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domingo, 25 de marzo de 2012

La tragedia de Africa continua

El síndrome que solo mata niños

Miles de menores han muerto en una pequeña zona de África oriental a causa de un mal llamado "enfermedad del cabeceo"

Es una especie de epilepsia que les consume poco a poco y les impide crecer

Los científicos llevan 10 años intentando descubrir el enigma


Una niña de 12 años afectada por el síndrome del cabeceo permanece amarrada a un árbol, el pasado febrero en Uganda, para evitar que en uno de los ataques se adentre en el bosque y se pierda. / EDWARD ECHWALU/ REUTERS
La primera vez que el doctor Warren Cooper oyó hablar de la misteriosa enfermedad del cabeceo fue en 1998, en el destartalado y rudimentario hospital donde trabajaba, en la ciudad sursudanesa de Lui. Pero las preocupaciones del cirujano se ceñían entonces a mantener unas mínimas condiciones en el quirófano y a atender a los miles de heridos de la larga y sangrienta guerra civil que devastaba Sudán en esos años.
Con el tiempo, las historias que le contaban algunas familias empezaron a llamar su atención. Los padres aseguraban que sus hijos padecían unos extraños ataques que les hacían balancearse de atrás adelante, especialmente cuando comían. Los niños sufrían además mareos, convulsiones y pérdidas de consciencia. Eran los primeros síntomas del síndrome del cabeceo, una enfermedad desconocida entonces y que en 10 años ha matado a miles de niños en Sudán del Sur, Uganda y Tanzania, según las autoridades sanitarias, que han señalado un aumento de casos en los últimos años. Los relatos que escuchó el cirujano eran también el principio de un enigma científico que sigue irresoluble hasta la fecha.
Cooper, un médico misionero que trabajaba para la ONG cristiana La Bolsa del Samaritano, visitó las aldeas de la zona y grabó horas de vídeo con los pacientes. Los afectados apenas podían hablar y sufrían un retraso mental. Muchos ni siquiera lograban mantenerse en pie y tenían cicatrices causadas por los continuos golpes que se daban contra el suelo. "La enfermedad avanzaba con el paso del tiempo y los niños mostraban cada vez más síntomas de malnutrición. Tenían problemas para atender en la escuela y finalmente acababan presentando discapacidades mentales",
recuerda Cooper desde Kansas, en Estados Unidos.
En una ocasión, Cooper atendió a un paciente que había caído al fuego y se había quemado la cara; en otra tuvo que amputar las manos de una niña con heridas similares. El cirujano informó a las autoridades médicas del misterio y les envió los vídeos que había grabado. "Intenté conseguir ayuda de varias organizaciones", comenta el médico. "Llegaron varios equipos de la Organización Mundial de la Salud. Uno de ellos contaba con especialistas en enfermedades infecciosas, toxicología, neurología y epidemiología. Hicieron encuestas y tomaron muestras biológicas. Los resultados no fueron concluyentes".
Una década después de que Cooper y otros médicos alertaran a la comunidad científica, el síndrome del cabeceo (nodding syndrome) continúa siendo un misterio que por ahora afecta exclusivamente a niños de 5 a 15 años en tres zonas de África oriental: Sudán del Sur, norte de Uganda y sur de Tanzania. El cabeceo es solo un síntoma de esta especie de epilepsia que se produce en la mayoría de los casos cuando los niños tienen frío o empiezan a comer. Pero las consecuencias van más allá. La enfermedad afecta al crecimiento y al desarrollo del cerebro. Los espasmos se hacen más incontrolables con la edad y acaban consumiéndoles hasta provocarles la muerte. A veces, esta llega antes si los niños, en uno de esos ataques, caen al agua o al fuego.

