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viernes, 29 de noviembre de 2013

El poeta de la Rumba


viernes, 15 de noviembre de 2013

La guerra secreta de la CIA en Laos


jueves, 19 de septiembre de 2013

Muere un grande de la critica literaria en Aleman

Muere el crítico literario alemán Marcel Reich-Ranicki

El director de las páginas literarias del 'Frankfurter Allgemeine', conocido como el "Papa de la literatura alemana", fallece a los 93 años


Fotografía de archivo fechada el 24 de marzo de 2006 del crítico literario alemán de origen polaco Marcel Reich-Ranicki. / BORIS ROESSLER (EFE
 
Una de sus últimas apariciones estelares ante millones de alemanes fue su rechazo del Premio de la Televisión. Tras una interminable ronda de aplausos de lo más granado del medio en Alemania, Marcel Reich-Ranicki asumió su papel de crítico furibundo para lamentar verse “en la situación fatal” de haber “pasado muchas horas” sufriendo la larga ceremonia de entrega de un premio que rechazó. Si hubiera sido en metálico, dijo, “devolvería el dinero”, pero solo podía “arrojar a los pies de alguien este objeto” que le querían dar. Se refería a la estatuilla, que rechazó. El vídeo de 2008 sigue siendo un éxito en YouTube. Esas peroratas mordaces eran su especialidad, perfeccionada al frente del programa El cuarteto literario que presentó con gran éxito en la televisión pública ZDF.
El editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) Frank Schirrmacher lamentó el miércoles la muerte de “un hombre muy grande” que pasó su vida “en permanente rebelión contra el aburrimiento y la mediocridad”. Reich-Ranicki labró su reputación de crítico literario en las páginas culturales del semanario Die Zeit, para el que escribió entre 1960 y 1973. De allí saltó al gran diario de Fráncfort, cuyas páginas literarias dirigió hasta 1988. Entonces comenzó una carrera televisiva que le valdría el apodo mediático de Papa de la literatura. Pese a su airado rechazo al premio de la Televisión, el programa que dirigió hasta 2001 lo convirtió en una auténtica estrella popular.
Nació como Marceli Reich en una familia judía de Wloclawek, Polonia, en 1920. Su padre, David, era empresario. Su madre, Helene, era alemana y culta y se preocupó de inculcar en el joven lel interés por la lengua y la cultura de su país natal. Fue el único de tres hermanos al que matricularon en el Colegió Alemán de la ciudad. En 1929 la bancarrota del padre los llevó a Berlín. Pudo hacer su selectividad pese a las leyes racistas promulgadas por los nazis a partir de 1933, pero la universidad no lo aceptó por su ascendencia judía. En 1938 lo deportaron de vuelta a Polonia, donde cayó en las garras de los invasores alemanes en 1940. Estuvo encerrado en el gueto de Varsovia hasta 1942. Su bilingüismo le permitió trabajar como intérprete para las autoridades del gueto. Era una manera de sobrevivir con menos penalidades que la mayoría de los judíos encerrados en el infame barrio de la capital de la Polonia ocupada.
Tenía 19 años cuando conoció Teofila Langnas, también judía y de su misma edad. Su padre, hombre de negocios de Lodz, acababa de ahorcarse a causa de las humillaciones de los carceleros nazis. Helene Reich mandó a su hijo a casa de los Langnas para que los ayudara. Marceli y Teofila estuvieron juntos hasta la muerte de ella, hace dos años. Muchos de sus familiares cercanos murieron asesinados en el Holocausto.
En 1944, Reich logró entrar al servicio del Ejército de liberación polaco. Entonces se puso el Ranicki como segundo apellido, porque a sus superiores les parecía que Reich sonaba demasiado alemán. Trabajó en los servicios secretos de Polonia hasta que fue depurado en 1949. Lo expulsaron, además, del Partido Comunista. Paso varias semanas encarcelado por razones políticas.
En 1958 aprovechó un viaje de estudios para no regresar más a la República Federal de Alemania. Participó allí en algunas actividades del llamado Grupo 47, lo mismo que gran parte de los principales escritores alemanes de la época. En 1959 se mudó a Hamburgo para trabajar en Die Zeit. Empezaba su fulminante ascenso a las cumbre de de la crítica literaria alemana.
Su estilo era fácil de entender para cualquier lector medianamente educado. No fue a la universidad, lo cual le libró de algunos vicios estilísticos de la crítica académica. Tuvo un éxito notable como escritor de prensa, pero aún no comparable al masivo impacto de su programa de televisión.
Con frases sintácticamente perfectas y una lengua afilada como un estilete, Reich-Ranicki era capaz de lanzar a una novela a lo alto de las listas de bestsellers de la Europa de habla alemana. También podía hundir la reputación de un escritor consagrado. La diversión estaba asegurada con sus gestos despectivos o encomiásticos, sus interrupciones y sus imprecaciones a alguno los otros tres críticos que componían su Cuarteto. Su influencia como crítico fue inmensa. El público culto contenía el aliento durante sus polémicas con escritores consagrados y corría a comprar sus recomendaciones de autores noveles. Memorables fueron las grescas que mantuvo con el consagrado Günter Grass desde 1995.
En enero de 2012, el superviviente Reich-Ranicki habló ante un conmovido pleno del Bundestag sobre su experiencia con los criminales nazis en el gueto de Varsovia. Lo había hecho también en sus memorias, bestseller de 1999.
Marcel Reich-Ranicki, maestro de la crítica y del entretenimiento literarios, murió el miércoles en Fráncfort con 93 años.

 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Los Hijos de la Noche

Hezbolá combate a Al Qaeda en Siria

El Asad recurre a la milicia libanesa para expulsar a los yihadistas de Malula

Islamistas chiíes y suníes se enfrentan en la cuna del cristianismo sirio


Un soldado del Ejército sirio durante los combates en Malula. / (ap)
 
