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martes, 26 de junio de 2012

El pecado de ser negro en Israel

Las deportaciones abren un debate en Israel sobre su origen de país refugio
El inicio de las deportaciones de subsaharianos genera un gran debate en Israel por diversos motivos

Una manifestante, con un cartel que dice "Todos somos refugiados" el pasado mayo en un acto en apoyo de los inmigrantes africanos en Tel Aviv. / DAN BALILTY (AP)
Quien sea negro, sin recursos, inmigrante y además no judío tiene todas las papeletas para ser deportado de Israel. Con la recién lanzada operación Volver a casa, el Ejecutivo de Benjamín Netanyahu pretende deportar a más de 15.000 inmigrantes, la tercera parte de los africanos que entraron de forma irregular en su territorio durante los últimos cinco años. El primer ministro ha asegurado que la deportación será “humana”, mientras ha dado instrucciones a la policía para que comiencen las detenciones, a pesar de haber ampliado el plazo para abandonar voluntariamente el país a cambio de un billete de avión y unos 1.000 euros bajo el brazo.
El inicio de las expulsiones ha generado un gran debate en Israel, un Estado que hoy tiene casi ocho millones de habitantes creado en 1948 como refugio para los judíos, cuya mayoría demográfica las autoridades consideran imprescindible preservar.
La fecha clave en el cambio de actitud oficial hacia los subsaharianos fue el pasado 7 de junio cuando el Tribunal Supremo dictaminó que la República de Sudán del Sur —reconocida como el Estado miembro 193 de Naciones Unidas en julio de 2011— constituye ya un lugar seguro para la repatriación, a pesar de los 35.000 desplazados que ha generado el conflicto mantenido por este con el vecino Sudán, según datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR)
A partir de ahí el Gobierno israelí puso en marcha la campaña Vuelta a Casa por la que se ofrece el retorno voluntario incentivado y, en caso de ser rechazado, los inmigrantes serán detenidos y trasladados a centros de detención hasta su posterior expulsión. Así unos 300 subsaharianos han sido arrestados en la última semana en ciudades del centro y el sur de Israel al amparo del dictamen del Tribunal Supremo pero, sobre todo, tras la aceptación por parte del tribunal administrativo de Jerusalén de suspender, a petición del Estado, la “protección colectiva” que hasta ahora impedía la expulsión de los solicitantes de asilo, concedido en contadas ocasiones tal y como denuncian las ONG israelíes de ayuda a los refugiados. El motivo, según el Ministro del Interior, Eli Yishai, y líder del partido ultra religioso, Shas, “es que su presencia pone en peligro la identidad judía y demográfica de Israel”.

Un policía detiene a inmigrante de Sudán del Sur el pasado día 11 en Tel Aviv. / OREN ZIV (AFP)

Afirmaciones como estas han desencadenado un profundo debate en Israel, tanto por motivos éticos y religiosos (la Torá encomienda al pueblo judío tratar bien al extranjero en varios pasajes del Levítico y del Deuteronomio) como por motivos históricos y políticos. ¿Pone realmente en peligro la presencia de estos inmigrantes no judíos la identidad fundacional del Estado Israel? Para intelectuales como el escritor Abraham B. Yehoshua. sí. “Israel se creó para los judíos, así lo estableció Naciones Unidas en 1947. Un país que diera refugio a todos ellos, venidos de todas partes y emplazados en parte del territorio de Palestina”, explica.
Otros intelectuales, como Neve Gordon, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Ben Gurión, discrepan sobre cuál debe ser la identidad del actual Estado de Israel. “Si queremos que Israel sea una sociedad plural entonces estos inmigrantes no supondrían una amenaza”, explica. “Sin embargo, vivimos en un estado hiper etnonacionalista, todo aquel que no sea judío no forma realmente parte de la sociedad israelí, da igual que lleven décadas viviendo aquí”, añade.
Gordon destaca la especial vulnerabilidad de los subsaharianos en el país. “Por su piel son fácilmente identificables pero hay otros 300.000 inmigrantes sin papeles viviendo aquí y ahora no se habla de ellos”. Hace 4 o 5 años sí, los asiáticos fueron precisamente el blanco de los eslóganes pseudofascistas de las manifestaciones en las que entonces, al igual que ahora con los subsaharianos no judíos, se pedía su expulsión.

