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sábado, 16 de abril de 2011

El ultimo Congreso?



El último congreso de la era Castro

Raúl Castro reconoce que la situación de Cuba es crítica y que a su generación sólo le queda enmendar "errores" del pasado

MAURICIO VICENT La Habana 16/04/2011

Raúl Castro preside el desfile militar previo al congreso del Partido Comunista.- ALEJANDRO ERNESTO (EFE)

No hay más márgenes. Es el último Congreso del Partido Comunista Cubano (PCC) de la era Castro. Fidel, de 84 años, lleva alejado del poder desde 2006 y su salud le impide seguir como Primer Secretario del PCC. Raúl, el general-presidente y heredero, reconoce (a punto de cumplir 80) que la situación de su país es crítica y que a su generación sólo le queda esta "oportunidad" para tratar de enmendar "errores" del pasado, arreglar un poco las cosas y "dejar el rumbo trazado". Algo es seguro: los históricos seguirán hasta el último momento. Pero el relevo se impone, en medio de difíciles equilibrios y cuando la necesidad de transformar sustancialmente el modelo choca con la inercia del inmovilismo y el exceso de prudencia.

En juego está la supervivencia del sistema. Nada menos. Y ello pasa obligatoriamente por la apertura económica y la reforma del régimen, en línea con las experiencias del socialismo asiático. Menos Estado y más mercado e iniciativa privada, pero sin ceder poder político ni abandonar el imaginario de la revolución, y desde luego a ritmo cubano.

No es casualidad que el VI Congreso del PCC arrancara el sábado - con nueve años de retraso - después de una gran parada militar en la Plaza de la Revolución, a la que asistieron los 1.000 delegados participantes junto a Raúl Castro. Como testigos de la revista, las esculturas de José Martí, los comandantes Che Guevara y Camilo Cienfuegos y una gigantografía de Fidel Castro, ausente pero siempre omnipresente; y por supuesto, tanques, piezas de artillería y vuelos de helicópteros y aviones MIG, a la vieja usanza socialista.

La escenografía estuvo concienzudamente montada. Un gran desfile para conmemorar el 50 aniversario de la victoria de Bahía de Cochinos y la proclamación del carácter socialista de la revolución, reafirmación del sello "antiimperialista" y antiyanqui originario a la vez que repaso de los grandes hitos desde 1959.

También, en primer plano el verde olivo y los galones, muestra del futuro y sus actores inmediatos en una isla donde los militares ocupan ya importantes carteras ministeriales y buena parte de los cargos en el Consejo de Estado y el Politburó, que ahora será renovado. En cualquier ecuación de futuro, el Ejército es clave y llave.

La marcha en la plaza concluyó con un gran desfile de jóvenes, en representación del relevo que debe "garantizar" la continuidad de la revolución. El Congreso ha de elegir un nuevo Comité Central, que en la actualidad tiene 105 miembros efectivos - 19 integran el Buró Político -; se espera una renovación sustancial, tanto en caras como en edades, ya que el último Congreso se celebró hace 14 años. Sin embargo, todavía no se vislumbran sucesores. La fulminante destitución hace dos años del Vicepresidente Carlos Lage y el ex ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, arrojo todavía más tinta de calamar sobre el asunto siempre delicado y opaco del traspaso de poder de los históricos.

"El tiempo que nos queda es corto, la tarea gigantesca...", advirtió Raúl Castro en su último discurso ante el Parlamento, en diciembre pasado. Aquella intervención, en la que arremetió contra los ortodoxos y burócratas que frenan y obstaculizan las incipientes reformas, puede asumirse como el corazón de está cónclave histórico, del que ha de salir la hoja de ruta del futuro cubano.

"Se acabaron los plazos: o hacemos los cambios o nos hundimos en el precipicio", dijo entonces, sin medias tintas, el mandatario cubano.

Los mil delegados comunistas que hasta el martes próximo asistirán a las sesiones del VI Congreso tienen una misión principal: oficiar la liturgia revolucionaria que bendecirá las reformas económicas de Raúl, denominadas oficialmente "actualización del modelo", en busca de un nuevo esquema de Estado para hacer viable el sistema. Aunque pudiera parecer una formalidad, ese incienso ideológico y el aval del Congreso no es algo menor: será la fuente del consenso y a la vez la plataforma del proceso de cambios.

