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sábado, 11 de noviembre de 2017

Afroconciencia en España


miércoles, 1 de noviembre de 2017

La distorcion y manipulacion del feminismo blanco occidental


sábado, 21 de octubre de 2017

Thomas Sankara: tragedia y leyenda

Thomas Sankara: tragedia y leyenda

El líder burkinés encarnó sueños de liberación profundos y terminó condenado por sus convicciones

Thomas Sankara en la octava Cumbre de Países no Alineados. Ampliar foto
Thomas Sankara en la octava Cumbre de Países no Alineados. Getty Images

Burkina Faso, Tierra de hombres íntegros, en dos de los idiomas locales, figura entre los países más pobres del mundo. En agosto de 1984 contaba con siete millones de habitantes, donde más del 80% era campesinado, se registraba un 98% de analfabetismo y una esperanza de vida media de 40 años. Contra este panorama penoso se opuso Thomas Sankara, un líder revolucionario que modificó el nombre de su país como símbolo de una transformación radical. Lo gobernó desde agosto de 1983 hasta octubre de 1987.

Sankara abogó por el respeto del medioambiente, el panafricanismo, los derechos de la mujer, la austeridad, la condena enérgica de la pobreza, la autosuficiencia. Apeló a la descolonización del pensamiento y la consecución de la felicidad fue insistente en su discurso. Obró como "presidente de un país pobre", según dijera, con el ejemplo, y actuó con dignidad, opuesto al culto a la personalidad. Fue un militar que rechazó la guerra, algo bastante inusual.
El joven capitán, que al momento de llegar al poder tenía solo 33 años, desarrolló un proyecto tan radical que no podía ser viable. Llamado el Che Guevara africano, cosechó muchos enemigos, como la Françafrique, el entramado turbio de la exmetrópoli en pos de la perpetuación de su poder neocolonial en la antigua África francesa, mediante una nebulosa de actores (denominados "amigos de Francia") aglutinados en redes y lobbies en torno al aprovechamiento de las materias primas y la ayuda pública al desarrollo. Sankara devino un símbolo muy peligroso de una emancipación durante sus cuatro años de gobierno. No tuvo miedo de jugar con fuego pese a que las fuerzas recelosas de esta transformación fueran más poderosas. El 15 de octubre de 1987 llegó el final trágico de Sankara, comenzando un mito que lo posicionó como leyenda no solo en su país (ex Alto Volta), sino en África.

La operación

Hay un culpable central en la eliminación de Sankara: Francia, o más bien la Françafrique. El día 15, un comando armado atacó las instalaciones del Consejo de la Entente de Uagadugú, desde donde gobernaba Sankara. El presidente y varios de sus colaboradores cayeron durante la agresión. El médico que examinó el cadáver consignó la causa del deceso como: muerte natural. Se dijo que el cuerpo fue enterrado a la ligera en una fosa común junto a otros.
A la noche, un comunicado anunció la muerte de Sankara tras haberse producido, según esta versión, un choque armado entre la guardia presidencial y elementos opuestos a las detenciones masivas ordenadas por el mandatario. Asimismo, los medios oficiales de la ciudad denunciaron una deriva derechista del régimen, mientras que algunas fuerzas de derecha celebraron un golpe de estado que vislumbraba una restauración interna y una reinserción del país en el esquema franco-africano. En apariencia, tras el golpe, el poder volvió a los tres coautores, junto a Sankara, de la Revolución de 1983. Uno de ellos era el capitán Blaise Compaoré, segundo de Sankara y de esa revolución. Sin embargo, Compaoré reemplazó a otrora su mejor amigo, tras su desaparición.

