terminé la primaria en la ciudad de México, en una pequeña escuela de la que tengo buenos recuerdos y en la que hice buenos amigos. Por entonces vivíamos en el sur de la ciudad, en una unidad habitacional con cuarenta y siete edificios, lo recuerdo bien. Estaba cerca de la Universidad Nacional, así que vivían algunos profesores e investigadores de dicha institución... con sus familias, claro. Durante las dictaduras latinoamericanas de los años setenta, México acogió a muchos perseguidos políticos de diversas nacionalidades, sobre todo argentinos y chilenos. Algunos de ellos encontraron trabajo en la UNAM, y unos cuantos vivían en los edificios cercanos al mío. De hecho, mi mejor amigo en esa época era un chileno a quien recuerdo con mucho cariño... nos hemos visto un par de veces después, seguimos siendo amigos. Entre nosotros teníamos un pacto, un secreto que nadie más debía compartir: éramos comunistas... (es decir, sabíamos que había algo diferente en nuestro pasado, en nuestra historia, y teníamos la vaga idea de que un vago sentimiento de justicia justificaba esa diferencia... En fin, todo un trabalenguas infantil).

Mi madre, mi hermano y yo nos fuimos a vivir a La Habana en el verano de 1986, e inmediatamente después, entré a la secundaria Carlos J. Finlay, en Línea y G, en pleno Vedado. Honestamente, fue un choque tremendo. No tanto por las diferencias tangibles, materiales, como por las otras, las incorpóreas, las no-cósicas: de ser la revolución una utopía o una conversación, se convirtió para mí en una realidad absoluta. Entendámonos, yo no entendía un carajo de la revolución, tan sólo intuía que era el núcleo de nuestra vida (de la vida que yo había vivido con mi familia) y que se trataba de algo de lo que sólo se hablaba en voz alta cuando se estaba en confianza. De hecho, mi relación familiar con Ernesto Guevara nació en Cuba, donde irremediablemente fui bautizado como El Nieto del Che, y eso ya a los doce años.

Me costó mucho aprender a lidiar con esa suficiencia revolucionaria tan llena de carencias, con ese discurso que se contradecía al abandonar el aula y con la maldita obsesión de algunos de mis profesores con que yo tenía que ser el mejor. Por otra parte, recuerdo con especial cariño a mi maestro de Español, a quien le agradeceré siempre la severidad con que revisaba mis trabajos; a cierta profesora de Matemáticas con quien de inmediato hice amistad, y a otro más de la misma asignatura, que era serio y jocoso a la vez; recuerdo a una profesora de Química de quien no aprendí mucho, pero me caía muy bien y a una de Fundamento de los Conocimientos Políticos que, involuntariamente, me hacía pensar.

Ser El Nieto del Che fue sumamente difícil; yo estaba acostumbrado a ser yo, a secas y de pronto comenzó a aparecer gente que me decía cómo comportarme, qué debía hacer y qué no, qué cosas decir y qué otras callar. Imaginen, para un preanarquista como yo, eso era demasiado. Por supuesto, me empeñé en hacer lo contrario. Mis padres me educaron (como a mis hermanos) con absoluta libertad. De hecho, a veces pienso que me educaron para ser desobediente... aunque quizás sólo esté buscando excusas, no lo sé. Lo cierto es que pronto comencé a sentirme a disgusto con tal situación.

