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domingo, 12 de septiembre de 2010

Sesion de Spinning en la Habana socialista

El regimen cubano lleva medio siglo combatiendo al capitalismo en la isla y en el mundo, pero todos los cubanos que nacimos despues de la llamada Revolucion y vivimos esa experiencia sabemos que eso siempre ha sido mas deseo ( mas bien un chiste ) que realidad, en la isla siempre han existido relaciones de comercio capitalista en la base social, solo asi ha podido el pueblo cubano sobrevivir medio siglo del embargo al que lo somete su propio gobierno, ahora parece que hasta los de siempre se van convenciendo de una realidad que nunca ha podido ser eliminada ni con la mas dura represion policial ni con el estricto control social que ejercen, la condicion humana es mas fuerte que cualquier dictadura y siempre acaba por burlar sus metodos represivos, el hambre puede ser un arma de control pero tambien un boomerang.

Un joven en La Habana Vieja haciendo la gimnasia que no cuesta dinero / EFE / Alejandro Ernesto

GIMNASIA CLANDESTINA

Venturas y desventuras de uno de los incontables negocios ilegales que Raúl Castro planea regularizar
Miles de cubanos ofertan hoy, sin pagar impuestos pero honradamente, lo que el Estado no ofrece | Aunque hay cierta tolerancia, los negocios ilegales son presa de abusos y arbitrariedades.
Fernando García | La Habana. Corresponsal | 12/09/2010 |

Una docena de ciudadanos pedalean y flexionan los brazos a ritmo de reguetón en sendas bicicletas estáticas alineadas en cuatro filas ante un gran espejo. La mitad son cubanos, los otros extranjeros. Mayoría de mujeres. Cada tanto, alguno vocifera para ayudarse en la voluntaria tortura. Más audibles que sus quejidos, los gritos del monitor compiten en decibelios con la música del equipo que él mismo maneja mientras da las instrucciones: "Despégate del sillín. Tres, dos, uno. ¡Vamos, vamos. Aguanta!".

Asistimos a una sesión de spinning, ejercicio de moda en España y medio mundo. Pero no a una sesión cualquiera ni en un lugar como los demás. El gimnasio ocupa el bajo de una casa en un barrio residencial de La Habana. No tiene nombre ni cartel anunciador. Más bien es innombrable. Un negocio ilegal; tolerado en cierto modo, pero sujeto a los riesgos y arbitrariedades que acechan a toda actividad que se desarrolle sin licencia y cuño oficial. Como tantas en Cuba, aunque sean tan honradas y dignas de reconocimiento como esta.

Cada cliente del spinning paga dos pesos convertibles por sesión (1,8 euros), precio muy asequible para los residentes extranjeros pero que sólo unos pocos cubanos pueden permitirse. Los beneficios de la empresa resultan ajustados. No es que el gasto en electricidad para el aire acondicionado y la música a todo trapo sea exagerado. Ni que la paga de los monitores, que van a comisión, se haga onerosa. Lo caro aquí es la renta que se paga al propietario del local, quien cobra lo que le da la gana –en este caso el equivalente a unos cuantos cientos de euros al mes– para compensar riesgos. Si lo pillan y lo pillan con ganas, sin proponer ni aceptar sobornos, se expone a perder la vivienda, según nos recuerda uno de los entrenadores.

Otro gasto considerable es el mantenimiento de las bicicletas estáticas, que para empezar hubo que traer una por una y comprar donde se pudo: Miami, Panamá, México... Así que cada máquina es de su padre y de su madre; con sillines, manillares y cuadros o chasis de diferentes tamaños y marcas. "Cada vez que una pieza se rompe es un drama. Hay que inventar o llamar al tornero, pero no siempre se puede arreglar así. Entonces hay que comprar una pieza nueva, pedir un favor para resolver con alguien que viaje a la yuma (el extranjero)... Un lío, ya tú sabes", se queja nuestra confidencial fuente interna.

A la salida del gimnasio, los clientes se encuentran a menudo con una especie de puesto ambulante instalado en una mesa del jardín. Unos días con ropa de chica, otras veces con perfumes –auténticos o falsos, poco importa–, o de lo uno y lo otro. Una concentración de mujeres con el dinero y ganas de "lucir bellas" representa una oportunidad que de ninguna manera puede ser desperdiciada. El vendedor puede ser un profesional del mercado negro, una monitora especialmente codiciosa o alguien relacionado con el dueño de la casa, que de este modo –comisión mediante– redondea su ganancia. El éxito de la actividad paralela, basada a su vez en el contrabando de productos inexistentes o carísimos en la Cuba legal, es patente. Las compradoras se entregan al mercadeo con tanta o mayor pasión que al ejercicio.

En torno a la gimnasia clandestina aparecen otras actividades ilícitas no deseadas o no buscadas por la empresa. Es el caso del hombre que, a la salida, te ofrece a precios de chollo latas de conserva, huevos, aceite de oliva, chorizo español y otros productos que transporta en un carro de supermercado. O del lavacoches y parqueador espontáneo que, a la entrada, te propone vigilancia segura y limpieza integral de tu automóvil mientras le das al pedal tranquilamente. En el garito al que acudimos, uno de estos individuos amenazó al empresario con denunciarlo ante la policía si insistía en pedirle que dejara en paz a los clientes y, sobre todo, a las clientas. "Hubo que ceder, qué remedio", se lamenta de nuevo el entrenador consultado.

El spinning furtivo es sólo uno de los incontables servicios que decenas de miles de cubanos prestan a diario a quien pueda costearlos, en casa propia o ajena y también a domicilio, para completar sus escuálidos salarios. Abundan los masajistas, fisioterapeutas, manicuras, esteticistas y barberos. Proliferan los monitores de natación, tenis o pilates, los entrenadores personales y profesores de aerobic. No faltan los mecánicos, carpinteros y reparadores de lo que haga falta. Y sobran los maestros de piano, de salsa o de ballet clásico. Unos son profesionales en activo; otros, retirados con experiencia o autodidactas reconocidos por el boca a boca. Hay hasta algunas viejas glorias del deporte y la danza.

Todos ellos ocupan la franja honrada de la Cuba hasta ahora prohibida, que en la economía real se antojaba ya mayor que la autorizada. Son aquellos que ofertan lo que el Estado no hacía ni dejaba hacer en la medida de lo que la sociedad demanda... Hasta ahora, pues Raúl Castro acaba de anunciar la concesión de licencias a negocios por cuenta propia en varios servicios. Eso sí, los negociantes pagarán impuestos.

La regularización de los que aún hoy actúan como chiringuitos para reparación del cuerpo, el alma y las cosas de la gente en Cuba era, de hecho, junto con la prevista creación de restaurantes, comercios y otros establecimientos regentados por autónomos, uno de los asuntos vitales en esta isla que cada vez más ciudadanos ven demasiado estancada. Este cambio está entre los "montones de cosas", como dijo el músico Silvio Rodríguez, que reclama el país.