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domingo, 16 de mayo de 2010

Salvese quien pueda en Cuba

El disidente cubano Oscar Espinoza Chepe, en su casa de La Habana.- JOSÉ GOITIA

ENTREVISTA: LA SITUACIÓN EN CUBA ÓSCAR ESPINOSA Economista y ex preso político

"El momento es de sálvese quien pueda"

MAURICIO VICENT 16/05/2010

Oscar Espinosa Chepe ha pasado dos veces por la cárcel en el último medio siglo. La primera, en 1957, por luchar contra el dictador Fulgencio Batista. Después del triunfo de la revolución fue diplomático y ocupó diversos cargos, hasta que rompió con el sistema en los años de la perestroika. En 2003 fue detenido junto a 75 opositores y condenado a 20 años de cárcel. Chepe, de 69 años, fue liberado un año después debido a sus padecimientos de salud y desde entonces publica artículos y análisis en diversos medios internacionales. Considera que la situación económica en la isla es más crítica que nunca. "El régimen está contra las cuerdas", dice. Está convencido de que en estas circunstancias el incremento de la corrupción es imparable: "El momento es de sálvese quien pueda".

Pregunta. ¿Cómo es de grave la situación económica?

Respuesta. El Gobierno está en una situación más delicada que nunca. Cuba atraviesa la crisis más profunda desde el llamado periodo especial, hace 21 años. Se han unido las catástrofes naturales y los efectos de la crisis mundial sobre una economía ya destruida, y no se ve voluntad política para reaccionar ante la compleja situación. Raúl Castro no ha ejecutado las reformas estructurales y de concepto que prometió hace tres años. Por otra parte, la Administración Obama ha mantenido una política más inteligente y con sus gestos ha puesto en evidencia la falta de interés de Cuba por procurar soluciones al diferendo en un marco respetuoso.

P. ¿Qué diferencia este momento de otros?

R. Hay muchos factores. Está la inminente desaparición de la generación histórica, la "desconexión" de la juventud del sistema... Pero lo fundamental es la dinámica de la crisis y su extraordinario impacto sobre el ya deteriorado nivel de vida de la población. Este momento se caracteriza por la progresiva descapitalización y quiebra económica, con sus implicaciones en el crecimiento de la corrupción, la pérdida de los valores humanos y hasta del sentido de identidad nacional y la autoestima. La causa es un sistema disfuncional que tiene bloqueado el desarrollo.

P. Algunas voces dentro del sistema dicen que la corrupción es hoy el mal principal...

R. Es uno de los peores, pero no el único. Está el mal de la ineficiencia, el del poco interés productivo, el de la frustración; también el mal de la corrupción, denunciada por académicos como Esteban Morales, que por años han estado muy cercanos al Gobierno. La corrupción está ligada a la desmoralización que hay en la sociedad, al hecho de que no se puede vivir honestamente porque los salarios no alcanzan. La revolución fracasó, y ahora el momento es de sálvese quien pueda.

P. ¿La corrupción es de abajo, para sobrevivir... o llega más arriba?

R. Ya es un fenómeno generalizado. Por muchos años se concentró en niveles bajos y medios, para subsistir, pero ahora alcanza a las altas esferas, porque está claro que la frustración no es solamente del pueblo, también existe en el Partido Comunista y en el Gobierno. Ayer mismo asistimos a la destitución de dos ministros. Para sustituirlos, el Gobierno recurrió a antiguos líderes, como el general Luzón, de 80 años. Eso refleja la desconfianza de las autoridades.

P. Desconfianza...

R. Hay gente que se está preparando para cuando caiga el Gobierno, como se hizo en la Unión Soviética. Está claro que estamos en una etapa terminal de un Gobierno que tuvo un capital político enorme y que lo ha perdido.

P. El Gobierno se enfrenta al reto de "reubicar" a un millón de trabajadores del Estado. ¿Qué hará? ¿Se abrirá a la iniciativa privada?

R. La única fórmula que hay para resolver el problema es una reforma radical, y el Gobierno está hablando de una actualización del modelo. No es suficiente. Hay que dar libertades para que la gente pueda trabajar. Ya no valen parches: no se puede resolver el problema de los trabajadores que "sobran" sin el desmantelamiento del sistema.

