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lunes, 31 de diciembre de 2012

Decadencia

No hay manera de encoger una ciudad

En Detroit, con 800.000 edificios vacíos, se han demolido rascacielos clásicos ¿Qué hacer cuando una urbe pierde gran parte de su población? El deterioro atrae a jóvenes creadores


 
En el centro de Detroit (en la imagen en 1991) se han demolido en los últimos años grandes edificios que fueron míticos. / camilo jose vergara
De megalópolis a jungla semiurbana, desde sus días de gloria automovilística, la ciudad de Detroit ha perdido el 63% de su población. El espacio geográfico sigue siendo el mismo: 359 kilómetros cuadrados que corren una suerte desigual. En algunos puntos, la naturaleza reclama lo que es suyo, y reforesta, salvaje, manzanas enteras. Hay en Detroit 800.000 estructuras vacías, la mayoría en estado ruinoso. Los esfuerzos de recuperación, privados y públicos, se concentran en algunas áreas reducidas, que se hacen atractivas para los residentes, afeando aún más los barrios depauperados. No hay un plan maestro. En la historia del urbanismo, mucho se ha escrito de ampliar centros urbanos, pero poco hay sobre el fenómeno del encogimiento de ciudades.

“Detroit no es hueso desnudo”, declara una pintada en un muro de la ciudad. / Camilo José Vergara (EL PAÍS)
 
Es una historia común en el Medio Oeste norteamericano, zona de fríos inviernos donde lo que en su día atrajo a los pobladores fue el auge de la industrialización. Así se expandieron Cincinnati, Cleveland y Pittsburgh. Del mismo modo cayeron después de la Segunda Guerra Mundial y la década de los cincuenta. Menos fábricas y menos oportunidades de trabajo conllevaron menos población. En Detroit, muchos empleados de las factorías de coches emigraron a acaudaladas localidades en las afueras. Se produjo, además, un éxodo blanco después de los disturbios negros de 1967, para cuya contención el presidente Lyndon B. Johnson llegó a movilizar al Ejército.
“En la reducción de ciudades no hay modelos exitosos en EE UU, en parte porque hemos sido muy lentos a la hora de admitir este desafío, y en parte porque un cambio sustancial llevará mucho tiempo en culminarse”, explica Shetty Sujata, profesora en el Departamento de Geografía y Planificación de la Universidad de Toledo, en el Estado de Ohio. “Siempre se habla de ofrecer incentivos a los ciudadanos para que se muden de áreas menos pobladas de una ciudad, a otras zonas con más densidad de habitantes, para ahorrar en los gastos de servicios municipales”. Esos intentos, sin embargo, han resultado por lo general fallidos. Los ciudadanos que quedan suelen resistirse a mudarse. Y la ley suele estar de su lado.
Un simbólico dólar es el precio común de una casa en determinadas zonas
En el pasado medio siglo no ha habido fondo que Detroit pudiera tocar. En el último censo, de 2010, se descubrió que la urbe había perdido aun otro 25% de la población en una sola década. No hay comparación posible en toda Norteamérica a esa despoblación, más allá de las masivas evacuaciones de ciudadanos en Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina. En el censo estadounidense de 1950, la ciudad contaba con 1,89 millones de habitantes. Según el de 2010, residen entre sus límites municipales 706.585 personas.
“El descenso de la población en una ciudad presenta muchos desafíos”, explica Justin Hollander, profesor de Políticas Urbanas y Medioambientales de la Universidad de Tufts. “Cuando una ciudad deja de crecer, se generan graves problemas. El aparato gubernamental deja de estar equipado, no puede prestar servicios, porque la base de aquellos que pagan impuestos se reduce notablemente. La ciudad se convierte en un lugar menos apetecible para vivir”.
La mayor ciudad de Michigan es la segunda más violenta de EE UU
Detroit es la segunda ciudad más violenta de EE UU, con 21,4 crímenes por cada 1.000 habitantes en 2011, según el FBI. La más violenta no se halla muy lejos: es Flint, a 110 kilómetros, también en Michigan. El desempleo es oficialmente del 18,1% (aunque las autoridades locales admiten que esa cifra está desinflada y que el índice real de paro alcanza el 50%) y un 36,2% de los residentes viven por debajo del nivel de la pobreza. Un 47% de la ciudadanía es, además, analfabeta.
“Los que se quedan en Detroit lo hacen porque no tienen más remedio que permanecer, gente con pocos recursos”, añade Hollander. “Y precisamente son la gente que más depende de unos servicios públicos que la ciudad ya no puede ofrecer. Si no tienen coche, necesitan el transporte público. Si no tienen empleo, pueden depender de subsidios públicos. Si no tienen seguro médico, buscan cobertura básica del Estado. Y cada vez, la ciudad puede ofrecer menos y menos servicios”.
La decadencia de los formidables edificios es un atractivo turístico
El abandono de hogares es una lacra en la ciudad. Hay quienes venden sus casas por precios simbólicos. Un simbólico dólar es un precio a veces común en determinadas zonas, las más depauperadas. Las familias quieren marcharse sin mirar atrás. Desde luego, hay zonas en las que se concentra la mayoría de nuevos residentes, oasis acaudalados de corte neoyorquino, repletas de modernos lofts, como Midtown. Aun así, el stock vacío en el resto de áreas lastra las ventas medias. Según la inmobiliaria Realcomp, el precio medio de una vivienda en Detroit es de 9.000 dólares (7.000 euros).
“La despoblación también conlleva problemas sociales”, explica Brent Ryan, profesor en el Massachusetts Institute of Technology, y autor del libro Diseño después del declive: cómo América reconstruye las ciudades que se encogen. “En Detroit ha habido un incremento notable de los incendios provocados. Aumenta la criminalidad. Hay más venta de droga. Los vecindarios se convierten en inseguros. Las autoridades no pueden hacer nada. Los residentes que quedan deciden que no es seguro quedarse allí. Y acaban emigrando a los suburbios o a otros lados, ya que en EE UU los centros urbanos no tienen la misma importancia social que en Europa”.
Para algunos vecinos fotografíar las ruinas es pornográfico
¿Qué ciudad puede clamar como una victoria que en la llamada Noche del Diablo de este año, la de antes de Halloween, el 30 de noviembre, solo se registraran 93 incendios? La misma que en 2007 vio 147 incendios. En 1984 fueron más de 800. Hay quienes queman por pasar el rato, vandalismo supremo. Otros inician fuegos accidentales, mientras saquean las casas con sopletes, buscando cobre y metal para venderlos como chatarra.
Hay en Detroit 46 estaciones de bomberos, con un total de 881 efectivos y 248 médicos. Las arcas públicas no dan para más, y el alcalde, Dave Bing, anunció en verano el despido de 164 personas, por falta de medios. Al final los salvó un programa de ayudas federales. La media de incendios en Detroit es de 30 al día. Los Ángeles, que tiene cuatro millones de habitantes, no suele registrar más de 11. El Gobierno local de Detroit ha colocado carteles en las casas abandonadas, dos grandes ojos bajo el lema “este edificio está siendo vigilado”. El resultado: las casas abandonadas miran fijamente al transeúnte, con un efecto siniestro. Es, también, un reclamo involuntario para turistas.
Una nueva generación de jóvenes ve Detroit como un lugar libre
Mucho se ha fotografiado últimamente la decadencia de Detroit. A algunos vecinos no les gusta. Tildan la práctica de tomar fotos de las ruinas de pornografía. Hay algo de voyerismo en la fascinación por la decadencia de los formidables edificios de Detroit. Es un turismo en sí mismo. Las ruinas aparecen ya hasta en las guías: la Estación Central de Michigan, la Planta Automotriz Packard, el Edificio Metropolitan. Entrar en ellos, para fotografiar su letárgico derrumbe, es una experiencia abrumadora, como visitar una Acrópolis.
Precisamente esa es la sensación que tuvo el fotógrafo, escritor y documentalista de origen chileno Camilo José Vergara, que en las pasadas dos décadas ha viajado frecuentemente a Detroit. En 1995 publicó un libro, El nuevo gueto americano, con una idea revolucionaria y polémica: “Propongo que, como un tónico para nuestra imaginación, como una llamada a la renovación, como un lugar dentro de nuestra memoria nacional, una docena de manzanas de rascacielos de la era anterior a la Gran Depresión se estabilice y se mantenga como ruinas. Una Acrópolis Americana”.
No hay modelos de éxito en Estados Unidos para la desurbanización
Pocos le escucharon. A los vecinos de Detroit, claro, les interesaba más mirar al futuro que pensar que vivían en una Acrópolis. Lo que hoy visitan los turistas en Detroit es una pálida sombra de aquel posapocalíptico escenario de los años noventa del pasado siglo. Los grandes almacenes Hudson’s se demolieron en 1998. Lo mismo sucedió en 2005 con el grandioso hotel Detroit Statler. “Ver aquello era una experiencia única. Eran edificios sublimes, de una gran belleza. Después de Nueva York y Chicago, los grandes arquitectos iban a Detroit”, explica hoy Vergara. “Eran de materiales de calidad, de un excelente diseño. Conformaban unas ruinas muy hermosas”.
Vergara, residente en Nueva York, es un meticuloso cronista de la decadencia de Detroit. Algunas de sus fotografías se exhiben ahora en el Museo Nacional de Arquitectura de Washington, bajo la rúbrica Detroit is no dry bones (Detroit no es hueso desnudo). “Ahora vemos una nueva generación de jóvenes que ve en Detroit un sitio libre, donde pueden hacer cosas que no se pueden hacer en Nueva York u otras capitales”, explica. “Muchos tienen la sensación de que pueden crear más libremente. ¿Hacer una pintada en la calle? Es poco probable que eso traiga problemas con la policía allí. Para ellos es un lugar ideal para crear”.
¿Puede el arte redimir a las ciudades que se encogen? El Proyecto Heidelberg es prueba de ello. El vecindario afroamericano de McDougall-Hunt es ya más rural que urbano. La yedra devora casas enteras. Las construcciones decrépitas dan paso a lo que a todas luces parecen praderas. Cuesta creer que se está a tres kilómetros de la sede mundial de General Motors. Y de repente, un estallido de color. Lienzos se alzan como tumbas al aire libre. Casas enteras han sido pintadas con formas abstractas. Muñecos decoran las farolas. Es un sueño entre vanguardista y naif.
Heidelberg es la protesta espontánea del artista Tyree Guyton, natural de Detroit. Creció en esa misma zona, antes de servir en Vietnam. Al regresar, vio que su ciudad quedaba arrasada por una guerra distinta, la de la despoblación. Comenzó pintando topos de colores en casas abandonadas. Luego erigió totems. Esculpió taxis con madera. Empleó casi todo lo que estaba a su alcance para convertir la decrepitud en arte. No siempre obró con libertad. Dos alcaldes ordenaron que se demoliera parte de su proyecto. Él siguió creando, y desde hace ya años se le deja en libertad. Su obra también aparece ya en las guías. Es Detroit oficial, como lo son las ruinas de la que fue gran capital de la industria automovilística.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El tigre chino vuelve a atacar

