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sábado, 1 de mayo de 2010

Reivindicacion historica de unos abakuas

Espero que este sea un aporte mas esclarecedor ante la ignorancia reinante sobre la mas desconocida de las religiones afrocubanas.

El lado oculto del 27 de noviembre

En recuerdo de los cinco afrocubanos que perdieron la vida intentando liberar del paredón de fusilamiento a los ocho estudiantes de Medicina.

María I. Faguaga Iglesias, La Habana 21/12/2009

Graffiti y ofrenda floral (2006).

Veintisiete de noviembre del 2008, en la tarde. Hemos peregrinado hasta la esquina de Morro y Colón, en los límites de los municipios Centro Habana y Habana Vieja. Se supone que nos encontramos en una zona socialmente mala, de "alta peligrosidad" o "diferentemente beneficiada", según categorías policíaca o sociológica… Varían las clasificaciones, los contenidos son complementarios. El imaginario continúa percibiendo a los barrios de negros y mestizos como lugares de cuidado a los que es mejor no acercarse, en los que no es prudente entrar, a los que no está bien visto pertenecer.

Esta vez, hay hombres que percuten tambores y toman ron, en la calle, a los pies de una ceiba. Jóvenes que retocan un graffiti para que no se nos desdibuje la memoria. Parece fiesta, pero hay dolor… ¡Cuánto!... Sedimentado… Hay pasión, entrega, regocijo y conciencia. Generaciones de ayer y de hoy, obreros y profesionales, jubilados o no, estudiantes. Casi todos son hombres. Las mujeres, quizás, ante ojos extraños, parecemos intrusas o imprudentes, pero, aunque pocas, estamos por voluntad. Somos mayoritariamente negros y negras[1], aunque entre los protagonistas hay personas blancas, y están no por solidaridad sino por derecho. Los presentes conmemoramos y rememoramos… por fin, a puertas abiertas, todavía a plena luz del sol aunque, finalmente, nos envuelve la noche.

Llegamos hasta allí para recordar, públicamente, a los cinco afrocubanos que perdieron la vida intentando liberar del paredón de fusilamiento a ocho cubanos, blancos, estudiantes de Medicina, víctimas de los antagonismos entre la España colonial y el nacionalismo que despertaba en su colonia cubana. Los estudiantes fueron asesinados el 27 de noviembre de 1871, luego de ser encontrados culpables de mancillar la tumba de un militar español, aunque se sabía que únicamente habían estado en el cementerio haciéndose juveniles bromas entre ellos.

Es el tercer año en que nos encontramos, un día como hoy, en esa esquina. La primera fue en 2006, cuando no más de tres docenas de personas, mayoritariamente estudiosos y artistas, concurrimos a la cita, desconocida para la mayoría en tanto los medios de difusión —que no suelen cubrir actividades religiosas— ayer, como hoy, ignoraron el suceso.

En ese lugar, a escasos metros del memorial al yate Granma —que trajera desde México al entonces joven abogado Fidel Castro y a otros 81 expedicionarios hasta las costas cubanas, para dar inicio a uno de los últimos períodos insurreccionales en la Isla— y del Museo de Bellas Artes, entre un edificio que ocupa el Ministerio del Interior, una antigua tabaquería y el Hotel Sevilla, en el popular barrio de Colón —residencia tradicional de afrocubanos— quedó en 2006, como constancia del suceso, un graffiti en el cual, junto a simbólicas firmas diseñadas como pictogramas, propias de la Sociedad Abakuá[2], puede leerse en lengua efik[3]: "Bongo ita ekue juracatinde", es decir, "Todos los jurados en ekue[4] somos hijos de la misma madre", muestra del sentido unitario y solidario que sustenta esta institución.

Esa expresión de solidaridad pudiera considerarse la justificación para que —según el imaginario popular, nutrido de la memoria oral— fueran estimados como miembros de la Sociedad Abakuá los cinco afrocubanos que perdieron la vida en la operación suicida con la que pretendían librar de la muerte a los ocho estudiantes.

