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jueves, 23 de agosto de 2012

Peter Norman y el black power

Australia homenajea ahora a Peter Norman y su ‘black power’

El australiano, fallecido en 2006, se sumó en el podio de México 68 a Tommie Smtih y a John Carlos en la protesta por la segregación racial



Peter Norman, Tommie Smith y John Carlos, en el podio de México 68. / AP
Fue el 16 de octubre de 1968. El estadounidense Tommie Smith gana la carrera de los 200m en los Juegos de México con un tiempo de 19,83, récord del mundo que se mantendría 11 años en pie. El australiano Peter Norman es segundo. John Carlos, compatriota de Smith, de raza negra como él, se lleva el bronce. Tras la carrera, llega la historia. Smith y Carlos levantan en el podio sus puños, Smith el derecho, Carlos el izquierdo, enfundadas sus manos en guantes negros. Es el black power, la señal de protesta de los atletas afroamericanos contra la segregación racial. Norman, blanco, se une a ellos luciendo en su pecho, encima del escudo del comité australiano, la pegatina del OPHR, Proyecto Olímpico para los Derechos Humanos. La imagen da la vuelta al mundo y todavía hoy es considerada uno de los grandes iconos del deporte. Para sus protagonistas, sin embargo, fue también el inicio de una cadena de sufrimientos.

Smith y Carlos fueron expulsados de la Villa y recibieron amenazas de muerte. Sus amigos desaparecieron por miedo a perder sus “amistades blancas y sus puestos de trabajo”. Con 11 récords del mundo, Smith solo encontró trabajo lavando coches en un aparcamiento. Y su jefe le despidió porque nadie quería trabajar con él. La mujer de John Carlos se suicidó. El Comité Olímpico nunca les apoyó. “Destruyeron nuestras vidas. Todo por pedir que las personas seamos iguales”, recordaba Smith en una entrevista con este periódico en 2008.


 
El comité estadounidense tampoco ayudó a los atletas. Y Norman vivió también un calvario por su gesto. Le privaron de participar en los siguientes Juegos, Múnich 72, pese a que tenía las marcas mínimas, y dejó el atletismo. Ahora, Australia ha pedido perdón. “El país no hizo lo correcto con él. No se le ha dado el reconocimiento a alguien que ha hecho tanto por la igualdad racial”, comentó este lunes el parlamentario laborista Andrew Leigh, que ha llevado la causa a la cámara australiana con el apoyo de la familia de Norman. Allí estaba Thelma, la madre de Norman, de 91 años, y su hermana Ambler, escuchando una disculpa póstuma, puesto que el atleta falleció en 2006. “El saber que Norman, un blanco australiano, estaba allí haciendo lo correcto debería hacernos sentir orgullosos. Nunca se le han reconocido sus éxitos y se enfrentó a una gran cantidad de críticas de la élite conservadora”, admitió este lunes Leigh.
Yo conocía la historia de Australia sobre cómo habían tratado a los aborígenes. Sabía que eso podía ser un problema para Norman. Y eso fue lo que sucedió
Tommie Smith
 