Un vecino incómodo

Sankara destacó por su lenguaje, una mezcla inusual de humor y de progresismo, y por sus simpatías tercermundistas

Sankara y Compaoré comenzaron el gobierno en 1983 en una estrecha alianza y amistad, cuando el 4 de agosto se anunció en forma radial la Revolución burkinesa, alineada a movimientos y partidos de izquierda, de línea antiimperialista e impregnada de marxismo. Producido el golpe, Jacques Foccart, funcionario francés de alta esfera y artífice de la política neocolonial en África, levantó la alarma en pleno contexto de Guerra Fría.
Sankara, a mediados de los 70, tras su estadía por Madagascar y otros eventos, se había convertido en referente y líder de un grupo de jóvenes oficiales con inclinaciones progresistas. A finales de 1982, pudo acercarse al poder. El golpe del 7 de noviembre de ese año le dio oportunidad, cuando representó a todo el ejército en el Comité de Salud Pública que eligió como presidente al comandante Jean-Baptiste Ouedraogo y él designó a Sankara en el cargo de primer ministro. En el transcurso de los primeros meses de 1983, Tom Sank (según su apodo popular) se destacó por su lenguaje, una mezcla inusual de humor y de progresismo, y por sus simpatías tercermundistas: Ghana, Cuba, Angola, Mozambique y Libia. El líder de la revolución era visto con desconfianza. Hablaba en lengua local, manejaba un Renault 5 y vendió todas las limusinas del Estado. A sus ministros exigió el mismo tren de vida sencillo que se impuso a sí mismo.
La presencia y el radicalismo del nuevo líder aumentaron la preocupación y, con ello, la cantidad de llamados telefónicos efectuados entre el presidente de Costa de Marfil, Félix Houphouët-Boigny, y Foccart. Este último, si bien no participó en forma directa en el complot que llevó al asesinato de Sankara, tuvo conexión directa con dos figuras aliadas del Eliseo que sí lo hicieron, uno fue Houphouët, y el otro el mandatario de Togo, Gnassingbé Eyadéma.
En líneas generales, los aliados franceses fueron de lo más rancio de la política africana de la época, por caso, las fuerzas que dirigía Jonas Savimbi en Angola en plena guerra civil, digitadas por la Sudáfrica del Apartheid con la que el presidente François Mitterrand no tuvo ningún reparo en vincularse.

Camino a la desgracia

A comienzos de agosto de 1987, Sankara pronunció un discurso en el cual subrayó los errores de la revolución iniciada cuatro años antes, como los excesos cometidos por los Comités de Defensa de la Revolución de los cuales algunos de sus miembros fueron señalados como responsables de determinados actos de terror, y pidió disculpas por los cometidos contra los individuos tenidos por contrarrevolucionarios. Propuso rectificar los errores revolucionarios y ensanchar la base del movimiento. El 2 de octubre enunció los objetivos revolucionarios y el sentido de la rectificación comenzó a torcerse para finalmente, 13 días más tarde los asesinos de Sankara "rectificaran" al propio líder revolucionario, quien estuvo rodeado de enemigos. Externos: la dirigencia francesa, la marfileña, la togolesa, entre otros, e internos, como su otrora mejor amigo, Compaoré.
Los roces de Sankara con Houphouët-Boigny no eran novedad. Las relaciones entre ellos casi siempre fueron malas. En septiembre de 1985, el realineamiento del Consejo de la Entente, foro de cooperación del África occidental francófona, mostró en la cúspide del poder a Houphouët-Boigny, a lo que su rival respondió que ese nuevo reagrupamiento era, en su opinión, de origen reaccionario, derechoso y conservador y de ser un instrumento de la estrategia neocolonial francesa. Sin lugar a dudas, el marfileño fue el hombre fuerte de Francia en África.
El líder abogó por el respeto del medioambiente, el panafricanismo, los derechos de la mujer y la autosuficiencia

