Páginas vistas en total

miércoles, 29 de marzo de 2017

El final de la infame trata de negros

Abolicionismo y réquiem de un negocio

 Un 25 de marzo de hace 210 años Gran Bretaña cesó la cruenta trata esclavista

Ampliar foto
La mundialización de las tratas africanas en los siglos XVIII y XIX.

Uno de los delitos más grandes de la historia provocó la introducción de unos 10 millones de africanos en suelo americano para satisfacer las exigencias de acumulación del capitalismo naciente. Se cumplen 210 años de la prohibición británica de la trata esclavista y, fundamentalmente, de la Gran Trata Atlántica, vigente desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX (al menos, en teoría).
El 25 de marzo de 1807 el Parlamento británico aprobó el Acta de Abolición de la Trata esclavista
Para comprender por qué el Parlamento del Reino Unido aprobó el Acta de abolición de la trata esclavista el 25 de marzo de 1807 hay que considerar algunas causas:

En las postrimerías del siglo XVIII, pese a que la Trata Atlántica estaba en auge, y en la década de 1780 navíos británicos trasladaron más de 300.000 esclavizados, surgió el movimiento abolicionista, la primera cruzada ideológica “global”, cuyo accionar contribuyó a cercenar considerablemente ese tráfico en su vertiente atlántica (la más importante, aunque no lo detuvo en su totalidad pues el comercio ilegal continuó). En 1787, año de origen del abolicionismo como movimiento, hubiera sido imposible creer que el tráfico británico fuera declarado ilegal 20 años más tarde. En 1787 en forma paradójica, mientras en los Estados Unidos la esclavitud pasó a formar parte del nuevo Estado, los abolicionistas británicos dieron inicio a su lucha contra este infame tráfico.

Éxito rápido de un movimiento

En un período relativamente breve, el abolicionismo consiguió hacer realidad su propósito inicial, pese a marchas y contramarchas y entretelones de personajes como Granville Sharp, quien recorrió la nación de punta a punta para promover su cruzada abolicionista en los años previos a 1807. Mientras, William Wilberforce, avanzó desde su banca parlamentaria introduciendo la discusión entre sus pares. Los abolicionistas sumaron consideraciones humanitarias y morales en su diatriba contra la trata y, más tarde, en sus ataques contra la esclavitud.
William Wilberforce (1759-1833), precursor del movimiento abolicionista.
William Wilberforce (1759-1833), precursor del movimiento abolicionista.

En segundo lugar, las necesidades de la Revolución Industrial aceleraron la noción del trabajo esclavo como obsoleto y costoso, aspecto en el que reparó el padre del liberalismo económico, el escocés Adam Smith, y, por otra parte, se valoró la necesidad de contar con mano de obra asalariada.
En un tercer plano, la Revolución Francesa, con sus ideas novedosas, y el ciclo revolucionario en Haití (1791-1804) funcionaron como factores de presión determinantes para la causa promovida por los abolicionistas británicos, aunque los propietarios alegaran que de eventos como el haitiano (y otras rebeliones posteriores en el Caribe) se debía aprender que la trata y la esclavitud eran la mejor forma de mantener a raya a los esclavizados. Entonces, la misma Revolución en la metrópoli fue la que declaró Libertad, Igualdad y Fraternidad pero las negó a los no blancos.

De todos modos, la esclavitud en el Imperio británico se abolió en 1838, mientras que en los franceses en 1848 (y la trata gala en 1818). La primera nación en haber suprimido el tráfico esclavista fue Dinamarca, en 1802, aunque su importancia imperial fuera minúscula frente a la de Gran Bretaña, potencia hegemónica mundial de la época. En general, hubo que esperar un importante lapso entre el fin de la trata y el cese de la esclavitud. Todas las naciones intervinientes en el tráfico atravesaron esa espera.

En mayo de 1787 se formó el Comité para la Abolición del Comercio de Esclavos
En 1783 los cuáqueros, pioneros y activos promotores de la causa abolicionista, comenzaron a enviar peticiones tanto al Parlamento británico como al Congreso estadounidense contra la esclavitud, dando inicio a un intenso flujo de literatura abolicionista. Lo que disparó la andanada de publicaciones fue el caso Zong, un buque esclavista de Liverpool en el cual su propietario, el capitán y médico Luke Collingwood, ordenó echar por borda a 133 esclavizados, ante el agotamiento de provisiones, para luego demandar indemnizaciones por la pérdida de mercadería a la compañía aseguradora. Indignó a los abolicionistas que aquellos desgraciados fueran arrojados al mar como meros objetos.
En mayo de 1787 se formó el Comité for the Abolition of the Slave Trade (Comité para la Abolición del Comercio de Esclavos), de predominio cuáquero, y a la par se incrementaron la propaganda abolicionista y las peticiones, estas últimas una forma de hacer llegar estas exigencias al Parlamento británico. En Manchester se juntaron nada menos que 10.000 firmas, sobre un total de 50.000 habitantes.

