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miércoles, 26 de octubre de 2011

Los ultimos instantes de un Mesias

Realmente es asqueroso ver como se maltrata a un prisionero herido antes de asesinarlo,independientemente de que haya sido el exdictador de Libia,es indignante ver hasta donde puede llegar la animalidad de algunos seres humanos.

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viernes, 21 de octubre de 2011

Fin de una pesadilla?


Muamar el Gadafi, en octubre de 2009. / SABRI ELMHEDWI (EFE)

La foto del cadáver ensangrentado de Muamar el Gadafi difícilmente va a borrar la imagen de gobernante excéntrico que el tirano se construyó durante sus 42 años en el poder. Ahora es fácil que los primeros ministros del mundo democrático comparezcan ante las cámaras para congratularse de la desaparición del dictador de los mil disfraces. Pero hace apenas un par de años, los mismos políticos le recibían con los brazos abiertos esperando conquistar sus petrodólares. Y los medios de comunicación nos entreteníamos hablando de la jaima, la camella y la guardia personal de 30 vírgenes, que le acompañaban en sus viajes.

Después del fracaso de su revolución verde, Gadafi (Sidra, 1942-2011) logró reinventarse de cara a la comunidad internacional en 2003 admitiendo su responsabilidad en el atentado de Lockerbie y renunciando a las armas de destrucción masiva. El gesto le valió el restablecimiento de relaciones diplomáticas con EE UU y, sobre todo, el regreso de las compañías petroleras norteamericanas y, tras su señuelo, del resto de las empresas del sector ávidas de nuevas fuentes de petróleo y gas. Pero no logró seducir a los libios, que seguían sufriendo sus desmanes.

Alentados por el éxito de la revuelta tunecina, familiares de los mil presos aniquilados en 1996 en la cárcel de Abu Salim de Trípoli vencieron el miedo y se manifestaron contra la detención de Fathi Terbii, el abogado que les representaba. Era el 15 de febrero y se había desatado una fuerza incontenible que no ha parado hasta acabar no solo con su régimen, sino con su persona. La forma en que intentó moldear Libia a su imagen y semejanza no permitía otra alternativa.

Gadafi derrocó al enfermo rey Idris en un golpe de Estado en 1969. Pero el joven coronel no se conformó con controlar un país tres veces más grande que España y con una décima parte de su población. Inspirado por las arengas panarabistas del egipcio Abdel Gamal Nasser con las que creció, quiso establecer un sistema de gobierno distinto del capitalismo y el comunismo, aderezado además con una adaptación sui generis del islam, que los más puristas denunciaron como herética y que alentó el principal desafío a su autoridad en la oposición islamista.

A los cuatro años de su llegada al poder, lanzó una revolución cultural que aspiraba a eliminar cualquier influencia extranjera y crear una sociedad nueva. Su doctrina, recogida en el famoso Libro Verde, buscaba diferenciar a Libia de su entorno. Terminó por aislarla del mundo. Estableció como forma de gobierno la yamahiría, un neologismo que creó a partir de la palabra árabe yumhuría (república) y que se traducía como “gobierno de las masas”.

En teoría, el poder pasó a unos comités populares, a menudo dirigidos por adolescentes educados en el culto a su personalidad. Se purgó a los funcionarios considerados corruptos y se quemaron libros políticamente peligrosos. En realidad, los comités sirvieron de pretexto para arrinconar al Consejo de Mando de la Revolución y quitar competencias a ministros, gobernadores provinciales y otros altos funcionarios.

Aunque oficialmente acabó con la monarquía, Gadafi ejercía como el más caprichoso de los reyes absolutos

Como otros déspotas, Gadafi concentró en sus manos el poder absoluto. Todo ello aderezado por una buena dosis de teatralidad que le convirtió en uno de los líderes más extravagantes del siglo pasado. Su costumbre de recibir a los invitados bajo una carpa beduina en medio del desierto, o su gusto por los uniformes y trajes regionales, añadían un toque exótico que deleitaba a la prensa extranjera, incapaz de acceder a la Libia real que él había cerrado a cal y canto.

Aunque oficialmente acabó con la monarquía, él ejercía como el más caprichoso de los reyes absolutos, ayudado por el petróleo. Y parecía estar preparando su sucesión por Saif el Islam, el segundo de los ocho hijos que ha tenido con dos esposas.

Su coqueteo con el terrorismo internacional terminó por pasarle factura. Tras varios atentados contra intereses norteamericanos, la Administración Reagan decidió darle una lección. Los bombardeos contra Trípoli y Bengasi no solo dejaron docenas de muertos, incluida una hija adoptiva de Gadafi, sino que marcaron el inicio de la marginación de Libia y su líder en la comunidad internacional. Pero el castigo no logró apagar sus ímpetus revolucionarios.

Apenas dos años más tarde, se le atribuía el atentado contra un avión de la Pan Am que estalló sobre la ciudad escocesa de Lockerbie y dejó 270 muertos. Fue la gota que desbordó el vaso. Las sanciones de la ONU hicieron que las empresas europeas siguieran a las norteamericanas y abandonaron el país. Se le cortaron las conexiones aéreas con el exterior (aunque curiosamente no se le prohibió exportar su petróleo). Ni siquiera sus hermanos árabes salieron en su defensa.