Contra Sankara, Houphouët-Boigny creó una cuarta región militar en el norte de Costa de Marfil, próxima a Burkina Faso. La primera estaba ligada por un acuerdo de defensa a Francia. La armada marfileña fue casi un cuerpo suplementario de su homóloga francesa, y en estrecha tutela. El líder burkinés nunca cesó de fustigar y denunciar al imperialismo y sus agentes locales. El líder marfileño no podía dejar de sentirse tocado. El idealismo revolucionario burkinés atrajo a muchos jóvenes de Costa de Marfil.
Sin posibilidad de tener un diálogo con los sectores burkineses, sin embargo, Houphouët-Boigny encontró un aliado en Compaoré. En Costa de Marfil se emprendió una guerra propagandística por la cual se denunció la deriva fascista y militar del régimen de Uagadugú. Incluso, desde una perspectiva mucho más miserable, anónimos acusaron a Sankara de haber organizado orgías e involucrar a su esposa en estas.
A esta difamación también se sumó el presidente togolés, Eyadéma, que ya había tenido sus cruces con el capitán burkinés. Pero el rechazo a su régimen fue exacerbado el 23 de septiembre de 1986, cuando un comando de 70 hombres, procedente de Ghana, intentó derrocar al gobierno de Lomé. Eyadéma acusó a su vecino de haber formado y encausado a los agresores. Más tarde, el presidente de Togo resultó el primero en reconocer al régimen tras la caída de Sankara en octubre de 1987. Dos meses antes había oficiado de anfitrión ante Compaoré.
Antes del complot las relaciones entre Compaoré y Sankara fueron buenas, al menos en apariencia. El primero se reunía todos los días a almorzar junto a Sankara y su esposa Mariam, en donde hablaban de todo y el presidente comentaba los problemas de gestión, mostrando la gran confianza que le tenía, hasta el punto de designarlo, tras otorgarle crecientes responsabilidades, en el cargo de primer ministro, en septiembre de 1987.
Compaoré y el expresidente revolucionario eran muy diferentes. Mientras al primero le gustaba sostener un buen nivel de vida y de lujos, Sankara tenía un modo ascético de vivir, en un momento declaró sus bienes: una motocicleta, libros y una casa chica de la que seguía pagando un crédito. Casado Compaoré con Chantal Terrason, una marfileña de la corte presidencial, ella convenció a su marido de llevar adelante un estilo de vida acorde al lujo y al mérito que le correspondía. Sankara apostaba al debate abierto y la convicción, en contraste, Compaoré se inclinaba por la intriga y el poder de las armas. Tras un complot descubierto en mayo de 1984, el austero presidente se opuso a la ejecución de los siete principales instigadores, aunque su amigo abogó por reunir una mayoría que se le opusiera y fuera partidaria del fusilamiento. Durante años la tensión entre estos dos hombres creció gracias a una guerra de panfletos difamatorios.

Como un mártir

En los últimos momentos de su vida, y consciente del peligro que corría, todo pareciera indicar que Sankara siguió una actitud de dejar hacer, pues había escrito que veía inminente la preparación de su asesinato. Él conocía las intenciones de Compaoré y de su guardia personal, y no ignoraba las relaciones de la mujer de su amigo con los mandatarios Eyadéma y Houphouët-Boigny. Pero, a pesar del peligro, el presidente no quería llevar la situación al desenlace de una guerra fratricida. Fiel a su filosofía, explicó a sus allegados que el recurso a las armas para saldar las diferencias políticas era un error.
Sankara pasó a la historia, luego siguió la leyenda. Compaoré, su sucesor y antiguo amigo, se unió cómodo al juego de la Françafrique y hasta apoyó al señor de la guerra liberiano Charles Taylor sacando rédito de la guerra civil que asoló su nación. Quienes no escatimaron balas fueron los amigos de Francia. Pese a que el líder asesinado dijera: "Yo, Sankara, estoy de paso, lo que debe quedar es el pueblo", Compaoré gobernó hasta 2014 sin el último, hasta su caída tras la reacción del pueblo. Sankara se unió al panteón de líderes populares africanos y anticolonialistas asesinados como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral y Ruben Um Nyobè que lo dieron todo por la causa de sembrar las bases para erigir el proyecto de construcción social y económica africana, destinado a la mayoría social.
Omer Freixa es Historiador africanista argentino. Docente e investigador de las Universidades de Buenos Aires y Nacional de Tres de Febrero.
El blog África No Es Un País no se hace responsable ni comparte siempre las opiniones de los autores.

jueves, 31 de agosto de 2017

Analisis sobre Venezuela



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Juan Carlos Monedero

11 tesis sobre Venezuela y una conclusión escarmentada



“Y se empeñaba en repetir lo mismo: “Esto no es como en una guerra… En una batalla tienes el enemigo delante… Aquí, el peligro no tiene rostro ni horario”. Se negaba a tomar somníferos o calmantes: “No quiero que me agarren dormido o amodorrado. Si vienen por mí, me defenderé, gritaré, tiraré los muebles por la ventana… Armaré un escándalo…”
Alejo Carpentier, La consagración de la primavera

1. Es indudable que Nicolás Maduro no es Allende. Tampoco es Chávez. Pero los que dieron el
golpe contra Allende y contra Chávez son, y eso también es indudable, los mismos que ahora están buscando un golpe en Venezuela.