Smith y Carlos acudieron en 2006 al funeral de Norman. Llevaron su féretro hasta el nicho. “Peter fue un soldado solitario en Australia. Muchas personas en este país no entendieron por qué aquel joven blanco apoyó a aquellos negros”, contó Smith. Así recordaba en EL PAÍS aquel histórico momento de México 68: “Vi tantas injusticias que no podía quedarme sin hacer nada. Ese gesto del 68 no lo hice por moda, sino por cambiar algo. Los atletas afroamericanos organizamos el OPHR. Nuestra idea era boicotear los Juegos, pero no fue así y decidimos que cada uno organizara su protesta como quisiera. A mí me llegó el turno en los 200 metros. La carrera fue increíble. Me reservé para la última recta, pero no tenía ni idea de lo que podía pasar en la ceremonia, cómo me iba a sentir en el podio, qué haría... No lo supe hasta el último momento, hasta que John Carlos me lo contó en el túnel de salida. Mi mujer había comprado unos guantes negros. Algo estaba previsto, aunque no sabíamos muy bien qué. Fue un gesto de un impacto mundial. No era solo el grito de dos negros por el color de su piel, sino que lo hicimos por los derechos de la humanidad. Norman llevó la pegatina del OPHR. Yo no quería que un hombre blanco la llevara. El Proyecto era para todas las personas del mundo, negras o blancas, y yo no quería que nadie tuviera problemas por eso. La idea de que Norman la llevara fue de John Carlos y él también quiso llevarla sobre el escudo del comité australiano. Yo conocía la historia de Australia sobre cómo habían tratado a los aborígenes. Sabía que eso podía ser un problema para él porque se interpretaba que estaba de parte de los negros de Estados Unidos. Y eso fue lo que sucedió. Como a nosotros, le echaron de la Villa Olímpica, abusaron de él en su país, le apartaron socialmente”.
Muchos años después, Australia recuerda a Peter Norman.

sábado, 4 de agosto de 2012

La muerte viene del cielo

Matar a 11.200 kilómetros de distancia de nueve a dos

Más de 1.300 pilotos en al menos 13 bases en Estados Unidos controlan el vuelo de los ‘drones’ que ejecutan los ataques contra la insurgencia en Afganistán

Un piloto controla desde la base militar de Hancock, en EE UU, un 'drone'. / HEATHER AINSWORTH (THE NEW YORK TIMES)
Desde una base militar en Siracusa, a 380 kilómetros al norte de Nueva York, el coronel D. Scott Brenton controla el vuelo de un drone sobre Afganistán. La aeronave transmite en directo la vida de insurgentes talibanes, su objetivo a 11.200 kilómetros de distancia. Él y su equipo pueden observar a una familia durante semanas. “Madres con niños. Padres con niños. Padres con madres. Niños jugando al fútbol”, cuenta. Cuando llega la orden, y dispara y mata a un miliciano —lo que solamente hace, comenta, cuando las mujeres y los niños no están cerca— un escalofrío recorre su nuca, como le ocurría cuando disparaba a un objetivo desde los F-16 que solía tripular.
Los drones han revolucionado el modo en que Estados Unidos hace la guerra. Y también han cambiado profundamente la vida de quienes las libran.

El coronel Brenton reconoce la singularidad de atacar, sin más equipo que un mando, unas pantallas y un pedal, en un frente a miles de kilómetros de su silla acolchada en un suburbio en Estados Unidos. Cuenta que en Irak, donde estuvo destinado, “aterrizabas y quienes te rodeaban sabían qué había pasado”. Ahora sale de este cuarto lleno de pantallas, aún con la adrenalina tras haber apretado el gatillo, y conduce rumbo a su casa, para ayudar a sus hijos con los deberes. Pero siempre solo.“Nadie en mi círculo más cercano es consciente de lo que ha pasado”, dice.

Los drones tienen potentes cámaras que transmiten la guerra en directo a sus pilotos. Los militares que controlan los drones hablan con entusiasmo de los días buenos, como cuando pueden alertar a una patrulla terrestre en Afganistán de una emboscada. Para los días malos, la Fuerza Aérea envía médicos y capellanes a las bases para hablar con los pilotos y operadores cuando un niño muere en un ataque, o cuando las imágenes muestran un primer plano de un marine caído en combate.

La minuciosa vigilancia que precede a un ataque recuerda a la película La vida de los otros: la historia de un agente de la Stasi, la policía secreta de la RDA, que acaba absorto en la vida de las personas que espía. Un piloto de un drone y su compañero, un operador que controla la cámara de la nave, observan a un miliciano mientras juega con sus hijos, habla con su esposa y visita a sus vecinos. Ejecutan el ataque cuando, por ejemplo, su familia ha ido al mercado.