Gadafi volvió sus ojos hacia el Sur, donde su generosidad explica la ayuda que recibió de algunos de sus vecinos hasta sus últimos días en el poder. Pero África no iba a sacarle del ostracismo. De ahí el cambio de rumbo que el Gobierno de Londres atribuyó la labor de su diplomacia y la mayoría de los observadores a un efecto colateral de la invasión de Irak. Menos conocida es la influencia que tuvo el desafío interno que desde principios de los años noventa le presentaban los militantes islamistas retornados de Afganistán o inspirados por los movimientos de los países vecinos y que organizaron al menos tres intentos de asesinato. Al final, ha sido un movimiento popular el que lo ha conseguido.

jueves, 6 de octubre de 2011

El querido Nieto

El chico identificado como el nieto de Kim Jong-Il en su perfil de Facebook. / Tomada de Facebook

Mi abuelo, el ‘querido líder’

Un nieto del dictador norcoreano Kim Jong-il mantenía una intensa actividad en redes sociales hasta que lo descubrieron

Verónica Calderón Madrid 5 OCT 2011 - 13:14 CET

Como muchos chicos de 16 años, buena parte de la vida de Kim Han-sol transcurría en la red. El adolescente, residente de Macao (China), mantenía un perfil en Facebook, dos en Twitter, otro más en YouTube, un blog, una cuenta en Qik —una web para compartir imágenes y vídeos captados con el móvil — y hasta un canal de streaming. Se trataría de la actividad en internet de cualquier joven 2.0, si no fuera por un detalle: se trata de Kim Han-sol, uno de los nietos del dictador norcoreano Kim Jong-il, y en cuanto sus perfiles fueron descubiertos (este domingo) los medios de todo el mundo se dieron un festín.

Kim Han-sol es el hijo del primogénito del líder norcoreano, Kim Jong-nam, que estaba destinado a suceder a su padre hasta 2001. Algunos medios sudcoreanos aseguran que Kim Jong-nam, de 40 años, dijo a finales de los años noventa que implementaría reformas cuando sucediera a su padre. Craso error. Perdió finalmente el favor del querido líder cuando fue descubierto en 2001 intentando entrar a Japón con un pasaporte dominicano falso. Desde entonces vive exiliado con su hijo en Macao (China). Por cierto, Kim Jong-nam tampoco se resistió a la fiebre Facebook. En su muro llegó a colgar insultos contra su medio hermano, Kim Jong-un, actual heredero del régimen, y hasta viñetas satíricas en contra de su padre (como una imagen del cartel de la película Kung fu Panda con el rostro de su padre). El propio Kim Han-sol, cuando tenía solo 13 años, emitió un mensaje por Internet donde se disculpaba con sus compatriotas por la hambruna que afecta su país desde 1990. El Programa Mundial de Alimentos (PMA), estimó en 2008 que un 40% de la población norcoreana (unos 8,7 millones de personas). “En realidad, como como cualquier persona normal, pero no puedo comer si tengo buena comida porque me compadezco de mi pueblo”, aseguraba en las imágenes.

Para gestionar su presencia en la red, Kim Han-sol mantenía dos cuentas: khsol616 y kimhs616. Todos los accesos han sido restringidos desde el domingo, cuando los medios sudcoreanos difundieron su identidad, pero aún es posible acceder a ciertos contenidos. El joven está por ingresar al United World College en Mostar (Bosnia-Herzegovina). El diario sudcoreano Chosun Ilbo reportó que una persona, identificada como Kim Han-sol, se unió al grupo de Facebook de la universidad y colgó un mensaje: “Allá va un norcoreano”.

Al nieto del líder de Corea del Norte le gusta la fotografía, viajar, el vino y la película 'Love Actually'

Un chico moderno

No deja de ser irónico que el nieto del Querido Líder de un país con solamente tres servidores de Internet (España tiene más de 3,8 millones) y una página web que parece diseñada en los años noventa aparezca en un activo perfil de Facebook como un chico el pelo teñido, pendientes y un especial gusto por la moda occidental. Su ahora extinto perfil en Blogger (lo borró el lunes) lista entre sus intereses la fotografía, los viajes, el vino y los “spa” (¿?). Se declara fan de Coldplay y Katy Perry y entre sus películas favoritas están Love Actually y Remember the Titans.

Aunque no todos sus gustos son occidentales. Kim Han-sol es un orgulloso norcoreano. Colgó más de 10 comentarios en el vídeo Himno de Corea del Norte, difundido en diciembre de 2007 por el usuario Gliango. “Bien, déjame dejarte las cosas claras. Soy un norcoreano que reside en Macao, ¿ok? Y, por cierto, sí hay Internet en NK [Corea del Norte]. Hemos creado un sistema de comunicación vía satélite allí. Larga vida a la DPRK [República Democrática Popular de Corea, en inglés]”, decía uno de los comentarios.

Aunque una cosa es el patriotismo y otra su respaldo al régimen de su abuelo. El adolescente publicó en su muro una encuesta donde preguntaba a sus amigos si preferían la democracia o el comunismo. Él mismo respondió que prefería la democracia, aunque no éxplico si en el sentido occidental o en el que se da a la palabra en Corea del Norte. En Pyongyang un apoyo a elecciones libres puede acarrear una condena a los temidos campos de trabajo norcoreanos.