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lunes, 14 de diciembre de 2009

Abierta la polemica sobre el racismo en Cuba

Pues ya el regimen en Cuba autorizo a uno de sus plumiferos ( periodista del diario oficial Granma ) a referirse al intelectual cubano Carlos Moore, por supuesto para intentar descalificar sus afirmaciones sobre el racismo en la isla, como siempre echando mano de todo su arsenal de despretigio y manipulacion, pongo tambien lo publicado en Miami sobre el tema y la respuesta al Granma de uno de los pocos lideres de la oposicion interna en la isla que respeto por su mesura y la inteligencia de sus argumentos, el hecho innegable es la existencia del racismo en la sociedad cubana alimentado por el apartheid creado y fomentado por el regimen, sus propias instituciones politicas y gubernamentales son el mejor espejo de esta triste realidad.

Líderes negros condenan el racismo en Cuba

Trinidad, Cuba. Getty Creative Foto

Por JUAN O. TAMAYO

jtamayo@elnuevoherald.com

Un grupo de prominentes intelectuales y líderes afroamericanos condenó públicamente por primera vez el historial de derechos humanos de Cuba, exigiendo que La Habana ponga fin a su "insensible desprecio'' por los cubanos negros. También declaró que "debe enfrentarse el racismo en Cuba''.

"Conocemos de primera mano las experiencias y consecuencias de negar las libertades civiles por razones de raza'', expresó el grupo el lunes en una declaración. "Por esa razón nos sentimos más obligados a expresar nuestra opinión sobre lo que está sucediendo a nuestros hermanos cubanos''.'

Entre los 60 firmantes de la declaración están Cornel West, profesor de la Universidad de Princeton; la actriz Ruby Dee Davis, el director cinematográfico Melvin Van Peebles, la ex legisladora surfloridana Carrie Meek y Jeremiah Wright, antiguo pastor del presidente Barack Obama en Chicago.

La Declaración de Apoyo de los Afroamericanos por la Lucha de los Derechos Civiles en Cuba, de cuatro páginas, exige que Raúl Castro ponga fin "al innecesario y brutal acoso de los ciudadanos negros en Cuba que defienden sus derechos civiles''.

"No podemos quedarnos callados ante el aumento de las violaciones de los derechos civiles y humanos de los activistas en Cuba que tienen el valor de alzar sus voces contra el sistema racial de la isla'', agregó la declaración. "Ultimamente, estos defensores aislados y valerosos de los derechos civiles han sido objeto de violencia no provocada, intimidación de las autoridades y prisión''.

La declaración pudiera agregar nuevas y poderosas voces al coro que presiona por cambios en la isla, donde los negros son 62 por ciento de los 11.4 millones de habitantes, pero tienen una representación baja en la dirección política, académica, científica y otros sectores.

‘‘Esto es histórico'', dijo Enrique Patterson, escritor afrocubano de Miami. Aunque los exiliados cubanos, predominantemente blancos "se han tratado de acercar a estas personas, la credibilidad es lo que ha faltado. Ahora los [afroamericanos] están escuchando''.

Una nota de prensa que acompañó a la declaración reconoció que "tradicionalmente los afroamericanos han tomado partido por el régimen de Castro y condenado las políticas de Estados Unidos, que tienen el objetivo explícito de derrocar al gobierno cubano''.

Pero recientes cambios en las percepciones de los afroamericanos sobre Cuba, el crecimiento del activismo racial en la isla y las constantes quejas de discriminación racial han creado la necesidad de una declaración, dijeron activistas cubanos y estadounidenses vinculados con el documento.

Más afroamericanos viajan a Cuba y han podido "ver la situación de primera mano'', expresó David Covin, uno de los organizadores de la declaración y ex presidente de la Conferencia Nacional de Politólogos Negros de Estados Unidos.

El aumento en la cantidad de cubanos que se identifican como activistas de los derechos raciales también ha llevado a que más afroamericanos presten atención a los temas en la isla, dijo Covin, profesor emérito de la Universidad Estatal de California en Sacramento, en declaraciones a El Nuevo Herald.