La citada Comisión reunió testimonios en contra de la trata, como el del antiguo comerciante John Newton (Thoughts upon the African Trade) y otro de un antiguo médico de un barco negrero, John Falconbridge (Account of the Slave Trade). También aparecieron testimonios de antiguos esclavizados, como el del oriundo de la actual Nigeria, Olaudah Equiano, conocido por su nombre “cristiano” e impuesto, Gustavus Vassa, que captó la atención del auditorio británico, una vez publicada su autobiografía, en 1789. Este material no solo contribuyó a luchar contra la trata, sino con posterioridad también contra la esclavitud. Frente a la propaganda abolicionista, los traficantes africanos respondieron en 1788 con peticiones al Parlamento británico reafirmando el gran valor económico de la trata para la nación anglosajona. Se multiplicaron las voces a favor de la trata y de la esclavitud en el Imperio, puesto que en el Caribe los grupos favorecidos no deseaban su cese.
En enero de 1806 el primer ministro, William Pitt, abolió la trata en los nuevos territorios conquistados. Al año siguiente, la trata fue suprimida y su abolición puesta en vigencia a partir del 1 de mayo. Más tarde, a partir de la década de 1820, los abolicionistas británicos avanzaron airosamente contra la esclavitud. Hasta 1838, año del fin de la esclavitud británica, los rumores de liberación fueron una constante entre los esclavizados así como las rebeliones en el área del Caribe y otras de América. Incluso los abolicionistas fueron acusados de instigar estas últimas. De todos modos, el camino al fin de la esclavitud es una historia aparte.

Presión británica y cambios en África

Los abolicionistas británicos obtuvieron un gran triunfo con la abolición de la trata, pero indicaron que su objetivo no era la supresión inmediata de la esclavitud, por lo que la pregunta fue qué hacer con los antiguos esclavos ya no traficables (en teoría). Los abolicionistas supusieron que el fin de la trata obligaría a los propietarios a tener en consideración a los esclavizados e impondría el final de la esclavitud, aunque el tiempo, en forma gradual, demostró su error de previsión. El sistema esclavista del sur de los Estados Unidos, pese a haber estado el país a la vanguardia del abolicionismo y sancionar el fin de la trata en 1808, en la década de 1820 funcionaba a la perfección, fortaleciendo la acumulación capitalista de la joven potencia emergente.

En África, pese a la abolición de 1807 (y sucesivas de otros países europeos), la trata recrudeció en circuitos en los cuales la injerencia británica no era fuerte
En 1815, en el Congreso de Viena, Gran Bretaña compelió a las demás potencias europeas a poner fin a la trata. Pero, pese al patrullaje británico de las aguas y a la presión diplomática ejercida, el tráfico atlántico, en la práctica, no llegó a su fin sino hasta la década de 1860. En poco más de medio siglo, tres millones de africanos fueron destinados a América, principalmente a Cuba y Brasil, los dos últimos países en abolir el tráfico negrero en América (1886 y 1888, respectivamente).
En África, pese a la abolición de 1807 (y sucesivas de otros países europeos), la trata recrudeció en circuitos en los cuales la injerencia británica no era fuerte y en todas direcciones: vía el Sahara surgía hacia el norte y Oriente Medio, al inmenso espacio del Índico, e incluso, pese a la férrea vigilancia británica, al Atlántico, donde, a pesar de la prohibición, el tráfico siguió muy activo hasta mediados del siglo XIX. La mayoría de los jefes africanos pudo proteger el tráfico y la soberanía hasta finales de esa centuria, mientras muchos se sumaron y resultaron muy enriquecidos por las ganancias del negocio negrero.