“Ven todos los detalles de la vida de este tipo”, comenta el coronel Hernando Ortega, el jefe de Medicina Aeronáutica en el Mando de Formación y Educación Aérea, que colaboró en un estudio sobre el estrés en las tripulaciones de los drones, realizado el año pasado. “Se pueden identificar hasta cierto punto".

De una docena de pilotos, operadores y analistas aeronáuticos entrevistados, ninguno reconoció que el rastro de sangre causado por las bombas y los misiles les impidiera dormir. Pero todos hablaron de la intimidad que habían establecido con las familias afganas que habían observado durante semanas, cuyas vidas desconocen el piloto que vuela a 6.000 kilómetros de distancia o incluso el soldado que está en el terreno.

“Los ves levantarse por la mañana, trabajar y luego irse a dormir”, describe Dave, un mayor de la Fuerza Aérea que pilotó drones entre 2007 y 2009 desde la base de Creech (Nevada) y ahora entrena a nuevos pilotos en la base de Holloman, en Nuevo México. (Bajo el argumento de que han recibido “amenazas creíbles”, la Fuerza Aérea prohíbe a los pilotos de drones dar sus apellidos. Solo los comandantes de la base, como el coronel Brenton, usan sus nombres completos con la prensa). “Hay una muy buena razón para matar a estas personas. Me lo repito una y otra y otra vez”, afirma Will, otro oficial. “Pero nunca te olvidas de lo que ha ocurrido”.

La Fuerza Aérea cuenta con más de 1.300 pilotos de drones repartidos en 13 bases en Estados Unidos. Según fuentes militares necesita, por lo menos, unos 300 más. La mayoría de las misiones son en Afganistán. (Las cifras no incluyen las misiones clasificadas de la CIA en Pakistán, Somalia y Yemen). El Pentágono calcula que para 2015, la Fuerza Aérea deberá contar con 2.000. El Ejército entrena ya más pilotos para drones que tradicionales: 350 el año pasado. Anteriormente, las tripulaciones de drones superaban el entrenamiento para volar un avión de combate tradicional. A partir de este año, los pilotos solo pasan 40 horas a bordo de un Cessna antes de aprender a manejar un drone. El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea, el general Norton A. Schwartz, reconoció que es “posible” que los pilotos de drones superen a los tradicionales en los próximos años. Cada vez más bases dejan los aviones tradicionales para volar drones y satisfacer la demanda. Hancock retiró sus F-16 en 2010.

“Creo que hago el mismo trabajo de siempre. La única diferencia es que no me envían a otro país a hacerlo”, comenta el coronel Brenton. Todos los pilotos de la base rechazan que su trabajo sea un videojuego. “No tengo ningún videojuego que requiera que permanezca inmóvil durante seis horas observando solamente a un objetivo”, dice Joshua, un operador. “Las tripulaciones son conscientes de que las decisiones que toman, sean buenas o malas, tienen consecuencias reales”, añade. También evitan la palabra drone. Prefieren llamarlos “aviones pilotados a distancia”.
Todos los pilotos que han tripulado naves de combate afirman que echan de menos volar. El coronel Brenton participó en mayo pasado en un espectáculo aéreo en Siracusa. Cuenta que los fines de semana suele pilotar un pequeño avión de hélices, al que bautizó como “El Matamoscas”. “Es agradable estar en el aire”, afirma.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Ejecucion sumaria en Siria

Fusilamiento a los pies de Mickey Mouse
Los rebeldes armados acribillan en una plazoleta al jefe y tres miembros de un clan de matones a las ordenes del régimen de Bachar el Asad


Captura del vídeo de un aficionado de una ejecución de los rebeldes.
Cuatro shabihas (matones del régimen sirio) fueron fusilados en la mañana de este miércoles por milicianos del Ejército Sirio Libre (ESL) en una plazoleta de Alepo, según un vídeo distribuido por la resistencia cuya autenticidad ha sido confirmada por diversas fuentes.