No pasa inadvertido el hecho de que las otras palabras incluidas en el graffiti —"Para limpiar la costra tenaz del coloniaje"— pertenezcan a Rubén Martínez Villena, líder político comunista asesinado, de quien no se conocen vínculos directos con el mundo afro. Queda la duda del por qué no ocupan ese espacio palabras pronunciadas por alguna personalidad cubana del mundo afrocubano, incluidos los abakuá, que han tenido representantes connotados en su Sociedad y en la esfera pública —destacados artistas, como el sonero Ignacio Piñeiro; Chano Pozo, internacionalizador de las tumbadoras en el jazz, y Francisco Scull (El Chori), fundador del grupo de rumba Yoruba Andabo—, o por alguien cuyas relaciones con esas culturas fueran tan explícitas que, en ocasiones —como sucede con el líder sindical igualmente asesinado, Aracelio Iglesias—, se asevera que han pertenecido a la Sociedad Abakuá sin que sea cierto.

Una de las hipótesis manejadas en las investigaciones históricas sobre el caso plantea que el acto se justificaba porque entre los estudiantes que serían fusilados se encontraban algunos que habían sido criados con los afrocubanos implicados. "Hermanos de leche" llamaban a los que eran amamantados por una misma nodriza —casi siempre negras esclavas recién paridas— con independencia del color de los vástagos y de su condición social, elementos que, no obstante, marcaban las diferencias entre estos desde el nacimiento, y que les deparaba futuros radicalmente opuestos en la adultez. Para unos era el estigma del color negro de su piel y el grillete que significaba su condición de esclavos o, incluso, de negros libres; para otros, la herencia del poder legada por la elite esclavista a la que pertenecían. Estigmas que se reproducen, todavía, entre sus descendientes.

"Hoy es día luctuoso para la nación", me dice un anciano que, prudentemente, esperó a que finalizara mi conversación y pidió permiso para abordarme. Yo asiento. "Entonces" —interroga— "¿por qué ustedes tocan, toman y festejan? ¿No deberían guardar luto por los otros?". Ha sido suficiente un momento para que este hombre, blanco, que es mi coterráneo y, luego lo supe, ha sido mi vecino, y cuyo aspecto me dice que tiene edad para ser mi padre, me ratifique cuán distantes podemos estar… Apenas once millones, que carnavaleamos juntos y seguimos desconociéndonos… ¿Hasta cuándo? ¿Cómo explicar que la historiografía insista en ignorar la mitad de uno de los hechos de mayor y ya más tradicional recordación en nuestra historia, es decir, los acontecidos el 27 de noviembre de 1871? ¿Por qué oculta la única expresión de cubanidad conocida que afloró en ese difícil momento, cuando el Ejército Mambí combatía contra el poder colonial por la independencia de Cuba? ¿Por qué la Oficina del Historiador de la Ciudad, del Dr. Eusebio Leal, tan preocupada por dispersar estatuas de personalidades del mundo por toda la capital, no ha colocado una identificación en este sitio?

Nos han enseñado a llorar por aquellos a quienes arrancaron sus vidas injustamente y que, comprensiblemente, murieron clamando inocencia y pidiendo clemencia. Hasta hoy, nos niegan el reconocimiento de quienes, en acto de probada valentía, entregaron sus vidas intentando salvar la de aquellos. Los estudiantes eran blancos. Sus posibles salvadores eran negros. Unos y otros eran cubanos. El sistema colonial nos separó en blancos y negros, ricos y pobres… lo que desde entonces marca históricamente la nación cubana. Estructura de poder que nació atrofiada y sobre esa base funcionó, para beneficio de quienes la impusieron y de quienes la heredaron… ¿Se intenta, certeramente, corregirla?