Ambos desarrollos han ayudado a crear "una masa crítica de personas que han roto con la tradición de apoyo [a Cuba] en la comunidad negra'', agregó Covin.

Al mismo tiempo, activistas afrocubanos han presentado su batalla más como un asunto de ‘‘derechos civiles'' que de "derechos humanos'', dijo Victoria Ruiz-Labrit, portavoz en Miami del Comité Ciudadanos por la Integración Racial, con sede en Cuba,

"El tema de los derechos humanos no tomó en cuenta el asunto racial, y ahora hay una evolución'', agregó Ruiz-Labrit. "Los afrocubanos se han acercado al término ‘derechos civiles' porque esos son los derechos en los que hizo énfasis el movimiento en Estados Unidos: los temas raciales''.

Alberto González, portavoz de la misión diplomática de Cuba en Washington, dijo que era ‘‘absurdo'' acusar de racismo a un gobierno cubano "que ha hecho más por los negros cubanos que cualquier otro en todas las áreas, como la salud, la educación y el bienestar''.

Según González, la declaración de los afroamericanos fue "parte de una campaña de subversión contra Cuba'', creada para afectar el gobierno del primer presidente afroamericano de Estados Unidos.

La declaración también exigió la liberación inmediata del médico Darsi Ferrer, un conocido activista, encarcelado desde julio mientras las autoridades investigan cargos de posesión ilegal de dos sacos de cemento. La declaración calificó a Ferrer de prisionero político.

Los afroamericanos agregaron que aunque apoyan el derecho de Cuba a la soberanía "y repudian firmemente cualquier intento de afectar tal derecho'', no "pueden permitir que los dedicados activistas pacíficos de derechos humanos en Cuba, así como la población negra en general, sean tratados con un desprecio insensible por sus derechos como ciudadanos y como el segmento más marginado de la población en la isla''.

"El racismo en Cuba, como en cualquier parte del mundo, es inaceptable y debe ser enfrentado'', expresó la declaración.

En un documento aparte con información básica emitido con la declaración se señaló que los negros cubanos constituyen casi el 85 por ciento de la población penal, pero sólo el 20 por ciento de los profesores de la Universidad de La Habana y sólo el 2 por ciento de los dueños de tierras privadas.

La declaración fue impulsada fundamentalmente por Carlos Moore, un autor cubano altamente considerado que vive en Brasil y ha criticado la discriminación racial en Cuba por años.

Moore persuadió a Abdias Nascimiento, uno de los fundadores del movimiento negro de Brasil y defensor de Castro, de enviar a Raúl una carta este año en la que denunciaba el racismo en Cuba, y entonces apeló a sus amigos y contactos en la comunidad afroamericana para sumarlos al esfuerzo.

"Sin esta figura histórica nadie habría escuchado'', dijo Patterson, quien pronosticó que otros afroamericanos destacados pronto agregarán su firma al documento.

Pedro de la Hoz

Mensaje desde Cuba a los intelectuales y artistas afronorteamericanos

Un tiro fallido por el flanco equivocado

Pedro de la Hoz

pedro.hg@granma.cip.cu

En la edición del pasado primero de diciembre, El Nuevo Herald, de Miami, publicó una amplia reseña sobre una "Declaración de afroamericanos en apoyo a la lucha por los Derechos Civiles en Cuba", en la que se acusaba a nuestro país de ser en la actualidad una sociedad racista y exponía el supuesto aumento de las violaciones de los derechos civiles y humanos de los activistas en Cuba que tienen el valor de alzar sus voces contra el sistema racial de la isla. Se decía que "estos defensores aislados y valerosos de los derechos civiles han sido objeto de violencia no provocada, intimidación de las autoridades y prisión".