Vivíamos en un apartamento amplio y confortable (quizá el único inconveniente es que estaba en un piso doce y el ascensor pocas veces funcionaba), pero bastante alejados de la nomenklatura. De los pocos contactos que tuve con la "alta sociedad" cubana no tengo recuerdos memorables (y no incluyo aquí a los buenos amigos que encontré en esos estratos: pocos pero sinceros), a no ser por el gusto amargo que me quedaba al comparar sus palabras y su forma de vida con las palabras y la vida del llamado Pueblo. Pero yo apenas me hacía adolescente, las valoraciones las hago ahora, en aquel momento no las comprendía del todo.
No quiero que pase por sus cabezas la idea de que yo era un niño superdotado o algo por el estilo, sencillamente fui educado en el análisis, y el análisis decía que algo andaba mal. Digamos que sabía sin comprender; o que comprendía sin saber a ciencia cierta qué demonios ocurría a mi alrededor. Porque yo no vivía encerrado en una burbujita de cristal, de ninguna manera. Mis amigos vivían en el Vedado mismo, o en Centro Habana, o en Marianao, o en Miramar, o en Alta Habana, o en Alamar o en La Lisa.

Mi vida no quedó circunscrita al discurso oficial, si bien formaba, consciente o inconscientemente, parte de ese discurso... Asistía a conciertos de rock (semi-clandestinos mas tolerados... a veces), vagaba por la ciudad como uno más de sus habitantes; era joven y por ello sospechoso. ¿Sospechoso de qué? Pues eso, de ser joven, supongo. A veces me detenían en la calle y revisaban mis papeles y mis pertenencias, y una vez me revisaron el culo. En serio, recuerdo que estaba en la cola de Coppelia y se me acercó un tipo vendiendo pastillas (psicotrópicas, claro). Le dije que no quería y en cuanto dio dos pasos me cayeron encima. Me llevaron a los baños de la heladería, hicieron que me desnudara y me obligaron a hacer cuclillas mientras uno de ellos, con su uniforme de civil (la sempiterna guayabera blanca) se asomaba a ver si alguna pastillita asomaba por el ano... Qué obsesiones las de los policías...

En fin, era yo un greñudo más, un "desafecto", "antisocial" y algo muy cercano -según los cánones policíacos- a un lúmpen. Claro que no lo era, pero eso no importaba, y además en cuanto salía a relucir mi árbol genealógico, simple y llanamente me soltaban, no sin antes recordarme que esas no eran las actitudes que se esperaban de alguien como yo: El Nieto del Che no podía frecuentar tales compañías; en otras palabras, que no me juntara con "el pueblo", que no me contaminara con ellos. Comencé a comprender que Pueblo es una hermosa abstracción que tiene múltiples usos, sobre todo retóricos... Tendría yo unos quince o dieciséis años y por entonces ya había abandonado el Pre.
Sí, como tantos otros estudiantes de mi generación fui un desertor escolar. Navegaba con bandera de NadaMeImporta entre otras cosas para restarme importancia o, mejor aún, para restarle importancia a la imagen que de mí se esperaba (si es que a estas alturas se esperaba algo de mí). Por esos años adquirí la costumbre de discutir, aún en términos superficiales, sobre lo real y lo simbólico, sobre el fondo y la forma, sobre la esencia y la apariencia. Comencé a enamorarme de las palabras y de las ideas. Me apasioné con Kafka y -lo admito con rubor- el primer pensador que en verdad me "llegó" fue Schopenhauer, tan antitropical él. Me interesaban por igual el rock y el mito de Trotsky, los dadaístas y el sonido electrónico; y al mismo tiempo, todo me daba igual. Era un chico un tanto silencioso: no triste ni nada de eso, por el contrario, siempre he sido feliz; quiero decir que era bastante introspectivo: Existencialista, decían mis amigos mayores, y aunque a mí no me quedaba muy claro qué significaba aquello, la palabrita me gustaba.

