Páginas vistas en total

miércoles, 28 de diciembre de 2016

La Renta Basica, la nueva forma de financiacion social de la sociedad 4,0

Finlandia, laboratorio mundial de la renta básica universal

 El país nórdico será el primer país del mundo en experimentar en 2017 esta forma de retribución

Helsinki
 
La automatización de la fuerza laboral crece a toda velocidad en el siglo XXI. Y la primera consecuencia es dramática: pérdida de empleos tradicionales que ahora, por un coste laboral cero, son desempeñados por máquinas, como por ejemplo los lavacoches o los camareros que toman la orden en un restaurante. Finlandia ha decidido empezar a prepararse para el futuro, experimentando con nuevas redes de seguridad. El país nórdico será en 2017 el laboratorio mundial de lo que se ha bautizado como la renta básica universal. Es decir, recibir una cantidad de dinero al mes porque sí. Se tenga empleo o no. En un programa piloto que durará dos años, 2.000 ciudadanos recibirán a partir de enero 560 euros al mes solo por existir.
 
Ampliar foto
Expertos en renta básica universal charlan en una mesa redonda en Slush (evento tecnológico en Helsinki) el pasado 1 de diciembre.

“Para revolucionar algo tan grande, tan tradicional y tan fundamental como son las retribuciones hay que experimentar primero”, señala Roope Mokka, cofundador de Demos Helsinki, el primer think tank independiente de los países nórdicos. En un país calvinista en el que la cultura de la responsabilidad se respira en cada esquina, esta remuneración adicional es vista por expertos, políticos y ciudadanos no como un regalo, sino como una oportunidad para engrasar la economía y animar a la población a iniciar negocios, explica este joven finlandés durante una mesa redonda en Slush, un evento que congrega cada año a centenares de sturt-ups, compañías e inversores mundiales y que se ha convertido en un acontecimiento clave para la economía finlandesa que hoy por hoy continúa luchando por salir de una profunda recesión.
 
Pero aún con un horizonte difícil —la Comisión Europea le augura un crecimiento del 0,9% del PIB para el año que viene—, el Gobierno conservador finlandés es pionero mundial en implantar la renta básica. Una selección de 2.000 ciudadanos recibirán a partir del próximo enero, y durante dos años, 560 euros al mes. “Los análisis más fiables tardarán en llegar al menos seis años más”, predice el experto. En Oakland (EE UU) serán mil familias las que recibirán 500 euros mensuales y Utretch, en Países Bajos, experimentará también ésta fórmula en 2017. Eso sí, Finlandia es de los pocos países en la Unión Europea (UE) que no goza de un salario mínimo interprofesional, al igual que los países escandinavos. Su PIB per cápita, en cambio, es de los más altos de la Unión incluso en tiempos convulsos: 38.200 euros en 2015 (año en el que el déficit alcanzó el 2,8% del PIB) frente a los 23.200 de España, según la página web datosmacro.

Empleos más caros

Para que la idea de renta básica que a muchos les puede parecer utópica se convierta en realidad lo que se necesita es financiación. El experto sostiene que lo primero que las empresas y los Gobiernos deberían hacer es asegurar que “los trabajos se paguen caro”, además de llevar a cabo una reforma en el sistema impositivo que grave aún más a las rentas altas. “La propiedad inutilizada, bienes, deficiencia energética, edificios... hay muchas cosas a las que se le pueden aplicar más impuestos”, enumera Mokka de forma improvisada aunque con un gran conocimiento de lo que habla.

Expertos en renta básica universal charlan en una mesa redonda en Slush (evento tecnológico en Helsinki) el pasado 1 de diciembre.


De lo contrario, y como ocurre por ejemplo en España —donde el Gobierno de Mariano Rajoy (PP) acaba de subir el salario mínimo a 707,6 euros, la mitad que en Francia, según Eurostat—, seguir trabajando y recibir este complemento salarial “no compensaría” y fomentaría la desocupación, un argumento que a Mokka no le convence. Sí cree, sin embargo, que ahí se sitúa una de las claves para el buen funcionamiento de la renta básica universal: “Hay que empezar a asumir que no todo el mundo puede tener un trabajo porque estamos compitiendo contra las máquinas, y ellas siempre ganarán”. El director de Tekes, la agencia pública que invierte en innovación en este país de poco más de cinco millones de personas, Jukka Häyrynen, sostiene que la seguridad en el trabajo es algo que se está perdiendo a nivel global, lo que él ve con cierto positivismo: "Esto es un ingrediente para emprender", señala.

Un estudio que la Universidad de Oxford elaboró en enero de 2016, el 57% de la fuerza de trabajo humana en los países de la OCDE está en riesgo de desaparecer por la automatización y los avances tecnológicos. “Tenemos la necesidad de integrar a toda la gente desocupada en nuestra sociedad y en lugar de subsidios por desempleo, la renta básica suena como una buena idea”, defiende Juhana Aunesluoma, director de investigación de estudios europeos en la Universidad de Helsinki desde una sala en el Ministerio de Exteriores. Algo que no le pareció a Suiza el pasado junio cuando rechazó mediante referéndum esta iniciativa.

Pero los Gobiernos —especialmente los del sur de Europa— están hasta cierto punto “obsesionados”, dice Mokka, con llegar al pleno empleo en detrimento de la búsqueda de alternativas para que el dinero entre en los hogares (y en el sistema) y para que los desempleados por la automatización del trabajo se mantengan ocupados y reinviertan su tiempo.

lunes, 26 de diciembre de 2016

La guerra mediatica de las superpotencias en y hacia America Latina


La exsecretaria de Estado y excandidata presidencial fallida Hillary Clinton tuvo que reconocer en publico, que su pais estaba perdiendo la guerra mediatica en America Latina, pero al igual que su sucesor en el cargo John Kerry, en vez de aceptar que es como consecuencia de la politica historica de ingerencias politico y economica en la region, se limitan a culpar a Rusia y a China.
 
 
 
video
 
 
 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Diferencias generacionales en Cuba

video
 
En Cuba tres generaciones conviven bajo el proceso de la revolucion de 1959, evidentemente cada generacion vive y entiende la revolucion desde la perspcctiva de su propia experiencia, por lo que siempre resultara interesante la comparacion.

martes, 13 de diciembre de 2016

Singapur busca ser el primer Estado conectado del mundo

Singapur busca ser el primer Estado conectado del mundo

Singapur busca ser el primer Estado conectado del mundo
Tan Kok Yam
Jefe del Programa Nación Inteligente de Singapur


Por Noelia Núñez | 11-12-2016
  

 

Los resultados del último informe PISA (realizado cada tres años por la OCDE a través de las administraciones educativas de los distintos países) situaron a Singapur en el primer puesto mundial. Todas las miradas se volvieron hacia la pequeña ciudad-estado asiática preguntándose cuál era la clave para que los niños de la isla resultaran los más avanzados en matemáticas, comprensión lectora y competencia científica. A pesar de que hay especialistas que niegan la validez de la prueba -o, al menos, su elevación a la categoría de verdad absoluta- los resultados del informe volvieron a llenar páginas de periódicos y minutos de televisión con análisis, reflexiones, opiniones variopintas y artículos de opinión utilizados como armas arrojadizas contra los responsables -sean quienes sean- de que los niños españoles no sean capaces de emular a sus coetáneos de Singapur. Parece que una de las claves, no la única, para este desarrollo es la aplicación de las nuevas tecnologías en las aulas. Los colegios públicos de la isla fomentan el uso de ordenadores, enseñan programación, utilizan videojuegos y son familiares los robots, los drones o las impresoras 3D. Es una de las patas de un proyecto mucho más amplio que, en palabras de Tan Kok Yam, responsable gubernamental del programa Smart Nation, quiere convertir Singapur en “un lugar donde las ideas se hagan realidad en el menor tiempo posible”.


Smart Nation es una de las iniciativas estrella de Lee Hsien Loong, primer ministro del país, quien la presentó en noviembre de 2014 definiendo sus tres áreas principales: la atención a los mayores (una prioridad en un país en el que la población está envejeciendo), la movilidad urbana y la seguridad de los datos. Todo con el talento como eje vertebrador: “tenemos que atraer, afirmó Hsien Loong en una conferencia de emprendedores, a los mejores y más dinámicos para desarrollar proyectos ambicioso, y para comenzar establecer aquí sus empresas. Queremos estudiantes más brillantes, enamorados de la ingeniería y las tecnologías, que aspiren a convertirse en ingenieros y científicos informáticos, y no sólo en banqueros, abogados o médicos”. En la práctica, más allá de un discurso político que busca la seducción a través de la grandilocuencia, Smart Nation está teniendo una serie de implicaciones prácticas en la vida de los habitantes de Singapur que muy bien podríamos ver replicadas en otras grandes ciudades a medio plazo.

En la actualidad la isla ya está probando sistemas de transporte sin conductor, aplicaciones de seguimiento sanitario, casas conectadas, programas educativos de robótica o transporte público urbano inteligente, todo dentro de un ecosistema que facilita tanto la implantación de nuevas empresas como una gestión segura de datos compartidos para aumentar el análisis y aprendizaje de estas experiencias. Y mientras el mundo mira hacia este pequeño país asiático, Tan Kok Yam insiste en la idea de Singapur como bando de pruebas del futuro: “Queremos convertirnos en un lugar fértil donde una idea pueda hacerse realidad. Donde se pueda probar, se pueda implementar y donde podamos estudiar cómo modificar las leyes y las políticas para lograr que la tecnología beneficie realmente a la sociedad, a las empresas y a las personas”.