Se hacen llamar Firaq al-Lay (Unidades de la Noche) y no hay soldado sirio en el frente de Malula que no hable de ellos. Son los comandos de élite enviados por el partido milicia libanés Hezbolá como refuerzo a la ofensiva que las tropas del régimen de El Asad han emprendido en esta localidad cristiana a 50 kilometros de la capital.
Una operación a gran escala contra los milicianos islamistas del frente Al Nusra —vinculado con Al Qaeda— que hace diez días tomaron esta localidad siria considerada santuario de la cristiandad, cuyos habitantes todavía hablan en arameo, la lengua de Jesucristo.
“La guerrilla se combate con guerrilla”,  justifica un coronel sirio
“Llegamos aquí el sábado y de no ser por su ayuda no habríamos podido entrar en la ciudad”, confiesa un joven oficial que espera en la retaguardia a que unidades del régimen icen la bandera siria en la plaza central de Malula para encargarse con sus hombres a asegurar el perímetro. “Hace cuatro días”, asegura ufano, “todavía combatíamos casa por casa a los rebeldes en el interior del pueblo, pero ahora ya es nuestro”.
Es difícil obtener una cifra exacta de cuantos efectivos ha enviado Hezbolá a esta aldea reducida a escombros, pero en las filas del Ejército de Asad se habla de unos 200. Entre la tropa sólo hay palabras de admiración y respeto para estos guerrilleros extranjeros de cuya presencia en Siria se tiene constancia desde la pasada primavera, cuando ayudaron a El Asad a tomar la estratégica localidad de Qusair, junto a la frontera libanesa.
“Por la mañana ya no estarán aquí. Por eso se llaman unidades de la noche”
“No pueden pesar más de 65 kilos, porque tienen que ser ágiles”, afirma un soldado poco antes de subir a un pick-up en dirección al frente de Malula. “Visten de negro y si les oyes es que estás muerto”, nos dice su compañero. El relato de los soldados haría pensar que se están refiriendo a los legendarios ninjas japoneses pero, mas allá del halo mítico que han adquirido entre las tropas de Assad, lo cierto es que la presencia de estas unidades de élite de Hezbolá, entrenadas con la Guardia Revolucionaria iraní, ha permitido a las tropas del régimen un avance sustancial en un tiempo récord.
No es que el Ejército sirio esté escatimando arsenal en la batalla de Malula. Ayer los helicópteros bombardeaban sin cesar las montañas que rodean la localidad, donde los rebeldes han encontrado un refugio natural. Los tanques hacían lo propio sobre otra “posición enemiga”: un gigantesco hotel abandonado en lo alto de la población.
El tráfico de soldados que van y vienen del frente es constante. Pero no suficiente. “Nosotros somos un ejército y enfrente tenemos a una milicia, con técnicas de guerrilla y hordas de francotiradores”, afirma el coronel Abu Marwan, responsable de organizar el suministro de armamento al frente desde la vecina localidad de Ain At Tine. “La guerrilla se combate con guerilla. Y eso saben hacerlo muy bien los hermanos de Hezbolá”.
Es decir, islamistas chiíes (Hezbolá) contra islamistas suníes (Al Nusra), lo que muestra el carácter fratricida que ha adquirido esta guerra.
Pero la batalla por el control total de Malula no ha terminado. La ciudad está ya en manos del régimen, pero los rebeldes continúan teniendo capacidad de combate refugiados en las montañas que rodean la zona. Cuando cae la tarde, disparos de francotiradores rebeldes llegan hasta la primera posición del Ejército, junto a entrada de la ciudad, donde nos encontramos. Son más de dos kilómetros los que nos separan de las montañas pero los disparos están muy cerca de hacer diana. “No se preocupe”, dice Abu Marwan, que agacha la cabeza mientras nos obliga a imitarlo tras una improvisada trinchera. “No se preocupe, verá como mañana por la mañana los rebeldes ya no estarán allí”, vaticina convencido. “¿O por qué cree usted que nuestros compañeros se hacen llamar unidades de la noche?”

jueves, 15 de agosto de 2013

La masacre en Egipto

Videogalería: Así fue la batalla de El Cairo

Imágenes grabadas por medios independientes, manifestantes y autoridades egipcias muestran la brutalidad del desalojo del campamento islamista y la extensión de la violencia

 

Fuerzas de seguridad egipcias desalojaron ayer las acampadas de islamistas en El Cairo, lo que provocó una ola de violencia en la capital egipcia que alcanzó a otras ciudades del país. Con un balance provisional de más de cinco centenares muertos, según las últimas cifras oficiales.


Los vehículos armados se encargaron de derribar las tiendas y todas las infraestructuras que habían organizado los seguidores de los Hermanos Musulmanes. Desde la deposición de Morsi como presidente, el pasado 3 de julio, las acampadas habían ido creciendo hasta convertirse en pequeños pueblos improvisados con todo tipo de servicios, desde lavabos hasta ambulatorios médicos.




Los agentes pusieron alhambradas para impedir la entrada a las zonas de protesta, mientras helicópteros sobrevolaban El Cairo y se veían las primeras columnas de humo procedentes de los fuegos que arrasaron los campamentos y también de las barricadas de los manifestantes.
 
 
REUTERS-LIVE!
Frente a las imágenes difundidas por el Gobierno interino, las imágenes desde el interior de las acampada mostraban con toda crudeza los fuegos, disparos de munición real y gases lacrimógenos que se emplearon en el asalto. Portales de noticias egipcios también lograron sacar imágenes de la batalla campal. El primer vídeo fue colgado por el fotógrafo Mosaab Elshamy en Youtube; el segundo muestra la grabación obtenido por la web Youm 7 desde una azotea.



Con un primer balance de fallecidos que superaba ya el centenar, las cadenas de televisión egipcias pronto comenzaron a mostrar imágenes de hospitales y morgues. Mientras, las protestas y la represión se extendieron por otros puntos de la ciudad, con numerosos episodios de violencia entre opositores y fuerzas de seguridad y también entre opositores y partidarios del Gobierno interino.
 
 
REUTERS-LIVE!
Con el conflicto fuera de control, ambas partes dejaron imágenes de extrema brutalidad. La web islamista Rassd denunciaba con un vídeo, que databan ayer en El Cairo, la presencia de tiradores de la policía en algunas azoteas. En el segundo vídeo, una televisión egipcia muestra el intento de linchamiento a un policía en la zona de la acampada.



 
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La violencia no se quedó en El Cairo, y los enfrentamientos se extendieron ya en la mañana de ayer a otras ciudades del país, donde se decretó el estado de excepción y se impuso un toque de queda en algunas provincias. Estas imágenes fueron obtenidas en Alejandría (norte).
 
 
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Una de las imágenes del día fue la caída de un vehículo policial desde el Puente 6 de Octubre, en el centro de la capital. La web El Fagr, una revista de información egipcia, mostró estas imágenes obtenidas desde debajo del puente, donde numerosos manifestantes fueron sorprendidos al ver estrellarse el vehículo contra el suelo.



Entre las víctimas mortales se encontraban varios periodistas. Mick Deane, camarógrafo de la cadena Sky News, perdió la vida mientras grababa el asalto a una acampada. Este vídeo distribuido por la televisión británica muestra algunas de las últimas imágenes que capturó su cámara.




 

 

jueves, 8 de agosto de 2013

Marina Abramovic y Lady Gaga

Marina Abramovic desnuda a Lady Gaga

La cantante colabora con la artista en un video en el que practica sus ejercicios sensoriales. El objetivo es recaudar fondos para el instituto de la serbia.



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Gaga, en plena práctica del método de Marina Abramovic
Foto: Vimeo

                   
Lo mejor es pulsar el play, para ratificar cómo avanza la relación entre la cantante y la artista, que se estrechará aún más con la publicación del próximo álbum de Gaga.



