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lunes, 10 de enero de 2011

Uno de mis escritores preferidos


La contundencia de Dashiell Hammett .Por:
Winston Manrique Sabogal
10/01/2011

Con el detective Sam Spade, Dashiell Hammett inventó, prácticamente, la novela negra. Es uno de los causantes de la fiebre desatada desde entonces por un género que no para de conquistar lectores en todo el mundo. Por eso es más que merecido recordar hoy, 10 de enero, al escritor estadounidense en los 50 años de su fallecimiento. Y para que hablen de la importancia de Hammett (1894-1961) en la literatura y de sus mejores herederos he solicitado la complicidad de tres expertos: dos amigos y colaborades de Babelia, Rosa Mora y Justo Navarro, y de una escritora del género, Marta Sanz, que publicó el año pasado su elogiada novela Black, black, black (Anagrama). A continuación las tres magníficas aproximaciones:


Justo Navarro: "Dashiell Hammett es un transformador: transforma en los años veinte del siglo pasado la forma de escribir novelas de crímenes. Por eso es esencial. Cambia el idioma, cambia la moral de la literatura policiaca. Cuando escribe no imita o copia frases literarias: registra lo que se oye aquí y allí. Y su héroe, el detective, es lacónico y contundente como las novelas de Hammett. El crimen no lo ve como una anomalía, una excepción, sino como pieza de la sociedad, parte de la organización social, en la que el bandidismo, la industria, la policía y la sociedad civil forman una sola máquina. El detective tiene que ser duro para mantener su honradez, para no dejarse impregnar: un hombre solo y de pocas palabras. Hammett inventó el estilo de su época, mientras se incubaba un gran crisis económica, un tiempo de desilusión, de desesperanza, así que es uno de los grandes escritores de ese tiempo.

Si tengo que pensar en un heredero no me fijo en imitadores superficiales: elijo a James Ellroy. Se parecen poco a primera vista, incluso con diferencias insalvables de temperamento personal. Pero Ellroy es otro transformador. También cambia la forma de escribir. Hammett es cinematográfico. Ellroy es un escritor de titulares sensacionalistas de periódico, de ritmo de rotativa, de relampagueo de noticias televisivas, que anticipa el vértigo de información en Internet. Y su concepto moral del crimen no difiere del de Hammett, aunque es más amplio: el dominio del mal lo extiende a la cabeza y el corazón de las personas normales".

Rosa Mora: "Dashiell Hammet publicó en octubre de 1923 en el pulp Black mask , el primer relato de Continental Op, un hombre sin nombre que trabaja como agente (operator) de la Continental Detective Agence. Es un investigador duro y cínico, capaz de utilizar los métodos de los gansters a los que combate, en Cosecha roja, por ejemplo, una novela que es como un puñetazo en el estómago. Las historias de Continental Op reflejan fidedignamente el trabajo de investigador del propio Hammett en la agencia Pinkerton. Tuvo que dejarlo por problemas de salud y porque no le gustaban los encargos de rompehuelgas que a menudo exigía la agencia.

Op es el precursor de Sam Spade, el famoso investigador privado de Hammet, al que siempre identificaremos con Humphrey Bogart en la adaptación cinematográfica de El halcón maltés (1929) que hizo John Huston. Esta novela, la única que protagonizó aparte de tres relatos o novelas cortas, lo consagró como un hombre duro y honesto, capaz de entregar a la mujer que ama a la policía porque ha cometido un crimen.

Hammett fue el introductor del estilo hard boiled (duro y en ebullición): que explica lo que sucede a través de diálogos muy vivos de enorme trasfondo y de la descripción realista. La lucha contra la inmoralidad social, contra la corrupción política, contra la injusticia fueron los principales argumentos de sus novelas y relatos.

Perseguido durante la caza de brujas por su presunta militancia en el partido comunista, Hammett cambió el rumbo de la literatura criminal. La pura intriga, el mero suspense, el juego de pistas dejaron de ser para siempre el elemento más interesante. Hammett, el maestro, enseñó cómo explicar un espacio y un tiempo. En 1945, el editor francés Marcel Duhamel, bautizó ese nuevo género como negro con la colección que dirigió para Gallimard Série Noire".

Marta Sanz: "Me gusta el Hammett de las estatuillas exóticas que revelan la diferencia entre el valor y el precio. El que describe a Sam Spade como a un Satanás rubio y cuenta que la carne de las mujeres fatales, no sólo es mórbida, sino también frágil. Se amorata: Dinah Brand lleva unas medias recorridas por carreras, que parecen de caballos percherones, y de la cara interna de sus codos emana un olorcillo a alcohol blanco fermentado. Dinah vive en mitad de la trama de Cosecha Roja. En el mismo Personville, Poissonville para los amigos. Puro veneno en las alcantarillas, en las reuniones del consistorio y las juntas de accionistas. Me gusta el Hammett que describe las violentas acciones puntuales -los crímenes- de seres humanos que forman parte de un sistema intrínsecamente violento; el que desacraliza el suspense y el mal llevándolos al territorio -comprensible y, por lo tanto, reformable- de las formas de organización social y la plusvalía. El que hace de la literatura una forma de la acción. Una pedrada contra el escaparate de los grandes almacenes. Me gusta el Hammett que, ya en los años treinta, cuestionaba el concepto de democracia y su posibilidad en el seno del capitalismo. El que denuncia la más repugnante de las estrategias del terror: la del terrorismo de Estado. La actualidad de los textos de Hammett sobrecoge cuando el lector va más allá del glamour -Bogart fuma sin filtro y a Verónica Lake un mechón de pelo le tapa la mitad de la cara- para preguntarse qué cuentan sus novelas: por ejemplo, a quién votamos cada vez que metemos el voto en una urna; quién lleva las riendas; quién es el que manda. Eso es todo.

La realidad que retrata Hammett nos es familiar, reconocible. Sigue habiendo razones para escribir novelas así, pero quedan muy pocos escritores dispuestos a arriesgar tanto. Quizá, desde cierto sentido del humor, lo hace Rafael Reig que en su última novela, premiada en Guadalajara, recupera al detective Carlos Clot. O el Mirko Lauer de Secretos Inútiles. O Yuri Herrera y Carlos Labbé que escriben extrañísimas novelas -en mi opinión, negrísimas- que se clavan en la retina del lector porque cuentan lo que cuentan como lo están contando: de una forma profundamente incómoda que nos obliga a buscar otra postura en nuestro confortable sofá para leer".