P. ¿Cómo ha cambiado las cosas el caso Zapata?

R. Pese a la desinformación, la muerte de Zapata ha impactado la conciencia nacional y ha brindado a la opinión pública internacional elementos sobre las violaciones de los derechos humanos en Cuba. La importancia de la disidencia ha crecido, y se han unido muchos jóvenes que con sus aportes han fortalecido el pacífico movimiento opositor. Muchos de los mejores intelectuales y artistas se pronuncian a favor de los cambios, y en la calle es usual escuchar opiniones críticas que hace un tiempo era muy difícil oír.

La Iglesia en la Cuba actual

La catedral ortodoxa Nuestra Señora de Kazan en La Habana

La Iglesia ejerce de árbitro en Cuba

En pleno esplendor de la fe y el pluralismo religioso en la isla, Raúl Castro otorga al cardenal Ortega un inédito papel de mediador ante la disidencia interna


FERNANDO GARCÍA

16/05/2010 Actualizada a las 03:31h Internacional

Mediodía de un domingo de mayo en La Habana. Un hombre de unos treinta años mal llevados se acerca tambaleante al punto donde conversamos con el pastor Raúl Suárez. Estamos ante la iglesia bautista Ebenezer, en el populoso barrio de Marianao, antes de que comience el culto dominical. "Reverendo: llevaba un año sin tomar (beber), pero anoche caí. Mi hermana me encerró aunque soy epiléptico. ¿Y si me da un ataque?", dice el hombre. El religioso le da una palmada en el hombro: "La próxima vez piénsatelo antes del primer buche (trago), ¿oká?".

El beodo entra en la capilla. Suárez, pastor desde hace 50 años y diputado desde hace 17, sigue ilustrándonos sobre la rápida expansión de religiones y creencias en Cuba. Templos y oratorios de todas clases, desde ostentosas iglesias hasta chiringuitos del rezo, surgen a diario aquí y allá, dice. El fenómeno viene propiciado por las "casas culto" que Fidel Castro permitió abrir casi en cualquier local para paliar la escasez de lugares de oración y los problemas de transporte. La fórmula se aprobó en 1990, precisamente a raíz de una carta firmada por Suárez como líder del Consejo de Iglesias de Cuba en aquel entonces. Hoy existen más de 3.000 de esas casas legalizadas y nadie sabe cuántas clandestinas.

A la misma hora en que Suárez nos habla de la evolución de las congregaciones religiosas y la feroz competencia entre ellas, el cardenal cubano y arzobispo de La Habana, Jaime Ortega, anuncia un hecho extraordinario durante la misa que él mismo ha decidido oficiar en la parroquia de Santa Rita, del barrio de Miramar: a petición suya, Raúl Castro ha autorizado a las Damas de Blanco - madres y esposas de presos políticos-a desfilar por las calles sin que brigadas de grupos oficialistas se lo impidan con sus "actos de repudio" y acoso. No es sólo una excelente noticia, sino un acontecimiento de gran calado.

La religión avanza con brío en la isla socialista. Crecen las expresiones de fe y la práctica de ritos espirituales. Crecen la predicación y el predicamento de las instituciones.

No es un crecimiento nuevo, pero la crisis y la situación política del país lo han intensificado en los últimos tiempos.

El cristianismo se lleva la palma. Católicos y protestantes se reparten un pastel cada día más suculento de influencia ante la sociedad y sus dirigentes. La Iglesia católica gana enteros en las opciones de un futuro que reclama conciliaciones y reconciliaciones.