Es tal la densidad de las culturas afro en la conformación de la nación cubana y en su sustentación actual y posibilidades futuras, que pretender silenciarlas es absurdo, además de imposible. Relegar o mantener a sus protagonistas en el rol del subalterno, patentiza una posición de sostenida iniquidad y de ausencia de justicia histórica que no se corresponde con la realización ciudadana plena. El señor que me interpelaba reproducía el esquema falso, endeble e injustificable, de la nación criolla, blanca, católico-romana, masculina, homofóbica… la nación irreal que escenográficamente continuó visibilizando el poder, que mostró lo negro únicamente en sus perspectivas artísticas —de ser posible, folklorizándolas— y deportivas, mientras ha mantenido tras las bambalinas todo aporte al pensamiento político, filosófico, ético y al accionar histórico correspondiente. Todavía nos llega desde fuentes oficiales una imagen distorsionada de lo no blanco que afecta a toda la población cubana, imagen que permanece como consecuencia del racismo y que actúa a manera de fundamento de su reproducción.

En octubre de 2005, como parte de la política de legalización de determinadas instituciones que en los últimos años pone en práctica el gobierno cubano, la Sociedad Abakuá fue inscrita como fraternidad religiosa en el Registro Nacional de Asociaciones del Ministerio de Justicia de Cuba. Esta es la misma institución que el mestizo Andrés Petit abrió a los blancos en el siglo XIX (Petit fundó el primer juego o potencia abakuá para blancos el 24 de diciembre de 1863) y uno de cuyos integrantes, conocido como Chuchú, "se aventuró durante la República a emitir pasquines políticos en lengua efík"[5], una institución presente en todas las luchas emancipadoras de la Isla y que ha trascendido en la cultura artística y en el habla popular. Es una institución que nos revela el camino transcurrido en el transitar del ser africano hacia el ser cubano.

Hasta hoy, no obstante, muchos, incluso estudiosos, la consideran parte de la contracultura y le conceden el calificativo de "secta", contradicción insostenible dado el contenido etimológico del término, que significa "cortar, rechazar". Los especialistas afirman que una secta es "un grupo que viene de un tronco mayor"[6], entonces: ¿a qué se refieren los que califican como tal a la Sociedad Abakuá? Esta, desde sus orígenes, tuvo vida propia, no es la derivación de ninguna agrupación religiosa. En su utilización no hay que pasar por alto la connotación peyorativa de ese calificativo.

Como en la década de los sesenta, cuando el Maestro Walterio Carbonell alertaba sobre la necesidad de una reinterpretación de nuestra historia, muchos siguen sin entender "cómo se formó la Nación y la cultura nacional, y… qué es auténticamente nacional y qué no lo es"[7]. Se ha pretendido desconocer la movilidad de las identidades culturales, las cuales, "justamente por resultar de formaciones históricas específicas, de historias y repertorios culturales de enunciación muy específicos", pueden "constituir un 'posicionamiento', al cual nosotros podemos llamar provisionalmente como identidad" y que "cada una de esas historias de identidad está inscrita en las posiciones que asumimos y con las cuales nos identificamos"[8].

Toque de tambor en homenaje a los afrocubanos asesinados el 27 de noviembre. Ermenegildo Pérez Cardona (centro), abakuá octogenario, y el médico Orlando Gutiérrez (dcha.), también abakuá (2006).

En 2006, la evocación del hecho conmemorado continuó en una tertulia efectuada en la librería Centro Cultural de La Habana —antes conocida como Vietnam Heroico—, ubicada en el bulevar de San Rafael, también en Centro Habana, territorio ocupado por personas de ascendencia humilde y cuyo fondo habitacional es de los más depauperados de la capital. Vídeos, música y literatura fueron los medios de expresión en la segunda parte del homenaje, al que asistimos en su mayoría personas negras.