Comencé a interesarme en las formas culturales, a leer sobre pintura y música, a hundirme en novelas y películas, ensayos filosóficos y teorías artísticas; no sé, simplemente a buscar. Mi lucha, empiezo a darme cuenta, siempre ha sido cultural: digamos que el hombre es hombre a pesar de sí mismo, pero se hace plenamente humano por encima de su ser. Ser lo que somos es natural; lo cultural entonces, es preguntarnos qué somos, a dónde vamos, y también de dónde venimos. Y cuando afirmo que soy un hombre "culto" no refiero con esto al sentido aristocrático que se oculta tras el término; entiendo por hombre culto a aquel que sabe que además de su propia cultura hay otras más, ni mejores ni peores, tan sólo diferentes. Y en Cuba la dictadura es también cultural. O, ante todo, quizás... (Recuerdo ahora un acontecimiento que al igual que a tantos cubanos, me marcó como hierro candente. Me refiero al telenovelesco juicio al General Arnaldo Ochoa, a los hermanos De la Guardia y demás implicados en el tráfico de drogas, marfil, diamantes y divisas.

Si utilizo el término "telenovelesco" es sólo para acentuar el modo en que yo lo viví: a través del televisor, noche tras noche, a las ocho en punto, esperando un desenlace que de antemano conocíamos, con el morbo exacerbado y ese desagradable tonito inquisitorio que permeó todo el (pre)juicio… Entendámonos, no insinúo que esos hombres fueran inocentes, sino que a todas luces sus superiores conocían tales manejos. A nadie podía caberle en la cabeza (a menos que el cerebro dejase mucho espacio libre dentro de la cavidad craneana) que el mismísimo Comandante no estuviera al tanto de todo el asunto.

Evidentemente se trató de una operación de Estado, como muchas más que hemos presenciado; una operación destinada a procurar de preciosos dólares al gobierno cubano… Nadie en su sano juicio podía aceptar tal locura, tamaña farsa, tremenda broma de pésimo gusto. Sin embargo, mucha gente perdió el juicio en esos meses… Se hacían los locos, para decirlo en buen cubano; admitieron a pies juntillas la mentira judicial pero, ¿qué otra cosa podían hacer? Yo tampoco decía en voz alta lo que pensaba, lo comentábamos entre los amigos, nada más.
Lo discutíamos como uno de los tantos temas que por entonces nos interesaban: las tetas de Fulanita o la fiesta de mañana, la proyección de Metrópolis o el concierto de Carlos Varela, no sé… Se discutía mucho, pero nada se decía: ¿Cómo expresar la ausencia de expresión; ésa que silencia al individuo y lo vuelve zombi parlante?)

Después viví en El Cerro, en un minúsculo apartamento a unas cuadras de la Biblioteca Nacional, donde por cierto trabajé: restauraba libros. Olvidé decir que entre los quince y los diecisiete años fui aprendiz de fotógrafo, primero en Juventud Rebelde y luego en Granma (además de adentrarme en lo que, con algo de autoelogio, se da en llamar fotografía artística). Edité junto con algunos amigos una pequeña revistita fotocopiada dedicada al rock (unos pocos ejemplares, nada más), y comencé a escribir. Debo decir que todo esto lo hacía con la mayor ingenuidad del mundo, no como parte de un plan maestro sino con la espontaneidad del antojo. Me interesé por las vanguardias artísticas, culturales, estéticas, y también, claro, por las ideológicas y políticas. Me hundí en los ismos, he de admitirlo. Empecé a dedicarme al diseño gráfico, al tiempo que hacía fotografía, componía música y escribía pésimos poemas "abstractos". Me hice buen lector y poco a poco, editor.

En 1996 salí de Cuba, un año después de la muerte de mi madre y a diez de mi llegada a La Habana -mi hermano salió de Cuba justo después de la muerte de Hilda. Salí con el corazón hecho mierda y las ideas más revueltas que cuando llegué: había vivido desde los doce hasta los veintidós años ahí. Me hice en Cuba: la amé y la odié como sólo se puede amar y odiar algo valioso, algo que es parte fundamental de uno...

