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viernes, 15 de abril de 2011

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Bahía Cochinos, crónica de una noticia nunca terminada

El 17 de abril de 1961 se produjo la invasión de EEUU a Bahía Cochinos
¡Ahí estaba, sobre la historia más grande de mi vida ¡y no podía enviarla!'
dpa Washington

A estas alturas, Henry Raymont sabe que probablemente nunca podrá confirmar su sospecha de que hubo quienes, tanto en Estados Unidos como en Cuba, lamentaron que no fuera ejecutado tras su detención en La Habana, nada más comenzar el desembarco en Bahía de Cochinos, ya que ello quizás hubiera provocado una verdadera acción norteamericana contra la isla.

De lo que sí está seguro es de que siempre lamentará no haber podido acabar de cubrir una historia en la que pasó de ser el primer periodista en anunciar la invasión, de la que este domingo se cumplen 50 años, a convertirse él mismo en actor de un episodio del que Estados Unidos aún se avergüenza y Cuba se regocija.

"Y yo ni siquiera quería ir a La Habana", sonríe este "judío alemán", como él mismo se define, nacido en 1927 en la entonces alemana Koenigsberg (actual Kaliningrado) pero crecido en Buenos Aires, adonde su padre lo envió tras la subida al poder de Adolf Hitler y donde comenzó su carrera periodística, antes de asentarse en Estados Unidos trabajando para la agencia United Press.

"¡Bum, bum, bum!" Raymont golpea la mesa de su casa en Washington, imitando el vigoroso llamado a la puerta de su apartamento en La Habana que, en la madrugada del 17 de abril de 1961, supuso un antes y un después en su vida.

Un rumor que acabó en hecho

Tras el incendio de los almacenes 'El Encanto' y el bombardeo de aeropuertos cubanos en los días previos, Cuba era a esas alturas una isla de 'bolas', de rumores incesantes sobre una inminente invasión.

Aun así, él no acababa de querer creer en esa posibilidad.

"Tenía todos esos contactos en Washington, todos me contaban una sola cosa: va a haber una guerra de nervios, pero serán palabras, no habrá invasión", afirma le aseguraban repetidamente desde círculos muy próximos al presidente John F. Kennedy. "Así que nunca creí que pudiera haber una invasión patrocinada por Estados Unidos".

Por eso, cuando finalmente alzó el teléfono para dictar la noticia del desembarco, después de recibir una confirmación de la acción en una nota con membrete de la embajada argentina en La Habana, fue más que cauto.

"Siempre digo que di la primera noticia (de la invasión), pero que fui el último en creer que era verdad".

Jamás acabó la transmisión. Poco después de que golpearan su puerta, acabó en una celda del G2, la Seguridad del Estado cubana.

En los siguientes días, sería interrogado por, entre otros, Ramiro Valdés, ahora vicepresidente, quien le amenazó con acabar "en el paredón".

"Valdés me dijo, Raymont, tú sabes que estamos en guerra, y te estamos acusando de espionaje, tú sabes lo que significa eso, ¿no?", relata ahora con un humor que admite no sentía en esos momentos.

Mientras, su celda "cada vez iba llenándose más" con nuevos detenidos que le iban "contando" lo último que pasaba en la isla.

"La ironía es que ahí estaba, sobre la historia más grande de mi vida ¡y no podía enviarla!", exclama entre risas.

'Error histórico'

Aunque también con un cierto deje de amargura, entre otros por el hecho de que considera un error histórico de ambos involucrados.

"En posteriores encuentros con Fidel nos reímos de ello. Le decía, la victoria de ustedes la podríamos haber dado nosotros sin tener la sospecha de un interés creado. El gran momento de la victoria quedó solapado a la propaganda cubana", lamenta.

Y se indigna con lo que considera una estrategia completamente "idiota" por parte de Estados Unidos.

Para 1961, Fidel "ya no tenía el 98% de apoyo, tendría un 7%. Pero en el instante en que la gente supo que había una invasión, volvió a tener el 98% de apoyo", sostiene.

Algo que, dice, se encargó de dejarle claro al propio Kennedy cuando, tras pasar una semana encarcelado bajo amenaza de ejecución -su madre en Buenos Aires ya lloraba tras llegarle la falsa noticia de su muerte cuando él la llamó para anunciar que había sido liberado- y varios días más en la embajada brasileña en La Habana, regresó a Estados Unidos, donde fue recibido por el mandatario.

"Si hubiera actuado visceralmente, le habría dado una patada ya se imagina dónde", afirma. Pero cambió cuando vio "su cara macilenta, a ese ser humano totalmente derrotado".

Kennedy "me preguntó qué es lo que falló y yo le dije, señor presidente, hay un proverbio yiddish que dice 'tú me empujas y yo voy'. Fidel sabía exactamente dónde ponerse y usted cayó en la trampa".

"Bahía de Cochinos significó algo crítico para la administración Kennedy, para su imagen personal y en política exterior: fue una derrota", resume. Un error "terrible y totalmente evitable" cometido por una "total ignorancia del pueblo cubano", afirma.

Medio siglo más tarde, Raymont espera poder regresar a Cuba y volver a entrevistar a Fidel Castro. Mientras, dice ya no tener muchas esperanzas de un cambio radical de política hacia la isla.

En Estados Unidos, "a nadie le importa una mierda lo que pase con Cuba o el embargo", lamenta. "Somos un muy insignificante grupo de personas a los que nos interesa Latinoamérica".