Este último 27 de noviembre, comenzamos el recordatorio en el mezanine de la (controversial) Sociedad Cultural Yoruba de Cuba, con la presencia de más de cien personas y un panel en el cual participaron abakuás y estudiosos, algunos de estos con la doble condición, como Gregorio Hernández (El Goyo), profesor del Instituto Superior de Arte, director del Conjunto Folklórico Nacional de Cuba, músico y abakuá, y Ramón Torres, periodista y antropólogo. No se han hecho presentes las instancias partidistas ni de gobierno en ninguna de las tres ocasiones.

Lo novedoso de la cita más reciente sería la presencia de tantas cámaras de vídeo sin que pudiéramos identificar a sus portadores ni los destinos de sus imágenes, así como la presencia de un patrullero de la Policía Nacional Revolucionaria, llegado al lugar al llamado del señor que al inicio me abordara. Tras explicar a los dos policías lo que hacíamos allí, permanecieron a la expectativa (¿cuidándonos?), en una esquina, sin que nos interrumpieran. Esta vez tuvimos tiempo suficiente para que los jóvenes estudiantes universitarios, fundamentalmente de la especialidad de medicina, que cada año se dan cita en el lugar en que se cometiera el asesinato en 1871, se acercaran interrogadores a nuestro grupo y escucharan expectantes la explicación del hecho sin el cual no conocen, realmente, lo acontecido aquel día, hace 129 años, como ignoramos tantos otros capítulos de nuestra historia.

Quizás la clave para la comprensión de lo acontecido en los últimos tres 27 de noviembre nos la ofrecieron, en 2006, dos jóvenes poetas afrocubanos. Utilizando recursos estéticos que pudieran identificarse con los de la cultura del hip hop, Wilay Méndez Páez y Amílcar Tressold aclararon que su discurso es "amplio y no tiene nada que ver con el de elite"; es el discurso de "la marginalidad". Se trata, puntualizaron, de "nuestra voz", esgrimida en "respuesta a una clase social"[9].

Tal vez, la actual conmemoración pública a los afrocubanos asesinados el 27 de noviembre de 1871 funcione como parte de los intentos de articulación y amplificación de uno de los discursos de los sectores sociales que pugnamos por el reconocimiento como protagonistas constitutivos y esenciales de la nacionalidad cubana. De aquellos que, forzados a vivir en la marginalidad y a expresarse desde la cultura de resistencia, buscan nuevos caminos en el tránsito hacia la unidad, para continuar deshaciéndonos del sometimiento.

[1] Siempre que se mencione negro se incluye, a partir de este momento del texto, a los mestizos, llamados en Cuba mulatos.

[2] Abakuá: Nombre con que se designa a una sociedad masculina, de ayuda mutua y de fundamento religioso, con origen en el Kalabar y, fuera de África, sólo reproducida en Cuba, específicamente en Ciudad de La Habana, Matanzas y Cárdenas. Sobre los abakua recayó todo el peso de la discriminación —racial, económica, religiosa— y de los recelos del poder judicial y policíaco. Desde la época colonial se le concedió un carácter delincuencial que perdura en el imaginario nacional.

[3] Lengua procedente del Kalabar. Conservada en Cuba con carácter ritual.

[4] El tambor sagrado o bongó.

[5] Torres Zayas, Ramón; Iconos y cultura abakuá (tesis doctoral en preparación), capítulo VIII, La Habana.

[6] Bosh Navarro, Juan; Dicionario de ecumenismo; Sao Paulo, 2002.

[7] Carbonell, Walterio; Crítica: Cómo surgió la cultura nacional; Ediciones Yaka, La Habana, 1961.

[8] Hall, Stuart; Da diáspora. Identidades e Mediações Culturais; Belo Horizonte, 2003.

[9] Entrevista de la autora, 27 de noviembre de 2006.

** Un anticipo del dossier sobre el racismo que aparecerá en el próximo número de la revista Encuentro de la Cultura Cubana.