China estrena la línea ferroviaria de alta velocidad más larga del mundo

El primer viaje cubre 2.298 kilómetros en ocho horas, tres veces menos que antes

De los dos primeros trenes, uno llegó con retraso por culpa de la nieve

 
 
 
 
 
Vídeo: Reuters-LIVE! / Foto: AFP
Con la inauguración de la línea ferroviaria de alta velocidad más larga del mundo, Chin


China espera haber dado una imagen moderna de su transporte ferroviario, tras los escándalos y las dudas sobre su seguridad que han asolado al sector en los últimos años. El primer “tren bala” salió esta mañana desde Pekín rumbo a Cantón, en el sur del país, coincidiendo con el aniversario del nacimiento del líder de la revolución, Mao Tse-Tung.
El tren que de Cantón a Pekín, tuvo una hora de retraso por culpa de la nieve y el hielo en los raíles
Tras una ceremonia con autoridades estatales, el primer tren que cubre el trayecto salió a las 09.00 hora local (01.00 GMT) desde la Estación Oeste de Pekín, y una hora después partía en dirección contraria el primer ferrocarril desde Cantón a la capital. El primer Pekín-Cantón fue puntual: cubrió el recorrido en 7 horas y 59 minutos. Sin embargo, para el sentido contrario, Cantón-Pekín, periodistas chinos a bordo del convoy aseguraron que llegó con una hora de retraso, al parecer por nieve y hielo en los raíles que afectaron más a los trenes que llegan en horas nocturnas al norte (con temperaturas de 17 grados bajo cero en Pekín).
Pekín invirtió solo en noviembre unos 8.500 millones de euros en infraestructura de transporte
El tren realiza 35 paradas. Para cubrir la distancia entre la capital y uno de los principales polos económicos del sur del país (2.298 kilómetros) se necesitan ahora ocho horas, es decir, tres veces menos que los medios de transportes utilizados hasta ayer. Pero viajar con una velocidad media de 300 kilómetros por hora supone un coste mínimo de unos 105 euros para la segunda clase, lo que en muchos casos es más de lo que cuesta un vuelo para el mismo recorrido (que supone un gasto medio de entre 97 y 145 euros). Un asiento en la zona más exclusiva, el área VIP, cuesta el equivalente a 360 euros.

La red más extensa del mundo

Las primeras líneas de alta velocidad se estrenaron en China en 2007. Desde entonces, el país se ha dotado de la red más extensa del mundo, al cubrir más de 8.000 kilómetros en 2010, una cifra que el Gobierno prevé doblar antes de 2020, pese a los problemas de corrupción y seguridad destapados en los últimos años. Aunque los primeros trenes de este tipo se construyeron gracias al auxilio de tecnología extranjera, con el apoyo de empresas como Alstom, Siemens y Kawasaki, Pekín espera ahora afirmarse como líder en el sector, como demuestra su participación en la construcción de la red de alta velocidad en Turquía y en Venezuela.

Trenes de alta velocidad en una estación de manteniemiento en Wuhan / STR (EFE)
China, que según las previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) se convertirá en la primera potencia económica del mundo en 2016, apuesta por el desarrollo del sector ferroviario para dar un nuevo impulso a su crecimiento, que en el tercer trimestre se ha desacelerado. Pekín ha invertido unos 8.500 millones de euros en noviembre en infraestructura de transporte y un total de 61.000 millones en los primeros once meses del año, según la agencia Xinhua.
Antes de convertirse en adalid del desarrollo, la alta velocidad necesita disipar las dudas sobre su seguridad. En julio del año pasado, el choque entre dos trenes de alta velocidad se saldó con 40 muertos y unos 200 heridos en Wenzhou (en la provincia oriental de Zhejiang), cuando dos vagones cayeron desde el puente en el que quedó detenido el convoy que fue embestido. La investigación oficial, sin embargo, achacó a un rayo la responsabilidad de lo ocurrido y acabó con la destitución de tres altos cargos. Aunque las autoridades aseguran que se ha avanzado mucho en materia de seguridad, las dudas persisten. El diario oficial Global Times citaba en su edición del miércoles a un responsable del régimen que admitía los fallos del sistema pese a los esfuerzos realizados.

miércoles, 24 de octubre de 2012

El fotógrafo de Auschwitz

Wilhelm Brasse, el fotógrafo de Auschwitz

Entre sus tareas estaba retratar a las víctimas de los experimentos científicos del médico nazi Josef Mengele