Edición: Noelia Núñez | David Giraldo

Texto: José L. Álvarez Cedena
 
Transcripción de la conversación

lunes, 12 de diciembre de 2016

Thomas Sankara

El ‘caso Sankara’ se traslada a España

 Un laboratorio de Santiago de Compostela estudia el ADN del líder panafricano asesinado en 1987
   
Las Palmas de Gran Canaria
 
 
Retrato del capitán Thomas Sankara.


Los supuestos restos de Tomas Sankara se encuentran en un laboratorio de Santiago de Compostela, sometidos a un proceso de verificación para confirmar que se tratan de los del líder panafricano, asesinado en su Burkina Faso natal semanas antes de cumplir los 38 años. El pasado 8 de diciembre, se producía una rueda de prensa de la fiscalía de la justicia militar burkinesa en la que el comandante Alioun Zanré anunciaba que el experto español encargado de la identificación de los restos de Sankara ha solicitado y conseguido una prórroga para concluir su trabajo. Los resultados deberían estar listos a finales de este año.

El presidente burkinés, Roch Marc Christian Kaboré, afirmó también la semana pasada, en el transcurso de una comparecencia televisada poco antes de la celebración del 56 aniversario de la independencia del país, que la resolución del caso será "el punto de partida de una verdadera reconciliación, esperada por toda la comunidad nacional".  Kaboré habló de conceptos como la exigencia de credibilidad del gobierno y de estar a la altura de las expectativas del pueblo en materia de verdad y justicia y afirmó que "los procesos anunciados por la justicia militar para antes del fin de este año auguran un desenlace rápido de todos los otros casos en proceso de instrucción y preocupan a la opinión". Kaboré se refería al asesinato de Sankara y también al golpe de estado de septiembre del año pasado, ambos con un nombre en común en la sombra: Compaoré.

Muerto el 15 de octubre de 1987, a balazos, en un golpe de estado que aupó al poder a su compañero y mejor amigo, Blaise Compaoré, Sankara lleva esperando justicia más de un cuarto de siglo. En su acta de defunción figura "muerte natural" y no había cadáver que analizar hasta que una revolución popular expulsó del poder a Compaoré hace dos años y se exhumaron unos restos en mayo del año pasado.

El proceso judicial iniciado en 2015 está resultando, sin embargo, algo rocambolesco: una vez localizados los cuerpos de Sankara y otros doce militares asesinados junto a él en el golpe de estado del 87, una autopsia confirmó la muerte violenta de todos ellos. Sin embargo, la situación se complicó cuando el informe realizado en un laboratorio de Marsella estableció que las muestras no contenían el ADN necesario para poder averiguar si se trataba realmente Sankara y sus hombres.

Fidel Castro condecora a Sankara con la Orden de José Martí.


Incansable y tenaz, la familia Sankara decidió pedir un contra-análisis que estableciera a ciencia cierta la identidad de los fallecidos y que pueda servir para procesar, entre otros, a Blaise Compaoré. En esta parte de la historia es donde entra en juego España: el Instituto de Ciencias Forenses Luis Concheiro, en Santiago de Compostela, es el lugar en el que se realizará ese contra-análisis, vital para la culminación de un proceso judicial que provoca una gran expectación en África, además de para esclarecer uno de los puntos negros de nuestra Historia colectiva reciente.

Antonio Lozano, escritor, autor de El caso Sankara y miembro del comité Sankara español, explica que el Luis Concheiro es un laboratorio especializado en el estudio de ADN muy degradado, habituado a trabajar con víctimas de la Guerra Civil española y que no debería tener problemas para lidiar con los cuerpos de hombres jóvenes fallecidos hace menos de tres décadas. Pertenece a la Universidad de Santiago de Compostela y fue fundado por una referencia en la materia, el investigador genético Ángel Carracedo. Su directora actual es María Victoria  Lareu, conocida en los medios por su labor en casos como el de Eva Blanco.

Tras dos años de investigaciones y tomar declaración a un centenar de testigos, el juez encargado del caso Sankara en Burkina, François Yaméogo, ha inculpado ya a catorce personas, encabezadas por Blaise Compaoré y el general golpista Gilbert Diendéré. Además, relaciona con el magnicidio a Charles Taylor, expresidente liberiano que cumple condena en La Haya actualmente. Yaméogo decidió impulsar, el pasado mes de octubre, una comisión rogatoria para pedir el levantamiento del secreto de defensa en Francia y así conocer los entresijos de un golpe de estado en el que se sospecha que estuvieron implicados los gobiernos francés y marfileño. Uno de los abogados de la familia del capitán, Bénéwendé Sankara, ha explicado que pasaron a la vía judicial para determinar la responsabilidad francesa en la muerte del líder revolucionario después de fracasar por la vía política con una petición formal presentada ante la Asamblea Nacional gala en el año 2012.

Tragedia anunciada

Blaise Compaoré y su mujer, recibidos por Barack y Michelle Obama en la Casa Blanca.
Alouna Traoré es el único superviviente de la matanza en el Consejo del Entente que puso fin a la presidencia de Sankara el 15 de octubre de hace casi 30 años. Varios medios han recogido su testimonio: escucharon tiros fuera y Thomas Sankara reaccionó afirmando que le buscaban a él y saliendo con los brazos en alto a encararse con los golpistas. El relato de Traoré pone en cuestión la versión de Compaoré y sus hombres, que alegan legítima defensa ante el ataque de Sankara y sus compañeros. Compaoré era el segundo del gobierno de Sankara en el momento del alzamiento militar que lo depuso.

Sujeto a una orden de arresto que se anuló por defectos de forma, el exmandatario burkinés disfruta de un exilio dorado en la vecina Costa de Marfil, donde obtuvo la nacionalidad marfileña por procedimiento de urgencia al tiempo que el presidente del país, Alassane Ouattara, prometía que ninguno de sus conciudadanos será enviado al Tribunal Penal Internacional. Sin embargo, tras las elecciones convocadas por el gobierno de transición burkinés en noviembre de 2015 y ganadas por Kaboré, el ejecutivo con base en Uagadugú ha decidido proseguir la investigación del caso Sankara.
Por el camino y justo antes de que se hicieran públicos los resultados de la primera autopsia de Sankara, el país sufrió una intentona golpista protagonizada por la ex guardia presidencial de Compaoré y encabezada por la mano derecha del exdictador, Gilbert Diendéré. Un total de 91 personas están acusadas formalmente de participar en ella. Otras 43 personas, también mayoritariamente miembros de este cuerpo militar de élite, esperan juicio por participar este año en un proyecto de ataque a la prisión donde se encuentran confinados los golpistas, con la intención de liberarlos.

El legado del capitán Sankara sigue vivo en Burkina Faso, empezando por el propio nombre del país. Tomó el poder en un golpe de estado apoyado popularmente en 1983, a la edad de 33 años, con el objetivo de eliminar la corrupción y cortar lazos con la expotencia colonial, Francia. Su programa de cambio social y económico es el más ambicioso jamás intentado en el continente africano y se centró -entre otras cosas- en la reducción de la deuda y el consumo de productos locales, la austeridad y la reforma administrativa, la soberanía alimentaria, la reforma agraria, la alfabetización y vacunación de los niños, la lucha contra la desertificación del Sahel y el empoderamiento de las mujeres. Se le considera uno de los mayores líderes africanos y planetarios y su asesinato conmocionó a la juventud panafricana, como lo hizo el de Patrice Lumumba en 1961.

Sankara denunció la carga de la deuda ante la ONU y no se mordió la lengua frente al presidente francés del momento, François Mitterrand, al que sermoneó y humilló en público. En plena Guerra Fría y en un contexto africano volátil y propenso al golpe de estado, el breve mandato de Sankara llenó de esperanza al continente. Su muerte fue una tragedia anunciada por él mismo, cuando instó a los gobernantes africanos a unirse para luchar juntos contra el imperialismo y para defender los intereses de África y les pidió que no lo dejaran solo ante un previsible final violento.

domingo, 11 de diciembre de 2016

El Che Guevara en Madrid

 
 
En Junio de 1959 el comandante Ernesto ``Che``Guevara realizò una escala en el Madrid del dictador Franco de camino hacia el Cairo, este es el testimonio de quienes vivieron esa experiencia.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Carl Gustav Jung

En la mente de Carl Jung

El final de las obras completas del padre de la psicología profunda coincide este año con la conmemoración del centenario de su aportación más célebre al siglo XX, el inconsciente colectivo
Carl Jung lee en su casa en Küsnacht (Suiza) en 1949.

El inconsciente colectivo cumple 100 años, aunque al parecer lleva funcionando desde el origen de los tiempos. La idea la formuló Carl Jung en 1916, inspirado en el inconsciente personal de Freud. Frente al creciente individualismo urbano, fue invención campesina, del hijo de un párroco rural que creció al abrigo de los bosques y las montañas. El inconsciente colectivo es algo así como una patria común y desconocida, se manifiesta aquí y allá, entonces y ahora, y es razonable pensar que lo seguirá haciendo. Para desarrollar la idea, Jung, de quien Trotta acaba de culminar su Obra Completa en 18 volúmenes con la publicación de Investigaciones experimentales, utilizó el concepto de arquetipo, una imagen que pertenece al tesoro compartido de la humanidad, que sobrevuela los climas y las épocas y que, siendo arcaica y primordial, puede adherirse al individuo sin pasar por una cultura particular. El arquetipo es una imagen con alto contenido emocional que nos ayuda en nuestra educación sentimental y a ordenar los tipos humanos. Ahora que las emociones vuelven a estar de moda (quizá porque la hora del puritanismo ha tocado a su fin, quizá porque resultan rentables en este capitalismo tardío que nos ha tocado vivir), es buen momento para hablar de ellas.
Freud y Jung: La extraña pareja   El poder del arquetipo no radica únicamente en la emoción, sino en que expresa al mismo tiempo un instinto biológico y espiritual (desvelado en el símbolo). De ahí su vinculación con la imaginación y su capacidad para raptar la voluntad. La tendencia humana a formar arquetipos es tan natural como la de los pájaros a construir nidos. Los arquetipos no se enseñan en las escuelas, sino que venimos con ellos al mundo (el viejo tema del innatismo). Son la expresión instintiva de la especie. Sus formas y figuras son interminables, nunca llegaremos a comprenderlos del todo y, aunque llegásemos a identificarlos, no agotaríamos sus significados. Se encuentran en las mitologías, los cuentos y las leyendas antiguas, pero también en las fantasías de hoy. Impresionan y fascinan porque pertenecen a la estructura heredada de la psique y porque, en un nivel más profundo, son órganos de percepción psíquica esenciales para el desarrollo espiritual. Para Jung la sabiduría consiste en armonizar lo consciente y lo inconsciente. Esa es la misión trascendente de la psique, el fin último del individuo: la superación del yo y la conquista del sí mismo (Selbst). Una conciliación de los opuestos que encuentra expresión simbólica en el Niño, el Círculo o el Mandala.