Un inmigrantes africano posa en Tel Aviv. / NIR ELIAS (REUTERS)

Una dicotomía similar a lo que sucede con los palestinos, remarca Gordon. “Por un lado se permite que crucen al lado israelí para que trabajen como mano de obra barata; por otro, el Gobierno quiere expulsarles del territorio”. En Israel vive un millón y medio de árabes. Tres millones y medio residen en Cisjordania y la franja de Gaza.
La búsqueda de trabajo es el argumento empleado del Ejecutivo israelí para explicar la llegada masiva de los inmigrantes subsaharianos. “Vienen a trabajar y luego quieren traerse a sus familias, es insostenible”, asegura Danny Danon, el diputado de la Kneset que lidera el lobby dedicado a la inmigración ilegal. Él mismo participó en las concentraciones de finales del mayo pasado en el barrio desfavorecido de Hatikva, al sur de Tel Aviv, cuando cientos de israelíes pidieron la deportación de los sursudaneses y eritreos que se habían instalado en la zona. La jornada de saldó con la detención de 16 personas acusadas de agredir a estos inmigrantes.
Intelectuales como Yehoshua piensan que los fundamentos humanitarios de la filosofía y la religión judías deben quedar relegados a los principios del sionismo y, sobre todo, de la demografía. “Estos inmigrantes africanos vienen a trabajar. Si su vida corriera realmente peligro, Israel tendría que protegerles, de acuerdo a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de Naciones Unidas de la que Israel es país firmante, pero igualmente Egipto”, afirma. “Entonces ¿por qué no se quedan allí dado que la mayoría llega cruzando el país [vecino]”, pregunta Yehoshua.
De momento, Israel ha comenzado a instalar por todo el país 20.000 tiendas de campaña para alojar a estos inmigrantes y acelera los trabajos de construcción del centro de detención más grande del país, situado en el desierto del Negev, cerca de la frontera con Egipto, donde tiene pensado recluir a todos aquellos que entren ilegalmente en lugar de montarles en un autobús y dejarles a su suerte ciudades como Tel Aviv como hasta ahora.
Además, el Ministerio de Defensa ultima la construcción de una verja electrificada a lo largo de la frontera con la península del Sinaí, que hasta ahora era la más porosa de todas precisamente debido a la ausencia de una valla similar a las que separan a Israel de Jordania, Siria o Líbano.
Pero el rechazo a la inmigración africana no judía contrasta con la apertura hacia la que sí lo es, sobre todo procedente de Rusia, Estados Unidos, Europa o Latinoamérica, recogida en el programa de aliyá (“ascensión” en hebreo) o la llamada a los judíos para emigrar a la Tierra de Israel. De acuerdo a la enmienda realizada en 1970 a la Ley del Retorno, cualquier aspirante a obtener la ciudadanía israelí solo tiene que demostrar que uno de sus abuelos era judío y que no se ha convertido a otra religión. "Ser judío es una identidad nacional, no es solo es una cuestión de religión o de raza, pero incluso hoy definir quién es judío y quién no supone un problema en sí mismo”, afirma Yehoshua.
Por ley, los africanos que demuestran serlo sí pueden obtener la ciudadanía. Es el caso de los etíopes, a quienes muchos consideran ciudadanos de segunda a pesar de la ingente cantidad de dinero invertida por el Estado desde hace décadas para integrarles en la sociedad israelí. “Son iguales que todos los demás, hay abogados, médicos, están en el ejército pero solo llevamos 20 años trabajando. Necesitamos más tiempo”, explica el responsable de Aliyá de la Agencia Judía, Yehuda Shars.
El color de la piel continúa, sin duda, marcando viejas diferencias tal y como explica Neve Gordon. “En Israel la distinción ya no es solo entre blancos o negros. El ciudadano medio no tratará igual a un sursudanés que a un etíope. Dependerá de lo que responsa a la pregunta: '¿Eres judío?”.