Ahora vivo en la ciudad de Oaxaca, en México, alejado voluntariamente de la comunidad cubana en este país, y del exilio en general -debo admitirlo, me harta la sola idea de dedicarme a hablar de Cuba: me interesan tantas cosas! Soy diseñador, editor, a veces promotor cultural o crítico de la cultura, según el caso. Colaboro con algunas publicaciones culturales o políticas; sigo componiendo música y me involucro en discusiones artísticas. Estoy editando una revista cuyo número 0 está pronto a aparecer (se llama El Ocio Internacional y aparecerá en papel y en internet a la vez -ya les avisaré): una revista dedicada al análisis y la discusión cultural; y además, escribo una novela, La inmortalidad del cangrejo, de la cual llevo unas 280 cuartillas. (En 1996 publiqué un librito titulado Diario de Yo -que para colmo ni siquiera es un diario-, texto que pronto pondré en red por si a algún despistado le interesa… La publicación corrió a cargo de una pequeñísima editorial hoy desaparecida y hasta donde yo sé, no se vendió un sólo ejemplar, lo que aumenta mi orgullo anticapitalista... jejeje!)

En cuanto a mí... ¿qué puedo decir? Sólo soy un egoísta que aspira a ser un hombre libre. Un egoísta que sabe que el Egoísmo nos pertenece a todos y que éste ha de ser solidario si se quiere pleno: en otras palabras, que mi libertad sólo es válida si la tuya también lo es, si mi libertad no aplasta tu libertad ni la tuya a la mía... Como decían los "Pistols: And I am an anarchist..."

(Publicado en la web de la Unión Liberal Cubana el 14 de julio de 2006)

notas:Hilda Guevara (1956-1995).



La hija mayor del "Ché" Guevara. Fue bibliotecaria de la Casa de las Américas en La Habana (Cuba). Ernesto "Ché" Guevara conoció a Hilda Gadea en Méjico en 1954, donde ella lo adoctrinó en el marxismo; se casaron en Guatemala en 1955 y Hilda le presentó a Raúl y Fidel Castro. En 1956 nació su primogénita Hilda "Hildita" Guevara. Tenía 11 años cuando murió su padre en la selva boliviana. En apariencia vivió una vida tranquila en Cuba, en un importante centro de propaganda oficial y añorando ver llegar "la cara humana del comunismo". Murió a los 39 años de un tumor cerebral. En una famosa carta póstuma del Ché a sus hijos les decía "Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario". Tengo aquí una bonita nota escrita desde Cuba por su aniversario. Su hijo, el mejicano Canek Sánchez Guevara, nieto mayor del Ché, dice "La revolución en Cuba no fue democrática y tampoco es comunista ahora, sino un vulgar capitalismo de Estado llamado también 'fidelismo'.


Mitin en La Habana

Es ironico que solo semanas despues del tan controvertido Concierto por la Paz del cantante Juanes y compañia, en La Habana se repitan las escenas del periodo mas represivo de su historia reciente, cuando las turbas de colaboradores de la policia y de militantes partidistas fanatizados golpeaban en los años ochenta a todo aquel que habia decido emigrar al Norte via puerto del Mariel, el hecho este que ha saltado como noticia es solo continuacion de la ola represiva ya iniciada, esta claro que el regimen esta endureciendo su politica de control de la opinion ante la crisis economica en la que esta sumida la isla, se nota el temor a la posible reaccion popular y lo que no quieren ver ni parece que veran, es que con tanta represion solo estan acelerando lo inevitable, porque aunque los que gobiernan y los que les hacen el coro, sigan vendiendo y proclamando la vision de la sociedad revolucionaria e igualitaria, no creo que en su fuero interno ninguno de ellos se lo crea a no ser que fuera un perfecto imbecil, creo que en los proximos meses veremos el comienzo de la estampida final

la ciencia sigue su avance

Centro de control del acelerador del CERN- CERN

El primer haz de partículas circula ya por el nuevo acelerador LHC
Los expertos del CERN preparan las primeras colisiones de protones en los próximos días

ALICIA RIVERA - Madrid - 20/11/2009

El nuevo gran acelerador de partículas LHC está a punto de producir en los próximos días las primeras colisiones de protones aunque aún a baja energía. Tras 14 meses dedicados a la reparación de la grave avería que se produjo el año pasado en la máquina cuando apenas se habían empezado a inyectar los haces y antes de producir ninguna colisión, los expertos del Laboratorio Europeo de Física de partículas (CERN), junto a Ginebra, han hecho que el primer haz de protones complete la circunferencia de 27 kilómetros de la gran máquina científica. El siguiente paso es inyectar y hacer circular el haz que debe ir en sentido opuesto y luego hacerlos colisionar en algunos puntos del acelerador.