Hasta ahora, las medidas que Castro ha ido introduciendo - la entrega de tierras en usufructo a los campesinos privados, la ampliación de la iniciativa privada y del trabajo por cuenta propia, la eliminación de los topes salariales, la descentralización empresarial y de los municipios, la reducción de los gastos sociales, el despido de decenas de miles de personas para incrementar la productividad, entre otras -, han tenido una deficiente aplicación y han chocado con "resistencias" rocosas dentro de la propia estructura del Partido, donde existe un sector refractario a los cambios. Paradójicamente, en sus últimas intervenciones Raúl Castro ha pedido al PCC que no interfiera en las labores de administración y gobierno, ni entorpezca la gestión de las empresas estatales.

En la calle muchos cubanos son escépticos. No se esperan grandes anuncios del Congreso, pero sí la confirmación de que la reforma no tiene marcha atrás. El discurso inaugural de Raúl Castro debe arrojar luces sobre qué modelo se pretende construir y el alcance del cambio. Se parte de que el mayor fracaso de la revolución sería que no sobreviviera a sus fundadores.

Versace vive entre ratas

Lucía, matriarca del primer clan gitano que se instaló en el viejo gallinero. En la imagen, rodeada de sus nietos.- GORKA LEJARCEGI

Versace vive entre ratas

Los niños rumanos juegan entre la basura y el barro en El Gallinero, el rincón más miserable de uno de los asentamientos ilegales más grandes de Europa

PILAR ÁLVAREZ / JUAN DIEGO QUESADA - Madrid - 16/04/2011

Esta serie semanal de reportajes pretende poner sobre la mesa, con vistas a las elecciones, esos problemas endémicos que deberían solucionarse, gane quien gane, el 22 de mayo. La primera entrega pone el foco en un poblado chabolista, a menos de 15 kilómetros de la Puerta del Sol, donde viven casi 200 niños en condiciones deplorables

Versace, un niño con un corte de pelo franciscano, corretea con otro medio desnudo, con los pies llenos de tizne. Una rata se retuerce en una montaña de basura a pocos metros. Casi 180 niños, un centenar con menos de cinco años, viven en condiciones miserables en el poblado chabolista de El Gallinero, según un informe del Defensor del Menor. El autobús escolar pasó hace cuatro horas por el lugar, pero Alondra, una chica de 11 años, lo dejó ir. "Me han dado vacaciones", explica esta mañana, cargada con las bolsas de la compra.

Lo que se ve desde una colina, a un lado de la A-3, es una hilera de chabolas junto a una carretera que cruza al vertedero. Aún queda en pie la última tapia del viejo gallinero. Lucía es la matriarca de la primera familia rumana (44 años, 5 hijos y 24 nietos) que se instaló en 2007 en una explanada que se ha convertido en el rincón más mísero de uno de los mayores asentamientos ilegales de Europa: la Cañada Real. "Yo vivo aquí", dice al abrir la puerta de una pequeña infravivienda decorada con un tapete de ciervos en un bosque y adornos de plástico.

La mujer dejó de beber y fumar tabaco hace siete años, época en la que dice que escuchó la voz de Dios. Incluso la música techno que suena por la mañana en el poblado chabolista le molesta. Recuerda que no se asomó siquiera a ver a una orquesta que tocaba en la última boda que se ha celebrado. Música de acordeón entre barracas, chatarra, cables sueltos, restos de cobre y barro.

Otras familias nómadas y parientes de su pueblo imitaron a Lucía y fueron construyendo en esta vaguada su vivienda de forma desordenada, sin las mínimas condiciones de salubridad. El resultado es que, a menos de 15 kilómetros de la Puerta del Sol, uno se topa con una estampa similar a la que podría encontrar en un barrio pobre de Calcuta.

Lucía dice que viven de la mendicidad. "Mis hijos limpian cristales en los semáforos. Somos cristianos, muy creyentes, no robamos", asegura esta señora de carácter que reúne con un golpe de voz a los nietos extraviados en los caminos de barro. A veces les dan un euro, otras nada. "Me gritan: ¡vete a la mierda rumana!". Otra forma de subsistir es la chatarra, que recogen por toda la región y cargan en camionetas. Después está el robo de cobre, un boyante negocio ilegal que ha arrasado con alcantarillas y cableado.