El mal afecta exclusivamente a niños de 5 a 15 años en Sudán del sur, Uganda y Tanzania
"Durante mi estancia en Sudán, intenté llamar la atención sobre la enfermedad", prosigue Cooper, "pero no parecía haber mucho interés sobre un mal que afectaba a una pequeña área de una zona destrozada por la guerra". "Afortunadamente, eso está cambiando", concluye el cirujano.
Eso está cambiando por el alarmante aumento de casos que se está produciendo, según las autoridades de Sudán del Sur y Uganda. Aunque no hay cifras exactas, las investigaciones parecen confirmar la existencia de miles de afectados.
En el oeste de Sudán del Sur, los ataúdes son últimamente demasiado pequeños. Junto a los tukuls, las típicas chozas de barro y paja, los hombres cavan las tumbas de sus hijos, destrozados por la enfermedad. La escena se repite en algunos reportajes emitidos por televisión. Entre un grupo de niños que juegan en el poblado, uno cabecea junto a un árbol sin que los demás le presten atención. Luego el niño cae al suelo y entra en una especie de letargo que dura unos minutos. Después despierta, como si nada hubiera pasado, aunque su rostro sigue aturdido. A veces es frecuente verles atados al tronco de los árboles para evitar que se adentren en el bosque y se pierdan.
Nadie en las aldeas tiene explicación para lo que les pasa a los niños. Los más viejos han contado a los investigadores las teorías más peregrinas. Los dinka, la tribu mayoritaria en Sudán del Sur, culpaban del mal a la costumbre de algunas tribus de comer carne de mono. La superstición también sembró dudas sobre las vacunas occidentales, las armas químicas utilizadas durante los conflictos, los matrimonios entre los miembros de algunas tribus con desplazados de la guerra, el ataque de unas moscas y otras causas sobrenaturales, según relataron en 2011 a un grupo de expertos sudaneses en Witto Payam, al oeste de Sudán del Sur. (Investigation into the Nodding syndrome in Witto Payam, Western Equatoria State, 2010, Southern Sudan Medical Journal).
Ninguno de los investigadores que estudiaron los casos encontró ni una sola prueba que apoyara estas teorías. En otras ocasiones han sido los propios científicos los que han anotado curiosidades que solo han servido para oscurecer aún más el enigma. A principios de la década, algunos estudios señalaron como curiosidad que los ataques solían producirse cuando los niños ingerían comida local, normalmente un plato de alubias y fécula. Los científicos señalaban que, aparentemente, las barritas de chocolate y otras golosinas que los niños jamás habían probado previamente no habían causado el mismo efecto.


Una de las víctimas del síndrome del cabeceo, en Kitgum (Uganda). / MICHELE SIBILONI/ AFP