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Foto: Vimeo

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Foto: Vimeo

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Foto: Vimeo

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Foto: Vimeo

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domingo, 14 de julio de 2013

La tecnologia al servicio de la guerra

La Armada de EE UU hace historia al aterrizar un ‘drone’ en un portaaviones

Por primera vez un prototipo toca tierra de manera automática sin necesidad de estar controlado de manera remota por un humano



El 'drone' aterriza en el portaaviones USS George Bush. / Reuters-LIVE! / Afp
A la 1.40 de la tarde de este miércoles, la Armada de Estados Unidos entró en la historia de la aviación al conseguir que un avión no tripulado aterrizara de manera autónoma en un portaaviones, en medio del mar. Es la primera vez que un drone, controlado únicamente por algoritmos matemáticos y sin estar dirigido de manera remota por un ser humano, toma tierra en la cubierta de un barco.
“No tuvimos a nadie pilotando el aparato desde la lejanía. Usamos pautas automáticas y algoritmos”, explicó el contraalmirante Mat Winter tras el aterrizaje. Winter es el director de un proyecto de 1.400 millones de dólares que se ha desarrollado durante los últimos ocho años y que ha culminado este martes con el aterrizaje en el portaaviones George H. W. Bush, frente a la costa de Virginia, del modelo X-47B, tras despegar desde la base aéreo-naval de Patuxent en Maryland y desplazarse durante casi 170 kilómetros escoltado por dos F-18 de la Armada.
Lo que ha convertido esta operación en un hito para la aviación es el hecho de que el drone utilizado, el X-47B, es un aparato que, a diferencia de otros aviones no tripulados empleados por la CIA, como los modelos de Predator o Reaper, que están controlados de manera remota por seres humanos, esta aeronave ha aterrizado de forma completamente automática. Otra de las complicaciones que han elevado la importancia del suceso es la dificultad del aterrizaje, en una plataforma de dimensiones tan limitadas como la base de un portaaviones. “Lo que acaban de ver es la próxima generación de la aviación naval y las extraordinarias posibilidades que nos puede brindar”, comentó a la prensa presente en el portaaviones el secretario de la Armada, Ray Mabus.
 
Fuente: Northrop Grumman. / Y. CLEMENTE / EL PAÍS
 
El X-47B está llamado a ser no sólo el drone que abrirá una nueva era en la tripulación automática, sino el aparato que transforme la aviación naval, convirtiendo los portaaviones en bases más versátiles y potencialmente más letales. Tras el aterrizaje de este miércoles, se ha constatado que los aviones no tripulados en un futuro estarán mucho más automatizados -operarán casi como robots- y no dependerán exclusivamente del manejo que realice una persona a miles de kilómetros de distancia de donde esté sobrevolando la aeronave. No obstante, Winter ha defendido la importancia del factor humano. “Los seres humanos siguen siendo un factor esencial de esta dinámica”, ha reconocido.
El aterrizaje de este miércoles, con todo, es sólo una prueba experimental más. El X-47B es tan sólo un prototipo, con una réplica similar, fabricado por Northrup Grumman, que pronto se retirará y podrán ser admirada en algún museo aeronáutico. No obstante, la Armada espera que la próxima generación de drones, en absoluto tripulados por seres humos, esté operativa en 2019. “No siempre es posible tener la oportunidad de contemplar el futuro, pero eso es lo que hemos visto hoy”, ha recalcado Mabus. Cada vez queda menos para que ese futuro se haga realidad.

Un escritor israeli imprescindible


Nicole Krauss: "Yoram Kaniuk sufrió el rechazo, la pobreza y el olvido"

La autora de 'Llega un hombre y dice' recuerda al autor hebreo, fallecido el pasado 8 de junio

La escritora afirma que la literatura hebrea ha perdido a uno de sus mayores autores


El escritor israelí Yoram Kaniuk en su casa de Tel Aviv en 2012. / Alfredo Cáliz
Tras recibir cientos de cartas suyas, quedar con él quince veces, ya fuera en su piso de la calle Bilu o en algún café de Tel Aviv, y recibir demasiadas llamadas desde su móvil para albergar la esperanza de poder devolvérselas, desistí de intentar contar las veces que Yoram Kaniuk había muerto. Durante algún tiempo, después de recibir su primera carta, en 2010, traté de llevar la cuenta. Yoram Kaniuk solía decir que en 1941 lo mataron los Einsatzgruppen en Ternopil, Ucrania, por más que a la sazón tuviera once años y se dedicara a comer nata agria en el Bulevar Rothschild de Tel Aviv. A los diecisiete entró como voluntario en el Palmaj, la unidad de combate de la Haganá, libró cruentas batallas por la independencia de Israel en las colinas de Judea, cayó herido de un disparo en la pierna y murió en brazos de una monja que citaba al rabino Ben-Azzai del siglo II en judeoalemán. Más tarde se trasladó a Nueva York, donde le curaron las heridas en el Hospital Mount Sinai, trabó amistad con Charlie Parker, besó a Billie Holiday, se quedó toda una década y murió allí cuando desistió de ser pintor y decidió regresar a casa.
De vuelta en Tel Aviv, se convirtió en uno de los mejores y menos reconocidos escritores israelíes, y con cada una de sus diecisiete novelas y siete recopilaciones de relatos cortos murió de no ser querido ni leído, sufrió la lenta y dolorosa muerte del rechazo, la pobreza y el olvido. En los últimos quince años de su vida adquirió la costumbre de morir cada cierto tiempo en el Hospital Ichilov de diversas clases de cáncer y sus respectivas complicaciones: virus, derrames cerebrales, infecciones, neumonías. Su muerte más reciente tuvo lugar allí, el sábado ocho de junio, después de una última comida consistente en naranjas, que adoraba, y tras una larga y penosa lucha contra el cáncer de médula ósea.
Tras cada una de estas muertes se producía un renacimiento. Finalizado el Holocausto, Kaniuk regresó a la vida y trabajó como marinero en los barcos que transportaron a los refugiados de guerra judíos a Israel. Tras resultar herido en 1948, abandonó el recién fundado Estado de Israel y se instaló primero en París, donde se hizo pintor, y luego en Nueva York, donde, según me aseguró en cierta ocasión, se hizo judío. En el sótano batei midrash (sala de estudios) de East Broadway lo introdujeron en la clase de enseñanzas judías que se suprimían deliberadamente de la educación sionista. Para ciertos judíos israelíes y estadounidenses, Israel siempre ha representado la quintaesencia de lo hebreo, el lugar donde se viene aquilatando desde hace sesenta y cinco años la forma más vívida y auténtica de su existencia moderna, y a lo largo de todo este tiempo el aeropuerto Ben Gurión ha experimentado un flujo constante de judíos estadounidenses que aspiran a beber de la fuente esta pócima embriagadora. Pero Kaniuk se complacía en hacerlo todo al revés, y el que fuera un escritor israelí tan atípico se debía en parte al hecho de que este sabra (término hebreo que designa a los judíos nacidos en Palestina después de 1948), cuyo padre fue secretario personal de Meir Dizengoff, el primer alcalde de Tel Aviv, y más tarde primer conservador del Museo de Tel Aviv, y que tuvo por abuelo al poeta Chaim Nahman Bialik, este palmajnik (unidad militar de élite de los judíos palestinos que estuvo activa de 1941 a 1948 durante el Mandato Británico de Palestina) que era la prueba viviente del éxito de la ambición sionista de crear una nueva estirpe de judíos —fuerte, determinada, despojada del lastre de la historia— encontró en Nueva York no sólo el jazz y Greenwich Village, sino también su pasado judío.