Los habitantes de El Gallinero son rumanos y de etnia gitana. Los cooperantes que trabajan aquí consideran que las Administraciones les han olvidado y ellos se han acostumbrado a vivir en los márgenes de la sociedad. El consulado de Rumanía explica que les ayuda a obtener documentación y colabora con la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, visible por una gran cruz que la sitúa a los pies del vertedero. "Cuando se ha dado el caso de aquellas personas que han manifestado su deseo y voluntad de volver a Rumanía se les ha facilitado la obtención de billetes de transporte a precios especiales", informan desde el consulado.

El Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid se encargan de labores de integración, sanitaria y la escolarización de los menores. El Gobierno regional habilitó un colegio tan solo para los niños de este poblado, lo que no facilita su integración. "Las madres no quieren que vayan allí porque solo se habla en rumano", añade Paco Pascual, un profesor y voluntario barbudo que visita continuamente el poblado para ayudar. El colegio tiene 115 plazas (aunque solo van 20) y cada mañana un autobús pasa a recogerlos. Hoy se ha ido casi vacío.

Raúl Sthepan, el nieto favorito de Lucía por su destreza al leer, está orgulloso de que le pusieran el mismo nombre que el del exdelantero del Real Madrid. Otro de su pandilla se llama Rivaldo. Raúl tiene 11 años y nació en el hospital de Getafe. Se siente medio rumano, dice, aunque nunca ha puesto un pie en Tandarei, de donde es originaria su familia. "No me gustan las matemáticas, sé multiplicar pero no dividir", señala sin parar de darle toques a un balón amarillo. Su abuela aspira a que su nieto, después de generaciones nómadas, se asiente en este país y tenga "un trabajo digno". "Qué sé yo, que vaya con traje, corbata, un sueldo".

En El Gallinero están apareciendo los primeros adolescentes, algunos ya con bigote, que hablan perfectamente español. Tienen nombres como Armani, Irlanda, Napoleón o Aznar. Sus padres, condenados a una vida subterránea, están viendo ahora los primeros beneficios de que sus hijos hayan ido al colegio. Nómadas por costumbre, están en la encrucijada de volver a echarse a la carretera en busca de mejores oportunidades o echar raíces en un lugar que los niños aprecian, en el caso de los que acuden regularmente a clase. "Ellos tienen que comandar la integración", intercede Paco, que se desloma buscando materiales y financiación para mejorarles la vida.

Mientras llega o no ese relevo, la vida del poblado muestra luces y sombras. Es un misterio el dinero que maneja la gente que vive en El Gallinero. Un cooperante cuenta cómo sus habitantes muestran a las claras su disgusto cuando les dispensan comida a punto de caducar. El último joven que contrajo matrimonio en el poblado, hace apenas un mes, pagó al padre de la novia 6.000 euros, amén de lo que cobró la orquesta que recorrió las chabolas tocando el acordeón y el clarinete.

En esas mismas fechas, un chico de 22 años que vivía en El Gallinero se ahogó en una especie de pantano, en Badajoz, cuando huía de la policía, que después contó que este, junto a su banda, había robado cobre por todo el país. La familia del muerto pidió a la parroquia de La Cañada la misma cantidad que costó el enlace para poder repatriar el cadáver. Los religiosos dijeron que no podían afrontar ese pago, pero a los pocos días apareció la cantidad y el chico pudo ser enterrado en su país.

A la una del mediodía, cuando el sol pega de lleno, una furgoneta blanca enfila el caminito. Los tres ocupantes observan como búhos a todo el que van encontrando a su paso. El vehículo, matrícula de Madrid, se para ante una vaguada, recubierta por completo de cable de cobre pelado. El humo del plástico condensa el ambiente. Un grupo de hombres, sentados alrededor de la mesa y acompañados por una bebida energética tapan con su presencia la escena mercantil. Uno de ellos porta una biblia de tapas negras. Media hora más tarde, los visitantes emprenden el camino de vuelta con la parte de atrás de la furgoneta tapada por una chapa de madera.