La trata en África central y oriental vivió un período sin parangón, siendo un ejemplo el Sultanato de Zanzíbar, en donde sobresalió el jefe Tippu Tip. La población esclava en esa isla pasó de 12.000 personas en 1819 a superar las 100.000 en los años 30. De los cuatro millones de esclavizados traficados en el Índico en el ámbito global, la mitad se registra en la segunda mitad del siglo XIX. En definitiva, las sociedades africanas devinieron esclavistas gracias a Gran Bretaña durante ese siglo.
En general, pero con más fuerza en África occidental, donde la vigilancia británica fue más fuerte, a los esclavos, al no poder ser vendidos, se los reorientó en el proceso productivo, surgiendo un modo de producción esclavista, tanto en el este como en el oeste africanos, al servicio de la demanda de materias primas hija de la Revolución Industrial. Se reemplazó el producto ya no más lícito, el esclavo, por la exportación de artículos lícitos (aceites de palma y de maní, goma, cacao, clavo de olor, etc.), aunque la sustitución no fue total porque muchos actores obtuvieron jugosos dividendos del tráfico de esclavizados. Incluso no faltó quien combinara los dos tipos de comercio.
Como en el pasado, aunque en un contexto modificado, hubo Estados que florecieron en base al trabajo esclavo. Fue el caso del Califato de Sokoto, en el actual norte de Nigeria, que fue el último Estado esclavista de la historia antes de sucumbir a la colonización inglesa. Ashanti y Dahomey fueron ejemplos de otras entidades estatales que se desarrollaron para la época en África occidental. En el primero, ante la incertidumbre de no saber qué hacer con las antiguas mercancías, muchos esclavizados fueron ejecutados o sacrificados. El segundo se volcó entre la producción de aceite de palma, de a ratos a la trata, pese a la presión británica para que desistiera.

Con el cambio introducido desde 1807, se incrementó sobremanera el comercio interno esclavista en África ante la cerrazón de los mercados externos y el nuevo clima creado por la Revolución Industrial y su necesidad de trabajo asalariado. Los esclavizados pasaron de ser sujetos convertidos en mercancías a productores privados de libertad o soldados destinados a las razzias (incursiones) para obtener más cautivos al interior, ya sea en África centro-oriental como en el occidente. La expansión de teocracias musulmanas, un proceso de comienzos del siglo XIX (que dio lugar al Estado referido en Sokoto), alentó la inserción de no libres en el proceso productivo, cuando no fueron destinados a la guerra. África en el siglo XIX presentó una diversidad inmensa, con pequeños Estados de ex esclavos repatriados, Liberia y Sierra Leona, o un asentamiento francés en Libreville.

En el momento de la conquista colonial, en las décadas de 1870, 1880 y 1890, entre la mitad y dos tercios de los africanos, dependiendo la región, eran esclavizados. Los británicos se valieron de esa realidad y, llegando a finales del siglo XIX, utilizaron la bandera abolicionista como pretexto para imponer su dominio en el mundo. El reparto de África entre unas pocas naciones europeas tuvo como caballo de batalla el combate contra la trata y la esclavitud, en particular la practicada por los árabes (recordando que la trata recrudeció, por ejemplo, en el este de África).

Fuente de las fotos:
  1. La mundialización de las tratas africanas en los siglos XVIII y XIX (Fuente: C. Coquery-Vidrovitch y E. Mesnard, Ser esclavo en África y América en los siglos XV y XIX, Catarata, Madrid, 2015, p. 252).
  2. William Wilberforce (1759-1833), precursor del movimiento abolicionista (Fuente: Adam Hochschild, Enterrad las cadenas, Península, Barcelona, 2006)
Omer Freixa es Historiador africanista argentino. Docente e investigador de las Universidades de Buenos Aires y Nacional de Tres de Febrero. 
 
El blog Africa No es un país no se hace responsable ni comparte siempre las opiniones de los autores.

martes, 21 de marzo de 2017

Rencontres des Musiques du Monde 2016, Haiti


miércoles, 8 de marzo de 2017

La Reina de Cuba II

Sin perdón para la espía de Cuba

 El deshielo no altera la condena de Ana Belén Montes, la agente doble olvidada
La espía Ana Belén Montes.
Hace dos años las relaciones entre EE UU y Cuba entraron en proceso de deshielo, pero la espía Ana Belén Montes sigue en el congelador. El pasado 28 de febrero cumplió 60 años de edad encerrada en una celda de máxima seguridad de una prisión en Fort Worth (Texas) reservada a las criminales más peligrosas y con enfermedades mentales. Americana de padres puertorriqueños, Montes llegó trabajando como agente doble para Cuba a lo más alto de la inteligencia del Pentágono. Era la gran experta en secretos militares cubanos. En las catacumbas del espionaje la conocían como La Reina de Cuba. Pero tras 17 años filtrando información a La Habana la descubrieron, fue detenida en 2001 y hoy, una vez devueltos a Cuba en 2014 los últimos tres espías isleños presos en EE UU, ella es la última y solitaria agente cubana que purga los pecados de la Guerra Fría.