El documento había circulado apresuradamente horas antes en procura de firmas que le dieran visibilidad a lo que había sido cocinado por Carlos Moore, un individuo de origen cubano que desde hace años se presenta como "especialista en temas raciales" y se ha hecho de un modus vivendi en Estados Unidos y Brasil a costa de manipular la realidad cubana. Con antelación, Moore había logrado embaucar a un respetable activista del movimiento de vindicación de la población negra brasileña, haciéndole creer que la acción legal seguida por las autoridades cubanas contra uno de los beneficiarios de los fondos de la política anticubana de las administraciones norteamericanas, era por su condición de negro. Esa misma fábula se la hizo creer a las personas que recibieron la declaración.

Alguien de tanto prestigio como el poeta y dramaturgo afronorteamericano Amiri Baraka (Leroi Jones) comentó el comunicado en los siguientes términos: "Moore ha estado impulsando este tipo de viciosa provocación desde los años sesenta. (¼ ) Al parecer algunas de las personas afronorteamericanas que firmaron su petición desconocen el arrastre histórico de Moore".

Otra destacada personalidad que ha viajado incontables veces a Cuba, James Early, que labora en la Smithsonian Institution, declaró "no confiar en los objetivos de Carlos Moore" al involucrarse en el tema racial en Cuba y subrayó cómo "la carta no se ajusta a lo que yo y otros activistas afronorteamericanos encontramos en nuestra reciente visita del 14 al 22 de septiembre, durante la cual hemos sostenido conversaciones abiertas con ciudadanos cubanos y funcionarios del Gobierno". Early puntualizó también "que los ciudadanos cubanos y sus representantes políticos están discutiendo cómo mejorar su revolución socialista".

Sumamente elocuente del método seguido para urdir el tinglado de la cuestión racial, es la carta que una de las personas cuya firma se hallaba al pie de la declaración remitió a los medios el lunes 7 de diciembre. Makani Themba-Nixon, directora ejecutiva de The Praxis Project, pidió que su nombre no apareciera en ese documento, al considerar que la carta acusatoria contra Cuba "está siendo manipulada para ayudar a restarle legitimidad al importante proyecto social que se lleva a cabo en esa nación".

Un grupo de intelectuales cubanos, únicamente mandatados por nuestra conciencia y a título personal, nos concertamos para compartir nuestro punto de vista sobre el asunto con los colegas afronorteamericanos. Porque se trata de ventilar con seriedad y argumentos los derechos humanos en nuestro país, y de hacer saber que la declaración emitida en Estados Unidos es un tiro fallido en el flanco equivocado.



Carlos Moore, certero

Manuel Cuesta Morúa.

En un artículo del periódico Granma, órgano oficial del partido comunista de Cuba, edición 9 de diciembre de 2009, se intenta descalificar a Carlos Moore, un destacado militante antirracista cubano, profesor e investigador, y con una amplia obra sobre temas raciales que toca el tema del racismo tanto en Cuba como en otras partes del mundo.

Todo por lo que podríamos llamar, en propiedad y con sentido hemisférico, como La Declaración Afro americana a favor de los derechos civiles en Cuba, afro brasileños, afro caribeños y afro-norteamericanos se han expresado, separadamente, a favor de los militantes antirracistas cubanos.

Carlos Moore imparte conferencias en América Latina, Estados Unidos y África, y es una prestigiosa figura reconocida en diversos sectores académicos de mucha magnitud y densidad cultural e intelectual. Es, por más señas, un hombre de izquierdas que ha sabido moverse con determinación, modales y finura dentro del enmarañado escenario de la lucha por los derechos civiles, el respeto de las minorías, la identidad y reconocimiento raciales, sin caer en el juego del dinero y los intereses tradicionales de Washington.

De un hombre así Granma habla mal; pero lo hace mal. ¿Y por qué lo ataca? Pues porque el compatriota Moore acaba de romper, casi simultáneamente, el monopolio que el gobierno cubano conservaba más o menos intacto, hasta el 1 de diciembre de 2009, sobre aquellos tres pivotes fundamentales en las Américas: los afro brasileños, los afro caribeños y los afro norteamericanos.

