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miércoles, 25 de julio de 2012

Julian Assange o la Justicia al servicio del poder politico

Garzón: “Detrás del caso de Assange hay una clara intencionalidad política”

El activista sufre acoso por denunciar el abuso de la corrupción, afirma el exjuez

El abogado considera que la estabilidad "física y psíquica" del australiano está en juego


El exmagistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, en una foto de archivo. / AFP
El exmagistrado de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, ha sostenido que la situación del fundador de Wikileaks, Julian Assange, "no es la mejor", dado que "hay una clara intencionalidad política detrás de todo el asunto que le tiene en la situación actual". El exjuez ha añadido que "el uso político" del proceso a Assange se realiza "en virtud de la gran labor que ha hecho con su organización a la hora de denunciar el abuso de las corrupciones". La causa no atañe tanto a la investigación de unos hechos que califica como "inconsistentes", como a la persecución motivada por intereses gubernamentales. Garzón ha hecho estas declaraciones a la Cadena SER, en el marco de los cursos de verano de la Universidad de Jaén en Torres (Jaén) que él mismo dirige.

Garzón liderará la defensa legal de Julian Assange, según ha confirmado a EL PAÍS el propio Assange. Sobre el fundador de la plataforma de filtraciones, que se encuentra en Londres bajo protección de la embajada de Ecuador, pesa una orden de extradición a Suecia, donde la justicia le reclama para responder a denuncias de violación y abusos sexuales presentadas por dos mujeres suecas en agosto de 2010.

Garzón, quien ha evitado dar detalles sobre la estrategia que seguirá en la defensa jurídica, ha agregado que, del éxito de este proceso, depende no solo "el futuro" de Assange, sino también, su estabilidad "física y psíquica". Según el exmagistrado, el controvertido activista es "solo una persona", que no merece la presión a la que ha sido sometido por parte de los Gobiernos de Gran Bretaña y de Suecia.

La defensa de Assange será complicada —ya que se extiende a distintos países y escenarios jurídicos y procesales—, ha reconocido Garzón. No obstante, "Assange no es rebelde de ninguna jurisdicción, y respeta la acción de la justicia", a pesar de que el proceso "es arbitrario y carente de base absolutamente".
Garzón ha enfatizado: "Queremos y exigimos que haya garantías de que realmente el proceso al que se le somete es justo".

Julian Assange, en una imagen de febrero de 2012. / REUTERS

Wikileaks ha denunciado igualmente la actitud "coactiva" del Gobierno británico que, "sin ofrecer garantías creíbles respecto de Suecia y los Estados Unidos, está moviendo todos los resortes para acabar con una situación que políticamente le perjudica".

La plataforma de filtraciones ha recordado que Baltasar Garzón revolucionó hace dos décadas la justicia internacional al hacer efectiva una orden de aprehensión contra el exjefe de Estado chileno Augusto Pinochet, "lo que permitió importantísimos avances en la lucha contra la impunidad en Latinoamérica y el mundo entero".

La justicia sueca reclama a Julian Assange para responder a denuncias de violación y abusos sexuales presentadas por dos mujeres suecas en agosto de 2010, en virtud de un fallo del Tribunal Supremo británico. El fundador de Wikileaks no está acusado de violación, no existe ningún cargo contra él. Lo que existe es una denuncia. La fiscalía sueca le reclama para interrogarle; una vez interrogado, decidirá si abre un proceso contra él.

Todo ocurrió en Estocolmo entre los días 14 y 18 de agosto de 2010, cinco días que cambiaron la vida de Assange. El australiano viajó a Suecia para participar en unas conferencias. En la noche del 14 de agosto, mantuvo un primer encuentro sexual con una mujer identificada durante el proceso como Miss A. Según la denunciante, el australiano utilizó el peso de su cuerpo para inmovilizarla y mantener una relación sexual con ella. Además, la obligó a practicar sexo sin preservativo en contra de su expreso deseo, declaró la denunciante. Por estos motivos se le acusa de coerción ilegal y de acoso sexual. Miss A. fue acosada de nuevo por Assange el 18 de agosto. La cuarta acusación contra él, la más grave, es la de violación. Sucedió el 17 de agosto. Miss W. acusa a Assange de haber mantenido con ella relaciones sin preservativo y sin su consentimiento, mientras ella dormía.

El pasado 6 de julio se conoció que el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón ha creado su propio bufete de abogados en el madrileño barrio de Salamanca. Garzón ejercerá ahora como abogado tras ser condenado a 11 años de inhabilitación como juez por el Tribunal Supremo al haber ordenado la intervención de las conversaciones en prisión de imputados en la trama Gürtel y sus abogados. Desde su inhabilitación, el exmagistrado ha creado también una fundación internacional para promocionar los derechos humanos.

viernes, 13 de julio de 2012



A la caza de los violadores armados
'The invisible war' cuenta la pandemia de abusos sexuales en el ejército de Estados Unidos