El éxito del arzobispo en el conflicto de las Damas de Blanco se consideró en algunos medios diplomáticos "tan importante como la visita de Juan Pablo II a la isla" en 1998. Sin llegar a tanto, el sociólogo y estudioso del catolicismo en Cuba Aurelio Alonso opina que la bendita intervención del cardenal "abrió un espacio que trasciende las relaciones Iglesia-Estado". ¿Cómo? Sin pedir al Gobierno más que lo que cabía esperar de él, el arzobispado asumió en favor de las manifestantes "una entidad institucional que el Estado no podía reconocerles a ellas". Al aceptar el juego y el trato, el Ejecutivo otorgó a la Iglesia un papel de árbitro ante la disidencia que nadie había tenido; un papel que en este joven, nacionalista y orgulloso país resulta más incómodo conceder a otros actores diplomáticos. Como España, nación cercana pero también ex potencia colonial.

Cuatro días después del acuerdo con las Damas, el arzobispado hacía otro anuncio inesperado. El canciller del Vaticano, Dominique Mamberti, vendrá a La Habana en junio para presidir una Semana Social Católica sobre "el acontecer nacional" con intervención de ponentes no católicos. Mamberti inaugurará la reunión con una conferencia sobre Estado y laicidad en el aula magna de la universidad, reservada a los invitados mejor recibidos.

El resto de iglesias monoteístas también recibieron hace unas semanas un significativo espaldarazo, mediante la celebración, con asistencia de Raúl Castro, del vigésimo aniversario del histórico encuentro que Fidel mantuvo con los líderes protestantes, evangélicos y de la comunidad hebrea. La reunión conmemorada tuvo lugar al inicio de toda una revolución religiosa en los márgenes de la revolución castrista.

Dos decenios después, las iglesias tradicionales ya no tercian sólo con las creencias ancestrales, sino con una formidable proliferación de credos de muy diversa índole. Con tal de conquistar almas, algunos predicadores pueden adaptar su discurso u ofrecer incentivos materiales. Cuenta una especialista del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), Ana Celia Perera, que hace unos años se detectó a varios "hombres del maletín" que, junto a su auxilio espiritual, andaban ofreciendo "desde jabones hasta frigoríficos" por la sierra del Escambray.

El Partido Comunista quiso saber qué estaba pasando y, en el 2006, encargó al CIPS un estudio que aún está en fase de cocina estadística. De momento, parece claro, según la socióloga, que muchos cubanos hallan en la religión respuestas y espacios alternativos a los que les ofrecen las instituciones del socialismo oficial. En plena época de crisis de afiliación al PC y la Juventud Comunista, preocupa la "ruptura de la cohesión social" que algunas vías religiosas pueden fomentar. Máxime cuando "la mayoría de los fieles ha transitado por dos o más prácticas religiosas".

Qué paradoja. En Cuba, la fe ya no es el opio del pueblo sino un arma de doble filo. Inquieta, pero brinda valiosos servicios.

Cuando el dogma del socialismo invencible se vino abajo

La caída de la URSS en 1991 representó para los cubanos el fin del dogma del socialismo invencible, al tiempo que ocasionó una crisis brutal en la isla. La gente buscó y encontró en la fe los referentes y asideros necesarios para reemplazar los paradigmas derrumbados. Un estudio elaborado en 1989 había demostrado que el 80% de los isleños tenía alguna creencia religiosa. El Gobierno se rindió a la evidencia y, en 1992, cambió la Constitución. El Estado dejó de ser ateo, se hizo laico y consagró la libertad religiosa. De repente, había que hacer cola para bautizarse o apuntarse a una congregación. Y aquel mismo año se legalizó la Asociación Cultural Yoruba, aglutinador oficial de los santeros.

En poco tiempo, el índice de bautizos católicos pasó del 18% al 47% de los nacidos. Y al comenzar el nuevo siglo alcanzó el actual 60% sobre la población total, si bien la Iglesia estima en un 5% la porción de practicantes. La feligresía protestante pasó del 1,5% a mediados de los 80 a más del 3% en los 90, aunque algunas iglesias pentecostales cuadruplicaron sus miembros. En la década que ahora termina el crecimiento se moderó. Pero las instituciones religiosas aumentaron su influencia y la pluralidad de sus propuestas.