Una prisionera de Auschwitz, fotografiada por Wilhelm Brasse. / (Auschwitz Museum/AP)
“Siéntese cómodamente, relájese y piense en la Patria”. El teniente de la SS Maximilian Grabner sonrió entonces con el gesto dulce inmortalizado el fotógrafo Wilhelm Brasse. Los presos políticos de Auschwitz llamaban a Grabner “dios nuestro señor”, porque torturaba y fusilaba con tanta iniquidad que hasta la SS investigó sus actividades. El castigo le llegó con la derrota alemana, en forma de una condena a muerte por 25.000 asesinatos. El de Grabner sería uno de los pocos retratos amables que Brasse pudo hacer durante su encierro en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau, donde le obligaron a trabajar en el “servicio de identificación”. Entre sus tareas estaba retratar a las víctimas de los experimentos científicos del médico nazi Josef Mengele. En total, unos 50.000 documentos de la vida y la muerte en el campo donde los nazis asesinaron a más de un millón de personas. Este encargo salvó su vida.
Brasse nació en 1917 en Żywiec. Hablaba alemán, aunque su ciudad natal pasó a ser parte de la Polonia independiente al término de la I Guerra Mundial. Aprendió fotografía en Katowice, pero cuando comenzó la invasión alemana en 1939 estaba en el Ejército polaco. Tras la derrota fue apresado cuando intentaba escapara a Hungría. Dado que sus antepasados paternos eran austríacos y él hablaba el idioma, los alemanes le propusieron alistarse en las Fuerzas Armadas (Wehrmacht) de Hitler. Se negó porque se “sentía polaco y era polaco”, como su madre. El 31 de agosto de 1940 lo enviaron al recién construido campo de concentración de Auschwitz, levantado por la SS en la Polonia ocupada. El nombre aún no era sinónimo de los horrores racistas ni de la arbitrariedad criminal de los nazis. Pronto lo sería, con Brasse como testigo de primera fila.


El fotógrafo Wilhelm Brasse, retratado en su casa de Zywiec, Polonia, en 2006. / Czarek Sokolowski (AP)
 
 
Primero le dieron el uniforme de interno y, a golpes, le forzaron a saltar en el patio con otros presos, para humillarlos. “Jugaban con nosotros como si fuéramos animales”. Los judíos “simplemente eran asesinados”. Los curas polacos recibían trabajos particularmente extenuantes. Los guardas les explicaban a los supervivientes que, si eran fuertes, tenían por delante algunos meses de vida. Para Brasse fueron dos semanas de cuarentena y algunas más de trabajos forzados. Después, un guarda alemán que era preso político le facilitó un trabajo en la cocina para premiar su bilingüismo y sus dotes como intérprete. En 1941 lo llamaron al despacho del célebre Rudol Höß, el comandante de Auschwitz cuyas confesiones sirvieron para reconstruir parte de los sucesos del campo antes de que los Aliados lo ahorcaran por sus crímenes. Resultó que los jefes buscaban un fotógrafo. Lo eligieron a él.
Recordaba en algunas entrevistas que su trabajo no sólo le salvó de una muerte segura, sino que le proporcionó una mejor confortable entre las alambradas del campo. Como tenía que tratar con los alemanes, éstos le facilitaban ropa y le permitían lavarse “para no molestarlos con mal olor”. La suerte de Brasse fue la manía alemana por documentarlo todo con prolijidad, aun aquellas brutalidades.
Después de la guerra le perseguían pesadillas protagonizadas por las víctimas de los nazis que tuvo que fotografiar. Sobre todo, por chicas judías que sufrieron los experimentos del doctor Mengele. Un día, el propio médico de Auschwitz lo felicitó por el trabajo a través de su jefe en el campo: “las fotos son exactamente lo que necesitamos”.

Niños enseñan sus números de presos tatuados, poco después de la liberación de Auschwitz por parte de las tropas soviéticas, en una imagen de autor desconocido. / AUSCHWITZ MUSEUM / REUTERS
 
 
Explicaría después Brasse que había cumplido sus tareas “porque no se podía decir que no [a la SS] y porque no hacía daño a nadie”. Después de la guerra no volvió a la profesión, “porque los muchachos judíos y las chicas judías se aparecían en flashes constantes ante los ojos”. El fotógrafo sabía que su cámara iba a ser una de las últimas cosas que iban a ver antes de que los enviaran al gas.
Tras sobrevivir a una de las “marchas de la muerte” de prisioneros de los nazis, Brasse regresó a su ciudad natal en Polonia, donde murió el martes a los 95 años.

domingo, 21 de octubre de 2012

La Tercera Guerra

Hacia el Pearl Harbor cibernético

El Gobierno de EE UU confiesa su preocupación por la escalada de la ciberguerra con Irán, que ha atacado sistemas informáticos estadounidenses en respuesta a las agresiones virales sufridas


Un departamento de seguridad encargado de evitar que se produzcan ataques a sistemas informáticos estadounidenses en Arlington (Virginia). / HYUNGWON KANG (REUTERS)
Tan silenciosa es esta guerra que la inmensa mayoría del planeta ni se ha enterado de que se libra con ferocidad desde hace tiempo. Los que están en ella la viven, sin embargo, con creciente angustia. Por ejemplo, Leon Panetta, que acaba de declarar que su país está al borde de “un Pearl Harbor cibernético”. ¿A qué se refiere el secretario de Defensa de Estados Unidos? Pues a una reciente serie de ataques contra sistemas informáticos de la industria petrolera saudí e instituciones financieras norteamericanas atribuidos, según informó el International Herald Tribune del lunes, a las unidades de defensa contra la ciberguerra puestas en pie por la República Islámica de Irán.
¿Guerreros ciberespaciales del régimen de los ayatolás? Sí, existen desde 2011 como respuesta a una previa ofensiva de piratería informática de su programa nuclear universalmente atribuida a la colaboración de Estados Unidos e Israel. En principio, su tarea consistía en hacer de antivirus de los sistemas iraníes, pero, según las fuentes citadas por el Tribune, podrían haber pasado a la contraofensiva con los ataques que en agosto afectaron a la compañía petrolera estatal saudí Aramco y tal vez los que impidieron a clientes de bancos norteamericanos acceder online a sus cuentas.
Aunque sean de oficio los villanos de la película, no fueron los iraníes los primeros en apretar este botón. Lo hizo un premio Nobel de la Paz, el mismísimo Barack Obama. En su primer mandato presidencial, Obama se ha caracterizado por un modo peculiar –más contemporáneo, por así decirlo, y, para él y sus compatriotas, menos traumático- de hacer la guerra: el desarrollo de la ciberguerra (ciberespionaje y cibersabotaje) contra Irán y el uso masivo de drones -aviones sin humanos a bordo- para atacar objetivos en países como Somalia, Yemen, Afganistán y Pakistán. Por el contrario, ha reducido la presencia de tropas físicas estadounidenses en zonas conflictivas.
En mayo, Irán anunció que había localizado en sus ordenadores el virus Flame, el más maligno jamás inventado

En la noche del martes al miércoles, en su segundo debate televisado de esta campaña presidencial, Obama le paró los pies a Romney a propósito de una supuesta “blandura” en el caso del asalto al consulado norteamericano en Bengasi. Tenía razón: no es para nada la “paloma” que describen esos belicosos a la antigua que son los republicanos de Estados Unidos; es un frío, inteligente e implacable comandante en jefe de las nuevas formas de hacer la guerra en el siglo XXI.
La ciberguerra contra Irán comenzó durante la presidencia del segundo Bush y en ella van cogidos de la mano Estados Unidos e Israel. Su primer producto conocido, el virus Stuxnet, perturbó seriamente las instalaciones nucleares iraníes a fines de la pasada década. Al ser descubierto en el verano de 2010 -se fugó a Internet desde la planta iraní de Natanz-, Obama hizo patente su preocupación en las reuniones de su consejo de seguridad en la Casa Blanca. Dijo temer que la conversión de Estados Unidos en un musculoso hacker con bandera nacional terminara justificando política y moralmente ciberataques contra ese mismo país. Es una opinión que hoy siguen expresando otros en Estados Unidos.
Según ‘The New Yorker’, la Fuerza Aérea de EE UU cuenta con 7.000 ciberguerreros en bases de Tejas y Georgia