2. Los enemigos de tus enemigos no son tus amigos. Puede no gustarte Maduro sin que eso implique olvidar que ningún demócrata puede ponerse al lado de los golpistas que inventaron los escuadrones de la muerte, los vuelos de la muerte, el paramilitarismo, el asesinato de la cultura, la operación Cóndor, las masacres de campesinos e indígenas, el robo de los recursos públicos. Es comprensible que haya gente que no quiera ponerse del lado de Maduro, pero conviene pensar que en el lado que apoya a los golpistas están, en Europa, los políticos corruptos, los periodistas mercenarios, los nostálgicos del franquismo, los empresarios sin escrúpulos, los vendedores de armas, los que defienden los ajustes económicos, los que celebran el neoliberalismo. No todos los que critican a Maduro defienden esas posiciones políticas. Conozco gente honesta que no soporta lo que está pasando ahora mismo en Venezuela. Pero es evidente que del lado de los que están buscando un golpe militar en ese país están los que siempre apoyaron los golpes militares en América Latina o los que priman sus negocios por encima del respeto a la democracia. Los medios de comunicación que están preparando la guerra civil en Venezuela son los mismos conglomerados mediáticos que vendieron que en Irak había armas de destrucción masiva, que nos venden que hay que rescatar a los bancos con dinero público o que defienden que la orgía de los millonarios y los corruptos hay que pagarla entre todos con recortes y privatizaciones. Saber que se comparte trinchera con semejante gente debiera llamar a la reflexión. La violencia siempre debe ser la línea roja que no debe traspasarse. No tiene sentido que el odio a Maduro ponga a nadie decente al lado de los enemigos de los pueblos.

3. Maduro heredó un papel muy difícil -gestionar Venezuela en un momento de caída de los precios del petróleo y de regreso de Estados Unidos a Latinoamérica después de la terrible aventura en Oriente Medio- y una misión imposible -sustituir a Chávez-. La muerte de Chávez privó a Venezuela y a América Latina de un líder capaz de poner en marcha políticas que han sacado de la pobreza a 70 millones de personas en el continente. Chávez entendió que la democracia en un solo país era imposible y puso sus recursos, en un momento de bonanza gracias a la recuperación de la OPEP, para que se iniciara la etapa más luminosa de las últimas décadas en el continente: Lula en Brasil, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia, Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Mujica en Uruguay, Funes en El Salvador, Petro en Bogotá e incluso Bachelet en Chile referenciaban esa nueva etapa. La educación y la salud llegaron a los sectores populares, se completó la alfabetización, se construyeron viviendas públicas, nuevas infraestructuras, transportes públicos (después de la privatización de los mismos o la venta y cierre de los trenes), se frenó la dependencia del FMI, se debilitó el lazo con los Estados Unidos creándose la UNASUR y la CELAC. También hay sombras, principalmente vinculadas a la debilidad estatal y a la corrupción. Pero haría falta un siglo para que los casos de corrupción en los gobiernos progresistas de América Latina sumen, por citar sólo un asunto, el coste de la corrupción que significa el rescate bancario. La propaganda de los dueños de la propaganda terminan logrando que el oprimido ame al opresor. Nunca desde la demonización de Fidel Castro fue ningún líder latinoamericano tan vilipendiado como Chávez. Para repartir entre los pobres, hubo que decirle a los ricos, de América y también de Europa, que tenían que ganar un poco menos. Nunca lo toleraron, lo que puede entenderse, especialmente en España, donde, en mitad de la crisis, responsables económicos y políticos del Partido Popular robaban a manos llenas al tiempo que decían a la gente que tenía que apretarse el cinturón ¿Iba Chávez ese “gorila” a frenarles sus negocios? Desde que ganó las primeras elecciones en 1998, Chávez tuvo que enfrentarse a numerosos intentos de derribarlo. Por supuesto, con la inestimable ayuda de la derecha española, primero con Aznar, luego con Rajoy, y la ya conocida participación de Felipe González como lobbista de grandes capitales. (Es curioso que el mismo Aznar que hizo negocios con Venezuela y con Libia luego se convirtió en ejecutor cuando se lo ordenaron. Gadafi incluso le regaló a Aznar un caballo. Pablo Casado fue el asistente de Aznar en esa operación. Luego, cosas de la derecha, celebraron su asesinato).