sábado, 23 de junio de 2012

Paraguay,la historia no oficial de una masacre

martes, 12 de junio de 2012

El ejercito eterno

100 nuevos reclutas en el ejército de terracota
Según un portavoz del Museo de los Guerreros de Terracota estas nuevas figuras destacan por su alto grado de conservación


Parte de las nuevas esculturas halladas en el mausoleo del primer emperador chino. / AFP
 
Es como si no tuviera fin. Los arqueólogos chinos han descubierto 110 nuevos guerreros de terracota que han estado enterrados durante siglos. Se aumenta así el ejército que guarda, en la ciudad central de Xian, el mausoleo del primer emperador chino Qin Shihuangla.
Según informó Shen Maosheng, portavoz del Museo de Guerreros de Terracota a la agencia AFP, los nuevos guerreros del ejército de casi 8.000 figuras de tamaño natural, se encontraron en una excavación de 200 metros cuadrados y lo más importante de este nuevo hallazgo reside en que “las esculturas están muy bien conservadas incluso con la policromía intacta”.
La primera excavación en la ciudad central de Xian comenzó en 1978 y finalizó en 1984, y en ella se encontraron 1.087 figuras. Los Guerreros de Terracota forman parte del mausoleo que hizo construirse a su muerte el primer Emperador chino, Qin Shihuang, con un ejército de 8.000 soldados, músicos, concubinas, oficiales y escribas para que le acompañaran en la otra vida. Las reliquias fueron descubiertas por casualidad por unos campesinos en 1974 y desde entonces se han convertido en una de las mayores atracciones turísticas de China.


Qin Shihuang, el primer emperador de China, murió en el año 210 AC, después de haber gobernado con mano de hierro y extrema crueldad por medio siglo. Muy temeroso de la muerte, decidió antes de emprender el último viaje rodearse en el otro mundo de todo lo que le acompañó en éste: palacios, ropas de seda, barcos, platos y vasos, instrumentos musicales… y, claro, un ejército que le protegiese.
Tan extraordinario e importante fue el hallazgo del mausoleo que en 2010, el equipo de arqueólogos de la excavación recibieron el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales

domingo, 10 de junio de 2012

E=mc2

Dios no puede equivocarse
Finalmente, Einstein tenía razón: los neutrinos no viajan más rápido que la luz
El experimento del CERN y su refutación reflejan cómo avanza la ciencia


La velocidad de la luz es un límite inviolable para la teoría de la relatividad de Einstein. / Cordon Press