Pero las dudas de Obama se desvanecieron pronto y terminó aprobando la continuidad de esa forma de pelea, conocida en la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA como Olimpic Games. Incluso hizo más: decretó su escalada. A comienzos de julio, The New York Times publicó una extensa información que daba cuenta de cómo Obama “ordenó en secreto un aumento de los ataques sofisticados a los sistemas informáticos de las factorías iraníes de enriquecimiento de uranio, expandiendo así de modo significativo el primer uso continuado por Estados Unidos de ciberarmas".
A la par, Obama instó a los servicios de inteligencia civiles y militares norteamericanos a estrechar la colaboración en este frente con los israelíes. Tras negarlo inicialmente, por aquello de no confirmar sus propias debilidades, el régimen iraní terminaría reconociendo que troyanos, virus y programas malignos venidos del exterior zancadilleaban sus esfuerzos.
En 2010, Richard A. Clarke, que fue jefe de los servicios antiterroristas de Estados Unidos con Bill Clinton y George W. Bush, publicó un ensayo titulado Cyber War (publicado en castellano por Ariel con el título Guerra en la red). Profetizaba una III Guerra Mundial en el ciberespacio para la que ya se estaban preparando potencias como Estados Unidos, Israel, Rusia y China. Así lo reseñó, muy críticamente, la revista Wired: “Encontrarán aquí el Libro de las Revelaciones vuelto a escribir para la era de Internet, con el Fin de los Tiempos anunciado por los Cuatro Caballos Troyanos del Apocalipsis”.
¿Es Flame el primero de esos caballos? A finales de mayo, el organismo público iraní dedicado a la lucha contra la piratería informática (CERT en sus siglas en inglés) anunció que había localizado ese virus, el más maligno de los jamás inventados. Llevaba dos años infectando sus ordenadores sin ser detectado por ningún antivirus.
Flame es un conjunto de programas que realiza múltiples tareas de espionaje y sabotaje: graba conversaciones, permite control remoto del ordenador, tiene Bluetooth que se adueña de los teléfonos móviles próximos, copia y transmite datos a distancia, se va actualizando, es indetectable por los antivirus hoy existentes… Según observó Douglas Rushkoff en CNN, "tiene todos los indicios de constituir un ciberataque maquinado por un Estado nación”.
Su descubrimiento fue obra del laboratorio especializado que el ruso Eugene Kaspersky dirige en Moscú. Kaspersky lo tildó de “caja de Pandora”, dijo que el uso de virus como este podría terminar afectando a servicios civiles nacionales enteros como redes eléctricas, industrias energéticas, redes bancarias o sistemas de tráfico aéreo, por lo que, añadió, deberían ser prohibidos como en su día lo fueron las armas químicas y biológicas. "Estoy asustado, créanme", declaró.
Por supuesto, Estados Unidos no reconoce oficialmente ninguna relación con estos virus informáticos que minan el programa nuclear iraní. Tampoco Israel.
Eso sí, The New Yorker informa que tan solo la Fuerza Aérea de Estados Unidos cuenta ya con 7.000 ciberguerreros en bases de Texas y Georgia. ¿Cuántos más habrá en otros departamentos del Pentágono, la CIA y otros órganos del Gobierno federal estadounidense?
Creado en 2009, bajo la presidencia de Obama, con sede oficial en Fort Meade (Maryland) y dirigido por el general Keith B. Alexander, United States Cyber Command (USCYBERCOM) es el nombre del organismo que dirige las unidades ciberespaciales de la Fuerza Aérea norteamericana. Ahora parece haberle surgido un serio rival en las unidades iraníes especializadas que dirige el general Gholamreza Jalali y que podrían estar detrás de los últimos ataques a sistemas saudíes y estadounidenses. Aún no ha sonado un solo disparo en la próxima guerra del Golfo, pero, a golpe de teclado y de ratón, ésta se libra ya en el ciberespacio.

jueves, 18 de octubre de 2012

Emmanuelle

Fallece la actriz Sylvia Kristel, que encarnó al mito erótico Emmanuelle

La intérprete padecía un cáncer de estómago

Se hizo famosa con la serie de películas eróticas 'Emmanuelle'

 
La actriz Sylvia Kristel. / Rue des Archives / Cordon press
 
La actriz holandesa Sylvia Kristel, que se hizo famosa en 1974 con el personaje erótico de Emmanuelle, ha fallecido en Ámsterdam a los 60 años de un cáncer de estómago. A pesar de que su carrera siempre estuvo ligada a la serie (hubo dos secuelas entre 1975 y 1984) participó en medio centenar de filmes de diversos géneros. Entre los directores que la contrataron figura Roger Vadim y Claude Chabrol. En los últimos años se dedicó a la pintura, y en 2006, publicó su autobiografía, Nue (Desnuda). Es un relato descarnado y cándido a la vez, donde cuenta su lucha contra las drogas, el alcohol y el tabaco. Deja un hijo, Arthur, de su relación con el fallecido escritor belga Hugo Claus.
Sylvia Kristel nació en Utrecht en 1952 y empezó su carrera como modelo a los 17 años. Sus padres regentaban un bar y se divorciaron cuando ella tenía 14. En su autobiografía reconoció que nunca pudo superar la falta de una figura paterna, y la buscó en sus relaciones sentimentales. Hugo Claus, su primera pareja seria, le llevada 27 años. En 1973 ganó el concurso de Miss Televisión Europa y un año después saltó a la fama con Emmanuelle. En 1979 dejó a Claus y se marchó a Estados Unidos con el actor Ian McShane, diez años mayor. Cinco años después, y tras un intento fallido de que hacer carrera en Hollywood, la actriz le dejó. Según contaba, durante esa época empezó a tomar drogas, y tuvo que aceptar malas películas para pagar su adicción.
En 1981 actuó en El amante de Lady Chatterley, adaptación de la novela de D. H. Lawrence. También fue Mata Hari, la legendaria espía. Entre sus filmes en Estados Unidos figura Concorde Aeropuerto y Clases Particulares. En 2005, aseguró en la televisión holandesa que su mayor virtud era “estar alegre”. Para entonces ya le habían diagnosticado un cáncer de garganta, que acabó entendiéndose al pulmón, y finalmente, el estómago. Si bien nunca pudo olvidar a Emmanuelle (en Francia estuvo 10 años en cartel), ha sido una de las artistas más famosas del cine holandés.

lunes, 15 de octubre de 2012

La Revolucion africana

 

Hace 25 años, un tal Sankara...

 
 
Por: José Naranjo| 15 de octubre de 2012
 
Este 15 de octubre se cumplen 25 años del asesinato de Thomas Sankara, conocido como el Ché Guevara africano, el joven capitán que en 1983 se convirtió en presidente de Burkina Faso (entonces llamada Alto Volta) mediante un golpe de estado y que puso en marcha una auténtica revolución en su país: nacionalizó las tierras y las entregó a los campesinos, estatalizó las riquezas minerales, emprendió campañas de alfabetización y vacunación, se enfrentó a los organismos financieros internacionales promoviendo que no se pagara la deuda externa, promovió la autosuficiencia para evitar vivir de la ayuda exterior y estimuló, como nadie ha hecho nunca en África, los derechos de la mujer. Pero, más allá del mito, ¿cómo era Thomas Sankara en realidad? Dos personas que lo conocieron bien y compartieron con él sus esperanzas y sus miedos nos hablan del Sankara más humano 25 años después de su muerte.