"Es estupendo ver el haz circulando en el LHC otra vez", ha dicho el director del CERN, rolf Heuer. "Todavía nos falta un tramo por recorrer para empezar a hacer física de nuevo pero este hito significa que vamos bien encaminados". El primer haz de partículas circuló por primera vez en el LHC el 10 de septiembre de 2008, pero nueve días después se produjo el accidente que ha paralizado las operaciones durante más de un año.

La puesta en marcha tras la reparación comenzó hace unas semanas con el enfriado hasta 271 grados bajo cero del acelerador (temperatura de operación de los imanes superconductores del LHC). Luego, el 23 de octubre pasado, los expertos empezaron a inyectar haces de protones en el nuevo acelerador para ir probando sector por sector, pero sin completar todo el anillo. El plan, tras completar los dos haces, es iniciar las colisiones a baja energía, es decir, sin acelerar las partículas en el gran acelerador. Eso será en el plazo de una semana si todo va bien, según ha informado el CERN en un comunicado. Luego se irá aumentando la potencia poco a poco para llegar a 3,5 TeV (teraelectronvoltios) por haz el año que viene.

El LHC está formado por centenares de grandes imanes alineados hasta completar la circunferencia de 27 kilómetros excavado a una profundidad de unos 100 metros en la frontera franco-suiza. Los haces de protones, acelerados hasta casi alcanzar la velocidad de la luz, circulan en ambos sentidos y se harán chocar en cuatro puntos, justo en medio de los cuatro gigantescos detectores que registrarán los efectos de esas colisiones. Los detectores (Atlas, CMS, Alice y LHCb) están listos desde hace un año. En los efectos de las colisiones de partículas los físicos investigarán las leyes que rigen el funcionamiento de los componentes fundamentales de la materia.

MIAMI VICE

Parece que muy pocos paises se salvan de la corrupcion generalizada, lo que demuestra las debilidades de los sistemas politicos vigentes, esta es endemica en los Estados Unidos a pesar de las continuas campañas de limpieza, en el caso de la Florida esta claro que alla han sido importadas las malas practicas de gobierno comunes en toda Latinoamerica, las mismas que han frenado y hasta atrasado su desarrollo econocmico-social. Cuando uno lee este tipo de noticias donde resaltan politicos corruptos de origen cubano, logicamente se plantea la pregunta de y que pasaria en Cuba si....?, vivir durante tanto tiempo aca en Suiza me ha enseñado que libertad y democracia no estan reñidas con gobernar honestamente, asi que seguire confiando en la condicion humana, en la Cuba actual tambien hay corrupcion a todos los niveles con la diferencia de que no se publica en la prensa, asi que por ahi habria que empezar en el futuro si algo se quiere cambiar en la isla tambien.

Panorámica del puente McCarthur Causeway que conecta Miami con South Beach.- AFP

La nueva corrupción en Miami

Los despilfarros monetarios y el tráfico de influencias de los políticos sacuden la capital turística floridana en medio de una grave crisis financiera

JUAN-JOSÉ FERNÁNDEZ - Miami - 21/11/2009

Miami vice, 30 años después. Corrupción en Miami, versión siglo XXI. En el pasado, la droga acaparó el protagonismo en la capital turística floridana. Hoy, sigue circulando como en tantas capitales del mundo, pero la delincuencia se ha diversificado hasta tal punto que los despilfarros monetarios y el tráfico de influencias han pasado al primer plano.