Los lectores propensos a tomar un aperitivo los sábados comprobarían ayer que en los bares hay dos tipos de personas: los que vibraban meses atrás porque Einstein se había equivocado, y los que se alegran ahora de que los equivocados fueran los que vibraban. Si Einstein hubiera levantado la cabeza el pasado 23 de septiembre y hubiera leído la portada de El Mundo, que declaraba inaugurada la era de los viajes al pasado, lo más probable es que hubiera respondido: “De ser así lo sentiría por el buen Dios, porque mi teoría es correcta”. Es lo que respondió en una situación similar, o peor.
El físico Dario Autiero y los científicos del experimento Opera del Instituto Nacional de Física Nuclear italiano habían medido una velocidad de vuelo de los neutrinos superior a la de la luz. Hicieron el anuncio en el laboratorio Europeo de Física de partículas (CERN), que había intervenido marginalmente en el experimento como proveedor de neutrones.
En realidad, toda la plana mayor de la física teórica había arrugado el hocico ante el resultado anunciado en septiembre: que los neutrinos pueden viajar más rápido que la luz, un límite inviolable para la teoría de la relatividad de Einstein. Parecían pensar, como hubiera hecho Einstein, que si el experimento contradecía la teoría, lo que estaba mal era el experimento, no la teoría. Si la ciencia es esclava de los datos, esa puede parecer una actitud curiosa, arriesgada y hasta anticientífica: un ejemplo más del carácter conservador de la élite científica.
Pero Einstein y la élite científica tenían razón. El experimento del CERN ha muerto y la teoría de Einstein sigue viva. Lo sentimos por el buen Dios. Y por el portadista que soñaba con viajar al pasado.
La velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza
Incluso el director científico del CERN, Sergio Bertolucci, admitía el viernes en Kioto: “Aunque este resultado no es tan emocionante como algunos habrían deseado, es lo que todos esperábamos en el fondo”. Buena salida, aunque por la tangente. Bertolucci logró incluso transmutar de algún modo el planchazo en una lección edificante. “La historia atrapó la imaginación pública”, dijo, “y ha dado a la gente la oportunidad de ver en acción el método científico; un resultado inesperado se ha sometido a escrutinio, se ha investigado rigurosamente y se ha resuelto gracias, en parte, a la colaboración entre experimentos normalmente competitivos entre sí. Así es como la ciencia avanza”. Es una excusa, aunque también es verdad.
Pero entonces, ¿a qué viene esa arrogancia de los físicos? ¿Es que acaso saben que la relatividad es verdad, hasta el extremo de no dar crédito a los experimentos que la contradicen? ¿No es la verdad un concepto ajeno a la ciencia, un cuerpo de conocimiento que se declara en permanente revisión? ¿No es esa al fin y al cabo la lección que nos dejó Karl Popper, para quien la esencia de una teoría científica que merezca tal nombre es justo su carácter provisional y refutable, su vocación autodestructiva, su humillación permanente ante la dictadura de los datos que escupen sin cesar los telescopios espaciales, los secuenciadores de genes y los aceleradores de partículas? Ya ven que no: por ahora la teoría que hay que revisar no es la de Einstein, sino la de Popper.
Si la refutabilidad fuera el criterio del valor científico de una teoría, las agencias de evaluación ganarían todos los días el premio Nobel. Los horóscopos son extremadamente refutables —bastaría guardar el periódico hasta el día siguiente para refutarlos todos de tauro a sagitario—, pero eso no los convierte en una teoría científica. La gravitación de Newton no es una buena teoría por ser refutable, sino por ser simple, autoconsistente, fructífera y luminosa.
A grandes velocidades empieza a fallar y hay que sustituirla por la relatividad de Einstein, pero eso no tiene mucho que ver con una refutación popperiana: las ecuaciones de Newton viven dentro de las de Einstein. No son mentira, sino el aspecto que ofrece la verdad mirada desde el balcón del primer piso. Mientras desarrollaba las matemáticas de la relatividad general, Einstein ni se molestó en considerar los formalismos incompatibles con la gravitación clásica: sabía que Newton tenía que seguir siendo verdad desde el balcón del segundo piso. Un mero ingrediente de una verdad mayor, sí, pero tan cierto como ella.
Los físicos saben que la relatividad es una parte de alguna verdad mayor
De modo similar, los líderes de la física teórica actual saben que la relatividad es solo un ingrediente de alguna verdad mayor que algún día ocupará el tercer piso. Lo saben porque las ecuaciones de Einstein se deshacen en el mundo microscópico de las partículas subatómicas, y son incompatibles con la mecánica cuántica que rige a esas escalas. Buscan una teoría más general y abstracta que abarque a ambas y resuelva esas contradicciones. La relatividad aspira a formar parte de una teoría más amplia. Pero eso es una cosa, y otra muy distinta es que los neutrinos superen la velocidad de la luz. Eso sería una refutación frontal de las que harían salivar a Popper. Implicaría que la mitad de la física del siglo XX es errónea.
Y no puede serlo. Las dos bombas que estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki son una consecuencia directa de la relatividad de Einstein, y por tanto pueden considerarse una demostración de que la velocidad de la luz es un límite fundamental de la naturaleza que nada puede rebasar. La ecuación más famosa de la historia, E=mc2, no solo es el fundamento de la energía nuclear, sino también de la solar, porque es la razón de que las estrellas brillen. Los láseres y las células fotoeléctricas se derivan de las teorías de Einstein, como la fibra óptica, las tripas de los ordenadores y los vuelos espaciales.
La relatividad general, la gran teoría actual sobre la gravedad, el tiempo y el espacio, y el fundamento de la cosmología moderna, predice la realidad física con una indecente cantidad de decimales. Y el centro neurálgico de esta teoría es que la velocidad de la luz es un límite fundamental: la clase de frontera que no se saltan ni los neutrinos. Vendrán más profundas teorías que nos harán más sabios, y de las que la relatividad general será solo un caso especial, como la gravitación de Newton lo es de aquella. Pero no puede ser mentira. No en el sentido de Popper.
Einstein formuló la relatividad para responder a la pregunta: ¿qué ocurriría si una persona corriera tan deprisa que lograra alcanzar a una onda de luz? La persona vería una onda de luz que está quieta, como parece quieto un tren que se mueve en paralelo al nuestro. Pero la velocidad de la luz es una ley fundamental de la naturaleza, y por tanto no puede parecerle quieta a nadie.
La solución de Einstein fue aceptar los hechos y derivar sus consecuencias lógicas, por extrañas que pareciesen. La velocidad no es más que el espacio partido por el tiempo. Si la velocidad de la luz tiene que ser constante aunque corras tanto como ella, es que el tiempo y el espacio no pueden serlo. Esta teoría de 1905 se llama relatividad especial, y una de sus consecuencias directas es la célebre ecuación E=mc2, que reveló que la masa (m) y la energía (E) son dos caras de la misma moneda, y que una ínfima cantidad de masa puede convertirse en una gran cantidad de energía al multiplicarse por el cuadrado de la velocidad de la luz (c), que es un número enorme.
“Los científicos comparten la fe de Einstein en que el mundo es comprensible”, ha dicho el astrónomo real del Reino Unido, Martin Rees. Adelantar a los fotones es incomprensible.