Carl Jung en torno a 1960.

Jung no fue un escritor de la talla de Freud, tampoco fue un filósofo o un teólogo, sino un médico preocupado por las afecciones psíquicas. Consideraba que el alma era religiosa por naturaleza y que las neurosis de la madurez se debían al olvido de esa condición original. Como investigador científico, tenía prohibido hablar de Dios, y aunque fue un disidente de las religiones dogmáticas, nunca ocultó sus experiencias inmediatas con “algo que vive y permanece bajo el eterno cambio”. Como William James, fue sensible a los abismos que acechan a la psique, al aspecto perturbador y oscuro del inconsciente colectivo, que ponían de manifiesto que no siempre es posible controlar el propio itinerario mental. Individualmente, la personalidad se desarrolla a partir de elementos inconscientes, mientras que en el ámbito histórico y colectivo, lo inconsciente pugna por llegar a ser acontecimiento. Jung estaba convencido de que el análisis de ambos procesos lo realizaba mejor el mito que la ciencia, y en este sentido fue, en la era del positivismo, un defensor del humanismo.

No fue un escritor de la talla de Freud, sino un médico preocupado por las afecciones psíquicas
La psique, con sus hondos abismos y alturas vertiginosas, aparece como un mundo inespacial que contiene una cantidad incalculable de imágenes, condensadas orgánicamente durante millones de años de evolución. Dentro de ese amplio panorama, la conciencia puede reconocer bien poco, y lo inconsciente constituye una influencia poderosa que puede apoderarse de la voluntad, arruinar la propia vida o transformar el mundo. Podemos interpretarlas mejor o peor, pero no podemos negar su influencia. Cuando Jung comprende que no puede tratar las psicosis latentes si no entiende su simbolismo, se consagra al estudio de la mitología. Descubre una serie de verdades que le acompañarán el resto de su vida: que el alma es más complicada e impenetrable que el cuerpo, que el alma no es un problema personal sino del mundo, que el peligro que a todos amenaza no proviene de la naturaleza sino del hombre y que es imprescindible que el psicoterapeuta se comprenda a sí mismo para curar al otro. En el análisis entra en liza todo el hombre y en las grandes crisis no se puede nadar y guardar la ropa, el médico ha de entregarse con todo su ser y en algunos casos no es posible la cura sin renunciar a uno mismo.


Durante años estudiará a fondo la alquimia, así como las tradiciones gnósticas y neoplatónicas. En ellas encontrará el principio femenino que no halló en el mundo patriarcal de Freud. Entonces constata que la psicología analítica concuerda con los mitos y arquetipos de la tradición alquímica. Para Jung los sueños, las visiones y los presentimientos no sólo compensan y equilibran la actividad de la vigilia, sino que dialogan con una “realidad” de la que no puede dar cuenta la causalidad física, sino que depende de los procesos arquetípicos del inconsciente. El tiempo deja de ser abstracto y homogéneo y, como en Bergson, pasa a convertirse en una entidad cualitativa: épocas negras, periodos brillantes. En el inconsciente colectivo se relaja la rigidez del espacio y del tiempo, lo que hace posible el fenómeno de la sincronicidad, que descubre tras el suicidio de un paciente y sobre el que profundizará en su relación epistolar con el premio Nobel de Física Wolfgang Pauli (una amistad que merecería un artículo aparte). Como en la mecánica cuántica, entonces en ciernes, la sincronicidad supone un cuestionamiento radical de las concepciones tradicionales del espacio y el tiempo, hace posible que en lugares distantes aparezcan los mismos símbolos o estados psíquicos de manera simultánea. Algo que no es raro de observar en situaciones arquetípicas como la muerte.
Tras su enfermedad de 1944, Jung barajó la idea de que alguien en otro mundo meditaba su forma terrena. Un presentimiento que evoca ese “alguien me deletrea” del poema de Octavio Paz, o aquel chamán del cuento de Borges que intenta crear un hombre soñándolo. Tuvo la sensación de que había alguien que adoptaba la forma humana para adquirir una existencia tridimensional, “como quien se pone un traje de buzo para sumergirse en el mar”. En otro lugar dirá: “No somos nosotros los que hacemos un sueño o un accidente, sino que surge de algún lugar a partir de sí mismo”. El inconsciente era el generador de la persona empírica, siendo aquel el espíritu rector (lo real) y éste una ilusión.

Durante años estudiará a fondo la alquimia, así como las tradiciones gnósticas y neoplatónicas
Cuando se aproximaba su muerte, Jung pudo hablar con más libertad de sus visiones y, como los antiguos profetas, insistió en su belleza e intensidad. ¿Es razonable pensar que fue un charlatán? Hay indicios suficientes para responder negativamente a esta pregunta. Cuando emergía de dichas experiencias, la ciencia le parecía “un lúgubre sistema de celdas y un horrible disparate”. Tenía entonces la sensación de que la vida era sólo “un fragmento de la existencia” y lamentaba que la razón crítica hubiera hecho desaparecer el sentido de la trascendencia, dado que el individuo moderno sólo se identifica con su parte consciente. Mantuvo cierto escepticismo respecto a los mitos, de los que “no podemos saber si tienen alguna validez por encima de su valor de proyecciones”, e insistió en la fragilidad de las certezas y lo limitado de la condición humana. Le interesaron los fantasmas, pero dejó abierta la cuestión de si debían identificarse con el muerto o eran una proyección del vivo. Tenía claro que tras la muerte no se desvelaba el enigma de la existencia, pues los muertos preguntaban como nosotros, y aunque admitió que no todo el mundo necesitaba la inmortalidad, creyó necesario formarse una opinión sobre el asunto. Renunció a poner por escrito sus “revelaciones”, reconociendo simplemente que vivía en un mito que le permitía plantear dichas cuestiones. Jung tuvo claro, como el budismo, que somos el vector donde confluye el patrimonio de nuestros antepasados y que, cuando muramos, nuestros hechos nos seguirán. Que nuestra psique continúe existiendo tras la muerte no implica necesariamente que algo de nosotros se conserve eternamente. Asumió que cada ser humano es una pregunta dirigida al mundo y que él debía aportar su propia respuesta.

Investigaciones experimentales. Obra completa. Volumen 2. Carl Gustav Jung. Traducción de Carlos Martín Ramírez. Trotta, 2016. 680 páginas. 52 euros.
 
La Obra completa se compone de 18 volúmenes (dos de ellos dobles).
 
Juan Arnau, ensayista, astrofísico y doctor en filosofía sánscrita, es autor de La invención de la libertad (Atalanta).

La censura no existe mi amor?

Nueva polémica cultural en Cuba: filme “Santa y Andrés”


    
delfin_9
Una intensa polémica cultural se ha desatado desde hace varios días en las redes sociales sobre la exclusión, en el venidero Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, del filme cubano “Santa y Andrés” del director Carlos Lechuga tanto en la sección competitiva del evento como en cualquiera de sus muestras o visionajes.
ELCINEESCORTAR reproduce ahora este dossier con una compilación cronológica de todo cuanto se ha publicado, para conocimiento del debate por sus lectores.
Acuse de recibo (de un artículo del viceministro de cultura Fernando Rojas)
 
Por Dean Luis Reyes
2 de diciembre 2016, comentarios en OnCuba Magazine
 
El viceministro de Cultura Fernando Rojas ha respondido a mi texto “Yo quiero ver Santa y Andrés”. Lo ha hecho sin ofrecer argumentos para lo que allí denuncio.
“Santa y Andrés”, se nos ha reiterado, seguirá censurada, pero no se nos deja saber por qué. Otros decidieron. Y al parecer tienen argumentos que los convencen a ellos, pero no a mí. Tampoco a los cineastas que estuvieron horas reunidos con las autoridades para discutir la medida. Una pena.
No importa cuanto disfrace con palabras sus verdaderas intenciones, el corolario está ahí: tenemos una película cubana censurada, que no podemos ver por una decisión no soberana, sino autoritaria. A juzgar por aquello que se desliza, “Santa y Andrés” no se corresponde con la política cultural de la Revolución que, también infiriendo de lo dicho por diversos cargos culturales, se acoge a las “Palabras a los intelectuales”. O sea, a la frase de Fidel Castro de 1961 que señala: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución, nada”.
 
Supongamos que así es. ¿No es acaso negar las políticas culturales de esa misma Revolución, las que Rojas dice defender, impedir que enfrentemos las “perversiones” en una obra equis? Si esa política cultural tuvo un efecto duradero y profundo, si la Revolucion socialista misma tuvo sentido, el acto de recepción del consumidor cultural no sería nunca un gesto obsecuente. La sociedad en su conjunto crecería.
 
