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sábado, 23 de febrero de 2013

Rodríguez

No había escuchado una historia mejor en toda mi vida"

'Searching for Sugar Man' sigue la pista de un músico que fue más famoso que Elvis, más contundente que Dylan y con más fans que los Rolling Stones

BEGOÑA PIÑAMadrid22/02/2013 08:16         

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Rodríguez, una leyenda del rock estadounidense de los 70.

Rodríguez, una leyenda del rock estadounidense de los 70.

Más famoso que Elvis, más contundente que Dylan y con más fans que los Rolling Stones. Así es el personaje principal de esta asombrosa historia, una de las mejores que ha tenido el cine documental reciente y una de las más emocionantes de los últimos años. Searching for Sugar Man, dirigida por Malik Bendjelloul, es una de las cinco producciones que aspiran al Oscar a Mejor Documental. En España se estrena este viernes.

"No había escuchado una historia mejor en toda mi vida", asegura el propio director, que debuta con esta película, una especie de juego de muñecas rusas, donde cada vez que aparece una sorpresa se abre una puerta nueva a otro descubrimiento más. Y cada hallazgo parece más increíble que el anterior. Y, sin embargo, lo mejor del filme no es la recuperación de tan sorprendente relato sino la emoción que se encierra en él.

Vencedora en Sundance, Los Ángeles, Durban, Melbourne, Tribeca, Amsterdam, Doha... y ganadora de un BAFTA, la película cuenta la historia de Rodríguez, una leyenda del rock estadounidense de los 70 que, en realidad, nunca fue leyenda, o al menos, no en su país. Dennis Coffey y Mike Theodore le descubrieron en un garito de Detroit, donde actuaba de espaldas al público, y produjeron su primer álbum, Cold Fact (1970), convencidos de que se convertiría en uno de los músicos más grandes de su generación.

Poeta de los suburbios.- "Era una especie de vagabundo, un poeta de los suburbios", dicen los productores, que recuerdan cómo Rodríguez quedaba con ellos en las esquinas de la ciudad y que aún hoy se preguntan cómo fue posible que un músico como éste no rozara si quiera el éxito. "¿Por qué no salió bien?" Es la misma pregunta que se hace el mítico Steve Rowland, descubridor entre otros de Peter Frampton y de The Cure, y productor del segundo trabajo de Rodríguez, Coming from Reality (1971). "Este tío merece ser reconocido", sentencia contundente en esta película.

Tras aquel segundo álbum, el músico siguió en la sombra. El éxito no llegó y Rodríguez desapareció. Mientras tanto, una copia pirata del primero de los discos había aterrizado en Sudáfrica, que vivía el sistema salvaje y represor del Apartheid. Allí, las canciones de Rodríguez -muchas de ellas dedicadas a los sectores pobres y marginados de la sociedad- corrieron como la pólvora y se convirtieron en un auténtico fenómeno. Cold Fact sigue siendo hoy uno de los discos más famosos en Sudáfrica de todos los tiempos.

En sistemas racistas.- Uno de los elementos esenciales de esta grandísima historia es la raza. La raza del personaje principal, Rodríguez, un latino en un hipócrita y racista EE.UU., y, por supuesto, el conflicto racial en Sudáfrica, dominada entones por el bárbaro sistema del Apartheid. En ambos países hubo movimientos antirracistas importantes, pero seguramente las acciones lideradas por los ‘subversivos' blancos eran mucho más comprometidas en Sudáfrica. Las letras de las canciones de Rodríguez se convirtieron en lemas de su lucha contra el Apartheid.

"Para los liberales sudafricanos no había ningún problema en que un cantante tuviera un nombre hispano y apariencia hispana -dice Malik Bendjelloul -. En Estados Unidos en aquella época si te llamabas Rodríguez todos daban por hecho que tocarías música mariachi. Rodríguez fue un serio desafío a la música rock blanca, los Lou Reed y los Bob Dylan de este mundo, que aún eran un club muy selecto en la Europa y los Estados Unidos de la época. Hice algunas encuestas aleatorias por las calles de Cape Town y una de cada dos personas conocía a Rodríguez, fuera cual fuera su edad o sexo".

A pesar de la resonancia de su música, las noticias sobre este artista eran escasas, por no decir inexistentes. Así que, picados por la curiosidad, dos entusiastas seguidores de Rodríguez -un periodista y el dueño de una tienda de discos- comenzaron a perseguir su rastro para ver qué averiguaban. Lo último que se decía de él era que se había suicidado en el escenario, frente al público. Unos aseguraban que se había prendido fuego, pero la mayoría afirmaba que se había pegado un tiro. Al final de un mal concierto, Rodríguez cantó una canción más y dijo: "Gracias por vuestro tiempo. Dadme las gracias por el mío y después, olvidadlo". Puso una pistola en la sien y disparó. "Era el suicidio más grotesco de la historia del rock".

La conmoción de su música.- La asombrosa historia que descubrieron los dos fans del músico (y que no debemos contar aquí) compite con la conmoción que sufrió Malik Bendjelloul cuando por fin se animó a escuchar las canciones de Rodríguez. Obsesionado con la joya que tenía entre las manos, al director le daba miedo descubrir su música. Si ésta no era tan buena como le habían dicho, su relato perdía mucho interés. Así que no oyó ni una sola nota hasta que no regresó a Europa. "Literalmente no podía creer lo que escuchaba. Pensé que mis sentimientos acerca de la historia podían haber influenciado en mi opinión y necesitaba que otra gente lo escuchara para ver si estaban de acuerdo. Sus reacciones me convencieron, realmente eran unas canciones del nivel de las mejores de Dylan o incluso de las de los Beatles".

Clarence Avant, dueño de Sussex Record, asegura en la película que "Bob Dylan era muy light comparado con este músico" y en Sudáfrica todos dicen que era mucho más famoso que las estrellas del rock más famosas de la historia. Las referencias a que era más popular que Elvis, que tenía más seguidores que los Rolling Stones y que sus discos y los de The Beattles eran los únicos que no faltaban en ninguna tienda del país son constantes en la película.
"Rodríguez era un artista con convicciones y esta historia es la de un hombre que merece ser descubierto", concluye Malik Bendjelloul, que asegura que ha aprendido mucho de él. "Su creatividad no tenía compromiso alguno y era, por tanto, intachable. Creo que es algo que cualquier artista debería plantearse detenidamente, su verdadero tesoro es su propia integridad, dignidad, inspiración y pasión".