jueves, 7 de junio de 2012

FLAME

Virus Flame: la primera bomba atómica de la ciberguerra
Por: | 07 de junio de 2012

Flame-virus
En 2010, Richard A. Clarke, que fue jefe de los servicios antiterroristas de Estados Unidos con Bill Clinton y George W. Bush, publicó un ensayo titulado Cyber War. Así lo reseñó la revista Wired: “Encontrarán aquí el Libro de las Revelaciones vuelto a escribir para la era de Internet, con el fin de los tiempos anunciado por los Cuatro Caballos Troyanos del Apocalipsis”.
Cyberwar_clarkePues bien, ¿ha comenzado ya esa III Guerra Mundial en el ciberespacio que llevan años profetizando gurús como Clarke y para la que se preparan potencias como Estados Unidos, Israel, Rusia y China? Incluso teniendo la voluntad de no ser apocalíptico, el reciente descubrimiento del maligno virus informático Flame (Worm.Win32.Flame) parece indicar que estamos en las primeras escaramuzas de tal conflicto.
El Flame, según informa Douglas Rushkoff en su artículo The cyberwar may be headed to your computer, en CNN, "tiene todos los indicios de constituir un ciberataque maquinado por un Estado nación: es poderoso y complejo y apunta directamente a una zona caliente, Irán". Su objetivo parece ser perturbar el programa nuclear iraní, pero en los pocos días que lleva bautizado ha provocado un intense debate entre los especialistas sobre la posibilidad de que se convierta en una peste incontrolable que termine afectando a servicios civiles nacionales enteros como redes eléctricas, industrias energéticas, redes bancarias o sistemas de tráfico aéreo.