Mi texto va más allá del caso específico de “Santa y Andrés”. Tiene que ver con un problema muy serio, de larga duración, que comento en ese mismo texto y analizo largo en uno anterior: “El cine cubano que no se ve.” En breve: tenemos casi una decena de largos de ficción y documental sin estreno en los últimos dos años.
 
¿Están todos censurados también? ¿Están además “contra la Revolución”? ¿Por qué Rojas reacciona ahora, al verse interpelada su función, y jamás lo ha hecho en los tres años de trabajo y propuestas de lealtad del Grupo de los 20 en sus reclamos por tener una Ley de Cine en Cuba, que no es más que la exigencia por establecer el marco normativo para el desarrollo de la política cultural cinematográfica en Cuba?
Aquello que se calla es más elocuente que lo que se dice. Ello sí supone una operación anarquizante sobre las políticas culturales y de programación.
 
Teniendo en cuenta el respeto por la operación institucional en la cultura que enarbola Rojas en su texto, así como el “derecho inalienable” que corresponde al ICAIC de decidir sobre la exhibición de las películas, debo recordar que esa política se rige por la Ley 589 del 7 de octubre de 1959, denominada  “Creación de la Comisión de Estudio y Clasificación de películas cinematográficas y disolución de la Comisión Revisora”, conexa a la Ley de Creación del instituto.
 
En el séptimo por cuanto de ese texto, se dice:
«En riguroso acatamiento al artículo 47 de la Ley Fundamental de la República que declara interés del Estado la cultura en todas sus manifestaciones y libres la expresión artística, y la publicación de sus resultados, se hace necesario proveer para que tal regulación y clasificación no se convierta en un aparato de coacción o de censura que deforme la obra de arte, la haga inaccesible al público y rebaje las posibilidades de información y los derechos reales de nuestro pueblo».
 
Más adelante, en el artículo 1.a indica que esa ley está dirigida a:
«Garantizar el más absoluto respeto por la libertad creadora, la expresión de las ideas y el derecho a divulgar la obra cinematográfica y condenar toda forma de discriminación lesiva a este principio, ya en el orden filosófico, científico, o en la de la fe religiosa».
 
Y sigue, en el artículo 1.d, señalando entre las potestades de esa comisión:
«Estudiar y clasificar las películas que deban exhibirse en nuestro país, rechazando las de carácter pornográfico o las escenas que puedan clasificarse de tales, y los films que sin análisis crítico ni intención artística alguna, se conviertan en apología del vicio y del crimen; y autorizando el resto de la producción según una escala de exhibición por edades, en atención a principios educacionales perfectamente claros y razonados».
 
Hasta donde sé, es una ley vigente.
Tiene que ver con ejercer con transparencia –término que mucho preocupa a Rojas- la mediación cultural. Y con otorgar mérito al ejercicio político de cualquier institución. Pero esa Comisión no existe hace muchos años.
 
El viceministro asegura que hay una política concreta de demolición de la institucionalidad cultural, y me consta que toda su argumentación va de afirmarla. Debería recordarle que es mucho más terrible la labor de zapa que los celosos guardianes de la pureza institucional hacen cuando operan con arbitrariedad.
 
Porque después de los términos que rigen y organizan la política cultural, vienen quienes la hacen cumplir. O sea, la difícil pregunta por quién decide hasta dónde llega “dentro de la Revolución” y “contra la Revolución”. Un terreno movedizo que en cuestiones de lenguajes artísticos cuesta definir.
Pero con  “Santa y Andrés” se ha definido. Curiosamente, se ha hecho a contrapelo de la opinión de un buen número de cineastas cubanos. De jóvenes pero también de fundadores del ICAIC, de militantes del PCC.
 
Hasta donde sé, los directores con quienes se discutió la medida, incluyendo el propio Carlos Lechuga, realizador de “Santa y Andrés”, no aceptaron ni admiten como buena la decisión de censurar. Los funcionarios que tenían por obligación generar el escenario para la negociación no fueron capaces de convencer con argumentos. Tampoco lo han hecho al ejercer su fuerza mayor.
 
Una cosa es tener el derecho porque se ostenta un cargo. Otra, bien distinta, es poseer la autoridad, que es cosa de índole moral. La autoridad de la imposición, de la decisión definitiva, es abuso de poder. Reafirmando su derecho a ignorar la opinión de la otra parte en virtud de la claridad y la responsabilidad propia, no se hace más que disminuir por la fuerza. Ello es una debilidad de las más graves.
 
Indica que el capital político con que se cuenta se ha estrechado. Y que al otro lado hay un colectivo de creadores insatisfechos. Además de una comunidad extensa, a nombre de la cual se dicen las frases más líricas, que tiene todo el derecho de ver una película que un puñado de funcionarios vieron, etiquetaron y censuraron.
 
A los artistas, la posteridad los juzga por sus obras. A los funcionarios, por sus decisiones.
Pero probablemente no exista funcionario que a su vez no se crea además intelectual. No he visto juicio intelectual en Rojas, sino ejercicio de fuerza a nombre de un texto, “Palabras a los intelectuales”, que se asume como catecismo, fuera de contexto. Es esa la demostración de que no hay aquí pensamiento, sino dogma.
 
Y ya que Rojas ofrece como advertencia una bella frase de Lenin, le devuelvo otra, de Rubén Martínez Villena:
“Hay que cuidar que la dictadura del proletariado no se convierta en la dictadura del secretariado”.
 
delfin_17
 
Mr Smith goes… nowhere
 
Por Eduardo del Llano
30 de noviembre 2016, vía email
 
Es tremendamente bajo, aunque no sorpresivo, que el señor Smith trate de sustituir la réplica razonada a mis argumentos -que él califica de simplistas y cuestionables pero no parece capaz de rebatir-, echando mano al expediente de enfrentar el dolor del pueblo en los días que corren con mi artículo, como si este último implicara una deslealtad hacia aquél. En primer lugar, porque ni el dolor ni Fidel le pertenecen.
 
Según el individuo de marras, censuran –sí, censuran- la película “Santa y Andrés” por principios políticos, independientemente de sus resultados artísticos y de las posibles intenciones de sus creadores. Interesante. Claro, ¿a quién le importa la valía artística de una película? Desde luego, no al señor Smith.
 
Por demás, la referencia de Fidel al derecho del ICAIC a decidir lo que se exhibe en el país refleja la realidad de 1961. En 2016, quien decide lo que ve la gente no es el ICAIC, sino los que hacen el Paquete Semanal. Que es, por cierto, a donde irá a parar “Santa y Andrés” en algún momento y la verá todo el mundo… gracias a la promoción extra que con sus acciones-inacciones le hace el señor Smith.
 
No es mi culpa que mi artículo acerca del tema haya aparecido en estos días dolorosos. Lo escribí antes, lo envié antes, y apareció en OnCuba el martes 29 porque es el martes el día en que regularmente subo nuevos artículos a mi columna. Nadie sabía que Fidel iba a desaparecer físicamente durante la noche del viernes 25. Y por conmovidos que nos sintamos, por duro que haya sido el golpe, la realidad no se detiene, y la crítica no tiene por qué ser intermitente. Dentro de una semana Fidel seguirá muerto, y en cambio tendremos un Festival de Cine sin la película de Lechuga.
Y, una vez más, que no trate de satanizarme sacando a colación el dolor del pueblo, porque yo soy de ese pueblo tanto como él. De hecho, un poquito más.
 
Y si de citas del Comandante se trata, le recuerdo aquella de que “Revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado”, lo que evidentemente podría incluir dar marcha atrás a una decisión equivocada y a con trapelo de la opinión de los cineastas que el señor Smith cobra por representar. Es más, puestos a cambiar, podríamos empezar por cambiarlo a él.
 
delfin_18
 
 
Por Roberto Smith de Castro, Presidente del ICAIC
29 de noviembre de 2016, Portal Cubarte
 
En medio del masivo y doloroso homenaje póstumo al Comandante en Jefe, la publicación digital On Cuba ha publicado hoy, 29 de noviembre, un texto de Eduardo del Llano, titulado “¿Qué pasa por la mente de los censores?”. No quiero esperar a que terminen las ceremonias previstas para estos días. Justamente, por Fidel, respondo de inmediato.
 
El texto se refiere a una decisión del ICAIC, que, en ejercicio de su legítimo derecho sobre la programación cinematográfica del país, determinó no exhibir una película cubana en el próximo Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Además, utilizando un lugar común, descalifica la decisión como obra de “censores” de lógica retorcida y se lanza a cuestionar las posibles intenciones de nuestra institución.
 
Falla el autor del texto en todas sus interpretaciones. Con sus simplistas y cuestionables argumentos, no alcanza a comprender que la disposición sobre la película es una cuestión de principios. Independientemente de sus resultados artísticos y de las posibles intenciones de sus creadores, el filme presenta una imagen de la Revolución que la reduce a una expresión de intolerancia y violencia contra la cultura; hace un uso irresponsable de nuestros símbolos patrios y referencias inaceptables al compañero Fidel.
 
Sobre este último aspecto, aclaro lo siguiente: la decisión sobre la no exhibición del filme se tomó dos semanas antes del 25 de noviembre.
 
En sus Palabras a los intelectuales, el 30 de junio de 1961, Fidel subraya que no puede discutirse el derecho del ICAIC a decidir qué cine debe exhibirse en el país. Y añadió: “Si nosotros impugnáramos ese derecho del gobierno revolucionario, estaríamos incurriendo en un problema de principios.”
 