El corazón de Latinoamérica en Estados Unidos tiene una cardiopatía aguda por endeudamiento y hasta saqueos generalizados, recordando incluso el año 1996, cuando llegó al borde de la bancarrota. Esta vez, la crisis ha dado la puntilla a una ciudad que ya vivía de las reservas pese a los multimillonarios ingresos por los impuestos del boom inmobiliario, bruscamente cortado. Tampoco puede soportar los inflados sueldos y pensiones de políticos y funcionarios, una carga tan pesada como el cemento en sus distintos usos, desde los inmobiliarios hasta las grandes obras públicas, siempre muchísimo más caras de lo presupuestado.

El aeropuerto internacional de Miami abrió a primeros de mes una nueva terminal que no estará operativa hasta 2011, pero que ha costado ya 2.000 millones de dólares más de lo previsto. Ha sido el penúltimo ejemplo de los desfases habituales en las grandes obras. El polémico nuevo estadio del equipo de béisbol de los Marlins ya ha dado sus primeros frutos. Sólo el coste del aparcamiento ha subido, antes de empezar, de 94 a 135 millones de dólares, y los puestos de trabajo y contratos con empresas locales no se cumplen. Casi con pánico se hacen cálculos de lo que pasará con la obra más faraónica, un túnel bajo la bahía de Biscayne para mejorar el acceso al puerto. Costaría, en principio, cerca de los 1.000 millones. Tony, un trabajador, dice con sorna: "Y además, no hay barcos". Sólo cruceros. Con la crisis ha descendido el tráfico de mercancías a niveles nunca vistos.

Los acontecimientos se han precipitado la última semana con la elección del nuevo alcalde de Miami, Tomás Regalado, periodista y veterano político, comisionado (equivalente a concejal) desde 1996. Su rotundo triunfo en las urnas sobre Joe Sánchez -71,67% frente a un 28,33%-, más joven y también de origen cubano, ha sido un claro mensaje de los votantes hacia la moderación en los sueldos -él mismo se lo ha bajado- y en el malgasto en obras que teóricamente embellecen Miami, pero a costa de unos ciudadanos que malamente resisten la crisis. Sánchez era considerado como el continuismo del anterior alcalde, Manny Díaz, alabado por muchos y criticado por otros, entre ellos, Regalado, que apela a la ética.

Los legítimos delirios de grandeza de Miami cuestan muy caros cuando la ciudad tiene dos caras, luces y sombras. Por un lado, la imagen de la jet, un tanto difusa, y por otro, la más real de una mayoría que habita en una de las urbes más pobres del país. Sin trabajo y con elevados impuestos, cada vez más personas abandonan la ciudad.

Mientras tanto, la mitad de los funcionarios cobran sueldos que superan 100.000 dólares al año y llega a ser impactante en el caso de policías y bomberos, hasta en escalas inferiores, sin incluir horas extra, que actúan, a veces, como chóferes de los comisionados. Éstos tienen sueldos bajos, pero a cambio cuentan con muchos y discutibles gastos de representación. Así, todo queda en casa, con grandes pensiones al final de las carreras. Arreglar la insostenible suma, un agravio comparativo sonrojante para los que no son funcionarios, es el gran reto de Regalado.

En agosto estalló el escándalo en el condado de Miami Dade,cuando en plena crisis y con la amenaza de subir los impuestos, el alcalde, Carlos Álvarez, tras pedir austeridad, subió aún más sus suculentos sueldos a colaboradores. Había despertado esperanzas, pero se convirtió en otro villano. Se pidió hasta su dimisión.

Lo último en el condado ha sido la pasarela de viajes de los comisionados por el mundo, con más de 200.000 dólares gastados desde 2007 sin que hubiera una gestión concreta. Al menos, de la visita de la comisionada Rebeca Sosa a España sí ha surgido algo concreto: un vuelo directo de Air Europa de Miami a Tenerife y Madrid.