Cyberwar

El miércoles 6 de mayo, el descubridor del Flame, el cazavirus ruso Eugene Kaspersky, declaró durante una conferencia en Tel Aviv a la que también asistió el ministro de Defensa israelí Ehud Barak, que la comunidad internacional debería comenzar a pensar en cómo prohibir el uso de la ciberguerra, del mismo modo que en su día fueron prohibidas las armas químicas y biológicas.
Estamos, anunció Kaspersky, ante una peligrosísima caja de Pandora. "Esto", dijo literalmente, "no es ciberguerra, esto es ciberterrorismo, y me temo que es sólo el principio del juego, me temo que esto podría ser el fin del mundo tal como lo conocemos. Estoy asustado, créanme".

CNN_Informa_FlameFlame es muy sofisticado, es toda una conjunción de programas –“el Microsoft Office del malware”, le llama Rushkoff- que realiza múltiples tareas de espionaje y sabotaje: graba conversaciones, permite control remoto del ordenador, tiene Bluetooth que se adueña de los teléfonos móviles próximos, copia y transmite datos a distancia, se va actualizando, es indetectable por los antivirus hoy existentes... Supone, según los expertos, el arma más maligna jamás inventada hasta ahora en la ciberguerra.
Al igual que lo es de la guerra de los drones contra los yihadistas, Obama se ha ido convirtiendo en un entusiasta de la ciberguerra secreta a la hora de lidiar con el programa nuclear iraní, según informa The New York Times (Obama Order Sped Up Wave of Cyberattacks Against Iran).
La ciberguerra contra Irán comenzó durante la presidencia del segundo Bush y en ella colaboran Estados Unidos e Israel. Su primer producto, el virus Stuxnet, perturbó seriamente las instalaciones nucleares iraníes a fines de la pasada década. Al ser descubierto en el verano de 2010 -se fugó a Internet desde la planta iraní de Natanz-, Obama expresó su preocupación. Dijo temer que la generalización del uso de virus pudiera terminar justificando ciberataques contra Estados Unidos. No obstante, terminó aprobando la continuación de ese forma de pelear, que, según The New York Times, es conocida en la Casa Blanca, el Pentágono y la CIA como Olimpic Games.

Time.CyberWar
Al Stuxnet parece haberle seguido el recién descubierto Flame. Por supuesto, Estados Unidos no reconoce oficialmente ninguna relación con estos virus informáticos –cincuenta veces más complejos que los habituales- que minan el programa nuclear iraní. Tampoco Israel. Aunque, preguntado sobre la posible relación de su país con este malware, el viceprimer ministro Moshe Ya'alon declaró recientemente: “Israel está bendecido por la alta tecnología”.
El organismo iraní dedicado a la lucha contra el ciberespionaje y la ciberguerra (CERT en sus siglas en inglés) anunció la pasada semana que había localizado el Flame. Llevaba dos años infectando sus ordenadores sin ser detectado por ningún antivirus. El descubrimiento fue obra del laboratorio especializado que dirige en Moscú el ruso Eugene Kaspersky.