En el análisis de la película hemos defendido el diálogo con sus creadores y con un numeroso grupo de cineastas a los que hemos escuchado y a quienes hemos explicado nuestros argumentos.  Sin embargo, por encima de cualquier criterio, la decisión final corresponde a la institución.
Con su decisión, el ICAIC no está calculando lo “conveniente”, “lo práctico”, lo que evite el debate, lo que reduzca el impacto mediático o lo que dificulte o favorezca la difusión de la obra.
El ICAIC asume las consecuencias de su decisión.  Por principios, nosotros no aceptamos que en el Festival se presente un filme con los elementos señalados.
 
Por supuesto, la decisión sobre el filme no implica ningún tipo de ruptura con su equipo creador, integrado por jóvenes talentosos que quieren hacer cine en Cuba y con quienes seguiremos trabajando.
 
El ICAIC continuará respaldando la producción cinematográfica independiente como parte orgánica del cine nacional.
 
El ICAIC continuará cuidando la imagen de los símbolos patrios,  de la propia Revolución y de nuestros héroes y mártires, tanto en el cine que apoyemos en su producción, como en la selección de las películas que se exhiban en nuestras pantallas.
 
El ICAIC, fundado por Fidel, ha defendido y continuará defendiendo la creación libre, diversa, crítica, honda y comprometida con los ideales de justicia social y emancipación humana de la Revolución.
 
delfin_6
 
 
Por Eduardo del Llano
29 de noviembre de 2016, OnCuba Magazine
 
Retrocedemos. Como diría Lenin, un paso adelante, dos pasos atrás.
Después de haber comenzado con buen pie su recorrido por el circuito de eventos internacionales, Santa y Andrés de Carlos Lechuga ha sido rechazada por el Festival habanero.
Partamos de la premisa de que los censores piensan que hay una lógica, por retorcida que sea, detrás de sus acciones. Y de sus inacciones. Puedo entender el trazado de límites: la mayor parte de las sociedades modernas rechaza de una u otra forma las expresiones que le resultan moralmente inaceptables. Cualquier obra fascista, racista o anexionista debería, en mi opinión, ser censurada. E incluso el anexionismo, con todo y lo repugnante que (me) resulta, podría generar un debate saludable.
 
Ahora bien, intentemos desentrañar la lógica del delimitador de primaveras. ¿Qué se gana censurando una película?
– Que la gente no se contamine con un producto ideológicamente perverso y de baja calidad artística: Falso. Es obvio, debería ser obvio para ellos que la gente toda la vida ha buscado con más voracidad lo prohibido. Por demás, quienes rechazan la película no saben nada de cine y sí mucho de cómo flotar sin hundirse. Los cineastas, en cambio, recomendaron la inclusión de la película en el certamen. Dicho de otro modo, el ICAIC no escucha a quienes se supone representa.
 
– Quitarle protagonismo al producto condenado y al artista que lo creó: Falso. Por el contrario, lo que se consigue es crear otro enorme revuelo mediático en todo el mundo y en la blogosfera cubana independiente. Estos no son los tiempos en que se podía desaparecer a alguien, condenarlo a un no ser creativo, como ocurrió con Virgilio Piñera.
 
– Que el artista se porte bien: Falso. La injusticia genera rebeldía. Y cansancio, pero de otro tipo: no es que el artista deje de crear, es que deja de crear aquí. Ahí tenemos a Ian Padrón y a Juan Carlos Cremata en los últimos tres años. Es decir, ahí no los tenemos, pues los artistas simplemente emigran a latitudes más tolerantes. No es que no queden cineastas en Cuba –uno levanta una piedra y hay diez realizadores independientes–, pero de lo que se trata es de no seguir negando espacios y cortando las alas a artistas de talento, de no seguir purgando de rebeldes el arte nacional.
 
– Que los artistas no cuenten mentiras sobre nuestra realidad: Falso. Falso, en primer lugar, que el arte deba contar las cosas con absoluta verosimilitud histórica; en segundo lugar, que fueran mentiras las que esta obra refleja. E incluso si lo fueran, habría que demostrarlo con argumentos, no con excomuniones. La censura solo genera resentimiento.
 
– Ellos están ungidos con el don de saber lo que nos conviene: Falso. Si algo saben, es lo que les conviene a ellos. La sociedad cubana no es un párvulo inocente que se va con el primer engañabobos. (Y si lo fuera, habría que ver quién la convirtió en eso).
 
– Esas son pataletas de una minoría disidente e intelectualoide: Falso. Errores históricos como los que refleja la película afectaron –y afectan– a mucha gente. Como diría Frank Delgado, nos quieren mansitos e incondicionales, pero el arte no puede ser complaciente, tiene que provocar, y una manera de hacerlo es hurgar en lo más incómodo y soslayado del pasado reciente (aunque, desde mi punto de vista, no debe limitarse a eso).
 
Lo que subyace acá es, en sustancia, el recelo conservador ante cuanto se escape de las manos de los censores, el deseo de eternizar un estado de emergencia en el cual un proyecto independiente no es solo incómodo, sino un crimen. Es la noción de que tanto la historia como nuestra vida deben ser diseñadas desde arriba. No se trata de que “este no es el momento” para decir esto o mostrar aquello, pues mientras los censores obren con impunidad, ese momento no llegará nunca.
En una sociedad sana el progreso de las libertades y el bienestar ciudadanos debería ser constante. Deberíamos mirar al pasado y ver cuánto hemos mejorado y no cuántos viejos errores estamos repitiendo. El artista propone, se arriesga, se mete en candela porque, en buena medida, en eso consiste ser artista. El mundo nos pasa por el lado y mira con curiosidad nuestra miseria, y en el mejor de los casos le toma un par de fotos.
 
 
delfin_3
 
 
Por Alexis Triana
1 de diciembre de 2016, Portal Cubarte
 
Pasadas las dos y media de la tarde de hoy, envié una respuesta al debate que la revista On Cuba ha fomentado alrededor de la no exhibición en el 38 Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, de un filme. Como era franco y hasta pasional, lo mandé a publicar, en mi creencia de que el moderador de los comentarios, o los moderadores vivan donde vivan, entenderían que lo esencial era la confrontación de ideas.
 
Pasadas cuatro horas, la respuesta a mi criterio, que mal o bien redactado, es el mío, recibía aún esta hermosa frase: “Your comment is awaiting moderation”. Entiendo que quizás no es el criterio que desean publicar, y que quizás han necesitado muchas consultas y preparar respuestas. O a lo mejor era la hora de la merienda y después se unió con la de la cena. En todo caso, comparto con Uds. las imperfecciones de mi opinión que otro medio está dispuesto a publicar.
 
Del Llano: no he visto este filme. Sabes que fui otro más de los que se opuso a las acciones combativas por un filme como “Alicia…” Entre otras cosas, porque jamás una película puede tumbar a un gobierno. Y ya sabemos que a éste no han tenido forma de destruirlo por más que lo han intentado. Mas creo muy relevante que On Cuba se dedique, exactamente en una tarde de un día como el de ayer, a pedirte este texto y a publicarlo, la muestra del desenfoque cada vez más nítido de sus editores, para un medio hecho desde La Habana y sobre Cuba, y que cada día parece facturado sólo en Miami.
 
Ya le pasó a mis compañeras de una productora independiente, que hacen un programa por YouTube como Mi Habana TV. Le reclamaron al editor de On Cuba el por qué usaron su trabajo para manipularlos en una entrevista que nunca concedieron. Y la respuesta fue por correo interno, tan poco profesional como violatoria de toda ética. Aún están esperando una respuesta pública de que hayan usado su creación para hablar mal de la TV estatal, o de la institución que sea, -porque esa es la moda-, hay que desmontar a cualquier precio la institucionalidad revolucionaria cubana. Habrá que desmontar el estado para poder hacer lo que en la URSS o en cada supuesta revolución naranja.
 
Cierto: y qué causalidad, justo en este doloroso momento que atraviesa Cuba, que exista este afán de arrimar leña a la hoguera de una decisión asumida: no exhibir un filme independiente en un festival de cine, convocado por una institución -sobre todo porque lo financia- y que no está de acuerdo con esta obra, por muchos valores que otros vean, para ponerla en la premier del Nuevo Cine.
 
Cierto: ¿y quién puede obligar a la institución a hacer lo contrario? ¿En qué latitud más tolerante hay que llegar a un acuerdo como buenos amiguitos? ¿En Suiza, en Noruega, o en Estados Unidos, donde no veo que los realizadores que citas estén teniendo apoyo para hacer mucho cine? ¿Pudieron seguir hacienda una carrera brillante, como la que realizaban en el ICAIC, Orlando Rojas y Sergio Giral? ¿Qué artistas han tenido el respaldo que en Cuba tuvieron Susana Pérez, Tanya y hasta Annia Linares, que no sean los vinculados con el clan de Los Estefan, aupados por la Fundación Cubano Americana?
 
Y algo que tampoco es falso: una vez escuchado el criterio de los creadores, ¿quién escucha a los organizadores y/o a quienes representan al Estado, sea del sistema social que sea, cuando expresan sus argumentos? Atrévanse en la otra orilla a atentar contra la institucionalidad, para que vean como terminan igualito que en Waco, Texas, arrasados y hasta bombardeados en su secta religiosa; como también pasó con la sede de las panteras negras en Estados Unidos, a pesar de que había mujeres y niños, y muchos fueron asesinados allí sin que se levantara una sola voz de protesta…
 
A mí esta insana provocación me recuerda la torpe entrevista de On Cuba a Willy Chirino, que fue cuando salté por primera vez en estos comentarios, y dejé mi opinión aquí porque él, tan noble y bueno, no escribió “Ya viene Llegando” con ninguna doble intención, y hasta se muere de nostalgia por venir, pero como Los Estefan, cuando ya no esté Fidel y de paso, como él mismo ha dicho, ardamos con él en el infierno.
 