Por supuesto, los curanderos locales tampoco han encontrado remedio para aliviar la enfermedad. En Witto, los jefes de la comunidad determinaron que lo mejor sería aislar a los niños que padecían los ataques. Los afectados dormían solos, bebían solos y comían solos. Pero eso no sirvió para que no hubiera más casos. Una de las pocas cosas que parecen estar claras, según todas las investigaciones, es que el síndrome no es contagioso.
Lo único que ha servido para calmar los ataques, o más bien para distanciarlos en el tiempo, ha sido el fenobarbital. El pediatra ugandés Martin Otine utilizó este frecuente anticonvulsivo a principios de la década para tratar a los pacientes. "Algunos mejoraban, pero solo temporalmente", señala el doctor Cooper, que intentó hacer una biopsia cerebral a un niño que había fallecido. "No conseguí que me dejaran, probablemente por razones culturales".
En Lui, la ciudad donde Cooper trabajó durante cinco años, hay familias en las que dos o más niños tienen la enfermedad. La revista The Lancet encontró en 2003 casos como el de la familia Badi. Charity Badi, madre de seis niños, tres de ellos afectados por el síndrome, lo relataba así: "Mis hijos estaban creciendo bien. Entonces empezaban a dejar de comer y a cabecear. La enfermedad venía y les atacaba". Otro testimonio publicado en la revista médica, el del administrador de Amadi, señalaba: "Hace tiempo ni siquiera veíamos la enfermedad. Ahora nuestros hijos ni siquiera pueden crecer".
La principal pista que siguen los investigadores se encuentra en una enfermedad común a las tres zonas donde se han dado casos del síndrome del cabeceo. Se trata de la oncocercosis o ceguera del río, una enfermedad parasitaria causada por un gusano llamado Onchocerca volvulus que es transmitido por varias especies de moscas negras. Efectivamente, el gusano es un habitual en Sudán del Sur, Uganda y Tanzania, pero también lo es en otros países africanos, asiáticos y sudamericanos donde no se ha documentado ni un solo caso del síndrome del cabeceo.
El Centro para el Control de Enfermedades, en Atlanta, sigue esa pista desde hace un par de años. En su último informe, de enero de 2012, el centro proporciona datos que apuntan a algún tipo de asociación entre ambos males. Los investigadores evaluaron a 38 pacientes que padecían el síndrome en dos localizaciones del oeste, Witto y Maridi. El 76% de los niños con el síndrome tenía oncocercosis. En los que no padecían la enfermedad, la prevalencia era solo del 47%. Los investigadores no tienen la más remota idea de cuál de las dos enfermedades surgió primero. Los datos tampoco son concluyentes porque, según el informe del CDC, la coincidencia de ambas enfermedades solo era significativa en Maridi, una zona semiurbana. En el poblado de Witto, la coincidencia solo se daba en un 58% de los pacientes. "Lo que sabemos es que los niños con la enfermedad del cabeceo tienen más probabilidades de tener oncocercosis. Pero no estamos seguros de que haya una relación causal", explica el epidemiólogo Jim Sejvar, del CDC.

Los afectados sufren convulsiones, pierden la consciencia, dejan de crecer y mueren lentamente
"No tenemos ninguna prueba de que el parásito esté entrando en el sistema nervioso. Se necesitan más estudios para entender la etiológía de este posible nuevo tipo de epilepsia", había declarado años antes, en 2008, Andrea Winkler, autor de un estudio que analizaba casos del síndrome en la localidad de Mahenge, al sur de Tanzania. Este país pudo ser el primero en el que se registraron casos del síndrome. A principios de los sesenta, la doctora Louise Jilek-Aall había descubierto que la tribu wapogoro, en las montañas de Mahenge, hablaba de un mal que les estaba aniquilando. Le llamaban kifafa y quienes lo padecían sufrían convulsiones y un extraño cabeceo. Los wapogoro creían que estaban malditos y los apartaban de la comunidad. La doctora les proporcionó medicinas para tratar la epilepsia y trató de aliviar sus miserables vidas con la fundación de la Clínica de Epilepsia Mahenge. La relación entre los brotes de Tanzania y los de Uganda y Sudán del Sur no ha sido comprobada del todo.
Para el CDC, el síndrome del cabeceo se ha convertido en una prioridad. Ocupa el primer lugar en una lista de las enfermedades que está investigando. Desde 2009, sus expertos visitan las zonas afectadas habitualmente y están en permanente contacto con las autoridades para tratar de saber si la enfermedad va en aumento. Dicen que pueden tardar años en encontrar la causa, pero prometen que no cejarán en su empeño y resolverán el misterio.
Para ello no necesitan más dinero. Sejvar no se queja de falta de financiación. "Nosotros tenemos para seguir investigando, los que necesitan el dinero son las comunidades. Estos pueblos tienen ahora un montón de niños con discapacidades, y eso supone un gran coste para las familias", explica el epidemiólogo.
En el caso de Sudán del Sur, existen además otros problemas. El país se convirtió en un nuevo Estado el año pasado. Tras la guerra civil, que duró más de 20 años (1983-2005), y un periodo de autonomía, los sudaneses del sur, cristianos, decidieron en referéndum separarse de sus hermanos del norte, musulmanes, y emprender un nuevo rumbo solos. Pero sigue habiendo tensiones en la frontera con el norte. Y la enfermedad del cabeceo es solo una más dentro de la larga lista de enfermedades que se dan en el país: tuberculosis, sida, fiebre tifoidea, lepra, oncocercosis, dracontosis, filariasis, malaria o enfermedad del sueño. Todo está por hacer en Sudán del Sur, un país pobre pese a sus reservas de petróleo donde a todas las instituciones, también a las sanitarias, aún les queda mucho camino por recorrer. -