El payaso vuelve a la carga

El mundo anda mal en general, anda mal cuando a semejantes sujetos como este, con su pasado de apoyo al terrorismo internacional y las manos manchadas de sangre, un despota con miles de crimenes en la conciencia cometidos contra su propio pueblo, es recibido como estadista en las democracias occidentales y se abroga el derecho de hacer tales declaraciones ofensivas permanentemente en contra de una pacifica nacion como Suiza sin que ninguno de los poderes reales de este mundo lo llame al orden y lo ponga publicamente en su lugar, muy mal anda el mundo cuando las denominadas democracias anteponen los negocios a los derechos humanos.

Gadafi pide disolver Suiza

El presidente de Libia, Muamar Gadafi. Efe

El líder libio acusa al país eruropeo de 'lavar dinero a gran escala'

Califica a la confederación de 'banda al margen de la comunidad internacional'

dpa Hamburgo (Alemania)

Actualizado sábado 01/05/2010 13:40

Muamar Gadafi ha lanzado un nuevo ataque verbal contra Suiza, calificando al país europeo de "banda al margen de la comunidad internacional". El presidente de Libia asegura que la Confederación Helvética tiene que desaparecer como nación.

Gadafi descalifica a Suiza a nivel político, ético y económico en una entrevista que divulgó este sábado el semanario alemán 'Der Spiegel'. Según el líder libio, la Confederación Helvética no sólo es responsable de "un lavado de dinero a gran escala", sino que la práctica de la muerte asistida que se lleva a cabo en el país alpino no es otra cosa que "un encumbrimiento del suicidio". Después de las premisas, la conclusión: "Por lo tanto, hago un llamamiento para que Suiza sea disuelta como estructura estatal".

Las relaciones entre Libia y Suiza están deterioradas desde 2008, cuando uno de los hijos de Gadafi, Aníbal, y su esposa fueron detenidos en Ginebra bajo la acusación de maltratar a sus empleados domésticos. En represalia, Libia encarceló a dos empresarios helvéticos por un supuesto delito relacionado con su visado. Uno de los dos aún se encuentra en prisión.

En el marco del conflicto diplomático, Libia llegó a impedir la entrada al país africano de todos los ciudadanos del espacio Schengen. Luego Gadafi dio marcha atrás, pero eso no le impidió declarar la "guerra santa" contra Suiza, calificando a la Confederación Helvética de "apóstata" por su decisión de prohibir la construcción de minaretes.

1 de Mayo medio siglo despues en Cuba

Hoy 1 de Mayo del 2010 es mas evidente que nunca el fracaso del regimen cubano, a pesar de su habitual palabreria revolucionaria y de la tipica parafernalia para celebrar el Dia de los Trabajadores, medio siglo despues de su llegada al poder prometiendo un futuro de bienestar e igualdad social al pueblo cubano ahora estan abocados al desastre, porque la realidad es solo eso y no admite que ninguna sociedad sobreviva si se pisotean las mas minimas reglas economicas aunque presuma de estar regida por la ideologia perfecta. Cuba desciende al abismo y ni si quiera contara con el consuelo de un paracaidas economico como Grecia, la economia es una ciencia sin milagros, fisicamente la isla no se hundira pero la minoria aferrada al poder si esta tocando fondo y sabe muy bien que tendra que rendir cuentas mas temprano que tarde, es mejor que recuerden aquella frase leninista de que de la chispa ardera la llama, porque en la situacion actual que vive la isla en cualquier momento alguna saltara y no la podran sofocar reprimiendo y encarcelando a gentes como hasta ahora, simplemente porque el virus esta entre ellos mismos, los de siempre.


Cuba debe despedir a un millón de empleados estatales

Las plantillas infladas pasan factura al Gobierno, incapaz de pagar los sueldos

MAURICIO VICENT - La Habana - 01/05/2010

Un trabajador cubano dormita sobre una carretilla... Otro, sentado en un pedrusco, se limpia las uñas con un alambre. Sólo un tercero da unos golpes de cincel en un murete, tampoco demasiados. La escena es de ayer mismo, y esta brigada estatal que trabaja a las afueras de La Habana es representativa de lo que sucede en todo el país; en la Cuba socialista uno puede comer en una cafetería de 10 mesas atendida por 20 empleados, hay empresas con tantos inspectores y vigilantes como obreros y la plantilla nacional de dirigentes supera las 380.000 personas, casi un 9% de los trabajadores estatales.