En 2016 trascendió por medio de una familiar de Montes que a la presa se le había detectado cáncer de mama y había sido operada, aunque no ha habido confirmación oficial. Condenada a 25 años de cárcel después de declararse culpable en un juicio en 2002 en el que afirmó que se había sentido “moralmente obligada” a defender a Cuba de la política “cruel” de EE UU, su puesta en libertad está fechada para 2026, cuando cumpliría 69 años. Sus apoyos se reducen a pequeños grupos de solidaridad que piden su liberación.

A diferencia de los espías que salieron de prisión en 2014, el Gobierno cubano no ha hecho una campaña por su excarcelación. En junio de 2016, informó El Nuevo Herald, funcionarios cubanos se interesaron por ella en una reunión con EE UU. Un par de meses antes el cantante Silvio Rodríguez había pedido en un concierto en España que la dejasen libre. Hace unos días, el cantante más famoso de Cuba dio un concierto en Puerto Rico en el que el maestro de ceremonias reivindicó su causa, y Mariela Castro, hija de Raúl Castro, posteó en Facebook una nota de la Agencia Bolivariana de Prensa que refería con vaguedad que desde Cuba “comenzó la campaña por su liberación”, si bien no se ha conocido iniciativa alguna del gobierno isleño. Ana Belén Montes sigue siendo un fantasma del que se oyen ecos de vez en cuando pero más débiles, si cabe, en Cuba que en cualquier otro sitio. En el blog La joven Cuba, el día del cumpleaños de la presa el periodista Harold Cárdenas escribió: “La discreción que debe tener el Ministerio de Relaciones Exteriores cubano es comprensible. En cambio, el silencio en los medios nacionales es vergonzoso”. Montes es la heroína olvidada.

Se ha llegado a especular con la posibilidad de que EE UU y Cuba la intercambiasen por Assata Shakur, una activista del Partido de los Panteras Negras acusada de asesinar a un policía que se escabulló a Cuba en 1984 y vive desde entonces en la isla como refugiada política. Pero en un documento interno de 2016 del Departamento de Estado de EE UU se rechazaba esa opción.

Montes es considera la agente cubana que más a fondo se adentró en la inteligencia de EE UU. Cuba la reclutó en 1984, la adiestró y mantuvo con ella una conexión ultrasecreta en la que Montes era de día la perfecta analista del Pentágono y de noche reportaba a la isla por onda corta sin tocar un papel en su oficina, releyendo y grabando información en su prodigiosa memoria. Al tiempo que ascendía desde un puesto inicial de mecanógrafa la escalera de los organismos de inteligencia y recibía condecoraciones, hasta una entregada en persona por un director de la CIA, Montes, nacida en una base militar de EE UU en Alemania, hija de un psiquiatra del Ejército, con dos hermanos en el FBI y un exnovio en el Pentágono, revelaba en la oscuridad a La Habana los secretos del enemigo, como la identidad de cuatro espías americanos que se habían infiltrado en Cuba o puntos operativos de EE UU en Centroamérica. Todo ello sin recibir dinero y, confesaría ante el juez, por “amor al vecino”.
El exanalista de la CIA Brian Latell, que llegó a trabajar con ella, la recuerda como una persona de carácter “agrio” y “dispuesta a jugarse la vida por amor a Fidel Castro y su revolución”. El experto en política exterior de EE UU Piero Gleijeses fue su profesor en los años ochenta cuando Montes hizo un máster en estudios internacionales en la Universidad Johns Hopkins. La recuerda como una estudiante "brillante" y con fama en el aula de ser "muy conservadora". Gleijeses volvió a tener noticia de ella en los noventa cuando ya trabajaba para el Pentágono. La agente doble lo visitó con el pretexto de charlar sobre un estudio del académico sobre Cuba y Argelia, pero al presentarse en su despacho le reconoció que lo que le interesaba era conocer su opinión sobre la realidad cubana en aquel momento. "Yo le contesté que si tuviera alguna información confidencial no se la diría, porque sabía donde trabajaba y yo no era partidario de las política exterior de EE UU. Así que le dije cuatro babosadas de manera superficial", cuenta el antiguo profesor de Ana Belén Montes.