La verdad, compadre, que tu texto me recuerda aquel incidente terrible que relacionó al abuelo de Raúl Roa en el debate con Martí sobre el libro “A Pie y Descalzo”. Martí, que levantaba a los cubanos para volver a la manigua redentora, estaba convencido que se publicaban estas memorias de la guerra en el momento más inapropiado para la Revolución.
 
Qué instante tan terrible como éste, con tanta gusanera revuelta y brutal que nos desprecia, para responder a la invitación de estos editores. Te lo digo yo que también soy de aquí, y que en la madrugada del día del deceso, rechacé una invitación de uno de ellos para contar nuestra experiencia con Fidel. Y mi respuesta, que hago pública, es que hiciera ella lo que le tocaba como deber, que yo haría el mío, lo que ahora mi pasión y razón me llamaban: Defenderlo de tanta ignominia.
 
La verdad es también que si este filme -que no he visto, repito- se suma a este lavado de cabeza colectivo al que aspiran, a este afán de armarnos un club de poetas muertos y hasta presos, y que las UMAP fueron los peores campos de concentración, también llega, como tu texto, en un triste momento, pero no hay dudas de que hay que agradecerle, sobre todo, el empeño de On Cuba. Ellos, que tienen su sede tan cercana al malecón, donde entre las pocas banderas que no ondean a media asta, están la del Imperio de las barras y estrellas, siempre sugerentemente iluminada como en sus peores filmes de Hollywood.
 
Yo, que contigo viví varias batallas de los ochenta y los noventa, sé de tu rebeldía innata y de que jamás comulgarás ni con el tufo del anexionismo. Pero tengo la suprema duda de que sea útil este debate, y más aún, sospecho que los editores puedan ser un día de esos censores que hoy detestas.
 
delfin_5
 
 
Por Fernando Rojas
25 de noviembre de 2016, publicado el 1 de diciembre en el Portal Cubarte
 
Con excepción del hecho cierto de que el ICAIC decide sobre la exhibición pública de las películas, el texto de Dean Luis Reyes publicado ayer, 24 de noviembre, en On Cuba, no aporta elementos para la comprensión del llevado y traído tema de la censura.
 
La riqueza y los matices de Palabras a los intelectuales se reducen a una “expresión influyente”. El productivo debate de “Conducta” y su impacto son rebajados por una alusión peyorativa al Ministerio de Educación. El derecho institucional se sustituye por la “autoridad” de un colectivo o de la “sociedad”, enfoque que por demás no esclarece cómo resolver el asunto en términos prácticos. La ausencia de una posición clara al considerar el ejercicio de la prerrogativa institucional que se niega, se convierte en una pose anarquizante, que se presenta –nada nuevo en la historia de fracasos del anarquismo– como liberadora.
 
La idea de que en Cuba, con grandes hazañas y sacrificios, y también errores, hemos tratado de construir una sociedad alternativa al capitalismo, hostigados sin piedad por la mayor potencia mundial, no tiene ningún espacio en el razonamiento de Dean Luis Reyes. No hay que hablar de este asunto a cada paso; pero eludirlo significa, sin ninguna duda, excluir un fundamento esencial de la discusión. En consecuencia, se debate sobre la censura en abstracto, se apuesta por una promoción del arte que rechaza la existencia de principios en la política cultural y se priva a esta de su conexión orgánica con los propósitos de una Revolución como la nuestra.
 
Por el mismo camino, nada se dice del ejercicio sistemático, eficaz y brutal de la censura en el capitalismo, resuelto desde la hegemonía del mercado, que excluye a priori el sentido crítico de cualquier perspectiva emancipadora en el arte y el pensamiento, limita las búsquedas experimentales y cancela cualquier indagación que no resulte en beneficio material neto. No puedo concederle la excusa de que no hay que hablar de ello, si de señalar los errores propios se trata: precisamente por no atacar al capitalismo claramente solemos olvidar su esencia depredadora. Ese olvido es la fuente de no pocos errores.
 
Y por supuesto,  si el adversario no existe, tampoco hay que razonar desde el fundamento de la larga y exitosa (sí, exitosa) práctica de la política cultural de la Revolución, que nunca ha excluido la reflexión autocrítica y el debate. He participado y participo personalmente de esa reflexión desde hace muchos años.
 
Dean Luis Reyes desconoce que las instituciones, junto a los creadores, han realizado una extraordinaria obra de educación, de formación de artistas, de fomento de las industrias culturales, de expansión de los servicios, de impulso a la experimentación y de un arte crítico y comprometido, de defensa de la diversidad cultural. La creación artística y literaria, en permanente expansión, y la rica, diversa y creciente programación cultural, son en gran parte resultado de la gestión institucional,  todavía insatisfactoria y hasta deficiente, pero perfectamente visible. Ese acumulado sostiene con creces el derecho indiscutible de la Revolución a defenderse y el derecho de la institución a decidir, consagrado y ampliamente razonado en Palabras a los intelectuales.
 
Uno de los propósitos explícitos de nuestros enemigos es desmontar la institucionalidad revolucionaria. Es imprescindible que la vanguardia de nuestros creadores evalúe crítica y sistemáticamente la gestión de las instituciones; pero, por supuesto, no para contribuir a su desmontaje, sino para perfeccionarlas y consolidarlas.
 
Aunque el de Dean Luis Reyes no sea el caso, que yo sepa, cuando se arremete en nombre de confusas nociones ultrademocráticas contra los principios, es fácil equivocar el rumbo. Desde la verborrea anarquizante pudiera darse el paso siguiente: otorgarle al capitalismo un potencial emancipador que por naturaleza es incapaz de tener. Recuerdo una frase que se atribuye a Lenin: “Te alejarás por la izquierda y regresarás por la derecha.”
 
Lo que puede dañar la política cultural no es una supuesta “ojeriza” ni un ambiente de censura inexistente. Los peligros mayores a mi juicio son la irresponsabilidad y una recepción ingenua de “patrocinios” externos malintencionados.
 
He chocado a lo largo de mi trayectoria como dirigente de la cultura con funcionarios mediocres y burocráticos y también con advenedizos de una mediocridad esencial que pretenden pasar por creadores. He tomado decisiones, algunas acertadas y otras no, pero ninguna partió de un pensamiento burocrático y siempre he actuado en un diálogo transparente y directo con los creadores auténticos, defendiendo proyectos audaces y valiosos y rechazando manipulaciones y extremismos. En una decisión transparente no hay debilidad. Debilidad sería ceder ante intentos de chantaje.
Resulta ofensivo calificar a mis compañeros como un “puñado de cargos culturales”. A ellos y a mí nos anima una vocación de servicio, inspirada en un claro compromiso con la Revolución y sus valores.
 
Mantenemos  un vínculo fraterno y leal con la mayoría de los mejores creadores de este país. Tenemos criterios, los ejercemos y los defendemos. Dedicamos mucho tiempo a pensar con cabeza propia y nos ufanamos de ello. Y decidimos, sí, decidimos, con el derecho que tienen nuestras instituciones, convencidos de que servimos a un pueblo y a una gran causa.
 
delfin_2
 
 
Por Dean Luis Reyes
 
24 de noviembre de 2016, OnCuba Magazine
 
Fue fácil advertirlo: en la conferencia de prensa que anunció las películas que participarían del inminente 38vo Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, faltó un título: Santa y Andrés”, el segundo largo de Carlos Lechuga, que estuvo hasta días antes entre los que se manejaban para representar a Cuba en ese certámen, había sido excluído. La presidencia del ICAIC comunicó a Lechuga que la película no podría exhibirse, ni siquiera competir en el Festival.
Esta prohibición marca un hito en la historia del cine cubano. En el período histórico del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) varios títulos fueron guardados por diversas razones, y estrenados –o no– más tarde.
 
En años más recientes ha habido casos, como “Fuera de liga” (Ián Padrón), una producción del propio Instituto que estuvo vetada mucho tiempo, hasta que decidieron exhibirla en la televisión nacional. En 2012 Fernando Pérez renunció a la dirección de la Muestra Joven debido a la censura de un corto documental independiente: “Despertar” (Ricardo Figueredo).
 
Como mencioné en un texto anterior, en los últimos tiempos muchas películas cubanas no son exhibidas, pero tampoco se hace manifiesta su reprobación. Sobre diversas obras se cierne una censura sin declaraciones altisonantes ni dictámenes definitivos, una desaprobación muda y turbia, que invisibiliza, no dice sí ni no, hace como que aquello que le estorba no existe, y deja que el tiempo corra y haga su trabajo la desmemoria.
 
Este suceso evoca de manera inevitable la censura de “PM”. Quizás no haya acontecimiento más estudiado y discutido en la historia cultural del socialismo cubano que este. Un corto independiente de 1960 dio lugar a la expresión de política cultural más influyente del período en Cuba, a cargo de Fidel Castro, en una intervención conocida como “Palabras a los intelectuales”.
 
Un texto consultable en la Cinemateca de Cuba, del 30 de mayo de ese año, indica que la Comisión de Estudio y Clasificación de Películas –que sustituyera en 1959 a la Comisión Revisora de Películas, y que se adhiere desde ese instante al ICAIC–, resolvió que “la cinta denominada P.M., técnicamente dotada de valores dignos de consideración, ofrecía una pintura parcial de la vida nocturna habanera que, lejos de dar al espectador una correcta visión de la existencia del pueblo cubano en esta etapa revolucionaria, la empobrecía, desfiguraba y desvirtuaba”, y por ello decide, “en uso de sus facultades, prohibir la exhibición de la película mencionada dentro del territorio nacional”.
La investigadora María Eulalia Douglas refiere que un tiempo antes, en 1960, “el Consejo de Dirección del ICAIC dicta la Resolución No. 119, de noviembre 16, que prohíbe la exhibición pública o privada de 87 filmes extranjeros, considerados de “ínfima calidad técnica y artística, cuyo contenido y tendencia reaccionarios resultan deformantes de la historia y la realidad”1
 
En el caso de “Santa y Andrés”, aunque no haya un dictámen por escrito ni una declaración puntual, los argumentos son otra vez de tipo político: las autoridades no admiten el hilo narrativo donde un escritor es vigilado y reprimido por su posición no afín a la línea ideológica de la Revolución cubana.
No obstante, la presidencia del ICAIC convocó semanas atrás a un grupo de realizadores destacados a ver y comentar el filme. El consenso general fue que la película debía ser estrenada. A pesar de ello, se decidió no exhibirla.
 