4. Chávez no legó a Maduro los equilibrios nacionales y regionales que construyó, que eran políticos, económicos y territoriales. Eran una construcción personal en un país que salía de tasas de pobreza del 60% de la población cuando llegó Chávez al gobierno. Hay cambios que necesitan una generación. Ahí es donde la oposición pretende estrangular a Maduro, con problemas mal resueltos como las importaciones, los dólares preferenciales o las dificultades para frenar la corrupción que desembocan en desabastecimiento. Sin embargo, Maduro supo reeditar el acuerdo “cívico-militar” que tanto molesta a los amigos del golpismo. Algo evidente, pues Estados Unidos siempre ha dado los golpes buscando apoyos en militares autóctonos mercenarios o desertores. El ejército en América Latina solo se entiende en relación con Estados Unidos. Les han formado, sea en tácticas de tortura o en “lucha contrainsurgente”, sea en el uso de las armas que les venden o en el respeto debido a los intereses norteamericanos. En Venezuela, los mismos que formaron a los asesinos de la Escuela Mecánica de la Armada argentina o que sostuvieron al asesino Pinochet lo tienen complicado (el asalto por parte de mercenarios vestidos de militares a un cuartel en Carabobo buscaba construir la sensación de fisuras en el ejército, algo que a día de hoy no parece que exista). Igual que ha comprado militares, Estados Unidos siempre ha comprado jueces, periodistas, profesores, diputados, senadores, presidentes, sicarios y a quien hiciera falta para mantener a América como su “patio trasero”. El cártel mediático internacional siempre le ha cubierto las espaldas. Es la existencia de Estados Unidos como imperio lo que ha construido el ejército venezolano. Los nuevos oficiales se han formado en el discurso democrático soberano y antiimperialista. Son mayoría. Hay también una oficialidad -la mayoría ya jubilándose- que se formó en la vieja escuela y sus razones para defender la Constitución venezolana serán más particulares. Las deficiencias del Estado venezolano afectan también al ejército, aún más en zonas problemáticas como las fronteras. Pero los cuarteles en Venezuela están con el Presidente constitucional. Y por eso es aún más patético escuchar al demócrata Felipe González pedir a los militares venezolanos que den un golpe contra el gobierno de Nicolás Maduro.

5. A esas dificultades de heredar los equilibrios estatales y los acuerdos en la región (la amistad de Chávez con los Kirchner, con Lula, con Evo, con Correa, con Lugo), hay que añadir que la pugna de Arabia Saudí con el fracking y con Rusia, hundió los precios del petróleo, principal riqueza de Venezuela. Esta inesperada caída del precio del petróleo colocó al gobierno de Maduro en una situación complicada (es el problema de los “monocultivos”. Basta para entenderlo pensar qué ocurriría en España si se hundiera un 80% el turismo por causas ajenas a ningún gobierno. ¿Sacaría Rajoy siete u ocho millones de votos en una situación así?). Maduro ha tenido que reconstruir los equilibrios de poder en un momento de crisis económica brutal.

6. La oposición en Venezuela lleva intentando dar un golpe de Estado desde el mismo día que ganó Chávez. Venezuela fue el mascarón de proa del cambio continental. Acabar con Venezuela es abrir la espita para que ocurra lo mismo en los sitios donde aún no ha regresado el neoliberalismo. A las oligarquías les molestan los símbolos que debilitan sus puntos de vista. Pasó con la II República en 1936, pasó en Chile con Allende en 1973. Acabar con la Venezuela chavista es regresar a la hegemonía neoliberal e, incluso, a las tentaciones dictatoriales de los años setenta.