La corrupcion en Cuba

REPORTAJE: LA SITUACIÓN EN CUBA

Corrupción al modo cubano

Max Marambio, empresario chileno vinculado a Castro que no regresa a Cuba, donde le acusan de distintas irregularidades.- GORKA LEJARCEGI

Los escándalos económicos salpican Cuba y alcanzan a históricos prohombres e íntimos de Fidel Castro como Max Marambio. El régimen castrista los investiga

MAURICIO VICENT 16/05/2010

Una legión de 4.000 auditores y policías económicos investigan en estos momentos las tripas de 750 empresas cubanas, aproximadamente el 20% de las que funcionan en la isla. Se trata de una descomunal ofensiva anticorrupción que no tiene precedentes en el país, pero sí justificación: en los últimos años, en la Cuba de Fidel y Raúl Castro se han multiplicado los delitos económicos y los casos de corruptelas, tráfico de influencias y malversación, y cada vez los protagonistas pican más alto.

En los años noventa, bajo el ala protectora de Fidel, Marambio pasó de guerrillero a próspero hombre de negocios
Entre las firmas investigadas hoy está International Network Group (ING), conglomerado de empresas creado y dirigido por Max Marambio, un hombre de negocios chileno que perteneció a los servicios de inteligencia cubanos y fue jefe de la escolta personal del presidente Salvador Allende. En una época Marambio fue una persona muy vinculada a Fidel Castro. Hasta el año pasado, sus empresas movían anualmente decenas de millones de dólares en negocios relacionados con Cuba, aunque hoy es el último protagonista de una larga y opaca lista de escándalos económicos que llega a altas esferas.

Pero... ¿cuál es el verdadero alcance y significado de la corrupción en Cuba?

Hace pocas semanas, un prestigioso académico cubano vinculado a un centro de estudios oficial daba la voz de alarma: "Hay gentes en posiciones de gobierno que se están apalancando financieramente para cuando la revolución se caiga, y otros que pueden tener casi todo preparado para producir el traspaso de los bienes a manos privadas, como tuvo lugar en la antigua URSS".

Esteban Morales, el autor de la reflexión, iba más allá: "Cuando observamos detenidamente la situación de Cuba hoy, no podemos tener duda de que la contrarrevolución, poco a poco, va tomando posiciones en ciertos niveles del Estado y del Gobierno". Y concluía: "La corrupción es mucho más peligrosa que la disidencia interna".

El investigador, director honorario del Centro de Estudios sobre Estados Unidos de la Universidad de La Habana, una institución que habitualmente hace análisis de inteligencia para las autoridades, se refirió abiertamente al caso de la reciente destitución del director del Instituto de Aeronaútica Civil de Cuba (IACC), el general de división Rogelio Acevedo, un histórico que durante la lucha de Sierra Maestra combatió a las órdenes del Che Guevara.

Sin condenarlo ni absolverlo, Morales pidió a las autoridades rigor y transparencia para esclarecer el caso Acevedo. Aludió de refilón a los rumores que circulan en la calle sobre millonarios desfalcos en la aviación: "A nivel de hipótesis, lo ocurrido con el IACC no es único, ya se ha descubierto en otros lugares (...) donde los jefes pueden estar recibiendo comisiones y abriéndose cuentas bancarias en otros países".

Resulta que la esposa de Acevedo, Ofelia Liptak, era directora comercial de una de las compañías de Marambio, la empresa mixta Alimentos Río Zaza, que cuenta con dos plantas de producción en la isla y comercializa zumos, leche y otros alimentos envasados, con una facturación anual de millones de dólares.

Max Marambio y su hermano Marcel son además socios del IACC en la agencia turística Sol y Son, que mueve cada año decenas de miles de visitantes hacia la isla. En esta empresa fueron detenidos varios directivos, y las auditorías parecen haber encontrado graves "irregularidades", incluidos pagos de sobornos, malversación de fondos y desvió de recursos al exterior. "Parece", porque las autoridades oficialmente no han dicho nada oficialmente hasta el momento.

Lucy Leal, directora de ING, fue arrestada y es investigada en estos momentos. No es un secreto que Liptak está en la mirilla. Hasta dónde llegará el caso y si habrá cortafuegos es una incógnita. La enrevesada trama se complicó más después de la muerte en extrañas circunstancias del empresario chileno Roberto Baudrand, hombre de Marambio en Cuba y gerente de Alimentos Río Zaza.