Una de las últimas entrevistas de Yoram Kaniuk concedida a JN1 y doblada al castellano.
Y si bien murió como pintor en Nueva York, renació convertido en escritor, y los libros que llegó a escribir —en especial su obra maestra, El último judío, en la que plantea una historia alternativa de la existencia judía que abarca tanto la diáspora como el Estado sionista— sólo podía haberlos escrito un israelí vuelto a nacer en el Lower East Side. Por ello, y porque desde el punto de vista formal y estilístico sus libros se adelantaron varias décadas a su tiempo, dándose de bruces con el realismo imperante que practicaban sus contemporáneos, fueron objeto de burla cuando vieron la luz por primera vez en Israel. Pero Kaniuk regresó a la vida bastantes veces para seguir respirando a la edad de ochenta años, cuando toda una generación de lectores más jóvenes redescubrió sus libros y reconoció su talento, y entonces el teléfono de Kaniuk empezó a sonar de nuevo, y finalmente se le reconoció como lo que siempre había sido, uno de los mayores escritores en lengua hebrea de todos los tiempos y, tal como lo definió en cierta ocasión el New York Times, “uno de los novelistas más innovadores y deslumbrantes del mundo occidental”.
Tuve ocasión de conocer a Yoram unos meses antes de ese último renacimiento. Había descubierto El último judío por casualidad en una librería de Brooklyn y, fascinada, busqué todos sus libros traducidos al inglés. Cada uno de ellos era de una originalidad tremenda, y lo único que tenían en común era que todos estaban agotados. Empecé a preguntar por él a mis amistades israelíes, hasta que finalmente llegó a sus oídos mi interés por su obra, leyó la mía y me escribió una carta, fechada “dos días después de la Pascua más larga de la historia de la humanidad”. “Querida Nicole Krauss”, rezaba el encabezamiento:

Bibliografía destacada


  • The Achrophile (El Acrófilo) (1960)
  • Himmo, King of Jerusalem (Himmo, rey de Jerusalén, 1968)
  • El hombre perro (1971)
  • Rockinghorse (1977)
  • The Story of Aunt Shlomzion the Great (La historia de la tía Shlomzion ‘el Grande’, 1978)
  • El buen árabe (1984)
  • Confessions of a Good Arab: a Novel (Su hija, 1987)
  • Commander of the Exodus (Comandante del éxodo, 1999)
  • (La casa donde las cucarachas viven en una edad añeja y fétida) (2001)
  • The Last Jew (El último judío, 2006)
“Creo que he escrito tu libro. Mi inglés está tan oxidado que me siento incómodo escribiéndote en este torpe remedo de lengua, pero al parecer estamos emparentados, quizá sea tu difunto abuelo por parte de la tía de David que vino de Gan Yavne, donde en tiempos me enamoré de una chica que ya no vive, y tú tenías un año cuando escribiste tu maravilloso libro y lo habías encontrado grabado en mi tumba en caracteres fenicios”.
Sus misivas surrealistas lo eran aún más debido a su escritura ininteligible, resultado de sucesivos derrames cerebrales que habían socavado su dominio del inglés. Al igual que sus libros, aquellas cartas rebosaban humor, afecto, generosidad, pesar, irreverencia y dramatismo. En cierta ocasión, al ver que no contestaba enseguida a un par de sus cien últimas llamadas telefónicas y mensajes, escribió: “He buscado en todos los hospitales de Jerusalén, en todas las comisarías, he llamado al alcalde de Brooklyn, he mirado debajo de las piedras, bajo los puentes de hormigón, en los libros de otros autores, te he llamado, he llamado a mis amigos de Jerusalén, a Jeremaya, al rey David a su móvil, a Yoske el apuesto, a Hana la lisiada, he removido cielo y tierra pero no hay manera de dar contigo”. Era exigente, pueril incluso, y a veces montaba en cólera sin motivo, pero un instante después llegaba otro mensaje lleno de afecto y calidez en el que se apresuraba a pedir perdón. En aquellas páginas y más páginas volcaba toda su gratitud, sin duda excesiva, por la admiración de una joven escritora estadounidense y lo que esta había dicho a propósito de su obra:
“Cuando leí tu carta, empecé a flotar y ya no fui capaz de volver a poner los pies en el suelo, y gracias al móvil me las arreglé para llamar a una empresa que trabaja en la demolición de casas, y vinieron junto con un profesor de la universidad de Tel Aviv para intentar comprender mi imposible empeño en romper la ley de la gravedad y flotar por encima de Tel Aviv, y un helicóptero del ejército ha venido volando hacia mí para asegurarse de que ni yo, ni la empresa de demoliciones, ni el desdichado profesor, que agitaba las manos en el aire como un pájaro con sus enormes gafas, fuéramos enemigos que hubiesen venido a destruir el cuartel general del ejército de Israel, a una calle de aquí. Así que bajé, me di una ducha y traté de pensar en la felicidad que me ha brindado tu carta y en el hecho de que yo, un escritor fracasado, haya recibido la bendición de una escritora maravillosa como tú, y entonces algo bueno y algo malo me sucedió al mismo tiempo. Debo contarte algo sobre mí mismo para que puedas entender por qué he vuelto a nacer a los ochenta años tras leer tu carta”.

Aunque los años que pasó olvidado fueron reales, podría decirse que sentía cierta fascinación por la derrota
A veces, sin embargo, sus cartas tenían un fuerte poso de amargura por su escaso reconocimiento como escritor, primero en Israel y más tarde —después de que en mayo de 2010 sus memorias, recogidas bajo el título 1948, en las que narraba su experiencia en la guerra de la Independencia, lo convirtieran en una celebridad de la noche a la mañana— en Estados Unidos, país al que siempre se había sentido muy unido. Yoram se tenía por principal culpable de esta situación, y a menudo se refería a lo que consideraba su fracaso como escritor.
Sin embargo, si bien los años que pasó relegado al olvido fueron reales, y el sufrimiento que experimentaba era sincero, también podría decirse que Yoram sentía cierta fascinación por la derrota. En una ocasión me contó que había crecido marcado por la maldición de su padre, que parecía sentirse abocado al fracaso. Su padre, que había sido un gran violinista y había abandonado Ternopil para estudiar música en Berlín, había dejado de tocar para siempre tras escuchar a Bronislaw Huberman y llegar a la conclusión de que jamás tocaría tan bien como él. “Crecí con la convicción de que, haga lo que haga, debo aspirar al fracaso, y eso es lo que ha sucedido”, escribió Yoram. “Siempre hago algo nuevo pero nunca es suficiente, soy un perdedor incluso cuando no lo soy.” No obstante, precisamente por nunca haber pretendido alcanzar el éxito, escribía con una libertad sin precedentes, de un modo temerario, como alguien que está más allá del miedo; a veces hasta me daba la impresión de que escribía como un hombre que ha muerto y se halla en la otra orilla, tratando de comunicarse a gritos con el mundo de los vivos.