La actividad privada, abolida en 1968, emerge ahora como la solución

Raúl Castro lo admitió hace tiempo: los salarios no alcanzan. Obviamente, ganar el equivalente a 15 euros al mes no estimula la productividad, pero el problema de las plantillas infladas no es menos grave. El 4 de abril, el presidente cubano reconoció que en el sector estatal sobran un millón de puestos de trabajo. Una barbaridad; esto representa uno de cada cuatro cubanos que trabaja para el Estado.

Si durante medio siglo el pleno empleo ficticio fue un emblema de la revolución, como la educación y la salud, hoy lastra la economía y entrampa la salida de la crisis. Con 11,2 millones de habitantes y una fuerza laboral de 4,9 millones de personas -de las que más de cuatro millones trabajan en el sector estatal-, Cuba se encuentra en una encrucijada. Un millón de trabajadores sobrantes es un grave problema político, pero hacer esta reconversión es de necesidad imperiosa, advierten los economistas.

El Gobierno ha adelantado que las soluciones del pasado no son una opción. Antes, a los trabajadores cesantes se les enviaba a casa con una prolongada garantía salarial o se les ofrecía la posibilidad de estudiar, cobrando el sueldo completo. Eso se acabó.

Salvador Mesa, el secretario general de la Central de Trabajadores de Cuba, el sindicato único, afirmó que la "reubicación" se hará "con orden" y que "nadie quedará abandonado". El país, dijo, "no dispondrá de fórmulas mágicas, los puestos de trabajo tenemos que crearlos en los municipios, como en la agricultura y la construcción". Precisamente, este es uno de los problemas. "Mucha gente no quiere reconvertirse de oficinista en campesino o albañil. ¿Qué van a hacer?", expone un sociólogo.

"Si se quiere desinflar esas plantillas en las que casi todo el aire lo ha puesto la política paternalista del Estado, habrá que permitir que los que pierdan sus improductivos puestos laborales puedan hacer cualquier actividad que no sea delictiva", opinó recientemente el escritor Guillermo Rodríguez Rivera. "Hacerlos abandonar sus empleos para echarles encima el mar de prohibiciones que existen para realizar cualquier trabajo, mandaría directamente a esa masa a delinquir", afirmó, en un artículo publicado en la página web de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba.

La salida, según la mayoría de los analistas, es de cajón: el Gobierno debe extender la iniciativa privada y fomentar cooperativas y pymes en los sectores que el Estado es incapaz de administrar con eficiencia. Para Rivera, las "nuevas empresas empezarían a ser una alternativa laboral, a cuyos empleos podrían aspirar muchos cubanos".

Mordido por la realidad, el Gobierno realiza algunos tímidos experimentos en esta línea. En varios municipios de La Habana se ha entregado la gestión de las peluquerías a los trabajadores, que han de pagar un impuesto mensual de unos 34 euros al mes. También, a modo de experiencia piloto, se ha permitido a un pequeño grupo de taxistas que exploten por cuenta propia el vehículo del Estado a cambio de un impuesto, ocupándose ellos del mantenimiento.

"El reordenamiento laboral" de un millón de trabajadores es un reto descomunal, y "lo hecho hasta ahora es irrisorio", asegura un economista. Además, dice, está "la desconfianza".

"El primer objetivo es el resurgir de estas formas de producción y no crearle obstáculos que más bien parecen pretender su fracaso", afirma Rivera, que pide "confiar en la probada diligencia del cubano para llevar adelante una empresa que de veras le importe". Han pasado cuatro décadas desde que, en 1968, Fidel Castro acabó por decreto con la mayoría de los negocios privados. Ahora, en este 51º Primero de Mayo de la Revolución, son vistos por muchos como la salvación.