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sábado, 19 de junio de 2010

El juego de poker politico sobre Cuba

Analisis objetivo y bien documentado de este corresponsal de prensa extranjera en Cuba, el circo politico en Cuba sigue y todas las partes mueven fichas, casi todos para que el status quo del ultimo medio siglo se mantenga, para conservar de esa manera sus cuotas de poder y soportes financieros, nada, mas de lo mismo, cambiar cosas para que en el fondo no cambie nada en la isla.


Fernando García
Corresponsal en Cuba





Torpedos al diálogo

Fernando García 16/06/2010 - 00:27 horas

Cuando empieza una guerra, las trincheras son incómodas y peligrosas para todo el mundo. Pero, a medida que el tiempo pasa y el conflicto parece perpetuarse, muchos combatientes le van encontrando el truquillo a la cosa. Primero ensanchan su espacio en la zanja y se instalan una pequeña poltrona; luego se montan un chiringuito con lo necesario para vivir; después lo van ampliando, haciéndolo más y más confortable; y, al final, le cogen pánico a la idea de que la guerra se acabe. Cuando algunos mandos hablan de paz, diálogo o acercamiento al enemigo, los apoltronados profesionales del conflicto entran rápidamente en acción para alentar su continuidad y torpedear cualquier orden que suene a tregua o armisticio. Entonces vienen los enfrentamientos internos en cada bando.

Esto es lo que ha empezado a suceder en las trincheras cubanas. Las conversaciones entre los jerarcas isleños de la Iglesia y el Gobierno de Raúl Castro, así como los planteamientos favorables al fin o al menos el relajamiento del embargo de Estados Unidos, están poniendo muy nerviosos a los sectores más duros de los tirios y los troyanos. Y abriendo grietas en uno y otro frente.

Las Damas de Blanco, esposas y familiares de los 75 disidentes encarcelados en la primavera del 2003, se fragmentaron hace unos días a raíz de una carta en la que 35 de sus componentes y ex miembros pidieron a las llamadas Damas de Apoyo que dejaran de acudir a las marchas reivindicativas de los domingos. Es lo que les había reclamado el Gobierno cuando la Iglesia consiguió que Raúl Castro autorizara a dichas familiares a marchar cada domingo por las calles de La Habana sin sufrir el acoso de las brigadas oficialistas que venían hostigándolas con sus "actos de repudio".

Más en general, la disidencia en su conjunto vive una curiosa pelea intestina en torno a otra misiva en la que 74 opositores –algunos tan conocidos como Yoani Sánchez o Guillermo Fariñas- solicitaron la a los congresistas de Estados Unidos que apoyen un proyecto de ley que levantaría las restricciones de viajes a Cuba para todos los estadounidenses y facilitaría la venta de productos agrícolas a la Isla. Los grupos y líderes de opinión más recalcitrantes del exilio, defensores a ultranza del embargo y demás medidas de asfixia contra Cuba, están que se suben por las paredes. Unos desprecian a los firmantes por su "inútil" o "dañino idealismo"; otros les acusan de estar manipulados por grupos demócratas anti-bloqueo; y unos pocos los llaman "vendidos". La conclusión es la misma: mejor que siga la guerra.

Algunas maniobras de torpedeo son especialmente sibilinas y sutiles. Sería el caso de la filtración, a cargo de "fuentes diplomáticas de Europa del Este", de una frase atribuida a Moratinos en la reunión de los ministros de Exteriores de la UE, el pasado lunes en Luxemburgo. Para convencer a sus colegas de que dieran tiempo al diálogo Iglesia-Cuba antes de decidir sobre la continuidad o eliminación de la Posición Común aprobada en 1996 a instancias de Aznar –cosa que consiguió-, el representante español habría dicho que el Gobierno de Castro liberaría presos "en una semana"; es decir, que a partir de entonces intensificaría el proceso ya iniciado con la excarcelación de un recluso enfermo y el acercamiento a sus poblaciones de otros doce. Es posible que Moratinos dijera tal cosa, pero seguro que en tal caso lo hizo de manera confidencial. Conociendo la alergia del Ejecutivo isleño a actuar bajo presión, todo indica que el diplomático del Este buscaba dificultar o atrasar las previsibles liberaciones.

Pero tanto o más temibles que los torpedos disidentes son los que proceden de dentro del sistema. No se ven, pero hay indicios de su lanzamiento desde el bunker del estalinismo que cada institución cubana alberga en su seno; la propia lentitud del proceso de los presos es uno de ellos. Con todo, Raúl Castro parece dispuesto ahora a combatir a este adversario interno.