ThomasSankara-

“Tenía un carisma extraordinario, estaba lleno de fuerza y de energía. Cuando entraba en una habitación era imposible no mirarle y esperar a ver qué iba a decir”. Marie-Angélique Savané no oculta la admiración que aún siente por Sankara. En 1983, año de su llegada al poder, esta mujer senegalesa trabajaba en Naciones Unidas y presidía la primera asociación feminista de Senegal. “Yo estaba en contra de los golpes de estado, pensaba que no eran el método adecuado. Pero en aquellos años en África no había libertad de expresión, ni alternancia, ni verdadera democracia. Y Thomas llegó con esas ideas progresistas, con su discurso cercano al pueblo, no era el clásico militar, así que me dije ¿por qué no? Muchos hicimos lo posible por conocerle, por escucharle”.
Fue poco después del golpe de estado. Marie-Angélique estaba de misión en Burkina Faso y solicitó una audiencia con el presidente. “Fue un intercambio fraternal. Me impresionó su juventud (Sankara tenía solo 33 años, dos años menos que ella). Él era militar y, claro está, tenía su manera autoritaria de decir las cosas, pero conmigo se mostró siempre extraordinariamente abierto y atento a mis palabras. Recuerdo que me dijo que conocía muy bien el Ejército, pero que no era economista, ni sociólogo, ni politólogo y que, por tanto, quería rodearse de la gente más preparada para sacar a Burkina Faso de la miseria. Ese era su empeño”, asegura.

Landing Savané, marido de Marie-Angélique, era por aquel entonces uno de los principales opositores al presidente senegalés Abdou Diouf y lideraba el partido maoísta Movimiento Revolucionario por la Nueva Democracia (MRDN). Y también se quedó impactado con el discurso de Sankara. “Para toda la gente de izquierdas fue una gran esperanza. Su discurso era fresco, era antimperialista, era panafricano. Fui hasta Ouagadougou para conocerle y hablamos de igual a igual, sin formalismos, de la necesidad de que toda África se uniera, de que teníamos que recuperar nuestra dignidad. Me impresionó su sensibilidad feminista, nadie llegó hasta el extremo que lo hizo en él en este sentido”, explica Landing.
Sankara prohibió los matrimonios forzosos, la mutilación genital femenina y la poligamia y empezó a colocar a mujeres en los más altos cargos del Estado. “Sankara solía decirnos que veía a las mujeres por todos lados trabajando duro y sin obtener beneficios por ello. Creo que esta sensibilidad le venía de su propia experiencia, de su familia. Me sorprendió positivamente esta actitud de Thomas”, recuerda Marie-Angélique, “pensaba que las mujeres podían realmente ayudarle en la transformación de Burkina Faso. Si no hay igualdad no podemos lograrlo, decía siempre. Si nombraba a un ministro hombre, ponía a una mujer como alto cargo y viceversa. ¡Él promovió la paridad y estábamos en los años ochenta! En Senegal estaba surgiendo el movimiento feminista, que era cuestionado y contestado por muchos hombres, y Thomas hizo todo lo contrario, nos invitó a Burkina para hablar con la sociedad, para que explicáramos nuestra posición. Fue increíble”.
Poco a poco, los Savané fueron trenzando una relación muy estrecha con el líder del país vecino. “Nos invitó al Festival de Cine que se celebra en Ouagadougou. Iba a buscarnos en su propio coche que él conducía sin escolta ni nada y nos enseñaba la ciudad”, recuerda Landing. Desde luego, Thomas Sankara era alguien diferente. Nacido en 1949, comenzó la carrera militar muy joven, con solo 19 años. Desde muy pronto conoció las obras de Marx y Lenin y se sintió próximo a las ideologías de izquierdas. Sin embargo, en los años setenta era más conocido en la capital burkinesa por su buen hacer tocando la guitarra con el grupo Tout-à-Coup Jazz que por sus ideas políticas. En la Agrupación de Oficiales Comunistas, allá por el año 1976, comenzó a coincidir con otro militar llamado Blaise Compaoré, con quien compartía las mismas inquietudes.
 
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Thomas Sankara, durante un discurso.
 
 
 
“Iba siempre vestido de militar”, recuerda Marie-Angélique, “yo se lo reprochaba, pero él me decía que tenía que marcar distancias con otros presidentes, que no podía llevar trajes hechos en Europa como ellos”. Landing también lo recuerda así, con su uniforme y su boina roja, un poco al estilo del Ché Guevara a quien Sankara admiraba sin tapujos. “Era un idealista. No era sólo el Ché, admiraba a Mao Tse Tung, a Amílcar Cabral, a Kwame Nkrumah, a Patrice Lumumba. En nuestras conversaciones evocábamos a todos los progresistas negroafricanos. En aquella época el imperialismo dominaba muy fuerte”, asegura el político senegalés.
Un año después de ocupar la Presidencia, Sankara decidió cambiar el nombre del país, que entonces se llamaba Alto Volta y rebautizarlo como Burkina Faso, que significa El país de los hombres íntegros. Y se puso manos a la obra. Algunas de sus medidas fueron renunciar a todos los Mercedes Benz propiedad del Gobierno y convertir al humilde Renault 5 en el coche oficial, prohibir a los miembros de su gabinete volar en primera (“vais a llegar al mismo tiempo en clase turista”, dijo a sus ministros) o tener chófer, bajarse el sueldo y el de todos los funcionarios y negarse a disfrutar de aire acondicionado en su despacho asegurando que esto era un lujo al alcance de muy pocos.
 
 

 
 
El también senegalés Mamadou Diouf, organizador del Foro Social Mundial de Dakar 2011, cuenta otra anécdota de Sankara: “Fue durante una reunión de la Organización para la Unidad Africana en Addis Abeba. En el receso para comer, Thomas llegó a la mesa que estaba preparada y vio allí toda aquella comida que rebosaba por fuera de las bandejas, apetitosa y humeante, las copas de cristal, el agua embotellada que costaba un dineral. Entonces se dirigió a uno de sus asistentes y le dijo que pidiera al servicio una bacinilla, que la llenara de agua del grifo y la trajera a la mesa. Luego dio dinero a otro miembro de la delegación de Burkina y le encargó que fuera a la calle y a la primera mujer que vendiera comida en la calle le comprara unos muslos de pollo y un poco de arroz. Ningún burkinés probó nada de lo que había en la mesa aquel día. Sankara acababa de dar un discurso diciendo a los líderes del continente que la única manera de salir del subdesarrollo era consumir africano y era de los que pensaba que había que empezar por uno mismo. Le ofendía el derroche”.
El 15 de octubre de 1987, cinco años después de su llegada al poder, fue asesinado por sus propios compañeros de revolución. “La víspera de su muerte nos llamó a Dakar”, asegura Marie-Angélique. “Nosotros sabíamos que había problemas entre ellos, entre los líderes, pero nunca pensamos que se iba a llegar tan lejos. Nos dijo que la situación se había deteriorado mucho, que no sabía qué iba a pasar, que todas las vías de diálogo se habían agotado”. Cuando habló con Landing fue aún más explícito. “La gente no me comprende”, le dijo. “Thomas estaba muy preocupado por los antagonismos en el seno del Ejército. Sabía que se estaba preparando algo, pero él estaba decidido a llegar hasta el final, aquel día que hablamos él ya se sabía un mártir, estaba completamente aislado. Desde la óptica de sus compañeros, él había querido ir muy rápido con las reformas”, concluye Landing Savané.
El crimen, en el que también murieron otras doce personas, fue orquestado por el propio Blaise Compaoré, desde entonces y hasta ahora presidente de Burkina Faso, quien rápidamente revocó muchas de las decisiones adoptadas por Sankara e hizo lo posible por borrar su memoria. De hecho, su cuerpo fue desmembrado y enterrado en una tumba anónima. “Nos revolvimos, sentimos cólera”, recuerda Landing, “nos manifestamos en Dakar. Me llamó Mariam, la mujer de Thomas, muy preocupada, tenía miedo, pensaba que iban a por ella y a por sus dos hijos también. Entonces fui a ver a Blaise, lo conocía porque me lo había presentado el propio Sankara, y le dije que lo ocurrido era terrible, que ya no tenía remedio, pero le pedí que al menos dejara marchar a Mariam. El presidente de Gabón también medió y finalmente se logró que salieran del país”.
 