Un grupo de mujeres entrena para entrar en el cuerpo de los Marines estadounidense. / SCOTT OLSON (GETTY)
Ver The invisible war (La guerra invisible) es sufrir. Es un documental desnudo, sin narrador, directo como un martillazo, que cuenta la historia de miles de mujeres (y de otros tantos hombres) cuyo único error fue alistarse en el Ejército de los Estados Unidos. Lo que les sucedió (y les sigue sucediendo) cambió sus vidas para siempre y dejó al descubierto las vergüenzas de una institución que se considera a sí misma uno de los símbolos de su país.
Kirby Dick, un documentalista solvente, como ya demostró en aquella excelente película llamada Los censores de Hollywood (This film is not yet rated), aborda en The invisible war el terrorífico asunto de las violaciones masivas que han venido produciéndose durante décadas en el seno del Ejército de Estados Unidos. Las cifras gritan: más de 3.000 denuncias por agresiones sexuales al año. Si, según datos del Gobierno estadounidense, se denuncia menos del 20% de los incidentes, podríamos estar hablando de más de 15.000 casos al año (el Gobierno situó la cifra en 19.000 agresiones solo en 2010). No solo eso, menos del 5% de los violadores cumple algún tipo de condena por el delito, mientras la mayoría conserva sus galones, su puesto de trabajo y su categoría profesional. En otros casos, que rozan el delirio, la víctima fue condenada por adulterio porque el agresor estaba casado. A veces víctima y asaltante son obligados a compartir espacio sin más excusa que la de “recobrar la normalidad” en sus respectivas unidades.


En las Fuerzas Armadas hay más de 15.000 agresiones por año

En muchas ocasiones los agresores son reincidentes, auténticos depredadores sexuales cuya voracidad es conocida por los altos mandos y que sin embargo jamás son castigados. “No entiendo la postura del Ejército. Creo que sería magnífico para ellos afrontar esos casos abiertamente y ser implacables con los culpables: eso mejoraría muchísimo su imagen. Ocultándolo solo lo perpetúan”, cuenta Dick (Tucson, Arizona, 1952) vía telefónica desde el otro lado del Atlántico.
The invisible war ha causado tal conmoción en la sociedad estadounidense que hasta los de arriba se han visto obligados a poner freno a las tropelías. “Leon Panetta, secretario de Defensa de Estados Unidos, oyó hablar del documental gracias a los pases privados que realizamos a todo tipo de profesionales, políticos, gente con influencia en el ámbito social. Le enviamos una copia, la vio y nos dijo que había quedado muy tocado. Al cabo de dos días convocó una conferencia de prensa para anunciar que cambiaría las leyes para conseguir que estos casos no quedaran impunes [el Ejército trata de que sea cada unidad la que tenga la potestad de juzgar los casos que se produzcan en su seno, algo que Panetta quiere liquidar, además de crear divisiones especiales específicamente dedicadas a combatir estos delitos]. Aún no es suficiente, pero es un buen paso”, admite Dick.

Menos del 5% de los violadores cumple algún tipo de condena por el delito

Mucho tienen que ver en todo ello los rostros de las víctimas que, venciendo sus propios miedos, accedieron a hablar a tumba abierta del acontecimiento que mató algo más que la posibilidad de una carrera militar: “Hubo un momento en que todo se convirtió en algo muy personal. El hecho de escuchar a esas mujeres contar esas cosas, no solo que fueran violadas, sino la humillación posterior; la obligación de guardar silencio, las amenazas que recibieron. Algunas fueron violadas de nuevo… ¿Y sabes una cosa? Todo este proyecto empezó porque hace unos años leí un artículo sobre este tema y pensé que era algo de lo que había que hablar. Sin embargo, cuando empecé a buscar más información me di cuenta de que había una increíble falta de periodismo al respeto: nadie escribía nada”. Cuando a Dick se le pregunta si de alguna forma el documental ha tomado el rol de denuncia que hace un par de lustros ejercía el periodismo más militante, se le encienden las palabras: “Estoy totalmente de acuerdo. No digo que no haya buen periodismo ahí fuera pero creo que los documentalistas hemos tomado el relevo y estamos llenando un hueco que no debería existir”.

El secretario de Defensa, tras ver el documental, cambió las leyes

Este documental, cuyas imágenes han conseguido que todos los críticos del país se pongan de acuerdo (un 100% de críticas positivas en la popular web rottentomatoes.com), es de una sencillez apabullante, plagado de testimonios que cuesta digerir, vergonzantes vistas públicas en el Senado que nunca sirven de nada y entrevistas que ponen al descubierto la lamentable actitud de la cúpula militar. “Quiero decir algo: esto pasa en todos los Ejércitos del mundo en los que la mujer tenga un papel activo: pasa aquí, en el Reino Unido, en Israel… ¿En España hay mujeres en el Ejército? ¿Sí? Pues te puedo asegurar, sin aventurarme demasiado, que algo así puede estar pasando también allí”, asegura Dick. En uno de los últimos comunicados del Ejército al respecto, se aseguraba que “la violación es uno de los riesgos del trabajo” y que cualquier mujer que se aliste sabe a lo que se expone. Pero como Dick cuenta en The invisible war, este no es solo un problema para ellas: el propio Ejército considera que al menos un 1% de los hombres que prestan servicio en la institución ha sido agredido sexualmente por sus camaradas hasta llegar a más de 20.000 afectados. Quizás Dick consiga lo que varias décadas de vergüenza no han evitado: que la guerra invisible se combata —por fin— en los despachos y en los cuarteles, sin más excusas ni promesas baratas. “Las víctimas se lo merecen”, remata Dick.