NewsMax.CyberWarLa polémica desatada por el descubrimiento de Flame tiene dimensión mundial. Douglas Rushkof ha formulado la pregunta clave: “¿Cómo puede impedirse que programas malignos como el Flame pueden ser usados contra poblaciones civiles o incluso por poblaciones civiles? (...) Las mismas tecnologías que permiten a Estados Unidos e Israel zancadillear el programa nuclear iraní puedan permitir, por ejemplo, a sindicatos del crimen de Europa del Este interferir en la actividad bancaria de cualquiera de nosotros”.
El Flame, según Karspersky, es “un bumerang cibernético que puede volverse contra sus autores”. El miércoles, en Tel Aviv, el descubridor de este virus nombró a Estados Unidos, Gran Bretaña, Israel, China, Rusia, India, Japón y Rumanía como los países de donde podría proceder, pero se negó a ser más concreto. Fue, en cambio, rotundo al afirmar que los gobiernos sensatos deberían comenzar a cooperar para detener este tipo de ataques, al igual que lo han hecho -o al menos lo han intentado- con las armas nucleares, biológicas y químicas.
Tras el descubrimiento de Flame, Microsoft, a través de su director de seguridad, Mike Reavey, ha informado que se ve obligado a reforzar la seguridad en todos sus sistemas operativos y programas de Windows.

miércoles, 6 de junio de 2012

Ha muerto un visionario

Fallece Ray Bradbury

El poeta de la ciencia ficción

(Foto: Ap/Mark Lennihan)(Foto: Ap/Mark Lennihan)
Afp | Los Ángeles
 
Actualizado miércoles 06/06/2012 18:22 horas

Este miércoles ha fallecido una leyenda de la ciencia ficción. Ray Bradbury tenía 91 años y era un poeta al que le interesaba la vida espiritual de la humanidad, frente al materialismo de la sociedad.
Es el padre de clásicos de la ciencia ficción como 'Fahrenheit 451' (1953), que está inspirado en las quemas nazis de libros escritos por judíos, o 'Crónicas marcianas' (1950), en el que se habla de los riesgos de la deshumanización fruto de los avances científicos.
Cuando le preguntaban sobre su proceso creativo, él respondía que "la escritura es un núcleo de pasión recubierto por un caparazón de inteligencia". De esta manera, debe servir para "asegurar que no decimos grandes necedades". "En la vida, como en la escritura, hace falta pasión: la gente quiere que seas honesto y ellos te perdonan mucho".
En 2010, en una entrevista que concedió a 'Los Ángeles Times', el autor, con reputación de ser muy franco, señaló que EEUU necesitaría una revolución. También señaló que habría que "regresar a la luna". "Deberíamos ir a la luna e instalar una base para lanzar un cohete con destino a Marte. Y luego ir a este planeta y colonizarlo".
Casi de forma paradójica, en esa misma entrevista reconoció tener cierto miedo de la tecnología. "Tenemos muchos teléfonos móviles y mucho Internet. Deberíamos librarnos de estas máquinas". De hecho, se felicitaba de no haber publicado sus obras en soporte electrónico.
"Lo más emocionante de mi vida ha sido el despertarme cada mañana e ir corriendo a la máquina de escribir porque se me había ocurrido una nueva idea", afirmó en el año 2000.

Una 'rata de biblioteca'

[foto de la noticia]

Nacido el 22 de agosto de 1920 en Waukegan (Illinois), Raymond Douglas Bradbury descubrió la literatura con tan sólo siete años, gracias a Edgar Allan Poe.
Hijo de un técnico y de una madre sueca, con 14 años se mudó con su familia a Los Ángeles. Por entonces, ya era una 'rata de biblioteca' y se dedicaba también a escribir. Con 17 años, y en una revista de ciencia ficción, se publicó su novela 'Script'.
Después fueron surgiendo distintos títulos de novelas de terror, como 'Dark Carnival' (1947). Pero, la fama le llegó con 'Crónicas Marcianas' y luego con 'Fahrenheit 451', que François Truffaut llevó al cine en 1966.
En 1986, tras un parón de varios años, Bradbury se pasó a un género más romántico con obras como 'La muerte es un asunto solitario'.
Tras sufrir un infarto cerebral en 1999, retomó su trabajo y le dictó a su hija su nueva obra, 'De la ceniza volverás'. Luego llegarían más libros, como 'Matemos todos a Constance'.
Viudo desde 2003, y padre de cuatro hijos, Bradbury tenía dos principios filosóficos: 'A la mierda con eso' y 'Haz lo que tengas que hacer'.

