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lunes, 30 de septiembre de 2013

La Santeria en Matanzas,


jueves, 19 de septiembre de 2013

Muere un grande de la critica literaria en Aleman

Muere el crítico literario alemán Marcel Reich-Ranicki

El director de las páginas literarias del 'Frankfurter Allgemeine', conocido como el "Papa de la literatura alemana", fallece a los 93 años


Fotografía de archivo fechada el 24 de marzo de 2006 del crítico literario alemán de origen polaco Marcel Reich-Ranicki. / BORIS ROESSLER (EFE
 
Una de sus últimas apariciones estelares ante millones de alemanes fue su rechazo del Premio de la Televisión. Tras una interminable ronda de aplausos de lo más granado del medio en Alemania, Marcel Reich-Ranicki asumió su papel de crítico furibundo para lamentar verse “en la situación fatal” de haber “pasado muchas horas” sufriendo la larga ceremonia de entrega de un premio que rechazó. Si hubiera sido en metálico, dijo, “devolvería el dinero”, pero solo podía “arrojar a los pies de alguien este objeto” que le querían dar. Se refería a la estatuilla, que rechazó. El vídeo de 2008 sigue siendo un éxito en YouTube. Esas peroratas mordaces eran su especialidad, perfeccionada al frente del programa El cuarteto literario que presentó con gran éxito en la televisión pública ZDF.
El editor del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ) Frank Schirrmacher lamentó el miércoles la muerte de “un hombre muy grande” que pasó su vida “en permanente rebelión contra el aburrimiento y la mediocridad”. Reich-Ranicki labró su reputación de crítico literario en las páginas culturales del semanario Die Zeit, para el que escribió entre 1960 y 1973. De allí saltó al gran diario de Fráncfort, cuyas páginas literarias dirigió hasta 1988. Entonces comenzó una carrera televisiva que le valdría el apodo mediático de Papa de la literatura. Pese a su airado rechazo al premio de la Televisión, el programa que dirigió hasta 2001 lo convirtió en una auténtica estrella popular.
Nació como Marceli Reich en una familia judía de Wloclawek, Polonia, en 1920. Su padre, David, era empresario. Su madre, Helene, era alemana y culta y se preocupó de inculcar en el joven lel interés por la lengua y la cultura de su país natal. Fue el único de tres hermanos al que matricularon en el Colegió Alemán de la ciudad. En 1929 la bancarrota del padre los llevó a Berlín. Pudo hacer su selectividad pese a las leyes racistas promulgadas por los nazis a partir de 1933, pero la universidad no lo aceptó por su ascendencia judía. En 1938 lo deportaron de vuelta a Polonia, donde cayó en las garras de los invasores alemanes en 1940. Estuvo encerrado en el gueto de Varsovia hasta 1942. Su bilingüismo le permitió trabajar como intérprete para las autoridades del gueto. Era una manera de sobrevivir con menos penalidades que la mayoría de los judíos encerrados en el infame barrio de la capital de la Polonia ocupada.
Tenía 19 años cuando conoció Teofila Langnas, también judía y de su misma edad. Su padre, hombre de negocios de Lodz, acababa de ahorcarse a causa de las humillaciones de los carceleros nazis. Helene Reich mandó a su hijo a casa de los Langnas para que los ayudara. Marceli y Teofila estuvieron juntos hasta la muerte de ella, hace dos años. Muchos de sus familiares cercanos murieron asesinados en el Holocausto.
En 1944, Reich logró entrar al servicio del Ejército de liberación polaco. Entonces se puso el Ranicki como segundo apellido, porque a sus superiores les parecía que Reich sonaba demasiado alemán. Trabajó en los servicios secretos de Polonia hasta que fue depurado en 1949. Lo expulsaron, además, del Partido Comunista. Paso varias semanas encarcelado por razones políticas.
En 1958 aprovechó un viaje de estudios para no regresar más a la República Federal de Alemania. Participó allí en algunas actividades del llamado Grupo 47, lo mismo que gran parte de los principales escritores alemanes de la época. En 1959 se mudó a Hamburgo para trabajar en Die Zeit. Empezaba su fulminante ascenso a las cumbre de de la crítica literaria alemana.
Su estilo era fácil de entender para cualquier lector medianamente educado. No fue a la universidad, lo cual le libró de algunos vicios estilísticos de la crítica académica. Tuvo un éxito notable como escritor de prensa, pero aún no comparable al masivo impacto de su programa de televisión.
Con frases sintácticamente perfectas y una lengua afilada como un estilete, Reich-Ranicki era capaz de lanzar a una novela a lo alto de las listas de bestsellers de la Europa de habla alemana. También podía hundir la reputación de un escritor consagrado. La diversión estaba asegurada con sus gestos despectivos o encomiásticos, sus interrupciones y sus imprecaciones a alguno los otros tres críticos que componían su Cuarteto. Su influencia como crítico fue inmensa. El público culto contenía el aliento durante sus polémicas con escritores consagrados y corría a comprar sus recomendaciones de autores noveles. Memorables fueron las grescas que mantuvo con el consagrado Günter Grass desde 1995.
En enero de 2012, el superviviente Reich-Ranicki habló ante un conmovido pleno del Bundestag sobre su experiencia con los criminales nazis en el gueto de Varsovia. Lo había hecho también en sus memorias, bestseller de 1999.
Marcel Reich-Ranicki, maestro de la crítica y del entretenimiento literarios, murió el miércoles en Fráncfort con 93 años.