A Baudrand le fue retirado el pasaporte tras el comienzo de la investigación y había sido interrogado en varias ocasiones. Apareció muerto en su casa de La Habana el martes 13 de abril, y las causas fueron "una insuficiencia respiratoria combinada con el consumo de fármacos y alcohol", según la autopsia realizada en la isla, que los familiares del fallecido dieron por buena.

Marambio estuvo en Cuba por última vez el 8 de noviembre del año pasado. Después fue convocado por las autoridades para que viajara a La Habana a aclarar las presuntas "irregularidades" de sus negocios, pero prefirió no hacerlo. Tampoco su hermano Marcel ha querido regresar.

Sobran los recovecos y las zonas oscuras en esta historia de la caída en desgracia de Marambio, que en Cuba era de todo menos un cualquiera. Entrenado como guerrillero por el mítico Manuel Piñeiro, Barbarroja, trabajó después con Patricio y Tony Laguardia en las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, y sobrevivió al escándalo político que acabó con el fusilamiento de Antonio Laguardia y del general Arnaldo Ochoa en 1989. Luego fue uno de los fundadores de CIMEX, una de las mayores corporaciones estatales cubanas, con un volumen de negocios que ha llegado a superar los mil millones de dólares anuales. En los años noventa, bajo el ala protectora de Fidel, pasó de guerrillero a próspero hombre de negocios, hasta el punto que hoy es dueño de un holding de empresas que mueve más de cien millones de dólares al año.

Las causas de su cambio de estatus, de amigo revolucionario a adversario, son varias. Según empresarios que lo conocen, como todos los hombres de negocios en la isla, Marambio sufrió el año pasado la retención del grueso de los fondos depositados en bancos cubanos. Debido a la gravísima falta de liquidez del país, las autoridades congelaron hace un año las transferencias de todos los empresarios extranjeros, y en este paquete cayó el famoso jefe del Grupo de Amigos del Presidente (GAP) de Salvador Allende, con un corralito que algunas fuentes calculan de más de veinte millones de dólares. Al parecer, Marambio habría reclamado su capital de forma poco delicada. Otros de sus allegados aseguran que la auditoría responde a una "persecución política", por haber apostado en las últimas elecciones chilenas a una baza que no era la de Cuba.

En cualquier caso, y más en estos momentos, para el Gobierno cubano la palabra traición se conjuga con corrupción. "El problema hoy", resume el economista opositor Óscar Espinosa Chepe, "es que donde busques encuentras". La corrupción se da a todos los niveles, desde el más bajo, cuando un empleado se roba una bobería en una tienda estatal y la vende en el mercado negro, hasta el más alto, con el tráfico de influencias y los desfalcos millonarios perpetrados desde despachos con aire acondicionado, dice Chepe. A su juicio, la causa última es la "disfuncionalidad del sistema", y hasta tanto este factor esté presente, "la corrupción no podrá ser extirpada".

El Gobierno de Raúl Castro se ha tomado en serio el problema de la corrupción. "Somos conscientes de que el asunto es ante todo político y que la revolución se puede ir por ese agujero negro", afirma un funcionario de nivel intermedio. Pone como ejemplo de esta "preocupación" la macroauditoría ordenada por la recién creada Contraloría de la República.

Para apoyar la cruzada anticorrupción, el pasado 16 de abril el presidente cubano asistió a la toma de posesión del nuevo fiscal general, Darío Delgado, un militar de alto rango. Raúl Castro insistió en la necesidad de fortalecer "la legalidad" y la "institucionalidad" como "tareas de vital importancia", y días después se anunció que, durante un mes, un cuerpo de 3.895 auditores, técnicos y estudiantes de economía fiscalizarían las cuentas de una de cada cinco empresas cubanas.

Es todo un récord. Estamos hablando de 750 empresas a la vez, incluido el holding de Marambio, fábricas estatales de tamaño mediano y pequeños centros laborales en los que probablemente los trabajadores harán negocio con los clavos o con la merienda para subsistir.