domingo, 11 de marzo de 2012

Tesla,el mayor talento inventor de la historia

EXPOSICIÓN | Una muestra en Madrid homenajea al ingeniero serbio

Nikola Tesla, el hombre que inventó el siglo XX

Nikola Tesla sostiene una bombilla en sus manos. | Museo Tesla de Belgrado.

Nikola Tesla sostiene una bombilla en sus manos. | Museo Tesla de Belgrado.
Teresa Guerrero | Madrid
Actualizado domingo 11/03/2012 05:54 horas

Muchos libros de texto todavía atribuyen la invención de la radio al italiano Guillermo Marconi. Su verdadero descubridor, sin embargo, fue el ingeniero de origen serbio Nikola Tesla (1856-1943), el padre de la electricidad comercial y seguramente el más genial inventor del siglo XX. Un hombre que pese a su gran inteligencia, su originalidad y su controvertida personalidad -o quizás debido a ellas- tuvo que hacer frente a numerosos obstáculos en su carrera. Incluso llegó a ser considerado un loco.
Tan brillante como desconocido. En 1943 la Corte Suprema de EEUU retiró a Marconi la patente (por la que había ganado el Premio Nobel en 1909) y reconoció a Tesla como el verdadero inventor de la radio. Aunque éste fue sólo uno de sus numerosos y extraordinarios descubrimientos, su enorme aportación a la ciencia sigue siendo desconocida por buena parte del público.

Patente del control remoto. | Foto: Museo Tesla de BelgradoPatente del control remoto. | Foto: Museo Tesla de Belgrado

Hasta el 29 de marzo, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid acoge 'El maravilloso mundo de la electricidad de Nikola Tesla' una exposición itinerante que recuerda su fabuloso legado.
De hecho, muchos le consideran el mayor genio de la humanidad detrás de Leonardo da Vinci. Ambos aportaron ingeniosas soluciones en campos muy diversos, transgredieron los límites científicos de su época y anticiparon inventos que transformarían la vida de los ciudadanos mucho tiempo después.
Miguel Ángel Alario y Franco, presidente de la Real Academia de Ciencias, explica que con esta muestra pretenden mostrar la gran contribución de Tesla a la ciencia y situarle en el lugar que merece. "Fue muy bueno tanto como científico como ingeniero, algo que no es frecuente", señala.
Fue un auténtico visionario. Descubrió la corriente alterna, la televisión, la lámpara fluorescente de neón, el radar y fue un pionero en el control remoto y la robótica. De hecho, los vehículos que han sido enviados a Marte se basan en sus hallazgos.

Problemas económicos

Sus invenciones hicieron ganar mucho dinero a aquellos que las pusieron en práctica, aunque él, que nació en el seno de una familia muy humilde, tuvo problemas económicos durante la mayor parte de su vida y murió arruinado.
Nacido en 1856 en Similjan (una localidad que pertenecía al imperio Austrohúngaro y que en la actualidad forma parte de Croacia), su padre era un pastor ortodoxo. Su madre era analfabeta, aunque Tesla estaba seguro de que ella había heredado sus fabulosas capacidades intelectuales. Desde pequeño podía aprenderse de memoria libros completos y era capaz de realizar complejas operaciones matemáticas que deslumbraban a sus profesores.
Sin embargo, nunca fue capaz de obtener beneficios de su inteligencia ni de sus grandes hallazgos. Marconi no fue el único que se aprovechó de sus descubrimientos. Conoció a Thomas Edison en 1884, cuando se trasladó a Nueva York. Antes, se había formado en Austria, donde estudió ingeniería mecánica, y en la entonces Checoslovaquia, donde se formó en Física.