7. Venezuela tiene además las reservas de petróleo más grandes del mundo, agua, biodiversidad, el Amazonas, oro, coltán -quizá la reserva más grande del mundo de coltán-. Los mismos que han llevado la destrucción a Siria, a Irak o a Libia para robarles el petróleo, quieren hacer lo mismo en Venezuela. Necesitan ganarse previamente a la opinión pública para que el robo no sea tan evidente. Necesitan reproducir en Venezuela la misma estrategia que construyeron cuando hablaban de armas de destrucción masiva en Irak. ¿O no se creyó mucha gente honesta que había armas de destrucción masiva en Irak? Hoy, aquel país antaño próspero es una ruina. Quien se creyó aquellas mentiras del PP, que mire cómo está hoy Mosul. Enhorabuena a los ingenuos. Las mentiras siguen todos los días. La oposición puso una bomba al paso de policías en Caracas y todos los medios impresos publicaron la foto como si la responsabilidad fuera de Maduro. Un helicóptero robado lanzó granadas contra el Tribunal Supremo y los medios lo silencias. Son actos terroristas. De esos que abren portadas y los telediarios. Salvo cuando suceden en Venezuela. Un referéndum ilegal en Venezuela “presiona al régimen hasta el límite”. Un referéndum ilegal en Catalunya es un acto cercano al delito de sedición.

8. El cártel mediático internacional ha encontrado un filón. Se trata de una reedición del miedo ante la Rusia comunista, la Cuba dictatorial o el terrorismo internacional (nunca dirán que el ISIS es una construcción occidental financiada con capital norteamericano principalmente). Venezuela se ha convertido en el nuevo demonio. Así se les permite acusar de “chavistas” a los adversarios y les evita hablar de la corrupción, del vaciamiento de las pensiones, de la privatización de los hospitales, las escuelas y las universidades o de los rescates bancarios. Mélenchon, Corbyn, Sanders, Podemos o cualquier fuerza de cambio en América Latina son descalificados con la acusación de chavistas, ahora que acusar de comunistas o de etarras tiene poco recorrido. El periodismo mercenario lleva años con esa estrategia. Nadie nunca ha explicado qué política genuinamente bolivariana va en los programas de los partidos de cambio. Pero da lo mismo. Lo importante es difamar.Y gente de buena voluntad termina creyendo que hay armas de destrucción masiva o que Venezuela es una dictadura donde, curiosamente, todos los días la oposición se manifiesta (incluso atacando instalaciones militares), donde los medios critican libremente a Maduro (no como en Arabia Saudí, Marruecos o Estados Unidos) o donde la oposición gobierna en alcaldías y regiones. Es la misma táctica que construyó durante la guerra fría el “peligro comunista”. Por eso en España, con Venezuela, tenemos una nueva Comunidad Autónoma de la que solamente falta que nos digan al final de los telediario el tiempo que va a hacer en Caracas ese día. De cada cien veces que se dice “Venezuela”, noventa y cinco sólo buscan distraer, ocultar o mentir.

9. Venezuela tiene un problema histórico que no ha resuelto. Al carecer de minas durante la colonia, no fue un Virreinato, sino una simple capitanía general. El siglo XIX fue una guerra civil permanente, y en el siglo XX, cuando se empezó a construir el Estado, ya tenían petróleo. El Estado venezolano siempre ha sido rentista, carente de eficacia, agujereado por la corrupción y rehén de las necesidades económicas de los Estados Unidos acordadas con las oligarquías locales. El choque entre la Asamblea y la jefatura del Estado actual debiera haberse zanjado jurídicamente. Señales de la ineficiencia vienen siendo evidentes desde hace tiempo. El rentismo venezolano no se ha superado. Venezuela redistribuyó la renta del petróleo entre los más humildes, pero no ha superado esa cultura política rentista ni ha mejorado el funcionamiento de su estado. Pero no nos engañemos. Brasil tiene una estructura jurídica más consolidada y el Parlamento y algunos jueces han dado un golpe de Estado contra Dilma Roussef. Donald Trump puede cambiar a la Fiscal General y no pasa nada, pero si lo hace Maduro, Jefe del Estado igualmente elegido en unas elecciones, se le acusa de dictador. Una parte de las críticas a Maduro son tramposas porque olvidan que Venezuela es un sistema presidencialista. Es por eso que la Constitución permite al Presidente convocar una Asamblea Constituyente. Gustará más o menos, pero el artículo 348 de la Constitución vigente de Venezuela faculta al Presidente en esa tarea, igual que en España el Presidente del Gobierno puede disolver el Parlamento.