En la ciudad, nada más tomar posesión Regalado el día 11 de noviembre, dos de los cinco comisionados cayeron al ser acusados de distintos delitos por la fiscalía. El lastre no se soltó en la anterior etapa de Díaz, y el Gobierno municipal quedó colapsado durante una semana por falta de quórum.

Ángel González, comisionado desde 2001, tuvo que renunciar por pactar un sueldo sin trabajar para su hija en la empresa de un constructor de obras municipales. González, que cuenta con un historial de condenas por fraude electoral y evasión fiscal, se declaró culpable y llegó a un acuerdo con la fiscalía para colaborar en lo que se interpreta como seguir tirando de la manta. Está en libertad provisional, como Michellle Spence-Jones, elegida hace unos días con el 82,7% de los votos de su distrito, mayoritariamente de raza negra. Spence-Jones ha retado a la ética y a la justicia.

Fue suspendida por el gobernador del Estado, Charlie Crist, tras ser arrestada por robo y falsificación de identidad. Según la fiscalía, imitó la firma de una ex comisionada, también acusada en su día de recibir sobornos, y se llevó 50.000 dólares para un negocio familiar y gastos personales. Crist, criticado y también viajero sin una gestión concreta de por medio, que aspira a más altas metas en Washington, se ha negado a nombrar un suplente temporal, por lo que deberá haber una elección en enero que costará cerca de 200.000 dólares. Y esto quizá arrastre a otra crisis en el caso de González, aunque a él sí podrían sustituirlo por consenso los comisionados supervivientes.

Para completar la carambola, Spence-Jones, objeto de numerosas investigaciones anteriores, ha anunciado que se volverá a presentar como candidata. La ley se lo permite mientras no sea declarada culpable. Su juicio puede dilatarse hasta seis meses y ya ha dejado entrever que hay una persecución racial en su caso.

Ante la proliferación de políticos así, la participación en las elecciones es paupérrima, apenas la cuarta parte del censo. "Sólo van los amigos, los que sacan tajada. ¿Para qué votar si todos roban?", resume Nelson, empleado de mantenimiento en un edificio. Abel, un jubilado que sobrevive a duras penas entre la crisis y los impuestos, busca un consuelo: "Sólo nos queda Tomasito, si le dejan".

El policía del Lexus gratis

La guinda del turbio pastel público de Miami la ha puesto el jefe de policía de la ciudad, John Timoney. Un tipo de 61 años con cara de duro, que recuerda al histórico actor Jack Palance. Llegó de Irlanda a los 13 años y cambió su nombre de Sean por el de John. Fue policía en Nueva York y Filadelfia antes de bajar a Miami en 2003.

El mismo día de la toma de posesión del nuevo alcalde dimitió. Su posición era insostenible y el edil entrante ya le había mostrado su rechazo.

El supuesto primer vigilante de la ley en las calles de Miami se paseaba por ellas con un lujoso coche regalado por un voraz concesionario que hace negocios con el Ayuntamiento.

Tras ser descubierto dejó el coche, pero se negó a aclarar su corruptela ante cualquier comisión de ética y se permitió llegar al desacato ante decisiones judiciales. Desde entonces, se le ha conocido como el "jefe del Lexus gratis".

"Ha sido un bochorno para la ciudad", dijo el presidente del sindicato de policía. El alcalde, más diplomático, señaló: "Es lo mejor que podía hacer". Más del 90% de miembros del cuerpo había votado mayoritariamente en su contra hace unos meses.

Días antes de marcharse dio una conferencia de prensa para señalar que la criminalidad se ha reducido en Miami durante su mandato. El alcalde saliente le defendió. Pero como en muchas otras ocasiones fue acusado de manipular las cifras.

Ayer se nombró un nuevo jefe de policía. Otro veterano que, de momento, luce un historial intachable.