Su enfrentamiento con Edison

Tras trabajar en varias compañías telefónicas y eléctricas de Europa decidió cruzar el charco. En su bolsillo llevaba una carta de recomendación escrita por uno de sus colegas en Europa: "Querido Edison: conozco a dos grandes hombres y usted es uno de ellos. El otro es este joven".
Edison contrató a Tesla para que mejorara sus diseños de los generadores de corriente continua. Pese a que el ingeniero serbio cumplió con creces los cometidos que le asignó Edison, éste se negó a pagarle la recompensa de 50.000 dólares que le había prometido.


El 'huevo de Colón' de Tesla. | Real Academia de CienciasEl 'huevo de Colón' de Tesla. | Real Academia de Ciencias

Ni siquiera accedió a subirle el sueldo por lo que Tesla, decepcionado y enfadado, abandonó su compañía y se centró en sus investigaciones sobre la corriente alterna, que finalmente lograría imponerse al sistema de corriente continua defendido por Edison. Su colaboración con la Westinghouse fue clave para lograrlo.

El padre de la electricidad comercial

La exposición ha sido organizada en colaboración con la Embajada de Serbia y el Museo de Nikola Tesla de Belgrado, que desde 1952 custodia el mayor archivo sobre su legado. La muestra se centra en sus logros científicos y no tanto en los aspectos de su controvertida personalidad.
La exposición Universal de Chicago, celebrada en 1893, simbolizó el triunfo de las ideas del ingeniero. Bautizada como 'El mundo del mañana', fue un escaparate de los avances de la ciencia y la tecnología en el que Tesla dispuso de su propio espacio y del de la compañía para la que trabajaba, la Westinghouse. Se construyó todo un complejo de edificios y parques. En un pabellón se colocaron 12 generadores bifásicos de Tesla, cada uno con una potencia de 1.000 caballos y una frecuencia de 60 Hz.
Los visitantes podrán examinar maquetas de algunos de sus descubrimientos (dos son interactivas). Una de ellas explica el funcionamiento del llamado huevo de Colón de Tesla. Se trata de un modelo de motor de inducción con rotor en forma de huevo. El transformador de Tesla (o bobina de Tesla) servía para generar corriente de alto voltaje y alta frecuencia.
También se exhibe una maqueta de la central hidroeléctrica del Niágara, la primera que operó en el mundo y de la que Tesla fue el artífice. Durante la noche del 15 al 16 de noviembre de 1896 se consiguió, por primera vez, transmitir electricidad a larga distancia con fines comerciales. Utilizando el sistema polifásico de corriente alterna de Tesla, la electricidad fluyó desde el Niágara hasta la ciudad de Buffalo, situada a 32 kilómetros de distancia.
El ingeniero serbio también estudió los rayos X y sus aplicaciones en medicina, inventó la iluminación fluorescente y fue un pionero en el desarrollo del control remoto. En 1898 hizo una demostración de su pequeño barco teledirigido en el río Hudson de Nueva York, del que se puede ver una maqueta en la exposición.
Tesla, que no cesó de hacer arriesgados experimentos durante toda su vida, murió en 1943 en el Hotel New Yorker, solo y en extrañas circunstancias. Según recuerda Massimo Teodorani en su biografía sobre el ingeniero, fue hallado muerto varios días después de haber contactado con las autoridades para hacer su propuesta del llamado rayo de la muerte, un arma en la que había trabajado hasta el final de su vida.
Después de que el FBI fuera alertado, muchos de sus artículos sobre este tema fueron considerados confidenciales. Según sostenía Tesla, su rayo de la muerte hubiera podido abatir o neutralizar los motores de diez mil aviones a una distancia de 400 kilómetros. Oficialmente, Tesla, que tenía la nacionalidad estadounidense, falleció de un ataque cardiaco.
En 1960, la Conferencia General para Pesos y Medidas que se celebró en París acordó que la medida de inducción magnética en el Sistema Internacional de Medidas fuera bautizada como Tesla, una de las decisiones que seguramente más ha contribuido a sacar su nombre del olvido

La reconversion industrial en la industria relojera suiza

ESTRATEGIA | La industria, obligada a ponerse las pilas

Swatch Group ya no quiere ser la fábrica de los relojes suizos

Una abanico de los últimos modelos de Swatch.Una abanico de los últimos modelos de Swatch.
Delirium Tremends, finales de los setenta.