Los cuatro bajan una escalera encabezados por el que fue su patriarca, Ali Zein El Abidin Berri, apodado Zino, que lleva las manos atadas y va vestido con solo un calzoncillo. Le sigue su hermano, Hussein Berri, diputado del partido Baaz en el Parlamento sirio. Una muchedumbre de jóvenes hombres armados les insulta mientras los condenados son sentados en el suelo delante de la pared de un colegio en la que un dibujo representa a Mickey Mouse. Unos pocos milicianos les disparan entonces con metralletas. Otros sacan fotos con sus móviles. Todos gritan con frecuencia Ala hu Akbar (Alá es grande).

Zino Berri y varios de sus seguidores fueron capturados el lunes y los rebeldes armados difundieron un vídeo en el que se identificaban dando su nombre ante la cámara. Todos aparecen heridos. Muchos ellos tienen vínculos familiares. Más allá de servir al régimen del presidente Bachar el Asad amedrentando a la población, se dedicaban en Alepo, según sus detractores, al negocio de la droga con el beneplácito de las autoridades.




Bachar Al Haji, portavoz de la brigada Tawheed (Unidad) del ESL, negó, ante los medios de comunicación que lograron contactar con él y en un vídeo, que se tratase de una ejecución sumaria. “Estábamos en paz con el clan Berri, que es un clan de matones”, explicó. Pero ellos no cumplieron lo pactado y cuando el ESL “atacó una comisaría [la del barrio de Al Neirab] el clan de los Berri empezó a dispararle por la espalda”. “Mataron a 15 de los nuestros”, aseguró Al Haji. “Nos enfrentamos duramente con ellos y fuimos capaces de matar a 20 y de detener a otros 50”.





Otras fuentes locales aseguran que la intervención del clan Berri hizo fracasar el primer asalto del ESL a la comisaría. Antes de lanzar una nueva acometida contra la sede policial los rebeldes armados prefirieron atacar el barrio de Al Marjah, el bastión de los Berri. Pactaron con sus enemigos que las mujeres y los niños saliesen de allí antes de la embestida.





“A continuación organizamos un juicio de campaña” de los miembros del clan Berri, añadió el portavoz. “Tenemos a jueces y abogados que están con la oposición” al régimen del presidente Bachar el Asad, señaló. “Consideraron que siete miembros del clan Berri estaban involucrados en matanzas y decidieron ejecutarles”. “A los demás se les juzgará tras la caída del régimen”. “Custodiamos a un montón de prisioneros que serán juzgados después de la caída del régimen” porque no tienen las manos manchadas de sangre. Aquellos de los que se demuestra que sí las tienen “les matamos inmediatamente”.

Las palabras del militar de la brigada que fusiló a los Berri contradicen las de otro portavoz del ESL, de más alto rango, que el lunes afirmó en un vídeo que su organización “tratará a los presos del régimen y a los shabihas de conformidad con las leyes internacionales y concretamente del artículo 4 de la convención de Ginebra que específica el tratamiento a otorgar a los prisioneros de guerra”. “Les garantizamos un trato humano (…)”, prometió. Mostró, por último, la disposición de los rebeldes a recibir a los delegados de la Cruz Roja internacional para que visiten a los prisioneros.

Este último portavoz intervino, según explicó el mismo, “a petición de los compatriotas de la comunidad internacional siria”, es decir los exiliados, que aparentemente mostraron su disgusto por la ejecución, el 18 de julio a orillas del río Éufrates, del teniente coronel Mahmud Mohamed Ali, que mandaba un regimiento de artillería que bombardeó barrios de las ciudades de Homs y Deir el Zor. Los rebeldes de la provincia oriental de Deir el Zor grabaron un vídeo con el fusilamiento que colgaron en Internet.

Desde que estalló la rebelión en Siria, hace cerca de 17 meses, ha muerto más de 20.000 personas, la mayoría civiles indefensos.