La teoría del cisne negro

Hasta esa fecha, podría decirse que estos importantes sectores tenían una visión compacta en torno a una imagen tópica: Cuba como cierta Isla de Tule con una obra social inigualable destinada, primorosamente, a los negros y mestizos. La ruptura de este monopolio desnuda al rey y lo deja sin guarda ropa. Y las razones se exponen así: podría decirse de todos estos sectores que son anti-sistema, entendiendo como sistema las pautas hegemónicas sobre las que se funda el modelo cultural de dominación en las Américas, y de la que el gobierno cubano forma parte, reconózcalo o no.

Ellos no pueden ser acusados tampoco de trabajar a favor de los servicios de inteligencia occidentales, ni pueden ser implicados, por defecto, en los diseños típicos del real o supuesto eje Miami-Washington. De manera que la teoría del cisne negro adquiere una interesante confirmación en este específico caso.

Si la previsibilidad de la crítica al gobierno cubano le había permitido armar una defensa geopolítica ciertamente eficaz en varios temas, culpando previsiblemente al “imperialismo” de todos los males y de todas las críticas, por aquello de que todos los cisnes son blancos; las declaraciones de los afro americanos, en el sentido hemisférico del término, vienen a sorprender a las autoridades cubanas de un modo indeseable, confirmando el descubrimiento australiano de que también hay sorpresivos cisnes negros.

No es lo mismo ser acusado de violar los derechos humanos, así en abstracto, que ser acusado de racista. En el primer caso, Bush, como el síndrome de China, está por todas partes; pero, ¿por dónde anda Bush en el segundo caso? Estas declaraciones acaban de completar un proceso difícil en toda la imaginería global alrededor de Cuba.

No solo somos un país fallido, desigual, improductivo, mal educado y bastante violento, sino también racista en la visión de importantes sectores de opinión en el mundo. Lo que equivale a decir que completamos por fin el importantísimo círculo de normalización en el concierto de naciones; algo básico para asumir un enfoque maduro en las necesarias transformaciones que necesita el país. Una foto que recoja todos nuestros rasgos, sin retoques de Photoshop, nos ayuda a tener una mejor percepción de lo que somos.

Contra Abdias Nascimento

Según Granma, Moore es el arquitecto de todo esto; y, al atajar al arquitecto, hace unas cuantas movidas erráticas. Primero, dice que Carlos Moore es de "origen cubano". Lo cual es verdad, solo que es una verdad compartida por todos los cubanos. Así, con el intento de convertir en un ataque político una clasificación empleada por los departamentos de inmigración del primer mundo, reproduce un concepto frecuentemente utilizado por sectores racistas para denigrar y excluir a quienes no comparten una pretendida pureza de algo.

Granma tiende a utilizar peyorativamente esta clasificación cada vez que intenta atacar a sus adversarios cubanos que viven en el exterior, sin advertir que con ello reafirma un estereotipo racista. Una constante mordida en la propia cola que revela desesperación incontrolada.

Segundo, afirma que Moore “se presenta como 'especialista en temas raciales'”. Lo que podría ser contestado diciendo, del mismo modo, que Granma se presenta como un periódico.

Es el tipo de crítica que emana de los cartones cubanos de Elpidio Valdés, donde los españoles del siglo XIX son presentados casi como supuestos soldados. Una crítica débil que quiere denunciar una impostura y que, en el caso de Moore, solo ofende a las numerosas universidades y editoriales en el mundo que acogen sus conferencias y publican sus libros.

Tercero, adelanta la idea de que Moore "había logrado embaucar a un respetable activista del movimiento de vindicación de la población negra brasileña", cuyo nombre, no sé por qué Granma no lo menciona, es Abdias Nascimento. Aquí, incapaz de captar la médula y sustancia del debate racial en las Américas, Granma comete un error de bulto: pierde de vista que la autoestima es el pilar específico de los movimientos de emancipación negra, y esta no tolera la manipulación.