 
Portada de la novela 'El buen árabe', publicada en 1984.
“Quiero comprender qué es el fracaso”, dijo en una entrevista. “Forma parte de mí, y guarda una relación muy estrecha con la cultura judía, con el hecho de pertenecer a una tribu maldita.” Convirtió la derrota en su forma de arte; era un artista de la derrota. En su novela El buen árabe, una de mis preferidas, publicada hace mucho bajo pseudónimo y olvidada por casi todos, la novia del protagonista, Yosef, mitad judío y mitad árabe, desgarrado por su lealtad a ambas culturas, le dice que debe decidir qué parte de sí mismo dejará vencer a la otra. “Ambas han perdido —replica él—. Soy la persona más derrotada de mi malhadada familia.” Y aun así Yosef se halla entre los personajes más sublimes de Kaniuk y, en conjunto, sus libros constituyen una de las odas más conmovedoras que conozco al fracaso, al malogrado empeño de convertirnos en las personas, el país, el pueblo que aspirábamos a ser. También en eso, Kaniuk nadaba a contracorriente respecto al ideario de fuerza, determinación e invencibilidad sobre el que se basa la identidad israelí. Con la tozudez y la tenacidad de un sabra palmajnik, persiguió la derrota hasta que la agotó, y renació convertido en todo un éxito.
Y es que Yoram Kaniuk era, por encima de todas las cosas, israelí. “Nuestros ridículos profesores habían estado machacándonos y dándonos la matraca con lo de construir y ser construidos en Eretz Israel, pero no entendíamos exactamente lo que quería decir eso —escribió en su libro de memorias, 1948—. ¿Acaso no habíamos nacido aquí? Con los cardos. Con los chacales. Con los carros tirados por mulas con anteojeras, con los higos chumbos, con los granados y los cipreses de bellas copas, así que ¿cómo se construye y se es construido realmente?” Y pese a haber nacido en Israel y haber luchado por la fundación del Estado hebreo, no idolatraba a falsos ídolos ni temía alzar su voz discrepante, por lo que se convirtió —en los incontables artículos que publicó en varios diarios israelíes, y también en su blog— en infatigable azote de lo que consideraba los fracasos de Israel. El año pasado, en un conmovedor artículo publicado en Haaretz, escribió que, cuanto más se acercaba a la muerte, menos podía invocar siguiera la tristeza, pues el país que tan bien conocía y tan querido le era había desaparecido ante sus ojos.
La primera vez que veo a Yoram, tras una avalancha de cartas, se aferra a su bastón con una mano, lleva en la otra un póster enrollado y sujeto con un cable de teléfono y, con un tercer brazo, me coge de la mano y me guía calle abajo mientras me explica que esa protuberancia bajo la camisa no es su barriga sino una faja ortopédica, porque años atrás le extirparon toda la musculatura estomacal en una operación, y me cuenta que a veces se cae por la calle pero, como es incapaz de levantarse por sí mismo, debe esperar que alguien pase por allí y lo recoja del suelo.



Portada de 1948, el libro de memorias de Yoram Kaniuk.
Recorremos sin prisa las calles de Tel Aviv y pasamos por delante de la casa en que creció, en la esquina de Ben Yehuda y Strauss, donde su padre “solía sentarse en el balcón mirando hacia el mar como si tratara de salvar la distancia que lo separaba de Berlín”. Me explica que 1948, en cuya escritura ha trabajado de forma intermitente desde hace sesenta y dos años, acaba de salir a la luz, y que en la portada hay una representación de la estrella de David que pintó él mismo en 1953, “antes de que ese cabrón [Jasper Johns] empezara a vender banderas americanas”. Me cuenta lo emocionante que es todo aquello para él, que no paran de invitarlo para que conceda entrevistas en la tele y la radio, que estando allí fuera “todas las chicas de buen ver vinieron a darme un beso; me sentí como una mezuzá (recipiente adosado a la jamba de la puerta de entrada de un hogar judío que contiene un pergamino con versículos de la Torá) con tanto besuqueo”, que por primera vez se despierta por la mañana y se siente bien consigo mismo, apreciado como alguien que ha hecho algo digno de admiración, “tan sólo una pequeña coma en el inmenso libro de la vida, pero hasta una coma puede ser divertida”, dice, y le comento que sí, conocía el chiste sobre el tipo al que preguntan cómo es su mujer en la cama y contesta: “Pues unos dicen que así, otros dicen que asá.” Nos reímos y seguimos caminando, seguimos doblando esquinas, y el móvil empieza a sonarle en el bolsillo de la camisa pero él sigue aferrado al póster, al bastón, a mi brazo, disculpándose por las faltas ortográficas de sus cartas, “me he quedado sin corrector ortográfico, y escribo tan mal que me río por no llorar”. Me cuenta que pronto le concederán un doctorado en la Universidad de Tel Aviv, la misma a cuya facultad de Medicina ha donado su futuro cadáver, donde lo conservarán en una cámara frigorífica bajo tierra y será objeto de estudio por parte de los futuros médicos, para que su “pobre y difunta madre pueda volver y llevarse una gran alegría cuando les diga a sus amigas Elisheva y Miriam: “¿Lo veis? Yoram ha llegado a la universidad, y por partida doble: está arriba y abajo”“. Seguimos caminando, aunque me pregunto cómo es posible que un hombre tan mayor recorriera una distancia tan larga. Puede que esté recordando un día distinto, en el que me habla de lo difícil que es dejarse querer después de tanto tiempo. “Echo de menos ser imposible –dice-. Echo de menos odiarme; a mis casi ochenta y un años ya no puedo ser yo mismo.”
Y de pronto, antes de lo que yo esperaba, tras más de un centenar de cartas y un millar de llamadas de su teléfono veinticuatro horas, tras años de paseos, llegamos al lugar al que había querido llevarme, el viejo cementerio que desemboca en la calle Trumpeldor, más antiguo que la mismísima Tel Aviv. Caminamos entre las lápidas arracimadas; él va buscando la tumba de su madre. Nos sobrevuela una bandada de pájaros, que según él vuelven de África y se dirigen a Alemania. Quería que lo enterraran aquí, pero no podrá ser, me dice, “no tendré una tumba en el país cuya fundación me costó tan cara”, y en un primer momento se me antoja que lo dice por orgullo, por el temor a que nadie le ofrezca un sepulcro digno, pero más tarde comprendo que ni siquiera ahora, a sus ochenta y tres años, habiendo alcanzado fama y gozando de afecto, ha dado por concluida Yoram Kaniuk su —casi, pero no del todo— exhaustiva exploración de la derrota, la misma que antes o después todos coincidirán en considerar una de las grandes obras de la literatura.
De la última carta suya que recibí:
“Hemos tenido unos días fríos, pero ahora ha vuelto el buen tiempo, mi nuevo libro se vende bien y a la gente le gusta, aunque no es un libro fácil de leer y Miranda aún se resiente del hombro que se rompió y está cansada, Adam Kaniuk, nuestro viejo perro, está ahora ciego del todo y apenas oye, y pronto estaremos bien. La quimio sigue dándome molestias pero a todo se acostumbra uno. Recibe todo mi cariño. Algún día, también yo seré escritor”.
*Artículo publicado en The New Yorker el 12 de junio de 2013 bajo el título de Born Again; Traducción: Rita Costa

 

domingo, 5 de mayo de 2013

La Guerra tecnologica permanente

Ciberespías chinos logran sortear a EE UU y robar secretos militares vitales

La Casa Blanca se dispone a pedir cuentas al país asiático por la tecnología robada gracias a la piratería informática

          

Unidad de Comando Cibernético en Texas. / FUERZAS AÉREAS DE EE UU
 
Entre los contratistas de defensa, la empresa QinetiQ North America es conocida por sus conexiones en el mundo del espionaje y su asombrosa línea de productos. Sus aportaciones a la seguridad nacional incluyen satélites secretos, aviones no tripulados y software que emplean las fuerzas especiales de Estados Unidos en Afganistán y Oriente Próximo.
 
El exdirector de la CIA George Tenet fue ejecutivo de la compañía entre 2006 y 2008 y el antiguo responsable de espionaje del Pentágono Stephen Cambone encabezó una de las principales divisiones. La empresa madre, británica, se creó como derivación de un laboratorio de armas del gobierno que había sido la inspiración para el laboratorio de Q en las novelas de James Bond de Ian Fleming, una conexión de la que a QinetiQ aún le gusta presumir.
 