En 2015, Fernando Pérez hizo una intervención en la Asamblea de Cineastas de octubre donde invitaba a, además de sostener la lucha por obtener la aprobación de una Ley de Cine, detenerse a discutir el cine que se estaba produciendo en Cuba. Según él, muchas de las películas cubanas no estaban siendo bien recibidas por las autoridades. Pero, ¿qué no les gusta?; ¿quiénes son esos que desaprueban y cuáles son sus argumentos?
Una película como “Conducta” (Ernesto Daranas) no fue exhibida sino hasta que la Ministra de Educación dio su visto bueno al tratamiento polémico de la institución educativa cubana que ofrecía el filme. Gracias a su estreno, se originó uno de los escenarios de discusión más interesantes de los últimos tiempos en Cuba en torno a cómo enfocar los problemas de la escuela cubana. Mientras la mayor parte de los comentarios al filme se decantaron por ponderar la altura ética de Carmela, la maestra, al asumir como cosa propia tratar de salvar el niño descarriado, se atendió menos que esta mujer casi anciana es una rebelde que no acepta el dirigismo dogmático ni las imposiciones de criterios burocráticos. Carmela puede ser perfectamente el alter ego de la mayoría de los directores cubanos de cine.
 
Ciertamente, el cine cubano no ha evitado los temas complejos de la realidad nacional. Ello no es nuevo:
“Memorias del subdesarrollo” (Alea, 1968) proponía un análisis de los conflictos que generaba el momento sociopolítico cubano en un individuo no revolucionario, apático, hipercrítico y de la clase social vencida.
 
El cine de ahora no ha alcanzado jamás esa agudeza. Pero se ha atrevido a abordar asuntos graves sin demasiada amabilidad, mucho menos buscando la coartada de una tropología hermética (tan típica del cine de los 90), abandonando la moratoria de la comedia y evitando las salidas optimistas y el arte complaciente que aprueban los burócratas.
 
Esta ojeriza, hecha visible y pública ante “Santa y Andrés”, es peligrosa. Tiende a generar en los artistas el acomodamiento de la autocensura –que ya es notable.
 
Pero asimismo amenaza con poner en jaque la vigencia de una cultura audiovisual que ha dado lugar a uno de los acervos más ricos del arte cubano socialista, por su poder crítico y su capacidad para generar esfera pública, provocar confrontaciones y hacer emerger la inteligencia social.
La cultura del cine cubano es un milagro ejemplar, porque jamás se ha permitido aceptar del todo la burocratización del pensamiento y ponerle márgenes a la expresión. No por gusto el ICAIC histórico fue blanco de toda clase de ataques e intentos de disolución que los cineastas mismos frustraron.
Volviendo a “PM”: a raíz de esa discusión, Tomás Gutiérrez Alea dirige a Alfredo Guevara el 25 de mayo de 1961 un memorando donde critica la censura de “obras problemáticas”. Para él, es más útil hacer una reflexión en torno a las preguntas que proponen.
 
Aunque para Alea el problema estaba en que tales decisiones las tomaban un puñado de individuos, o solamente uno, no un colectivo diverso. Dice: “Continúa la centralización excesiva en manos de una sola persona de todos los problemas relativos al cine en nuestro país”.
 
¿La censura de las películas cubanas no debería estar a cargo de un ente más democrático y diverso que la Presidencia del ICAIC o el Ministerio de Cultura? ¿Quién asegura que un ministro y un puñado de altos cargos culturales tienen más autoridad que los creadores mismos, reunidos en comisiones fílmicas? ¿Puede la decisión de una autorida determinada, por mucho pretigio que posea, anular el enfoque de un colectivo, sobre todo en un ámbito tan complejo como el de los materiales de la expresión artística?
 
La aprobación o desaprobación de las obras tiene que ser cosa de la sociedad, no de los burócratas. Estos se equivocan demasiado y ponen sus prejuicios por delante de la libre circulación de las ideas.
Hace un tiempo, se equivocaron con “Retorno a Ítaca” (Laurent Cantet). Primero, vieron allí una impugnación de la Revolución cubana; cuando finalmente dieron su brazo a torcer y se exhibió, advertimos que no era para tanto. El público y la crítica hicieron su trabajo de mediación natural.
Recurrir tan a menudo a la censura o a la invisibilización de las obras de postura menos aprobatoria con la verdad del poder no manifiesta dominio de la esencia de las cosas, sino debilidad. Para saber si “Santa y Andrés” es un intrumento de desmovilización, primero hay que verla.
Tengo como apotegma una frase de Rosa Luxemburgo: “La libertad es el derecho de aquel que no piensa como yo”.
Nota:
  1. María Eulalia Douglas, La tienda negra: El cine en Cuba (1897-1990), La Habana, Cinemateca de Cuba, 1997, p. 45.
delfin_4
 
 
Por Kiki Álvarez
 
21 de noviembre, en su perfil de Facebook
 
Lo primero es Santa y la silla, una imagen que nos incita a interrogarnos antes de entrar en el relato.
¿Quién es esta mujer que atraviesa un recorrido tan largo con una silla en la mano? ¿De dónde viene, a dónde va? No lo sabemos, pero querer conocerla es lo que conduce el itinerario dramático de esta película.
 
“Santa y Andrés” es la historia de Santa; ella es la protagonista y vigilar a Andrés, para que no salga de su casa durante tres días, su misión. Por eso la silla. Santa llega, informa el objeto de su visita y se sienta frente a la casa de Andrés, dispuesta a ser espectadora y testigo de la cotidianidad de este hombre que vive en el margen de la sociedad.
 
En ese principio “Santa y Andrés” son opuestos, ella es revolucionaria y el un escritor censurado, obligados a estar juntos durante un tiempo por una circunstancia que ellos no han decidido pero que los conduce, poco a poco, a un acercamiento y a un reconocimiento del otro que define la voluntad humanística de esta película.
 
Santa es frontal y Andrés es sinuoso: ella tiene una verdad que defender y él un secreto que ocultar; pero al principio es ella la que esta tensa e incómoda con la situación, mientras que él, acostumbrado a este tipo de visitas, se muestra más relajado.
 
Lo hermoso de este encuentro es que a medida que se conocen y Santa se va relajando y aproximando, Andrés se va crispando; él es un hombre herido, desconfiado, que con la irrupción de Santa, recibe el regalo de una amistad inesperada.
Para cumplir su misión, Santa no ha sido bien orientada, ni siquiera sabe muy bien por qué Andrés es considerado un peligro para la sociedad. Jesús, su jefe, con el cual es evidente que ha tenido una relación sentimental, le da órdenes muy concisas y esto hace que ella le reproche que su intención es mantenerla ocupada y lejos de él.
 
Sobre estás sutilezas en las relaciones entre los personajes es que están montados los sucesos que convierten a “Santa y Andrés” en una película compleja ante la cual tenemos que aprender a posicionarnos.
 
Santa y Jesús son personajes que representan por su compromiso y participación a la Revolución, pero ninguno de los dos son la Revolución en su sentido más abarcador y trasformador de toda la sociedad.
Santa es una mujer sola y marcada por un infortunio familiar que se encuentra inmersa en un proceso de crecimiento y comprensión del mundo y de la sociedad en que vive; Jesús, por su parte, es un hombre cosificado, comprometido y visceral en la defensa de los principios a los cuales se ha entregado con convicción.
 
En esa dicotomía, la enunciación del filme se bifurca en dos rostros y en dos maneras de vivir, entender y defender, el proyecto liberador de la Revolución Cubana. “Santa y Andrés” podría haber sido “Santa y Jesús”, pero entonces si habría sido una película sobre la confrontación entre interpretaciones y practicas ideológicas, y no la película sobre el acercamiento entre las diferencias que se propone ser.
 
Por eso es un error de lectura interpretar el diseño del personaje de Jesús como un ataque contra la Revolución. Jesús, repito, no es la Revolución, es una manera de entenderla y defenderla que esta película y su realizador cuestionan y proponen discutir.
 
Por eso la protagonista es Santa. Ella es el personaje que crece, que se transforma, ella es la que le pide a Andrés que se quede, ella es la que confía en la solidaridad, en el mejoramiento humano, en una sociedad inclusiva con todos y para el bien de todos.
 
Por eso todo depende de la silla con que carguemos para sentarnos a verla y de nuestra capacidad para cuestionarnos, una vez más, ¿qué fuimos, qué somos, qué queremos ser?
Si miramos a Andrés y a toda la película desde la silla de Santa, aprenderemos a ver más allá de las apariencias, de los preconceptos, de los condicionamientos. El arte es un espejo que no siempre nos devuelve nuestra mejor imagen, pero cuando esto sucede lo que nos propone es tomar distancia y reflexionar.
Yo me quedo con la femineidad interior de Santa, con la belleza irradiante de la flor, con la delicadeza suicida del colibrí.
Por eso al final, cuando uno escucha “El colibrí y la flor” sobre los créditos, yo no pude dejar de sentir que esa flor era Cuba…
“Yo soy el colibrí si tú me quieres
Mi pasión es ser torrente
Y tú la flor”
 
delfin_19
 
 
Por Carlos Lechuga
 
21 de noviembre de 2016, en su perfil de Facebook
 
Empiezan las difamaciones y los ataques. Sé que en el futuro voy a recibir muchos más.
No solo atacan a “Santa y Andres”, este es una crítica y un ataque contra todo el cine independiente.
Esta película se hizo con el apoyo del programa IBERMEDIA, que es un programa intergubernamental del cual Cuba como país forma parte. El otro apoyo principal de la película fueron dos premios al guion que yo aporte a la producción de la película para que se hiciera.
Los que me conocen saben que soy un patriota, vivo en Cuba y trabajo en Cuba. Este Sr, no sé si es un seudónimo o si existe de verdad, no me conoce. Ni tampoco conoce muchas cosas sobre el arte en Cuba.
 