10. Zapatero y otros ex Presidentes, el Papa, Naciones Unidas vienen pidiendo a ambas partes en Venezuela que dialoguen. La oposición reunió en torno a siete millones de votos (si bien es más complicado que puedan llegar a ese acuerdo en torno a un candidato o candidata a la Presidencia del país). Maduro, en un contexto regional muy complicado, con fuertes estrecheces económicas que afectan a la compra de insumos básicos, incluidas medicinas, ha juntado ocho millones de votos (aunque sean siete, según las declaraciones tan sospechosas del Presidente de Smarmatic, que acaba de firmar un contrato millonario en Colombia). Venezuela está claramente dividida. La oposición, como otras veces, ha optado por la violencia y luego no entiende que Maduro sume tantos millones de apoyos. Si en España un grupo quemase centros de salud, quemase escuelas, disparara contra el Tribunal Supremo, asaltara cuarteles, contratara a marginales para sembrar el terror, impidiese con formas de lucha callejera el tránsito e, incluso, quemase vivas a personas por pensar diferente ¿alguien se extrañaría que la ciudadanía votase en la dirección contraria a esos locos?

11. Fracasada la vía violenta, a la oposición venezolana le quedan dos posibilidades: seguir con la vía insurreccional, alentada por el Partido  Popular, Donald Trump y la extrema derecha internacional, o intentar ganar en las urnas. Estados Unidos sigue presionando (en declaraciones a un semanario uruguayo, el Presidente Tabaré dijo que votó para expulsar ilegalmente a Venezuela del Mercosur por miedo a las represalias de los países grandes). 57 países de Naciones Unidas han exigido que se respete la soberanía de Venezuela. Como Estados Unidos no logra mayoría para forzar a Venezuela, insiste en inventar espacios (como la Declaración de Lima, sin ninguna fuerza jurídica porque no han conseguido mayoría en la OEA). La derecha mundial quiere acabar con Venezuela, aunque eso le cueste sangre y fuego a la población venezolana. Por eso algunos opositores, como Henry Ramos-Allup, han llamado al fin de la violencia. Venezuela tiene en el horizonte elecciones municipales y regionales. Es el escenario donde la oposición debiera demostrar esa mayoría que reclaman. Venezuela tiene que convocar esas elecciones y es una oportunidad excelente para medir electoralmente las fuerzas. Porque, de lo contrario, el choque que estamos viendo se enquistará y se convertirá en una gangrena terrible. ¿A quién le interesa una guerra civil en Venezuela? No nos engañemos. Ni al PP ni a Trump le interesan los derechos humanos. Si así fuera romperían con Arabia Saudí, que va a decapitar a quince jóvenes por manifestarse durante la Primavera Árabe, o dan latigazos a las mujeres que conducen; o con Colombia, donde van 150 asesinados por los paramilitares en los últimos meses; o en México, donde se asesina cada mes a algún periodista y aparecen fosas comunes con decenas de cadáveres. Penas de 75 años están pidiendo en Estados Unidos contra manifestantes contra las políticas de Trump. Venezuela se ha convertido en España en la 18 Comunidad Autónoma sólo porque el Presidente Rajoy ha tenido que comparecer como testigo por la corrupción en su partido. Es más airoso hablar de Venezuela que de la corrupción de los 800 cargos del PP imputados. Hay ingenuos que les creen. ¿Qué dirán ahora que el grueso de la oposición ha aceptado participar en las elecciones regionales? El pacto entre el PSOE y Podemos en Castilla-La Mancha ha sido presentado por la derecha manchega como el comienzo de la venezonalización de España. Cuánta caradura y cuánta estupidez. Hay gente que les cree. Mientras, el PP guarda silencio ante, por ejemplo, las persecuciones que la dictadura monárquica marroquí hace en España de los disidentes políticos, o encarcela por orden del dictador Erdogan a un periodista crítico con la dictadura turca. ¿Nos va a decir alguien que a estos gobiernos les interesan los derechos humanos?
Conclusión: no hace falta comulgar, ni mucho menos, con Maduro y su manera de hacer las cosas, para no aceptar el golpe de estado que se quiere construir en Venezuela. Estamos hablando de no volver a cometer los mismos errores creyéndonos las mentiras que construyen los medios. Venezuela tiene que solventar sus problemas dialogando. Y es evidente que tiene problemas. Pero dos mitades enfrentadas no van a ningún lado monologando. Aunque a una parte le apoyen los países más poderosos del ámbito neoliberal. Ni el PP ni la derecha quieren diálogo. Quieren que Maduro se entregue. ¿Y cree alguien que los ocho millones de votantes de la Asamblea Constituyente se iban a quedar de brazos cruzados? El nuevo gobierno les reprimiría e, incluso, les asesinaría. Los medios dirían que la democracia venezolana se estaría defendiendo de los enemigos de la democracia. Y volvería a haber gente ingénua que les creería.