Hace un año, en una carta a una familiar, la Reina de Cuba escribió desde su depresivo encierro: “Hay ciertas cosas en la vida por las que merece la pena ir a la cárcel. O por las que merece la pena suicidarse después de hacerlas”.
 

lunes, 6 de marzo de 2017

IBM prepara el primer ordenador cuántico universal

IBM prepara el primer ordenador cuántico universal

 La máquina podría resolver problemas que las computadoras convencionales ni pueden plantearse
Los IBM Q requieren temperaturas cercanas al cero absoluto. IBM
La promesa de la computación cuántica está más cerca de cumplirse. IBM ha anunciado que comienza a construir los primeros ordenadores cuánticos universales. Aunque no hay fecha para su disponibilidad comercial, el veterano fabricante informático asegura que sus IBM Q superarán en velocidad y capacidad de cálculo a las supercomputadoras actuales más potentes y de largo.
Con la computación cuántica hay que hacer casi como con la física cuántica: resetear el cerebro y arrinconar las nociones de física clásica. A nivel subatómico, las partículas tienen una serie de extrañas propiedades que escapan a la lógica convencional. La que más interés tiene para la informática es la superposición cuántica, la capacidad que tiene un electrón, por ejemplo, de tener varios estados de forma simultánea.

Los bits convencionales, la base de la informática actual, operan la información en dos estados alternativos (ceros o unos, encendido o apagado). Los segundos pueden además presentar ambos valores a la vez. La consecuencia práctica es que, mientras la suma de más bits a una máquina aumenta linealmente su capacidad de gestionar la información, la suma de más qubits la eleva de forma exponencial.

Los ordenadores cuánticos se basan en propiedades de las partículas subatómicas
"Los ordenadores clásicos son extraordinariamente potentes y seguirán mejorando y sustentando todo lo que hacemos en los negocios y la sociedad. Pero hay muchos problemas con los que nunca podrá enfrentarse un ordenador clásico", decía el vicepresidente de IBM Systems, Tom Rosamilia, durante la presentación del plan para construir los IBM Q. "Para obtener conocimiento desde lo más complejo, necesitamos un ordenador cuántico", añade.

El objetivo de IBM es desarrollar un ordenador cuántico con 50 qubits en una primera fase. Aseguran que una máquina así superaría en rendimiento a las mejores supercomputadoras de la lista Top500. Aunque IBM no ha dado fechas de cuando estarán disponibles los primeros IBM Q, no se podrán comprar en las tiendas. Estas máquinas no están pensadas para procesar textos o jugar. Solo grandes corporaciones o centros de investigación pueden sacarle partido.

Además, los qubits son muy delicados. Como le sucede a otras partículas, la menor perturbación térmica o electromagnética puede alterar su estado, provocando errores. Por eso los qubits se mantienen a temperaturas cercanas al cero absoluto. Esto hace aún más impracticable la idea de comercializar las máquinas directamente.
ampliar foto
Detalle del interior del ordenador cuántico universal de IBM.

La idea de IBM es ofrecer los Q como servicio a través de su red de cloud computing, o informática en la nube. Para ello aprovechará el proyecto IBM Quantum Experience, una plataforma estrenada el año pasado sobre un procesador de cinco qubits. Abierta a expertos e investigadores, ha permitido a IBM probar su enfoque de lo que debe ser la informática cuántica.

Y es que IBM no es la única que persigue el sueño cuántico. También lo buscan Microsoft o Google, y cada una con un enfoque diferente. De hecho, ya se pueden comprar ordenadores cuánticos por unos cuantos millones de dólares. Son los D-Wave que fabrica la compañía canadiense del mismo nombre. En enero de este año anunciaron la disponibilidad de su D-Wave 2000Q. La cifra se refiere a los 2.000 qubits que tiene la máquina bajo un complejo sistema de refrigeración.

Pero los 2.000 qubits de D-Wave no son necesariamente más que los 50 qubits de IBM. Es otra las extrañezas de la informática cuántica. Las computadoras canadienses usan un método llamado temple cuántico que, aunque ha facilitado su desarrollo, las limita a tareas muy específicas. Google, por ejemplo, compró una D-Wave para explorar el uso de la inteligencia artificial en las búsquedas.
Por eso IBM ha destacado en su presentación el apellido universal de sus IBM Q. No parece probable que sean algún día máquinas de propósito general como lo son los actuales ordenadores. De hecho, tampoco lo pretenden. Y si no, esta es la lista de posibles aplicaciones que IBM imagina para sus Q: descubrimiento de nuevos fármacos y materiales, impulsar el aprendizaje de las máquinas para la inteligencia artificial o asegurar los datos que viajan por las redes aprovechando las rarezas de la física cuántica.