 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Los Hijos de la Noche

Hezbolá combate a Al Qaeda en Siria

El Asad recurre a la milicia libanesa para expulsar a los yihadistas de Malula

Islamistas chiíes y suníes se enfrentan en la cuna del cristianismo sirio


Un soldado del Ejército sirio durante los combates en Malula. / (ap)
 
Se hacen llamar Firaq al-Lay (Unidades de la Noche) y no hay soldado sirio en el frente de Malula que no hable de ellos. Son los comandos de élite enviados por el partido milicia libanés Hezbolá como refuerzo a la ofensiva que las tropas del régimen de El Asad han emprendido en esta localidad cristiana a 50 kilometros de la capital.
Una operación a gran escala contra los milicianos islamistas del frente Al Nusra —vinculado con Al Qaeda— que hace diez días tomaron esta localidad siria considerada santuario de la cristiandad, cuyos habitantes todavía hablan en arameo, la lengua de Jesucristo.
“La guerrilla se combate con guerrilla”,  justifica un coronel sirio
“Llegamos aquí el sábado y de no ser por su ayuda no habríamos podido entrar en la ciudad”, confiesa un joven oficial que espera en la retaguardia a que unidades del régimen icen la bandera siria en la plaza central de Malula para encargarse con sus hombres a asegurar el perímetro. “Hace cuatro días”, asegura ufano, “todavía combatíamos casa por casa a los rebeldes en el interior del pueblo, pero ahora ya es nuestro”.
Es difícil obtener una cifra exacta de cuantos efectivos ha enviado Hezbolá a esta aldea reducida a escombros, pero en las filas del Ejército de Asad se habla de unos 200. Entre la tropa sólo hay palabras de admiración y respeto para estos guerrilleros extranjeros de cuya presencia en Siria se tiene constancia desde la pasada primavera, cuando ayudaron a El Asad a tomar la estratégica localidad de Qusair, junto a la frontera libanesa.
“Por la mañana ya no estarán aquí. Por eso se llaman unidades de la noche”
“No pueden pesar más de 65 kilos, porque tienen que ser ágiles”, afirma un soldado poco antes de subir a un pick-up en dirección al frente de Malula. “Visten de negro y si les oyes es que estás muerto”, nos dice su compañero. El relato de los soldados haría pensar que se están refiriendo a los legendarios ninjas japoneses pero, mas allá del halo mítico que han adquirido entre las tropas de Assad, lo cierto es que la presencia de estas unidades de élite de Hezbolá, entrenadas con la Guardia Revolucionaria iraní, ha permitido a las tropas del régimen un avance sustancial en un tiempo récord.
No es que el Ejército sirio esté escatimando arsenal en la batalla de Malula. Ayer los helicópteros bombardeaban sin cesar las montañas que rodean la localidad, donde los rebeldes han encontrado un refugio natural. Los tanques hacían lo propio sobre otra “posición enemiga”: un gigantesco hotel abandonado en lo alto de la población.
El tráfico de soldados que van y vienen del frente es constante. Pero no suficiente. “Nosotros somos un ejército y enfrente tenemos a una milicia, con técnicas de guerrilla y hordas de francotiradores”, afirma el coronel Abu Marwan, responsable de organizar el suministro de armamento al frente desde la vecina localidad de Ain At Tine. “La guerrilla se combate con guerilla. Y eso saben hacerlo muy bien los hermanos de Hezbolá”.
Es decir, islamistas chiíes (Hezbolá) contra islamistas suníes (Al Nusra), lo que muestra el carácter fratricida que ha adquirido esta guerra.
Pero la batalla por el control total de Malula no ha terminado. La ciudad está ya en manos del régimen, pero los rebeldes continúan teniendo capacidad de combate refugiados en las montañas que rodean la zona. Cuando cae la tarde, disparos de francotiradores rebeldes llegan hasta la primera posición del Ejército, junto a entrada de la ciudad, donde nos encontramos. Son más de dos kilómetros los que nos separan de las montañas pero los disparos están muy cerca de hacer diana. “No se preocupe”, dice Abu Marwan, que agacha la cabeza mientras nos obliga a imitarlo tras una improvisada trinchera. “No se preocupe, verá como mañana por la mañana los rebeldes ya no estarán allí”, vaticina convencido. “¿O por qué cree usted que nuestros compañeros se hacen llamar unidades de la noche?”