A095_L009_0101VJ
 
 
Por Arthur González
 
16 de noviembre de 2016, El Heraldo Cubano
 
Hace varias semanas, las agencias de noticias y algunas financiadas para trastocar la verdad sobre Cuba, andan alabando un nuevo filme “independiente” titulado “Santa y Andrés”, el que fue rápidamente estrenado en el Festival Internacional de Cine de Toronto, en septiembre 2016, y exhibido durante una gira europea, hasta llegar al Festival Internacional de San Sebastián, algo que dice del respaldo con el que cuenta y los fines que pretende lograr, pues películas cubanas de otros temas no alcanzaron tal divulgación.
 
La historia que relata “Santa y Andrés”, pretende destacar una persecución política y agresiones que en la Isla no han tenido lugar, a pesar de que, ante determinadas posiciones asumidas por algunos intelectuales, en momentos históricos que no pueden sacarse de contexto para su análisis, se cometieron errores rectificados con creces.
 
Según declaraciones del joven cineasta cubano Carlos Lechuga, director del largometraje “Santa y Andrés”, su nueva obra trata sobre una historia inspirada en la vida de escritores y artistas “rebeldes” que fueron “censurados o perseguidos por la Revolución”, evocando a Reinaldo Arenas, René Ariza, José Lezama Lima, Virgilio Piñera, Lydia Cabrera, Guillermo Cabrera Infante, Néstor Almendros, Carlos Victoria y Esteban Luis Cárdenas.
 
Lechuga omite que la obra de todos ha sido publicada en la Isla, Virgilio Piñera es uno de los multipremiados y sus obras de teatro suben constantemente a escena; Lezama es de los pocos artistas que su casa fue convertida en museo y su obra publicada por la Revolución, incluso hasta un libro de recetas con sus comidas preferidas; los errores se repararon.
 
Su nuevo largometraje evidencia el propósito de contar la historia a su manera, haciendo del proceso socialista cubano un monstruo, olvidándose de que fue la Revolución de 1959 el único gobierno que dio a la cultura el lugar que verdaderamente debe ocupar en la formación de la nacionalidad cubana.
Hoy existen escuelas de arte en casi todas las provincias y de forma totalmente gratuita se moldean los talentos que van por el mundo divulgado la cultura cubana y de la que surgió el propio Lechuga, quien posteriormente pasó a la escuela Latinoamericana de Cine, fundada y sufragada por el gobierno del que ahora desea independizarse.
 
En los años 80 Cuba estaba incluida en la nueva estrategia estadounidense para desmontar el socialismo, de ahí que uno de los agentes al servicio de la CIA dentro de Cuba, expresó en ese tiempo ante un grupo de personas:
“Hay que crear un grupo de hombres jóvenes de tendencia reformadora y que su actividad consista en transformar la línea actual de la Revolución…”
Era la etapa que Estados Unidos fortaleció el trabajo en sus embajadas en Europa del Este, para influir en el campo de la cultura y la ciencia locales, sobre grupos de jóvenes bajo las consignas de una “mayor libertad política y libre acceso a la información”. En la Habana su Sección de Intereses y embajadas europeas hacían de las suyas.
 
No puede olvidarse la propaganda dirigida para manipular a su favor errores políticos cometidos, incitando al miedo, el desaliento, subvertir valores éticos y morales, para satanizar el socialismo.
Desde hace algunas décadas se introdujo el calificativo de “independiente” en ciertos sectores de la sociedad cubana, para tratar de desvincular determinados proyectos o agrupaciones del estado; sin embargo, caen suavemente en brazos de la dependencia de instituciones extranjeras que aportan el financiamiento, y como se sabe, el que paga manda.
 
En ese ir y venir de la dependencia de uno o de otro, se van conformando ideas que buscan alcanzar aspectos que coinciden, “fortuitamente”, con los esbozados desde la década de los años 80 del siglo XX por Estados Unidos con su Programa Democracia, dado a conocer por el presidente Ronald Reagan, el 9 de junio de 1982 ante el Parlamento Británico, donde apeló a sus aliados para socavar el sistema socialista, al expresarles:
“…debemos emprender acciones para una campaña por la democracia, nutriendo la estructura de la democracia, el sistema de prensa libre, sindicatos, partidos políticos, universidades, y todo lo que permita a los pueblos escoger su propio camino…”
Desde hace algunos años en sectores de la cultura cubana tales manifestaciones se hacen presente, y el llamado cine “independiente” es un ejemplo de ello.
 
Utilizando el talento de algunos jóvenes formados por la Revolución que no conocieron penurias, calamidades y necesidades de la etapa capitalista de Cuba, donde jamás habría podio escribir un guion y menos llevarlo a vías de hecho, ciertas ONG y embajadas europeas, brindan el financiamiento para filmes que pretenden lacerar la obra revolucionaria, mediante la manipulación de la verdad y amplificación de errores cometidos.
Se trata de una línea de acción para desmontar la historia y entregarla deformada a las nuevas generaciones y al mundo.
 
Hay quienes pretenden hacer tesis de doctorados con lo sucedido en Cuba en épocas pasadas, ampliamente rectificado desde hace varios años; como si en países capitalistas no se hubieran llevaron a cabo persecuciones implacables por la orientación sexual, y aun hoy los homosexuales son obligados a renunciar de sus cargos de senadores y representantes al Congreso de Estados Unidos, o son golpeados crudamente en escuelas y avenidas.
 
Al parecer, muchos olvidaron o no conocieron que la persecución verdadera por ideas políticas fue puesta en marcha durante la llamada Guerra Fría, en el país que dice ser “campeón de los derechos humanos”, donde miles de personas, principalmente artistas e intelectuales, fueron fuertemente reprimidos y encarcelados ante la sospecha de ser comunistas.
 
Fue el período en que importantes Centros culturales y Fundaciones europeas y norteamericanas, fijaban su atención en el proceso cubano aportando importantes financiamientos para programas de investigación y tratar de identificar oportunidades y vulnerabilidades de un país sometido a una feroz guerra económica y psicológica, según documentos desclasificados de la CIA y del Departamento de Estado.
 
Diplomáticos europeos en la Habana iniciaron acercamientos a profesores universitarios, estudiantes, artistas e intelectuales. La entrega de regalos, invitaciones a actividades en las embajadas, la concesión de becas de forma individual, el acercamiento a figuras de la intelectualidad cultural y científica y ofrecimientos materiales, era algo cotidiano con el propósito de atraerlos y cambiar su forma de pensar, ante las carencias materiales que el pueblo sufría.
En muchos casos primó la ingenuidad y la ausencia de percepción de riesgo ante aquellos planes de influencia política.
 
Zbigniew Brzezinski, alto funcionario del gobierno de James Carter, abogaba por “cierta distensión” con los países socialistas para ir transformando desde adentro la posibilidad del cambio político y económico, al afirmar:
“La distensión es necesaria para ir trasformando paulatinamente el estatus en esos países, pues el fracaso de los intentos de liberación realizados hasta ahora, no hacen más que dar la oportunidad de alcanzar un cambio lento y desde dentro”.
 
Esos antecedentes, treinta años después, nos transportan a procesos y tácticas semejantes. El comunicado de la Casa Blanca del 17.12.14, así lo expone:
“Los cambios introducidos por nuestra nueva política potenciarán aún más nuestro objetivo de empoderar al pueblo cubano. Nuestros esfuerzos se enfocan en promocionar la independencia de los cubanos para que no tengan que depender del estado cubano. La administración (Obama) continuará implementando programas de EE.UU. enfocados en promover el cambio positivo en Cuba”
 
No caben dudas, si Lechuga decidiera filmar un guion sobre los actos terroristas ejecutados por Estados Unidos contra todo el pueblo de Cuba, como fue la explosión del buque francés La Coubre, los incendios en los centros comerciales, cines y teatros, los bombardeos a pueblos pesqueros y campesinos, el asesinato de diplomáticos cubanos en el extranjero, los intentos de asesinato a Fidel Castro, las explosiones en las embajadas de Cuba y en los hoteles de la capital, incluso las agresiones a través de la guerra biológica, como la introducción del Dengue Hemorrágico, no hubiese tenido el mismo apoyo económico.
 
Para este largometraje que pretende enturbiar la obra revolucionaria, contó con financiamiento de la embajada de Noruega en la Habana, la coproducción del colombiano Gustavo Pazmin y del francés Samuel Chauvin, más la excepcional oportunidad de que pasara por varios talleres internacionales durante la preproducción, como el de Ibermedia, CINERGIA, CINEMART, la beca Carolina de la Fundación SGAE (Sociedad General de Autores y Editores de España) entre otros, además de la amplia divulgación en sitios anticubanos como Martí Noticias, Diario de Cuba, el periódico digital 14y Medio, creado por la CIA para Yoani Sánchez, y la revista “independiente” Cuba Posible.
 
Certero fue José Martí al afirmar:
“El arte es una forma del respeto; pero cuando se le exagera, es una falta de respeto”.
 
Todas las fotografías: © Filme “Santa y Andrés”