 

 
 
Thomas Sankara, con su radical discurso del cambio, se había enfrentado a poderosas fuerzas económicas y políticas que acabaron por matarle. El imperialismo que tanto combatió lo llevó hasta la tumba. Él mismo lo vaticinó varias veces. En julio de 1987, durante una reunión de la OUA en Addis Abeba dio un recordado discurso ante los líderes africanos en el que reclamó la unidad de todas las naciones del continente para oponerse a pagar la deuda externa que ahogaba y mantenía en la pobreza y la dependencia a los ciudadanos.
 
 
 
“Si Burkina Faso es el único país que rechaza pagar la deuda, yo no estaré en la próxima conferencia”, dijo. Tres meses después dejó para la historia su famosa frase, “aunque los revolucionarios, como los individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas”. Una semana más tarde ya estaba muerto. Hoy, 25 años después, son legión los africanos que no le han olvidado.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La ciudad de las viudas

Miles sobreviven repudiadas al sudeste de Nueva Delhi

La ciudad de las viudas perdidas

Las viudas, encorvadas, vuelven de los 'ashram' en busca de un lugar donde dormir. | S.G.Las viudas, encorvadas, vuelven de los 'ashram' en busca de un lugar donde dormir. | S.G.
  • Suman ya un tercio de la población de 57.000 habitantes de Vrindaván
  • Las dejan allí las familias de sus maridos o, incluso, sus propios hijos
  • Con sus saris blancos, pasan el día rezando y viven de las limosnas
  • Su único consuelo: purificarse hasta la muerte a través de la oración

Silvia Grijalba | Vrindaván (India)
 
Actualizado domingo 23/09/2012 04:20 horas
 
Cien miradas perdidas. La desilusión con gotas de desesperación. El hastío. La absoluta falta de interés por nada, incluida hacia esa mujer blanca, vestida con ropa occidental, que viene de una calle llena de bullicio, de cláxones, de 'rickshaws' y de ser el centro de atención de una ciudad, Vrindaván, donde los turistas extranjeros no son habituales.
Pero ellas, las viudas que pasan el día en el 'ashram' (una especie de convento hospicio), no se molestan ni en girar la cabeza. Algunas parecen estar en trance, a otras, simplemente, la vida hace mucho que no les ha dado nada y no tienen ningún interés en ver qué hay a su alrededor.
Esa desolación se respira. El olor a sudor... El monzón está a punto de acabar, pero la humedad ardiente sigue pegándose a la ropa; el perfume a incienso... y un mar de mujeres sentadas, vestidas de blanco y cantando, recitando oraciones y mantras. Ese es su trabajo, rezar en los 'ashrams' que se reparten por la ciudad donde Krishna pasó su juventud y donde aproximadamente un tercio de sus 57.000 habitantes son estas viudas.

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Muchas se rapan el pelo, siguiendo la tradición más conservadora. | S.G.

Cuatro horas de rezos por un puñado de arroz

"Hare Krishna Hare Krishna, Krishna Krishna Hare Hare, Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare". Así cuatro horas diarias, por las que pueden cobrar unas cuatro rupias diarias (unos cinco céntimos de euro) y les dan de comer algo de arroz y lentejas, una vez al día.

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Los templos se empiezan a vaciar al caer la tarde. | S.G.
 
El 'ashram' más conocido de esta ciudad a la que acuden miles de peregrinos cada año para venerar a Krishna es el de Sri Bhajan. Fue fundado en 1914 por Sri Janki Dasji Patodia, que donó todo su dinero para esta causa. En teoría están allí para purificarse antes de morir, aunque muchas llegan a Vrindaván a los 15 años, como Aruthi que ahora tiene 22 y un hijo de ocho años y a la que cuando se le pregunta si está contenta con su vida, responde "¿contenta? No sé, es mi vida. Aquí me siento protegida, mejor que en mi pueblo".
La mayoría llegan a Vrindaván traídas por la familia del marido (recordemos que, en la tradición hindú, la mujer pierde a su propia familia al casarse y pasa a formar parte de la del esposo) y a veces por sus propios hijos, que las consideran una carga. Otras, muy pocas, vienen por voluntad propia, para pasar sus últimos años rezando, purificando su alma, en esta ciudad sagrada, llena de templos, a orillas del río Yamuda, a sólo 70 kilómetros de Agra y a 150 km de Delhi.

Pura hasta la muerte

Aunque parece que viajamos en el tiempo, con esas casas semiderruidas donde viven algunas de ellas, las calles sin asfaltar y los 'rickshaws' esquivando vacas, perros, cabras y a las viudas con sus saris blancos, que caminan encorvadas cuando se pone el sol, doblegadas por el peso de la vida. Y no es una metáfora. En India, probablemente por la práctica del yoga, llama la atención lo erguida que anda la gente. Ellas no, algunas caminan casi en un ángulo de 90 grados. Como si no pudieran con su alma. Intentando pasar inadvertidas.
Según las costumbres más tradicionales del hinduismo, las viudas deben vestir de una manera austera, raparse el pelo, no llevar ningún ornamento, comer poco y sin demasiados aditivos y dedicarse al rezo. La costumbre de lanzarse a la pira del marido muerto, salvo alguna excepción, ya está abolida en una sociedad que ha tenido grandes cambios sociales en los últimos 40 años, pero esa idea de que la viuda debe evitar cualquier tentación sensual y mantenerse pura hasta la muerte sigue vigente. Películas como 'Water' de Deepha Metha han ayudado a que esto fuera así. El filme, ambientado en los años 30, denuncia asuntos como las redes de prostitución que comerciaban con algunas de las viudas más jóvenes, y tuvo que rodarse fuera de India para evitar las presiones de algunos grupos hinduistas especialmente conservadores.

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La ONG Guild of Services les anima a vestir con colores luminosos. | S.G.
 
Kalavazi, que podría ser una de las protagonistas del filme, obviamente no lo ha visto. Pero como la mayoría de las viudas de esta ciudad, parece aceptar su destino. Cuenta en hindi -prácticamente ninguna sabe inglés- que ella llegó a Vrindaván hace 30 años. Tiene 55 pero aparenta fácilmente 70. "Mi marido murió y su familia me trajo aquí, yo ya no podía vivir con ellos". Explica asumiendo el destino. "El Gobierno me ayuda con una pequeña paga y entre eso y lo que me dan de limosna tengo para vivir en una habitación que comparto con otra viuda. No, no tiene baño, pero, bueno, recogemos agua y podemos lavarnos. A mí no me quedan muchos años de vida, así que estoy bien. Es el mejor destino que podía tener. Rezar y prepararme para cuando me vaya de este mundo".

Cadáveres en la basura

La paga a la que se refiere es de unas 1.800 rupias al año (alrededor de 30 euros) y se trata una ayuda que aporta el Gobierno pero sólo llega para alrededor de un 40% de las viudas. Kalavazi se niega a que le hagan fotos. No quiere problemas, accede a hablar con esa condición. Y acepta su situación con un estoicismo, un determinismo que los occidentales no acabamos de entender pero que es propio del hinduismo.

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A veces hay suerte y les dan un saco de arroz o lentejas. | S.G.
 
Pero aunque ellas no se quejen, afortunadamente hay asociaciones como Guild of Services, que velan por que sus condiciones de vida sean más dignas. Les dan tres comidas al día y las animan a vestirse con colores luminosos, para subir su autoestima. También por parte del Gobierno indio ha habido algún gesto al respecto. El 3 de agosto de este año, la Corte Suprema hizo un requerimiento a las autoridades del gobierno del estado de Manturia para que se ocupara de que hubiera comida suficiente, soporte médico y baños en buenas condiciones higiénicas en los 'ashram' que dependen del gobierno y en los que viven alrededor de 1.700 mujeres. La voz de alerta se dio después de que Comisión Nacional de la Mujer visitara estos lugares y viera en qué condiciones viven pero, muy especialmente, después de que se descubriera que había casos de viudas que morían y el cadáver se metía en una bolsa de plástico y se arrojaba a la basura, según publicaron los diarios nacionales.
Cuando se les pregunta sobre el asunto a algunas de las viudas que pasean por las calles, no está muy claro en qué dirección, ninguna quiere contestar. Hay una mezcla de desconfianza y desinterés. No podría llamarse miedo.

jueves, 23 de agosto de 2012

Peter Norman y el black power

Australia homenajea ahora a Peter Norman y su ‘black power’

El australiano, fallecido en 2006, se sumó en el podio de México 68 a Tommie Smtih y a John Carlos en la protesta por la segregación racial



Peter Norman, Tommie Smith y John Carlos, en el podio de México 68. / AP
Fue el 16 de octubre de 1968. El estadounidense Tommie Smith gana la carrera de los 200m en los Juegos de México con un tiempo de 19,83, récord del mundo que se mantendría 11 años en pie. El australiano Peter Norman es segundo. John Carlos, compatriota de Smith, de raza negra como él, se lleva el bronce. Tras la carrera, llega la historia. Smith y Carlos levantan en el podio sus puños, Smith el derecho, Carlos el izquierdo, enfundadas sus manos en guantes negros. Es el black power, la señal de protesta de los atletas afroamericanos contra la segregación racial. Norman, blanco, se une a ellos luciendo en su pecho, encima del escudo del comité australiano, la pegatina del OPHR, Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos. La imagen da la vuelta al mundo y todavía hoy es considerada uno de los grandes iconos del deporte. Para sus protagonistas, sin embargo, fue también el inicio de una cadena de sufrimientos.

Smith y Carlos fueron expulsados de la Villa y recibieron amenazas de muerte. Sus amigos desaparecieron por miedo a perder sus “amistades blancas y sus puestos de trabajo”. Con 11 récords del mundo, Smith solo encontró trabajo lavando coches en un aparcamiento. Y su jefe le despidió porque nadie quería trabajar con él. La mujer de John Carlos se suicidó. El Comité Olímpico nunca les apoyó. “Destruyeron nuestras vidas. Todo por pedir que las personas seamos iguales”, recordaba Smith en una entrevista con este periódico en 2008.


 
El comité estadounidense tampoco ayudó a los atletas. Y Norman vivió también un calvario por su gesto. Le privaron de participar en los siguientes Juegos, Múnich 72, pese a que tenía las marcas mínimas, y dejó el atletismo. Ahora, Australia ha pedido perdón. “El país no hizo lo correcto con él. No se le ha dado el reconocimiento a alguien que ha hecho tanto por la igualdad racial”, comentó este lunes el parlamentario laborista Andrew Leigh, que ha llevado la causa a la cámara australiana con el apoyo de la familia de Norman. Allí estaba Thelma, la madre de Norman, de 91 años, y su hermana Ambler, escuchando una disculpa póstuma, puesto que el atleta falleció en 2006. “El saber que Norman, un blanco australiano, estaba allí haciendo lo correcto debería hacernos sentir orgullosos. Nunca se le han reconocido sus éxitos y se enfrentó a una gran cantidad de críticas de la élite conservadora”, admitió este lunes Leigh.
Yo conocía la historia de Australia sobre cómo habían tratado a los aborígenes. Sabía que eso podía ser un problema para Norman. Y eso fue lo que sucedió
Tommie Smith
 
Smith y Carlos acudieron en 2006 al funeral de Norman. Llevaron su féretro hasta el nicho. “Peter fue un soldado solitario en Australia. Muchas personas en este país no entendieron por qué aquel joven blanco apoyó a aquellos negros”, contó Smith. Así recordaba en EL PAÍS aquel histórico momento de México 68: “Vi tantas injusticias que no podía quedarme sin hacer nada. Ese gesto del 68 no lo hice por moda, sino por cambiar algo. Los atletas afroamericanos organizamos el OPHR. Nuestra idea era boicotear los Juegos, pero no fue así y decidimos que cada uno organizara su protesta como quisiera. A mí me llegó el turno en los 200 metros. La carrera fue increíble. Me reservé para la última recta, pero no tenía ni idea de lo que podía pasar en la ceremonia, cómo me iba a sentir en el podio, qué haría... No lo supe hasta el último momento, hasta que John Carlos me lo contó en el túnel de salida. Mi mujer había comprado unos guantes negros. Algo estaba previsto, aunque no sabíamos muy bien qué. Fue un gesto de un impacto mundial. No era solo el grito de dos negros por el color de su piel, sino que lo hicimos por los derechos de la humanidad. Norman llevó la pegatina del OPHR. Yo no quería que un hombre blanco la llevara. El Proyecto era para todas las personas del mundo, negras o blancas, y yo no quería que nadie tuviera problemas por eso. La idea de que Norman la llevara fue de John Carlos y él también quiso llevarla sobre el escudo del comité australiano. Yo conocía la historia de Australia sobre cómo habían tratado a los aborígenes. Sabía que eso podía ser un problema para él porque se interpretaba que estaba de parte de los negros de Estados Unidos. Y eso fue lo que sucedió. Como a nosotros, le echaron de la Villa Olímpica, abusaron de él en su país, le apartaron socialmente”.
Muchos años después, Australia recuerda a Peter Norman.

sábado, 4 de agosto de 2012

La muerte viene del cielo

Matar a 11.200 kilómetros de distancia de nueve a dos

Más de 1.300 pilotos en al menos 13 bases en Estados Unidos controlan el vuelo de los ‘drones’ que ejecutan los ataques contra la insurgencia en Afganistán

Un piloto controla desde la base militar de Hancock, en EE UU, un 'drone'. / HEATHER AINSWORTH (THE NEW YORK TIMES)
Desde una base militar en Siracusa, a 380 kilómetros al norte de Nueva York, el coronel D. Scott Brenton controla el vuelo de un drone sobre Afganistán. La aeronave transmite en directo la vida de insurgentes talibanes, su objetivo a 11.200 kilómetros de distancia. Él y su equipo pueden observar a una familia durante semanas. “Madres con niños. Padres con niños. Padres con madres. Niños jugando al fútbol”, cuenta. Cuando llega la orden, y dispara y mata a un miliciano —lo que solamente hace, comenta, cuando las mujeres y los niños no están cerca— un escalofrío recorre su nuca, como le ocurría cuando disparaba a un objetivo desde los F-16 que solía tripular.
Los drones han revolucionado el modo en que Estados Unidos hace la guerra. Y también han cambiado profundamente la vida de quienes las libran.

El coronel Brenton reconoce la singularidad de atacar, sin más equipo que un mando, unas pantallas y un pedal, en un frente a miles de kilómetros de su silla acolchada en un suburbio en Estados Unidos. Cuenta que en Irak, donde estuvo destinado, “aterrizabas y quienes te rodeaban sabían qué había pasado”. Ahora sale de este cuarto lleno de pantallas, aún con la adrenalina tras haber apretado el gatillo, y conduce rumbo a su casa, para ayudar a sus hijos con los deberes. Pero siempre solo.“Nadie en mi círculo más cercano es consciente de lo que ha pasado”, dice.

Los drones tienen potentes cámaras que transmiten la guerra en directo a sus pilotos. Los militares que controlan los drones hablan con entusiasmo de los días buenos, como cuando pueden alertar a una patrulla terrestre en Afganistán de una emboscada. Para los días malos, la Fuerza Aérea envía médicos y capellanes a las bases para hablar con los pilotos y operadores cuando un niño muere en un ataque, o cuando las imágenes muestran un primer plano de un marine caído en combate.

La minuciosa vigilancia que precede a un ataque recuerda a la película La vida de los otros: la historia de un agente de la Stasi, la policía secreta de la RDA, que acaba absorto en la vida de las personas que espía. Un piloto de un drone y su compañero, un operador que controla la cámara de la nave, observan a un miliciano mientras juega con sus hijos, habla con su esposa y visita a sus vecinos. Ejecutan el ataque cuando, por ejemplo, su familia ha ido al mercado.