Más arriba, resulta curioso encontrarse sentada en una silla a una chica de mejillas sonrosadas, con las piernas cruzadas a la puerta de una chabola, como se toma el fresco en los pueblos. Sanni Saarinen es una periodista finlandesa de 31 años que va a pasar unos días y unas cuantas noches en El Gallinero. Quiere desentrañar las costumbres de una gente enigmática y con alergia a desvelar más de lo debido. "Es necesario conocer su idioma, pasar meses con ellos para llegar a conocerlos realmente", cuenta la reportera tras una primera toma de contacto en el campamento. "Es alucinante encontrar un mundo así al lado de Madrid. La gente vive realmente mal, no tiene nada que envidiar a las peores condiciones de vida de las favelas del Tercer Mundo". Mientras Saarinen se queda hablando con una mujer que tiende ropa, llega la hora de la comida.

La cocina del clan de Lucía se encuentra tras una cortinilla, frente a dos lavadoras. La habitación está llena de moscas, que revolotean sobre un repollo cocido. Las esquinas están recubiertas con poliuretano para evitar que entren las ratas. Ella abre el frigorífico: bolsas de tomates, pimientos y limones. Dice que es todo lo que tiene para comer hoy. En la puerta una joven mordisquea un mendrugo de pan mientras amamanta a un bebé.

LO QUE OPINAN LOS POLÍTICOS

"Hay que garantizar los derechos humanos"

EL PAÍS ha pedido a los tres candidatos a la alcaldía de Madrid una opinión sobre qué hacer con El Gallinero. Alberto Ruiz Gallardón (PP) declina intervenir. El alcalde, según una portavoz, no entra en debatir con los candidatos hasta que no esté en campaña electoral.

- Jaime Lissavetzky (PSOE)La Cañada Real y del Gallinero son un ejemplo sangrante del abandono de muchos de los barrios y distritos de Madrid. Es un caso extremo y complejo donde confluyen problemas graves de exclusión social, urbanísticos, medioambientales y de orden público. Junto a una población española que vive en ese entorno desde hace más de 40 años, decenas de familias marginales de diversos orígenes y etnias -entre ellas doscientos niños- sobreviven apiladas en condiciones precarias de chabolismo entre basura y ratas, con "supermercados" de la droga y toxicómanos dando tumbos por el barro.

EL PP, desde la Comunidad y el Ayuntamiento, mira para otro lado. Para Aguirre es un problema exclusivamente urbanístico. Y Gallardón mantiene doble lenguaje. Por un lado, critica airadamente el proyecto de ley de la Comunidad pero se niega a recurrir "hasta después de las elecciones" y, por otro, no hace nada entretanto para solucionar o aliviar la situación. Nosotros acometeremos un Plan de Atención Social Integral con medidas que palien las carencias básicas de la población y actuaremos de manera urgente independientemente del desarrollo de la ley porque hay actuaciones que no pueden esperar. Tratamientos sanitarios, educadores, retiradas de basuras y desperdicios, al menos un caño de agua salubre son actuaciones que necesitan respuesta inmediata.

- Ángel Pérez (IU) Las Administraciones han sido cómplices en la vulneración sistemática de los derechos humanos. Desde IU reclamamos una ley que la devuelva al dominio público pero, mientras, la intervención social es más que urgente. El Gobierno regional pretende alentar una nueva operación urbanística de dudosa ética sobre las carencias de estas gentes sin olvidar que hay residentes que especulan y no son merecedores de ningún derecho. No se trata de hacer caridad sino de garantizar los derechos humanos. La solución pasa por restituir la legalidad urbanística y el dominio público y dotar de derechos a quienes no los tienen. Hay que recordar que en marzo de 2010, buscando una solución urgente, la dirección de Izquierda Unida de la Comunidad de Madrid propuso una mesa institucional en la que estarían los ayuntamientos de los municipios afectados (Coslada, Rivas-Vaciamadrid, Getafe y Madrid), así como las tres principales fuerzas políticas (PP, PSOE e IU). Entonces ya avisamos de un estancamiento en el asunto de la Cañada Real que hoy, pese a que las necesidades son iguales o mayores, se mantiene y antepusimos las cuestiones sociales a cualquier otro asunto jurídico que se pudiera derivar del suelo sobre el que se asienta.