De modo que la sospecha y la desconfianza frente a los posibles paquetes del otro son los primeros dispositivos, casi naturales, de los negros autoemancipados de este continente. Granma ofende así a Abdias Nascimento, y por extensión a afro caribeños y afro norteamericanos. Pienso que por ignorancia más que por voluntad.

La 'ingratitud' del negro Ferrer

Cuarto, el órgano oficial del partido comunista repite sus ataques habituales contra los disidentes y se revela del deber de probar sus afirmaciones. Decir que Darsi Ferrer, sujeto concreto, pero no único, de solidaridad en todas las declaraciones, es "uno de los beneficiarios de los fondos de la política anticubana de las administraciones norteamericanas", solo puede ser tomado o como un trámite retórico del periodismo militante o como un despropósito políticamente motivado.

Granma debería, ante todo, ofrecer pruebas reales de semejante acusación, y de paso visitar el domicilio del Dr. Ferrer y verificar sus magras condiciones de existencia y su casa deshilachada. Por cierto, eso de los fondos norteamericanos debería ser utilizado con extremo cuidado por las autoridades cubanas, porque la cantidad de proyectos tanto institucionales como personales de todo tipo que han sido financiados en Cuba por la USAID o por fundaciones estadounidenses llenan una larga lista pública aunque, no sé por qué, nunca publicada.

Y claro, que Ferrer no fue encarcelado por su condición de negro. La cosa no es tan burda en la tierra del racismo cordial, listo y astuto. No. El problema es que su condición racial le hace la cosa más difícil. Sencillamente porque no se concibe que un negro ande protestando por ahí, se le hecha más en cara y se le hace sentir más duro su "ingratitud".

Yo he sido testigo de como a Darsi se le ha espetado directamente una de las frases más humillantes que se puedan escuchar: “parece mentira que seas negro”. Una frase así pesa en la comunidad, en la cárcel, en los testigos, en el juicio y en las condenas.

No de otro modo se puede explicar el triste caso de Pánfilo, la condena a Juan Carlos Robinson, ex de todo en el gobierno, por un delito bastante extravagante en Cuba como el de tráfico de influencias, y otros tantas cosas que no menciono por pudor, generosidad y respeto a la memoria. De eso se trata en Cuba.

Un proyecto social que convive con el racismo

Quinto, y aquí viene el caso típico de uso del derecho a la opinión como recurso periodístico para enmascarar el objeto de debate. Claro que, en este caso no me explico cómo se hace a favor de Moore. Utilizar el comentario de Leroi Jones, un hombre prestigioso, para descalificar a Moore, es como querer emplear la libertad de expresión para descalificar la misma libertad de expresión.

Jones piensa —en ejercicio de su pleno derecho— que Moore se repite en una "viciosa provocación" y Granma reconoce, a través de Jones, que Moore viene hablando del tema desde los años sesenta. Lo cual significa que nuestro compatriota tuvo la visión de ver el problema desde los inicios y la paciencia suficiente para esperar que las voces legítimas del norte se decidieran a hablar de la viciosa reproducción del racismo en Cuba, un problema bastante evidente.

Granma tendría que ser más cuidadoso, y advertir que el uso de las palabras debe ser cauteloso, porque proporciona metáforas excelentes parta calificar más una situación que a un hombre. Vindicándole.

Sexto: Granma intenta explotar el tema de la retractación de una importante activista que en principio había estampado su firma en la declaración. Me llama la atención poderosamente cómo el periódico no se da cuenta que retractarse es confirmar. Solo en el derecho la retractación tiene valor, no en psicología.

Este caso revela tanto el dispositivo de sospecha más arriba descrito, como las dudas que se pueden tener en conciencia. Asimismo revela cuán profundo caló la propaganda del gobierno en los sectores afro norteamericanos. Nada más.