Desde el resto del mundo, en nombre de la democracia, bastan dos cosas: exigir y alentar el diálogo en Venezuela, y  entender que sería bueno no permitir ni al PP ni a las derechas internacionales, empezando por Donald Trump, reeditar una de sus miserias más horribles que consiste en sembrar dolor en otros sitios para ocultar el dolor que construyen en nuestros propios países.

martes, 1 de agosto de 2017

La manipulacion de la informacion en España sobre lo que esta sucediendo en Venezuela

La foto de un atentado terrorista en Caracas que convierte en represor a la víctima
La mayor parte de los medios de comunicación españoles han utilizado la violencia durante la jornada electoral en Venezuela para cargar contra "la represión del régimen de Maduro", a pesar de que se trataba de ataques de los grupos de encapuchados que colaboran con las marchas opositoras.
Las llamas rodean a varios policías tras el atentado de este domingo. - REUTERS
Este domingo fueron las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente en Venezuela. Entre las numerosas acciones violentas de la oposición que intentó boicotear las votaciones destacó una bomba incendiaria detonada al paso de varios efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en Caracas. Una explosión que provoca siete agentes heridos y que nadie hubiera dudado en calificar de atentado terrorista en cualquier lugar del mundo.
Pero en los medios españoles, en plena campaña contra el gobierno de Maduro, hasta el punto de que llevan semanas silenciando las acciones terroristas de los manifestantes opositores, incluidos los asesinatos de simpatizantes del gobierno que han sido quemado vivos, convierten la espectacular foto del atentado en una acusación de represión contra el gobierno.
Es el mundo al revés, el gobierno que convoca unas elecciones es acusado de dictador y la foto de un atentado terrorista contra él se presenta en portada de periódicos como la prueba de su represión.
Repasemos los ejemplos de las portadas de la prensa escrita en España:


Portada ABC

ABC:

“Maduro encubre con violencia y represión el fracaso de su constituyente”

Portada El Mundo

El Mundo:


“Maduro perpetra su golpe”

Portada La Razón


La Razón:

“Baño de sangre en el 'Madurazo'”

Portada La Voz de Galicia

La Voz de Galicia:


“La votación golpista de Maduro desata la violencia en Venezuela”


Portada Heraldo de Aragón

Heraldo de Aragón:


“Maduro reprime el boicot electoral de la oposición”


Portada El Norte de Castilla

El Norte de Castilla:



El pie de la foto ignora que es un atentado con la policía y que fueron heridos siete de ellos, se limita a decir que pasaban por allí.
“Policías motorizados pasan al lado de una explosión en Caracas”

Los agentes de policías de un gobierno legítimo sufren un atentado con bomba y la prensa española lleva la foto a la portada para hablar de “violencia y represión” del gobierno, “baño de sangre” provocado por el presidente, las votaciones son “votación golpista” y “desata la violencia”. Y la policía no sufre un atentado, simplemente pasó por al lado de una explosión. Hemos llegado al punto en que acercarse a un quiosco de prensa es alejarse de la verdad de lo que sucede en el mundo.