sábado, 2 de junio de 2012

La Tercera Guerra Mundial ya esta en marcha

Obama ordenó un ataque cibernético contra Irán del que perdió el control

El programa, bautizado como operación Juegos Olímpicos, fue ideado por Bush

En verano de 2010 se convirtió en un virus que infectó decenas de miles de ordenadores



Obama, junto a George Bush, en la Casa Blanca, el jueves. / SHAWN THEW (EFE)
Tras su llegada a la Casa Blanca, el presidente norteamericano Barack Obama intensificó una campaña secreta de cibertataques contra el programa nuclear de Irán, con la que EE UU, con la ayuda de Israel, llegó a deshabilitar 1.000 centrifugadores de la planta de Natanz, un quinto de los que estaban en activo. El virus empleado escapó de Natanz en 2010, se replicó en la Red aprovechando un fallo en el sistema operativo Windows y fue bautizado por los expertos en seguridad como Stuxnet.
El New York Times reveló este viernes la existencia de ese programa de ciberataques, bautizado por la Administración de George W. Bush como operación Juegos Olímpicos. Se detalla además en un libro de próxima publicación, titulado ‘Confrontación y ocultación: las guerras secretas y el sorprendente uso del poder americano de Obama’, del escritor David Sanger.
La idea de atacar a Irán por internet surgió en 2006, como un recurso secreto y de bajo perfil, después de las oleadas de críticas recibidas por la Casa Blanca a causa de la invasión de Irak. Primero, un programa subrepticio se infiltró en la redes informáticas de Natanz, para enviar información de su funcionamiento a la Agencia de Seguridad Nacional, especializada en técnicas de espionaje. Con esos datos, EE UU diseñó el virus, con la ayuda de Israel.

Cuando Obama tomó el relevo de Bush, éste le animó, en una reunión secreta, a que mantuviera los ataques, por dos motivos: eran efectivos en ralentizar el programa nuclear de Irán y evitaban que Israel considerara un ataque contra Teherán de forma inmediata, algo que podría desestabilizar aun más el delicado equilibrio de Oriente Próximo. El actual presidente le hizo caso, e incluso intensificó los ataques. En primavera de 2010, el troyano llegó a inhabilitar los 1.000 centrifugadores.
Según pudo saber la inteligencia norteamericana, a través de comunicaciones interceptadas, los responsables del programa nuclear iraní no sabían qué estaba sucediendo en Natanz cuando el virus comenzó a atacar a los centrifugadores, en 2008. Éstos comenzaron a operar defectuosamente, con demasiada rapidez o demasiada lentitud. Eventualmente pusieron en cuarentena una buena parte de su equipamiento y despidieron a algunos de los técnicos, sospechando un sabotaje. Finalmente, pudo identificar a Stuxnet, que en ese momento ya estaba fuera de control, incluso para las autoridades norteamericanas.

En verano de 2010, por un error de programación, el troyano infectó el ordenador portátil de un científico iraní, que lo difundió involuntariamente por la Red. Los medios de todo el mundo se hicieron eco de él en 2010, y lo bautizaron como Stuxnet, mientras infectaba a miles de computadoras en Irán, Indonesia, India y EE UU, entre otras naciones.

EE UU no reconoció, hasta hace algunos meses, que está desarrollando armas de ataque en Internet. Hasta la fecha, sin embargo, no ha admitido su uso. El Times ha recabado esa información a lo largo de 18 meses de entrevistas a altos funcionarios norteamericanos, bajo condición de anonimato. Según estos, la intención de la Casa Blanca era evitar que Teherán pudiera llegar a desarrollar una capacidad de ataque nuclear en un futuro próximo.