Sin embargo, la experiencia de esta veterana empresa de espionaje no pudo impedir que los ciberespías chinos la engañaran. Durante tres años, unos piratas informáticos vinculados al ejército chino se infiltraron en los ordenadores de QinetiQ y pusieron en peligro la mayor parte de su labor investigadora, por no decir toda. En un momento dado, se introdujeron en la red interna de la compañía aprovechando un fallo de seguridad que se había descubierto meses antes y nunca se había reparado.
 
“Encontramos huellas de los intrusos en muchas de sus divisiones y en la mayoría de sus líneas de producto”, dice Christopher Day, que hasta febrero era vicepresidente de Terremark, la división de seguridad de Verizon Communications, contratada en dos ocasiones por QinetiQ para investigar las entradas ilegales. “No hubo prácticamente ningún sitio en el que mirásemos en el que no les encontráramos”.
 
QinetiQ no era más que uno de los objetivos de una amplia operación de piratería informática. Desde al menos 2007, los hackers chinos se introdujeron en las bases de datos de casi todos los grandes contratistas de defensa de Estados Unidos y lograron hacerse con varios de los secretos tecnológicos más protegidos del país, según dos funcionarios del Pentágono que prefieren mantener el anonimato porque la valoración de daños de los incidentes sigue siendo información reservada.
 
Ahora que la Casa Blanca se dispone a pedir cuentas a China por la tecnología estadounidense que ha robado gracias a la piratería informática, las autoridades necesitan saber todavía cuánto daño está ya hecho. Durante sus años de ataques contra los contratistas de defensa, los espías robaron varios terabytes --es decir, cientos de millones de páginas-- de documentos y datos sobre programas de armamento, un volumen que deja pequeño cualquier robo de secretos durante la Guerra Fría. Los piratas de QinetiQ quizá pusieron en peligro informaciones vitales para la seguridad nacional, como el despliegue y las capacidades de la flota de helicópteros de combate.
 
“Son pocos los contratistas de defensa que no han sufrido estos ataques”, dice James Lewis, investigador titular sobre seguridad en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington. “Los daños han sido considerables”.
 
Algunos de estos ataques han llegado a hacerse públicos, como el robo que sufrió Lockheed Martin Corp., en 2007, de tecnología relacionada con el F-35, el avión de combate más avanzado de Estados Unidos. Los responsables de los servicios de inteligencia dicen que los daños son mucho más amplios de lo que se sabe en público y que los piratas chinos han adquirido datos sobre varios sistemas de armas importantes y numerosos menos importantes. Un antiguo funcionario de inteligencia dice que en el Pentágono ha habido discusiones sobre si sería seguro desplegar en combate otro aparato de Lockheed Martin, el F-22 Raptor, después de que vatios subcontratistas hayan sufrido ataques informáticos.
 
En 2007-2008, el Pentágono llevó a cabo sesiones informativas secretas con alrededor de 30 empresas de defensa para alertarles de la campaña de espionaje y proporcionarles armas que les permitieran defenderse contra ella, según una persona que vivió el proceso. Esta persona no sabe si QinetiQ fue una de las empresas que recibió esa información secreta.
 
Los investigadores acabaron por identificar a los piratas que, desde Shaghai, habían entrado en QinetiQ, un grupo de élite denominado la Comment Crew por los expertos en seguridad, que también se ha introducido en las redes de grandes compañías y de personajes políticos, incluidas las campañas para las elecciones presidenciales de 2008 de Barack Obama y John McCain. Es posible que interviniera al menos otro grupo más de ciberpiratas chinos, según una persona que está al corriente de la investigación.
 
En un informe del 18 de febrero, Mandiant, una empresa de seguridad con sede en Alexandria, Virginia, atribuyó 141 grandes ataques informáticos a Comment Crew, sin revelar los objetivos. Mandiant decía que el Comment Crew es la Unidad 61398 del Ejército Popular de Liberación, que equivale, en ciertos aspectos, a al Organismo de Seguridad nacional de Estados Unidos. El informa de Mandiant empujó a Tom Donilon, consejero de seguridad nacional del presidente Obama, a exigir a China que dejara de piratear empresas norteamericanas.
 
El propósito del espionaje en QinetiQ y otras empresas contratistas de defensa parece ser conseguir que China cierre la distancia que le separa de Estados Unidos en tecnología militar avanzada, ahorrándose años de investigación y desarrollo que le habrían costado miles de millones de dólares, según Michael Hayden, exdirector de la CIA.
 
También es posible que el ejército chino robara códigos de programación y detalles de diseño que le ayudarían a incapacitar el más sofisticado armamento estadounidense.
 
La prolongada operación de espionaje contra QinetiQ puso en peligro la delicada tecnología de la empresa relacionada con aviones no tripulados, satélites, robótica militar y la flota de helicópteros de combate del ejército de Estados Unidos, tanto en sistemas ya desplegados como en otros todavía en fase de desarrollo, según las investigaciones internas. Jennifer Pickett, portavoz de QinetiQ, no ha querido hacer ningún comentario por su política general de no hablar sobre medidas de seguridad.
“Dios no quiera que entremos en guerra con China pero, si ocurriera, podría ser muy embarazoso, cuando empezáramos a probar todas estas armas tan complejas y viéramos que no funcionan”, dice Richard Clarke, antiguo consejero especial del presidente George W. Bush sobre ciberseguridad.
La pista de los espías en QinetiQ comienza a finales de 2007, igual que los errores de la empresa. Los esfuerzos de QniteiQ están registrados en cientos de correos electrónicos y docenas de informes que nunca deberían haberse hecho públicos pero formaron parte de un alijo filtrado en 2011 por el grupo Anonymous después de piratear HBGary Inc., una empresa de seguridad informática con sede en Sacramento que QinetiQ había contratado el año anterior.
 
Los correos e informes son auténticos, según Christopher Day y varios antiguos directivos de HBGary. Day aceptó que se le preguntara sobre las conclusiones de la investigación porque esos documentos ya eran públicos.
 
Después de examinar los documentos con varios expertos en seguridad y de entrevistar a más de una docena de personas que conocen los ciberataques sufridos por QinetiQ, Bloomberg News ha reconstruido de qué forma los piratas sortearon al equipo de seguridad interna de la empresa y otras cinco empresas más a las que se recurrió para remediar la situación.
 
Desde su sede en una torre de cristal y acero en McLean, Virginia, la filial estadounidense de QniteiQ es un fabricante de armas de pequeño tamaño, menos d ela décima parte de gigantes del sector como Lockheed y Northrop Grumman Corp. Se ha especializado en campos con perspectivas de crecimiento a medida que se reducen otros apartados del presupuesto del Pentágono, como aviones no tripulados, robótica, software y ordenadores de alta velocidad. Una oferta de empleo publicada en 2012 por las instalaciones de QinetiQ en Albuquerque pedía un programador para trabajar en “un sistema de vigilancia mundial por satélite” y solo aceptaba candidatos con la máxima autorización de seguridad.
 
En diciembre de 2007, un agente de los Servicios de Investigación Criminal de la Marina se puso en contacto con el pequeño equipo de seguridad de la empresa y les notificó de que dos personas que trabajaban en McLean estaban perdiendo datos confidenciales de sus ordenadores portátiles, según un informe interno. Los servicios de la marina se habían encontrado con los datos robados dentro de otra investigación y querían avisarles como cortesía.
 