Retirar un nombre "porque está siendo manipulada (la declaración) para ayudar a restarle legitimidad al importante proyecto social que se lleva a cabo en esa nación", no niega la denuncia; solo alimenta, entre otras cosas, una paradoja, más ideológica que real: la de un proyecto social que convive con el racismo.

Los norteamericanos y el turismo revolucionario

Séptimo, y finalmente, el órgano oficial todavía intenta convencer con el viejo y desgastado proyecto del turismo revolucionario. Son legión las visitas de los extranjeros a Cuba para confirmar in situ lo que ya llevan in petto,… a buena distancia. Recuerdo en mi adolescencia a chilenos y uruguayos viniendo a Cuba, y yendo en fila hacia el campamento Julio Antonio Mella, montado para la ocasión en la zona de Caimito en La Habana, con el propósito de corear los avances de Cuba por la senda izquierda.

Muchos nunca más volvieron y otros, que llegaron exiliados de las dictaduras en Sudamérica, siguieron viaje apresurado hacia Suecia o algún que otro destino europeo. El éxito real del turismo revolucionario cubano hay que anotarlo, sin embargo, no tanto en Europa o América Latina como en Estados Unidos.

Hasta hoy algunos estadounidenses, contra todas las doctrinas y muchas evidencias, siguen hablando de algo así como un proyecto socialista que camina hacia su perfección. No sé si reír o llorar cuando escucho semejantes períodos verbales.

Seguir afirmando que en Cuba hubo socialismo, es seguir juzgando a los proyectos o las personas por lo que estas dicen o han dicho de sí mismos. Una operación intelectual contra la que prevenía Carlos Marx. Decir que en Cuba hay determinados programas sociales a favor de las mayorías es más cercano a la realidad; pero un modelo jesuita como el cubano, en el que los ciudadanos tienen que pedir autorización al Estado para salir o abandonar la Misión, no tiene nada que ver con el socialismo, que es un proyecto que exuda modernidad y libertad.

Llama la atención cómo algunos afro-norteamericanos, dotados por sufrimiento, experiencia y cultura para captar los problemas sensibles de la gente tras las máscaras de las palabras —que el idioma inglés rechaza por su propia estructura—, no vean la marginalidad en medio del “proyecto socialista”.

Esto para mi es una perplejidad de la que, sin embargo, no me quejo, porque todo ciudadano del mundo tiene derecho a hacer su propia elección y ponerse gafas oscuras.

¿Es más importante la voz de un extranjero?

La cosa se pone más complicada cuando esta elección, muy usual en los radicales de izquierda realmente extranjeros o interesados en la banalidad de retratar los personajes garciamarquianos, intenta tener más derechos que la visión de los cubanos. Todos podemos optar a la hora de apoyar, criticar o acompañar; lo que Granma no debería hacer, para mantener la plena coherencia, es sugerir que para los cubanos, en temas de Cuba, es más importante la voz de un extranjero que la de un cubano.

Tampoco presuponer que si un extranjero habla con un grupo de cubanos in situ, sabe más de Cuba que cualquier cubano, viva o no dentro de la Isla. Mucho menos pensar que el turismo revolucionario tiene alguna eficacia mediática en tiempos de Google Earth, memorias flash, turismo comunitario e internet. Esto último puede significar una subestimación del vecino más cercano.

Moore ha sido certero. Los cubanos negros, mestizos y blancos, que describen itinerarios más sinuosos en la ciudad que los que describen la calle 23, la 5ta. Avenida o los pasillos del poder, no necesitaban desde luego una confirmación brasileña, caribeña o norteamericana para existir en medio de los racismos cubanos.

Moore es certero, porque pudo articular las sensibilidades de las mejores voces autorizadas para llamar la atención sobre uno de los problemas más sensibles a resolver, y poder así completar el proyecto de la nación cubana. A Moore, muchos ciudadanos cubanos, negros, mestizos y blancos, le agradecen por su perseverancia coronada. Y, para Granma, la pregunta continúa: ¿Es Cuba un país racista?