“Ven todos los detalles de la vida de este tipo”, comenta el coronel Hernando Ortega, el jefe de Medicina Aeronáutica en el Mando de Formación y Educación Aérea, que colaboró en un estudio sobre el estrés en las tripulaciones de los drones, realizado el año pasado. “Se pueden identificar hasta cierto punto".

De una docena de pilotos, operadores y analistas aeronáuticos entrevistados, ninguno reconoció que el rastro de sangre causado por las bombas y los misiles les impidiera dormir. Pero todos hablaron de la intimidad que habían establecido con las familias afganas que habían observado durante semanas, cuyas vidas desconocen el piloto que vuela a 6.000 kilómetros de distancia o incluso el soldado que está en el terreno.

“Los ves levantarse por la mañana, trabajar y luego irse a dormir”, describe Dave, un mayor de la Fuerza Aérea que pilotó drones entre 2007 y 2009 desde la base de Creech (Nevada) y ahora entrena a nuevos pilotos en la base de Holloman, en Nuevo México. (Bajo el argumento de que han recibido “amenazas creíbles”, la Fuerza Aérea prohíbe a los pilotos de drones dar sus apellidos. Solo los comandantes de la base, como el coronel Brenton, usan sus nombres completos con la prensa). “Hay una muy buena razón para matar a estas personas. Me lo repito una y otra y otra vez”, afirma Will, otro oficial. “Pero nunca te olvidas de lo que ha ocurrido”.

La Fuerza Aérea cuenta con más de 1.300 pilotos de drones repartidos en 13 bases en Estados Unidos. Según fuentes militares necesita, por lo menos, unos 300 más. La mayoría de las misiones son en Afganistán. (Las cifras no incluyen las misiones clasificadas de la CIA en Pakistán, Somalia y Yemen). El Pentágono calcula que para 2015, la Fuerza Aérea deberá contar con 2.000. El Ejército entrena ya más pilotos para drones que tradicionales: 350 el año pasado. Anteriormente, las tripulaciones de drones superaban el entrenamiento para volar un avión de combate tradicional. A partir de este año, los pilotos solo pasan 40 horas a bordo de un Cessna antes de aprender a manejar un drone. El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el general Norton A. Schwartz, reconoció que es “posible” que los pilotos de drones superen a los tradicionales en los próximos años. Cada vez más bases dejan los aviones tradicionales para volar drones y satisfacer la demanda. Hancock retiró sus F-16 en 2010.

“Creo que hago el mismo trabajo de siempre. La única diferencia es que no me envían a otro país a hacerlo”, comenta el coronel Brenton. Todos los pilotos de la base rechazan que su trabajo sea un videojuego. “No tengo ningún videojuego que requiera que permanezca inmóvil durante seis horas observando solamente a un objetivo”, dice Joshua, un operador. “Las tripulaciones son conscientes de que las decisiones que toman, sean buenas o malas, tienen consecuencias reales”, añade. También evitan la palabra drone. Prefieren llamarlos “aviones pilotados a distancia”.
Todos los pilotos que han tripulado naves de combate afirman que echan de menos volar. El coronel Brenton participó en mayo pasado en un espectáculo aéreo en Siracusa. Cuenta que los fines de semana suele pilotar un pequeño avión de hélices, al que bautizó como “El Matamoscas”. “Es agradable estar en el aire”, afirma.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Ejecucion sumaria en Siria

Fusilamiento a los pies de Mickey Mouse
Los rebeldes armados acribillan en una plazoleta al jefe y tres miembros de un clan de matones a las ordenes del régimen de Bachar el Asad


Captura del vídeo de un aficionado de una ejecución de los rebeldes.
Cuatro shabihas (matones del régimen sirio) fueron fusilados en la mañana de este miércoles por milicianos del Ejército Sirio Libre (ESL) en una plazoleta de Alepo, según un vídeo distribuido por la resistencia cuya autenticidad ha sido confirmada por diversas fuentes.




Los cuatro bajan una escalera encabezados por el que fue su patriarca, Ali Zein El Abidin Berri, apodado Zino, que lleva las manos atadas y va vestido con solo un calzoncillo. Le sigue su hermano, Hussein Berri, diputado del partido Baaz en el Parlamento sirio. Una muchedumbre de jóvenes hombres armados les insulta mientras los condenados son sentados en el suelo delante de la pared de un colegio en la que un dibujo representa a Mickey Mouse. Unos pocos milicianos les disparan entonces con metralletas. Otros sacan fotos con sus móviles. Todos gritan con frecuencia Ala hu Akbar (Alá es grande).

Zino Berri y varios de sus seguidores fueron capturados el lunes y los rebeldes armados difundieron un vídeo en el que se identificaban dando su nombre ante la cámara. Todos aparecen heridos. Muchos ellos tienen vínculos familiares. Más allá de servir al régimen del presidente Bachar el Asad amedrentando a la población, se dedicaban en Alepo, según sus detractores, al negocio de la droga con el beneplácito de las autoridades.




Bachar Al Haji, portavoz de la brigada Tawheed (Unidad) del ESL, negó, ante los medios de comunicación que lograron contactar con él y en un vídeo, que se tratase de una ejecución sumaria. “Estábamos en paz con el clan Berri, que es un clan de matones”, explicó. Pero ellos no cumplieron lo pactado y cuando el ESL “atacó una comisaría [la del barrio de Al Neirab] el clan de los Berri empezó a dispararle por la espalda”. “Mataron a 15 de los nuestros”, aseguró Al Haji. “Nos enfrentamos duramente con ellos y fuimos capaces de matar a 20 y de detener a otros 50”.





Otras fuentes locales aseguran que la intervención del clan Berri hizo fracasar el primer asalto del ESL a la comisaría. Antes de lanzar una nueva acometida contra la sede policial los rebeldes armados prefirieron atacar el barrio de Al Marjah, el bastión de los Berri. Pactaron con sus enemigos que las mujeres y los niños saliesen de allí antes de la embestida.





“A continuación organizamos un juicio de campaña” de los miembros del clan Berri, añadió el portavoz. “Tenemos a jueces y abogados que están con la oposición” al régimen del presidente Bachar el Asad, señaló. “Consideraron que siete miembros del clan Berri estaban involucrados en matanzas y decidieron ejecutarles”. “A los demás se les juzgará tras la caída del régimen”. “Custodiamos a un montón de prisioneros que serán juzgados después de la caída del régimen” porque no tienen las manos manchadas de sangre. Aquellos de los que se demuestra que sí las tienen “les matamos inmediatamente”.

Las palabras del militar de la brigada que fusiló a los Berri contradicen las de otro portavoz del ESL, de más alto rango, que el lunes afirmó en un vídeo que su organización “tratará a los presos del régimen y a los shabihas de conformidad con las leyes internacionales y concretamente del artículo 4 de la convención de Ginebra que específica el tratamiento a otorgar a los prisioneros de guerra”. “Les garantizamos un trato humano (…)”, prometió. Mostró, por último, la disposición de los rebeldes a recibir a los delegados de la Cruz Roja internacional para que visiten a los prisioneros.

Este último portavoz intervino, según explicó el mismo, “a petición de los compatriotas de la comunidad internacional siria”, es decir los exiliados, que aparentemente mostraron su disgusto por la ejecución, el 18 de julio a orillas del río Éufrates, del teniente coronel Mahmud Mohamed Ali, que mandaba un regimiento de artillería que bombardeó barrios de las ciudades de Homs y Deir el Zor. Los rebeldes de la provincia oriental de Deir el Zor grabaron un vídeo con el fusilamiento que colgaron en Internet.

Desde que estalló la rebelión en Siria, hace cerca de 17 meses, ha muerto más de 20.000 personas, la mayoría civiles indefensos.