El agente, que trabajaba en San Diego, no proporcionó la identidad de los piratas, a los que los servicios de inteligencia estadounidenses seguían la pista al menos desde 2002, ni tampoco proporcionó el dato crucial --pero secreto-- de que estaban atacando también a otros contratistas de defensa. QinetiQ no sabría quienes eran sus atacantes hasta dos años después.
La compañía emprendió la investigación pero con unos límites estrictos.
 
“Pensaron que era algo muy restringido, como un virus o algo así”, dice Brian Dykstra, experto forense que trabaja en Columbia, Maryland, y al que QinetiQ contrató para dirigir la investigación.
Solo le dieron cuatro días de plazo para completar su tarea. Dice que no le concedieron el tiempo ni la información necesarios para descubrir si había más empleados que hubieran sido pirateados, que es una medida de precaución habitual. En su informe final, Dykstra advertía que QinetiQ “no parece darse cuenta de la amplitud” de la intromisión.
 
Casi de inmediato surgieron pruebas que demostraban que Dykstra tenía razón, porque los ataques continuaron. El 7 de enero de 2008, la NASA alertó a la empresa de que unos hackers habían intentado introducirse en el organismo espacial desde uno de los ordenadores de QinetiQ.
Durante los meses posteriores, se produjeron varios ataques que QinetiQ abordó como incidentes aislados. Los piratas siguieron una estrategia más meticulosa: en los primeros dos años y medio, reunieron más de 13.000 contraseñas internas y entraron en servidores que podían darles información detallada sobre la empresa y su modo de organización, unos datos que después emplearían con consecuencias devastadoras.
 
Nuevas investigaciones desvelaron más agujeros de seguridad. En 2008, un equipo de seguridad descubrió que era posible entrar en la red corporativa interna de QinetiQ desde un aparcamiento de Waltham, Massachusetts, a través de una conexión wifi abierta. Esa misma investigación averiguó que unos piratas informáticos rusos llevaban más de dos años y medio robando secretos de QinetiQ da través del ordenador de una secretaria, que habían manipulado para que enviase los datos directamente a un servidor en la Federación Rusa.
 
Mientras tanto, los directivos de QinetiQ estaban preocupados porque los costes de la investigación estaban aumentando.
 
“Una empresa puede llegar a gastarse todos sus recursos investigando este tipo de cosas”, dijo William Ribich, expresidente del QinetiQ's Technology Solutions Group, durante una entrevista en enero. Ribich, que se jubiló en noviembre de 2009, poco después del hallazgo de un gran robo de datos, decía que habia que sopesar el peligro no comprobado de que los piratas utilizaran lo que habían robado con la el hecho de que cada vez había más productos de seguridad y honorarios de asesoría.
 
“Llega un momento en el que hay que decir ‘Pasemos la página’”, dijo.
 
De hecho, la primera división que atacaron los piratas chinos fue la de Ribich, con sede en Waltham, y en concreto la tecnología de aviones no tripulados y robótica de QinetiQ. Unos informes internos filtrados por Anonymous hablan de un ataque sufrido por el TSG en febrero de 2008 y otro intento en marzo de ese mismo año. En 2009, los hackers tenían ya el control casi total de los ordenadores del Grupo, según muestran los documentos.
 
En 2009, durante 251 días seguidos, los espías atacaron al menos 151 máquinas, entre ellas portátiles y servidores, y catalogaron los datos de códigos fuente e ingeniería de TSG. Los piratas extraían datos de la red en pequeños paquetes para evitar ser descubiertos, y consiguieron robar 20 gigabytes antes de que se pusiera fin a la operación, según una evaluación interna de daños.
 
Entre los datos robados había tecnología militar muy confidencial, en un volumen equivalente a 1,3 millones de páginas de documentos o más de 3,3 millones de páginas de tablas en Microsoft Excel.
“Todas sus claves y sus secretos corporativos han desaparecido”, escribió Phil Wallisch, ingeniero jefe de seguridad en HBGary, en un correo electrónico después de que la empresa le notificara sus pérdidas.
 
Pero aún quedaba lo peor.
 
Mientras el equipo de QinetiQ se tambaleaba de una crisis a otra, los piratas informáticos estaban refinando sus habilidades. Se les volvió a ver en marzo de 2010, después de que entraran en la red de la empresa con la contraseña robada de un administrador de red en Albuquerque, Nuevo México, Darren Back.
 
Los hackers utilizaron el acceso remoto de la empresa, igual que cualquier otro empleado. Si pudieron emplear ese truco fue porque QinetiQ no utilizaba la autenticación de dos factores, una herramienta muy sencilla que genera una clave única que los empleados deben utilizar, además de su contraseña habitual, cada vez que trabajan desde casa.
 
Unos meses antes, en una revisión de seguridad, se había detectado el problema. Mandiant, que había examinado varias intromisiones sufridas por TSG y había realizado la prueba, recomendó un remedio relativamente barato. Su consejo quedó ignorado, según una persona que conoce el informe.
En cuatro días de frenética actividad, los piratas atacaron al menos 14 servidores, y se interesaron en particular por la sede de la compañía en Pittsburgh, especializada en el diseño robótico avanzado. El Comment Group también utilizó la contraseña de Back para entrar en el ordenador del responsable de control de tecnología de QinetiQ en Huntsville, Alabama, que contenía un inventario de elementos tecnológicos armamentísticos supersecretos y códigos fuente de toda la empresa. Los espías habían dado con el mapa de todos los secretos digitales de QinetiQ.
 
Al mismo tiempo, habían empezado a extender sus ataques. En abril de 2010, al ver que se acumulaban las pruebas de que los piratas habían entrado en otras divisiones además de TSG, QinetiQ contrató a dos empresas externas, Terremark y una pequeña empresa relativamente nueva, HBGary, encabezada por Greg Hoglund, un antiguo hacker convertido en experto en seguridad.
HBGary instaló software especializado en más de 1.900 ordenadores y los examinó en busca de restos de códigos malintencionados. Enseguida surgieron fallos. De acuerdo con varios correos internos de HBGary, el software no se podía instalar al menos en la tercera parte de los ordenadores, e incluso cuando lo hacía, no detectaba algunos de los que se sabía que habían sido infectados por los espías.
 
Matthew Anglin, uno de los responsables de seguridad de la información en QinetiQ, con la tarea de coordinar las dos investigaciones, estaba angustiado por no saber lo que estaba ocurriendo en su propia red. Se quejó de que los expertos llevados de fuera no parecían dar con lo que pasaba y estaban perdiendo el tiempo en la búsqueda de un software que era inocuo, aunque no estuviera autorizado.
 
Los consultores también se pelearon. En un informe, HBGary se quejó de que Terremark ocultaba información vital. Terremark respondió que daba la impresión de que los piratas sabían que HBGary estaba persiguiéndoles y estaban usando su tecnología para borrar las huellas de su presencia en los ordenadores.
 
“Creen que les delatamos a los atacantes”, escribió en un correo Wallisch, el investigador jefe de HBGary en este proyecto.
 
Los equipos de seguridad encontraron pruebas de que los hackers se habían introducido en prácticamente todos los rincones de las actividades de QinetiQ en Estados Unidos, incluidos laboratorios de diseño y fábricas en San Luis, Pittsburgh, Long Beach (Mississippi), Huntsville (Alabama) y Albuquerque (Nuevo México), donde los ingenieros de QinetiQ trabajan en proyectos de espionaje por satélite, entre otros.
 