Elena Hita | Ginebra
Actualizado domingo 11/03/2012 05:51 horas


La industria relojera suiza vive su segunda reconversión con el plante del que hasta ahora había ostentado en un cuasi monopolio en la producción de componentes. Porque detrás de Swatch Group, no sólo está la conocida marca de relojes de plástico, hay cerca de una veintena de enseñas más y 150 fábricas que suministran materiales a casi todo el sector del país.
Desde este año y con la bendición de las autoridades de la competencia, el primer fabricante mundial puede reducir hasta un 30% el abastecimiento a terceros lo que obliga a la competencia a ponerse las pilas.
Corría la década de los 70, cuando los relojes digitales 'made in Japan', con Seiko y Citizen a la cabeza, irrumpieron en el mercado debilitando el más laborioso y menos económico 'made in Swiss'.
Fue un consultor libanés de nombre Nicolas Hayek quien encontró la solución: crear una única fábrica para proveer a toda la industria del país. En 1983 constituye Swatch y dos años después compra las deficitarias SSIH (Omega y Tissot) y Asuag (Longines, Rado, Certina) y se forma el actual grupo.
Pero ahora, lo que antaño se defendía como modelo para proteger al sector relojero suizo, se ve como un problema para el crecimiento de Swatch Group.
"Desde hace años, nuestras marcas están en desventaja frente al resto de empresas suizas", se quejaba su heredero y actual presidente, Nick Hayek, en la presentación de resultados de la compañía.
"No han invertido todo lo que nosotros hemos desembolsado en máquinas, en personal, en plantas. Hemos asumido riesgos, les suministramos componentes al mismo precio al que compramos nosotros y venden sus relojes cuatro, cinco o incluso diez veces más caros que los nuestros", explicaba.
Sus rivales han llevado el asunto a los tribunales, que han dado la razón a la compañía y no ven una vulneración de la competencia. Piden más tiempo para adaptarse al nuevo marco que les obliga a acometer inversiones. Y es que, para colgar el cartel de 'made in Swiss', el 80% de la tecnología tiene que ser helvética.
Swatch Group se defiende afirmando que el sector ha tenido una década para adaptarse antes de que llegase la fecha límite.

Tiendas multimarca y China

Pese a la crisis que asola la zona euro, Swatch Group aumentó el año pasado sus ventas cerca de un 22%, hasta los 7.143 millones de francos suizos (5.920 millones de euros), y su beneficio se incrementó un 18%, hasta los 1.276 millones de francos (1.057 millones de euros).
Así, tras un año récord, "vemos más oportunidades que riesgos", dice Hayek, quien se muestra "optimista" con la evolución de las ventas en 2012. Los dos primeros meses del año muestran un crecimiento de doble dígito, incluso en el sur de Europa aunque, advierte, esta puede no ser la tendencia del resto del ejercicio.
Las miras están puestas especialmente en China, donde a pesar de una cierta debilidad del consumo, la demanda es potencialmente alta, por el gusto de este consumidor a las marcas.
La compañía contempla abrir más de un centenar de nuevas tiendas, multimarca y monomarca. En total, el grupo lo conforman cerca de una veintena de enseñas que generan el 88% del negocio. Además de la popular marca de relojes Swatch, su oferta va hasta las lujosas Omega, Tiffany o Longines, hasta las de gama media como Tissot, Certina o Calvin Klein.