A mediados de junio de 2010, tras varias semanas de intensa labor, los investigadores pensaron que habían limpiado las redes de QinetiQ y empezaron a rematar la tarea.
La calma duró poco más de dos meses. A principios de septiembre, el FBI llamó a QinetiQ para decir que el contratista de defensa estaba volviendo a perder datos, según varios correos electrónicos y una persona que participó en la investigación. Anglin envió mensajes a HBGary y Terremark para pedirles que volvieran sus equipos cuanto antes.
 
A las pocas horas de llegar, los investigadores empezaron a encontrar una vez más software malintencionado (malware) en ordenadores de todas las divisiones norteamericanas de la empresa. En algunos casos, estaba allí desde 2009.
 
Los equipos de seguridad empezaron a darse cuenta de que los piratas habían logrado crear una presencia casi permanente en los ordenadores del contratista de defensa que les permitía extraer nuevos datos en cuanto se grababan en sus discos duros. “No cabe duda... Están jodidos”, escribió Wallisch a Hoglund en septiembre.
 
Los investigadores también tuvieron que lidiar con la frustración de los empleados de QinetiQ. Molestos por la potencia que consumía el software de detección de HBGary, los trabajadores empezaron a eliminarlo de sus ordenadores, con la aprobación del equipo de tecnología de la información de la empresa.
 
A medida que avanzaba la búsqueda, surgían más pistas sobre los secretos que perseguían los espías. Encontraron sus huellas digitales en los ordenadores del director ejecutivo de QinetiQ, un vicepresidente de división y docenas de ingenieros y arquitectos de software, incluidas varias autorizaciones confidenciales.
 
Una de las víctimas fue un especialista en el software incrustado en microchips que controla los robots militares de la empresa, una tecnología que sería útil para el programa chino de construcción de robots, dice Noel Sharkey, experto en aviones no tripulados y robótica de la Universidad de Sheffield, en Gran Bretaña. En abril de 2012, el Ejército Popular de Liberación dio a conocer un robot de desactivación de bombas similar al Dragon Runner de QinetiQ.
La arquitectura de chips también podría ayudar a China a ensayar maneras de tomar o derrotar a robots y aviones no tripulados estadounidenses, dice Sharkey.
 
“Podrían colocarlos en una placa de simulación y piratearlos”, dice. “Es algo fácil de hacer”.
Los espías también se interesaron por los ingenieros que trabajaban en un innovador programa de mantenimiento para la flota de helicópteros de combate del ejército. Atacaron al menos a 17 personas que trabajaban en lo que se conoce como Mantenimiento según las condiciones (Condition Based Maintenance, CBM), que utiliza sensores de a bordo para reunir datos sobre helicópteros Apache y Blackhawk desplegados en todo el mundo, según expertos que conocen bien el programa.
Las bases de datos de CBM contienen información confidencial, incluidos los números PIN de cada aparato, y podrían haber proporcionado a los piratas un panorama del despliegue, el comportamiento, las horas de vuelo, la durabilidad y otras informaciones cruciales de cada helicóptero norteamericano de combate desde Alaska hasta Afganistán, según Abdel Bayoumi, que dirige el centro de CBM en la Universidad de Carolina del Sur.
 
Es posible que los hackers aprovecharan asimismo el sistema de QinetiQ para entrar en el Arsenal Redstone del ejército, a través de una red que comparte con los ingenieros de QinetiQ en la cercana Huntsville. Según una persona que conoce los pormenores de la investigación, los investigadores militares relacionaron un allanamiento de la base, que alberga el Mando de Aviación y Misiles del Ejército, con QinetiQ.
 
No fue la única vez que los piratas aprovecharon rodeos para entrar en ordenadores oficiales. Esa misma persona dice que, todavía el año pasado, unos agentes federales estaban investigando la entrada ilegal en una unidad de ciberseguridad de QinetiQ que sospechaban que los piratas chinos estaban utilizando para atacar objetivos de la administración federal.
 
Los fallos de seguridad en QinetiQ hicieron que varios organismos federales, como el FBI, el Pentágono y los Servicios de Investigación Criminal de la Marina, llevaran a cabo sus propias búsquedas, según dos personas involucradas que no conocen aún los resultados de la labor.
El Departamento de Estado, que tiene la potestad de revocar la autorización de QinetiQ para manejar tecnología militar restringida si encuentra que ha habido negligencia, no ha emprendido aún ninguna acción contra la compañía. Dos antiguos miembros de las fuerzas del orden dicen que, a pesar de ese poder, el Departamento de Estado no tiene gente con los conocimientos informáticos forenses necesarios para evaluar los daños, y ninguno de ellos recuerda que el Departamento haya participado en ninguna gran investigación sobre robo de datos.
 
“En este caso, da la impresión de que han pasado años y no se ha aprendido nada, y eso es lo que da miedo”, dice Steven Aftergood, que dirige el Proyecto de Secretos Oficiales en la Federación de Científicos Americanos. “La empresa es responsable de sus fallos, pero el gobierno es responsable de haber tenido una reacción insuficiente”.
 
Las actividades de QinetiQ en Estados Unidos están supervisadas por un consejo delegado en el que está presente Riley Mixson, el antiguo jefe de guerra aérea de la Marina. El consejo fue informado en varias ocasiones sobre los ciberataques y las investigaciones. En una breve entrevista telefónica, Mixson dijo que “todo estaba debidamente documentado” y colgó. Tener se negó a hacer comentarios.
 
Las investigaciones no disminuyeron la capacidad de la empresa de obtener contratos del gobierno e incluso proporcionar servicios de seguridad informática a varios organismos federales.
En mayo de 2012, QinetiQ obtuvo un contrato de seguridad informática valorado en 4,7 millones de dólares con el Departamento de Transportes de Estados Unidos, que incluye la protección de algo tan fundamental como las infraestructuras de transportes del país.
 
“En seguridad informática, QinetiQ no se enteró de nada, así que me asombra que hayan vuelto a ganar”, dijo Bob Slapnik, vicepresidente de HBGary, en 2010, después de que la compañía recibiera una subvención del Pentágono a cambio de asesoramiento sobre métodos para luchar contra el ciberespionaje.
 
En el otoño de 2010, Terremark envió a Anglin un informe con la conclusión de que QinetiQ había sido blanco del Comment Crew desde 2007 y que los piratas habían actuado sin cesar en sus redes, por lo menos, desde 2009. El informe estaba entre los documentos filtrados por Anonymous.
Para entonces, los hackers controlaban ya casi por completo la red de la empresa. Habían actuado sin obstáculpos durante meses y habían implantado múltimples canales ocultos de comunicaciones para extraer datos. En privado, los investigadores estaban convencidos de que los espías habían logrado todo lo que querían de los ordenadores de QinetiQ.
 
“En mi opinión, si un pirata lleva años en tu entorno, tus datos han volado”, escribió Wallisch en un correo electrónico a un colega en diciembre de 2010, pocas semanas antes de que la propia HBGary fuera también pirateada.
 
“Cuando tu enemigo conoce, cataloga y analiza todos los elementos de tu empresa”, escribió Wallisch, “ya no tengo la sensación de apremio”.
 
*Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia